✍ La Tierra y la evolución humana. Introducción geográfica a la historia [1922]

por Teoría de la historia

353031Como un cómodo puente para llegar a discutir la relación entre la antropología y la geografía, podemos utilizar la historia de las mentalidades, pues, por un lado esta disciplina realmente “es una especie de antropología”, ni más ni menos y, por otro lado, es una disciplina histórica que está permeada por puntos de vista geográficos. Después de haber administrado cordialmente una serie de patadas a las tradiciones anglosajón y alemana, un historiador francés plantea el dilema de la siguiente forma: “¿será preciso, para ser historiador, olvidar la utilización del suelo, y para ser geógrafo, olvidar el pasado? la geografía histórica lo sería entonces todo, es decir nada”. Ya que uno de los fundamentos de la historia de las mentalidades es su interdisciplinariedad, no puede sorprendernos que entre sus fundadores encontremos a varios geógrafos y, ya que otro de sus fundamentos es la negación del determinismo, tampoco es inesperado que la visión geográfica que encontramos a la raíz de la historia de las mentalidades se manifiesta como una protesta contra la anthropogeographie fuertemente determinista de Friedrich Ratzel. El personaje en el cual se cristalizan estas características y que viene a dar un fuerte impulso geográfico a la historia de las mentalidades es el francés Pablo Vidal de la Blache –y tampoco es raro que es francés ya que, no obstante la difusión mundial de la historia de las mentalidades, nació como un movimiento francés–. Vidal de la Blache era aproximadamente contemporáneo con Emile Durkheim, con quien tenía al mismo tiempo coincidencias y desacuerdos, y como él, estudió también en la Escuela Normal Superior en París. Uno de los profesores en la Escuela Normal Superior era Fustel de Coulanges, debido a su influencia el joven Vidal de la Blache se inclinó hacia los estudios históricos y terminando sus estudios en la Escuela Normal Superior se marchó a Grecia a preparar su Tesis Doctoral sobre las toponimias griegas en Asia Menor. Formalmente la historia de las mentalidades nace hasta el 15 de enero de 1929 (así que todo lo hasta aquí mencionado refiere a sus precursores), bajo la dirección de Marc Bloch y Lucien Febvre, con la publicación del primer número de su revista que será después conocida como los Annales d’histoire économique et sociale, un nombre que supuestamente se debe a los Annales de géographie fundados por Vidal de la Blache en 1891. Los dos fundadores de la historia de las mentalidades eran Lucien Febvre y Marc Bloch y, sobre todo, en la obra de Lucien Febvre reconocemos al mismo tiempo una historia que es netamente de las mentalidades y que se relaciona íntimamente con la geografía, tanto como disciplina como en cuanto campo de trabajo. En cuanto al carácter relacionado con las mentalidades de la historiografía de Febvre, es de notar que todas sus obras giran en torno a un destino, pero visto en su contexto social y cultural: Lutero (1956), Rabelais (1942), Margarita de Navarra (1944), Erasmo de Rotterdam, contrapartida de Lutero. Lucien Febvre era ya condenado por su herencia: tenía veinte años cuando fue publicada la biblia de la historiografía positivista, la Introducción a los estudios históricos de Langlois y Seignobos, en 1898, con lo que ya tenía definido al enemigo. Pero lo salva su insistencia en la interdisciplinariedad, y su historia es una historia literalmente permeada por geografía. En 1933 contesta a un amigo, en una carta con el significativo título “contra el espíritu de especialidad”: “me dice usted: ¿en dónde está la geografía?, mi querido amigo: la geografía está en todas partes y en ninguna”. Sus ricas fuentes de inspiración encuentra en sus amigos historiadores, Henri Berr, geógrafos, economistas, politólogos, etc. Ya en 1922 Lucien Febvre había publicado una obra con un título que no nos deja dudar de su interés: La tierra y la evolución humana. En “este extenso ensayo, que molestó a algunos geógrafos profesionales porque era obra de un extraño a esa actividad, desarrollaba las ideas del antiguo maestro de Febvre, Vidal de la Blache”, oponiendo frontalmente a las ideas deterministas de Ratzel y declarando que la geografía se trata “des nécessités, nulle part; des possibilités, partout” (“de necesidades, en ningún lugar, de posibilidades, por todos lados”). En un capítulo del libro, donde trata los caminos y los ríos, los trata al mismo tiempo como obstáculos y como medios de comunicación, y no se le olvida tratar los caminos de las peregrinaciones. Algunos años después de la obra de Vidal de la Blache nace propiamente lo que es hoy la historia de las mentalidades. Es costumbre dividir la genealogía de esta historia en cuatro generaciones, de las cuales los padres fundadores, Lucien Febvre y Marc Bloch, son los integrantes de la primera generación. En este contexto le tocaría a un alumno de Vidal de la Blache afinar este método histórico geográfico. Lucien Febvre, a través de lo que llamó análisis histórico de la evolución de las agrupaciones humanas, decía que “el geógrafo debe auxiliarse en los documentos; pero lo que debe pedirles no es que le informen sobre el papel del suelo en esta evolución, ni sobre la influencia que las condiciones geográficas han podido ejercer en el transcurso del tiempo sobre los destinos y la historia de los pueblos; sino más bien, que le ayuden a determinar qué acción han podido ejercer los pueblos sobre el medio. Esto para explicar los fenómenos geográficos de los que el hombre ha sido testigo o artífice, así es indispensable estudiar con ayuda de los documentos, estudiar la evolución del paisaje desde el pasado”. Lucien Febvre no deja a nadie en dudas acerca de su opinión del determinismo geográfico, un platillo de un sabor muy alemán: “¿Determinismo geográfico? ¿Qué molinos de viento son éstos? ¿Quién le da aún crédito? ¿Quién los menciona todavía? Y así se van sucediendo los textos, correctos, irreprochables, todos señalando acusadoramente a un determinismo ciego y riguroso. Sin duda lo es. No obstante, recordemos una vez más aquel texto de Ratzel; de ese Ratzel que no es cualquier bisoño principiante, de ese mismo Ratzel que, por razones que no cabe esclarecer aquí, recientemente algunos geógrafos franceses empujaban de muy buena gana a la cabeza de grupo. Merece, pues, volver a citarse ese texto sobre el suelo que, “siempre igual, y siempre situado en el mismo punto del espacio, sirve como soporte rígido de las aspiraciones cambiantes de los hombres”; es él, dice Ratzel, el que “rige el destino de los pueblos con una brutalidad ciega”, cuando éstos “llegan a olvidar este sustrato, les hace sentir su primacía y les recuerda, con sus graves advertencias, que toda la vida del Estado tiene sus raíces en la tierra”; y el axioma final, que no hay que olvidar: “un pueblo debe vivir sobre el suelo que ha recibido del destino, debe morir en él y someterse a su ley”. En esta cita expresa Lucien Febvre confebvre_terre_evol_mod_L20 burbujeante elocuencia un número de hechos: que Ratzel es el padre del determinismo geográfico, que este determinismo geográfico tenía en sus tiempos influencia entre los geógrafos franceses, y que Lucien Febvre no está de acuerdo con la posición determinista, en absoluto. Advertía en este trabajo que “el que estudia la acción de las condiciones geográficas sobre la estructura de los grupos sociales corre peligro de perderse. Es decir, de atribuir un valor primordial y decisivo a las condiciones geográficas. pero si se invierten los términos y se pregunta no cuál es la acción de los grupos sociales sobre el medio geográfico, sino con mayor precisión: qué rasgos de un paisaje dado, de un conjunto geográfico apreciado directamente o reconstruido por medio de la historia, se explican o pueden explicarse por la acción continua de un grupo determinado o de una cierta forma de organización social… Si el autor de una monografía regional de horizonte bastante estrecho se abstiene de toda comparación, y abarca en sus explicaciones un número excesivo de hechos, correr el riesgo de equivocarse acerca de las relaciones que pretende establecer entre tales caracteres geográficos y tales fenómenos sociales (Según Berr, citado en Febvre, 1955). Para Febvre todo este tejido en el paisaje en esta realidad única, y la causa determinante consiste en un total indefinido de condiciones. Si queremos hacer obra eficaz no importa ser geógrafo, historiador o sociólogo, debemos dedicarnos a la misma tarea lenta, tentativa y difícil de la construcción de la verdad, para un mejor discernimiento. Para Febvre no existe geografía política e histórica sin geografía social, ni geografía social sin geografía económica, ni geografía económica sin geografía física, lo muestra como un encadenamiento que en vano se trataría de romper. Así que son obligaciones para el que hace geografía humana realizar trabajos que suponen un largo aprendizaje, una larga iniciación que enseña el estrecho lazo, la dependencia directa de la geografía humana respecto de la geografía física. El aporte final de la corriente histórica de Febvre fue la atención que el geógrafo debe prestar a los medios de subsistencia, de crecimiento material, su dominio económico sobre el uso del suelo y de los recursos, su estructura y desarrollo interno y su conexión externa, y sobre todo su imprenta o huella que esto deja en la transformación y formación de paisajes, son cuestiones que se deben estudiar de cerca, según Febvre, si se quiere apreciar la influencia profunda y múltiple de la geografía en el desarrollo del territorio y de las poblaciones que lo ocupan. Así, Febvre define con rigor la tarea de la geografía humana respectiva la cual que llega hasta la prehistoria: “las relaciones que han mantenido las sociedades humanas en otros tiempos, en diversas épocas, en los distintos lugares del globo, con el medio geográfico de su tiempo, como tal como intentar reconstruirlo”. Podemos decir, entonces, que el gran mérito de Lucien Febvre fue el de someter a una crítica implacable las idas vagas, las leyes discutibles, las afirmaciones absolutas, que se habían empleado precipitadamente y los conceptos simplistas que empobrecen la realidad viviente.

[Leif KORSBAEK. “La antropología y el estudio e la geografía” (fragmento), in Revista de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades (Hidalgo), nº 3, 2008, pp. 67-70]