✍ Resonancias románticas. Ensayos sobre historia de la cultura argentina, 1820-1890 [2005]

por Teoría de la historia

Resonancias RomanticasHace veinte años, la primera mitad del siglo XIX ostentaba la triste fama de ser uno de los períodos menos conocidos de la historia argentina; hoy, en cambio, es uno de los campos más fértiles en la investigación sobre nuestro pasado. Hemos aprendido que el sufragio universal no llegó con la ley Sáenz Peña sino que ya existía en la década de 1820, que Rosas era más republicano de lo que sospechábamos, que la sociedad mostraba una movilidad que asociábamos con la gran inmigración posterior a Caseros y que la economía del Río de la Plata había crecido, en medio de las guerras civiles, a niveles impensados. Resonancias románticas. Ensayos sobre la historia de la cultura argentina (1820-1890), compilado por Graciela Batticuore, Klaus Gallo y Jorge Myers, se adentra en un territorio poco explorado: el de la historia cultural. Los compiladores ofrecen un buen mapa de las investigaciones recientes sobre el tema. ¿Qué caracteriza al “momento” romántico y cuáles fueron sus influencias o “resonancias”?, se preguntan. Una de las respuestas llega a través de lo que Agnes Heller llamó “principio organizacional”, el período que, entre unos paréntesis falsamente ingenuos, anuncia el período que abarca un libro y alerta al lector atento acerca de qué hipótesis se desplegará en la obra. En este caso, los años 1820-1890 superan la que suele reconocerse como la etapa central del movimiento romántico. Lo característico del romanticismo es, como muestra el libro, tanto la diferencia como la continuidad con respecto al iluminismo, que lo precede, y el positivismo, que lo sigue. Quien encuentre un aire de tinieblas y un romanticismo teñido de una paleta de colores impuros no habrá hecho más que comprender la esencia de esta obra. Resonancias románticas se desarrolla en torno a cuatro ejes: la literatura, su representación pública, el viaje y la patria. Allí aparecen los prototipos de la figura romántica: artistas engreídos a los que les resulta dificultoso entablar el diálogo con el público que habían imaginado, embelesados por lo exótico y proclives a unir el arte con el nacionalismo. Como bien sostuvo Gwen Kirkpatrick, en América latina el romanticismo encuentra una ligazón con la política inusitadamente fuerte. Y esta ligazón se comprende bien en este libro, que estudia fenómenos artísticos y literarios en un diálogo constante con un contexto histórico que, en el caso de la Argentina, era nada menos que el de la construcción de un Estado, de una nación y de una legitimidad rota con la independencia. El artículo de Jorge Myers, síntesis de una vasta cultura y una lectura amena, permite analizar el romanticismo argentino en el contexto mundial y latinoamericano. Su feliz caracterización del romanticismo como un “fenómeno oscuro” ya nos indica con qué nos vamos a encontrar en el resto del libro. La sección sobre crítica literaria se despliega en esa “oscuridad”, como lo muestran el estudio sobre la caricatura de Claudia Román, el duro trance de la derrota en la generación del 37 indagado por Elías Palti y el complejo entramado de influencias extranjeras que analiza Alvaro Fernández Bravo. Graciela Batticuore examina el espacio de la lectura como un mundo de cambios y superposiciones en el que se mezcla la vieja cultura del salón del Ancien Régime con el espacio público burgués y masculino. La distinción que Batticuore realiza sobre el pueblo real y el público imaginado por los escritores se enlaza con el artículo de Klaus Gallo sobre la importancia que el teatro y su propuesta estética tuvieron en la experiencia política, social y económica de la “feliz experiencia” de la provincia de Buenos Aires. Sus conclusiones no sólo abrevan en un análisis del fenómeno en el contexto latinoamericano. También marcan un alejamiento de la trillada idea de ruptura en una representación que pasaba, sin transiciones, del auto sacramental al teatro laico. Esta perspectiva se enriquece con los trabajos de Beatriz Dávilo y Eugenia Molina y encuentra su remate en el artículo de Martín Rodríguez, que revela la importancia del teatro en los años del rosismo, a pesar de su distancia -menos profunda de lo que creíamos- con respecto a la década iniciada en 1820. La sección dedicada a los viajes se sumerge en el exotismo, tanto en el externo como en el interno, que encontró en la “barbarie” una expresión compartida. La figura de Sarmiento en los artículos de Darío Roldán y de Beatriz Colombi, y la imagen del Brasil como un oriente cercano en el de Adriana Amante ilustran esta doble visión. Finalmente, los trabajos que combinan el romanticismo con la idea de la patria completan la rica visión de este libro. Graciela Silvestri y Fernando Aliata describen la ciencia aplicada en torno a la tierra pampeana, que se desconoce y es preciso mensurar para poner en explotación. Claudia Torre analiza el documentalismo y Laura Malosetti reflexiona acerca de la idea de cuánto de paisaje y cuánto de historia tienen las pampas. La contextualización histórica del romanticismo encuentra en el trabajo de Claudia Shmidt una excelente muestra; la construcción de una muralla para la ciudad de Buenos Aires, que Carlos Tejedor promueve en medio de un mundo que las tumba, tiene tanto de resabio romántico como de estrategia para enfrentar al ejército nacional. Resonancias románticas seguramente se convertirá en un clásico de los estudios de historia cultural argentina. Su lectura permite comprender, por ejemplo, que Esteban Echeverría, figura emblemática del romanticismo, haya escrito “El matadero” con una estética más realista que romántica y se lamente en el Dogma socialista del voto universal de 1821 que considera la fuente de la derrota del partido unitario. El libro nos obliga a pensar que los procesos históricos son más complejos de lo que parece a primera vista y que es necesario reexaminar las propias contradicciones de la Argentina. Y quien desee establecer comparaciones con el resto del mundo, encontrará en sus páginas una interpretación útil y desafiante para los estudios sobre el romanticismo en el mundo.

[Fernando ROCCHI. “Nueva cara del pasado”, in La Nación (Buenos Aires), 13 de marzo de 2006]

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