✍ La historiografía en Occidente desde 1945. Actitudes, tendencias y problemas metodológicos [1985]

por Teoría de la historia

'fotos'El pasado del ser humano es estudiado aquí en todas sus dimensiones (económica, social, política, cultural) desde múltiples perspectivas, debido, en gran medida, al «boom» que experimentan las ciencias sociales entre las dos guerras mundiales y, principalmente, a partir de 1945. El protagonismo de las masas en la vida pública, el acceso al poder del comunismo, las crisis y depresión económicas, el crecimiento acelerado del intervencionismo estatal, la enorme catástrofe que el mundo acababa de vivir en 1945, son factores que inducen a los investigadores a preguntarse, una vez más, acerca de la naturaleza del hombre y de las actividades que realiza en la sociedad donde desenvuelve su existencia buscando, tal vez, en un mejor conocimiento de éste, la solución de los problemas que se plantea. La expansión de las ciencias sociales afecta a la historiografía tradicional, de corte positivista, de manera irreversible. El historiador incorpora entonces al oficio un complicado bagaje conceptual y metodológico que le permite no sólo «descubrir» nuevas fuentes, sino también extraer más conocimientos de las que ya maneja, ampliando enormemente sus objetivos, sus fuentes, sus métodos. La cuantificación abre el camino a la historia social. La construcción de series cifradas para largos períodos de tiempo, susceptibles de compararse en intervalos regulares, permite el establecimiento de correlaciones entre varios fenómenos. El ordenador facilita la explotación de fuentes que debido a características especiales no podrían utilizarse de otro modo. Es por eso por lo que se habla de «nueva historia» o de «nuevas historias» en Occidente, aunque no se hayan desarrollado de manera uniforme ni tampoco con igual intensidad en los diversos países, según fuera el nivel científico y la tradición cultural que tuvieran. En cualquier caso, la escuela de los Annales, el marxismo, la historia económica, social y de las mentalidades, la politología, la antropología retrospectiva, etc., han pugnado con la historiografía tradicional, desplazándola y despreciándola en aras de la cientificidad que cada escuela, en ocasiones de modo excluyente, reclamaba para sí. El resultado de esto es que han sido primados determinados temas en la investigación en detrimento de otros. Cuestiones económicas, demográficas, sociológicas, absorben la atención de los historiadores que se decantan por ellas dando de lado a los aspectos culturales, emocionales e individuales. Si bien apreciamos un cambio de tendencia al respecto, aquella todavía continúa siendo mayoritaria. El género biográfico, por ejemplo, disminuyó muchísimo —vuelve de nuevo y hasta revolucionado por las técnicas de cuantificación—; hemos profundizado en el conocimiento de la génesis, estructura y comportamiento de grupos, de las circunstancias que rodean al hombre, descuidando el estudio de su acción individual en la sociedad. Y así —ha escrito Trevor Roper refiriéndose a la escuela de los Annales— se ha reducido el área de incomprensión de lo humano a través del análisis estadístico de cuanto pueda analizarse de esa forma. Sin embargo, las «nuevas historias» entran en crisis —Lawrence Stone—. Hay una fuerte crítica contra los excesos que ha traído consigo, v.g., el marxismo —al menos cierta rama— es considerado como dogmático, mecanicista y simplificador. Paralelamente se redescubre el valor explicativo intrínseco a lo narrativo, tratándose de complementar con las «nuevas historias». Pero, ante la inexistencia de una piedra filosofal de la que servirnos para hacer historia, ¿qué novedades conceptuales, metodológicas y temáticas están en boga?, ¿cuáles son las principales corrientes historiográficas que conviven en Occidente?, ¿qué riesgos entraña la hiperespecialización?, ¿qué funciones desempeña el historiador?, ¿cómo debe llegar la historia al gran público? He aquí algunas de las principales interrogantes que pretende responder este notable análisis de la historiografía en Occidente, elaborado por veinte destacados especialistas de formación y procedencia ideológica diversa. Este grueso volumen —501 páginas además de la presentación y el índice— aparece estructurado en dos partes: en la primera, contiene una síntesis general de las escuelas historiográfícas en algunos países, centrándose los autores de algunas ponencias en la historiografía que trata de temas determinados: el medievalismo. En la segunda parte se exponen los diferentes enfoques metodológicos de las distintas especialidades: historia intelectual y de la cultura e historia religiosa; historia demográfica e historia social; historia política; e historia económica. Después de la serie de ponencias que versan sobre un mismo tema, se entabla el consiguiente debate, recogido en las páginas de este libro, que concluye, asimismo, con otro que tiene por base un texto entregado a los participantes el primer día del coloquio. Quizás echemos en falta algunos temas o participantes. O también mayor profundidad en algunas ponencias, acaso generales. Ello es comprensible por razones de espacio y porque casi siempre los organizadores de este tipo de coloquios tropiezan con dificultades que les impiden cumplir totalmente los programas y objetivos que se trazan. Esto no quita interés a una obra tan meritoria, en la que los especialistas en ciencias humanas —cada vez más inmersos en la interdisciplinaridad y en la especialización— tendrán una valiosa orientación acerca de los derroteros que sigue la historiografía así como de los resultados y problemática que plantean las diversas opciones que se le ofrecen.

[Luis Miguel MORENO FERNÁNDEZ. “Vázquez de Prada, V. et al. La historiografía en Occidente desde 1945. Actitudes, tendencias y problemas metodológicos. Ed. Universidad de Navarra. Pamplona, 1985” (reseña), in Anales de Historia contemporánea (Murcia), vol. VI, 1987, pp. 305-307]