✍ El otro desierto de la nación argentina. Antología de narrativa expedicionaria [2011]

por Teoría de la historia

Suplemento Literario - El desierto, un gran protagonista - TÉLAMLa investigadora Claudia Torre reúne en “El otro desierto de la nación argentina” una antología de la narrativa expedicionaria para estudiar el “protagonismo contundente” del desierto en la literatura, la historia y la cultura y reinterpreta la primera aparición de la trágica figura del “desaparecido” en la obra de David Viñas. El libro, publicado por la editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, se presenta con un estudio preliminar y cinco capítulos donde —con testimonios en voces de expedicionarios— habla de un desierto con sus indios, sus caudillos, sus gauchos y sus fronteras amenazantes que “quiere ser leído y pugna por tener su protagonismo en la copiosa historia del imaginario nacional”.  “La mayor parte de los autores expedicionarios son militares, aunque también hay científicos, periodistas, sacerdotes, abogados y fotógrafos. A excepción de Eduardo Gutiérrez, no hay escritores. Escribir para ellos no era habitual”, explica Torre a Télam sobre esta antología que releva mayormente una narrativa vinculada a la Expedición de 1879, encabezada por Julio Argentino Roca. De hecho, la versión “exitosa” de esta conquista estuvo a cargo de esos cronistas contemporáneos al acontecimiento. “Creo que la Conquista del Desierto fue revisada y que justamente aquello que en su centenario en 1979 se lo llamaba «gesta», unos pocos años después se lo comienza a llamar genocidio, exterminio, violencia de Estado”. “Estas últimas figuras —agrega— no sólo nos permiten estudiar y pensar estos temas desde nuevas perspectivas, sino que son las que incluso actualmente diseñan políticas públicas provinciales y nacionales”. Textos, por ejemplo, de Francisco P. Moreno, Álvaro Barros, el mismo Roca y Estanislao Zeballos hablan de “la experiencia de tener que escribir sobre espacios desconocidos. Este encuentro produce ensoñaciones, expectativas, resistencias, terror, curiosidad. Las escrituras son el fruto de esas experiencias en las que se cruza lo personal con lo político-institucional”, recalca. La cosmovisión del desierto en estos textos está relacionada con un imaginario de época: “el desierto es un mundo de posibilidades productivas y el imperativo es ir por ellas, más allá de que en él vivan comunidades, tribus y grupos humanos cuyos objetivos no coincidan con ese proyecto nacional”, cuenta. Y analiza en sus estudios que para la narrativa expedicionaria “el indio será el enemigo perfecto”, incluso estos relatos se hacen eco del enfrentamiento y la intervención del Estado en la economía aborigen, etapa también definida por la muerte del cacique salinero Callvucurá en 1873 y un recrudecimiento de las prácticas de eliminación. “La voz de los indios siempre es referida y atravesada por la ideología del blanco. Desde la mirada tutelar hasta la mirada exterminadora, los indios siempre son considerados extranjeros”, dice Torre. El escritor David Viñas desde el exilio sostuvo en su libro Indios, ejército y fronteras que “los indios fueron los desaparecidos de 1879” y calificó a la Conquista del Desierto como “un genocidio”. Para Torre, “Viñas homologó la desaparición de personas en la última dictadura militar con la desaparición de indios luego de las expediciones militares al desierto”. Sin embargo, en su libro ofrece una reinterpretación. “En la dictadura la práctica de la desaparición de personas era ilegal y clandestina. En cambio, la matanza de indios en el siglo XIX era relatada en las cámaras de diputados y senadores como una acción civilizadora. La violencia sobre los cuerpos es tan diversa como las épocas, las políticas y los intereses de poder. Homogeneizarla puede resultar muy peligroso”, opina. Desde la literatura, estos documentos hallados en archivos nacionales y en las bibliotecas del Estado Mayor del Ejército y del Instituto Iberoamericano de Berlín conforman “una narrativa expedicionaria cuya genealogía puede rastrearse en la literatura de viaje de Occidente, en el relato de frontera y en la literatura argentina que los precede: Facundo (1845), El Martín Fierro (1872-1879) y Una excursión a los indios ranqueles (1870).” De hecho, para la autora, la contextualización de la geografía “fue una contundente operación intelectual de la generación del 37 como La Cautiva (1838), de Esteban Echeverría que comenzaba sus versos presentando la imagen del desierto”, y aclara: “el desierto se convertirá en el exterior de otra cosa, un espacio pensado como límite y como ámbito de posibilidades infinitas”. ¿Qué temas son los que sobrevuelan constantemente estos relatos? “Refieren a la propiedad de la tierra y las relaciones de poder, pero también hablan de la cuestión de clase en el interior del Ejército, de la camaradería castrense de campaña, del tedio y del aburrimiento, de las esperas expectantes, del miedo y del abismo”. Para Torre no hay un texto literario único ni una obra acabada de la expedición de 1879 que marcaron estos relatos, sino un conjunto de obras que —si se las analiza críticamente— construyen “una literatura expedicionaria”. Esa heterogeneidad literaria sobre el desierto también “puede leerse en el siglo XX en autores como Jorge Luis Borges, César Aira, Juan José Saer, Sylvia Iparraguirre y Matilde Sánchez” que encontraron en la narrativa de expedición “temas, tonos, espacios, estéticas y formas de documentar”, ilustra. De esta investigación surge que la importancia de que las historias sobre el desierto del siglo XIX “sean explicadas y estudiadas porque la exclusión al otro habla muchas veces de la proximidad del otro. Y eso en la Argentina nunca deja de ser una cuenta pendiente”, redondea.

[Leticia POGORILES. “El desierto, un gran protagonista de la literatura argentina”, in Télam. Agencia Nacional de Noticias (Buenos Aires), 14 de marzo de 2012]