✍ La identidad de Francia [1986]

por Teoría de la historia

3682053.__mediano210__En febrero de 1986, un año después de la muerte de Fernand Braudel, la editorial Arthaud Flammarion publicaba la última obra del gran historiador francés: “L’identité de la France”, una obra en tres volúmenes, de los que hasta el momento acaban de salir los dos primeros en castellano y el tercero lo hará próximamente. En esta obra -ambiciosa como todas las suyas- Braudel intentaba “explicar” la historia de Francia, más allá de la peripecia de los hechos y de la coyuntura. Historias de Francia, ciertamente, se han escrito muchas. Desde las “Recherches de la France” de E. Pasquier, en el siglo XVI, a caballo de la primera gran definición del Estado francés, a la más reciente, en curso de publicación, a cargo de historiadores de la cuarta generación de “Annales”, pasando por la historia romántico-nacionalista de Michelet o la positivista de Lavisse, la memoria histórica nacional francesa ha sido siempre muy beligerante. Y ello, a diferencia de la memoria histórica nacional hispánica, desde una nada disimulada buena conciencia autosatisfecha de su propio pasado. Los dos momentos en que los franceses han sido más dados a evocar su pasado nacional han sido el siglo XIX, en función del narcisismo revolucionario (Taine, Michelet, Tocqueville) y la posguerra mundial, desde la “grandeur” del gaullismo (Madaulle), lo que contrasta con la memoria histórica española que se ha ejercido desde la derrota y la involución subsiguiente, desde la generación de 1598 (Mariana) a la de 1948 (Altamira). Pero Braudel -insistimos- no ha querido hacer una nueva historia de Francia sino interpretarla desde una lógica casi cósmica, la conjugación de una geografía plural al mismo tiempo que especifica unos comportamientos demográficos determinados con una tipología familiar propia y una estructura económica que ha fundamentado las relaciones de Francia en Europa y fuera de Europa. El discurso de Braudel en los tres volúmenes que comentamos es caracterizadamente economicista. El discurso político -el papel del Estado- o ideológico -la configuración de la conciencia nacional- quedó roto al morir Braudel y no sé si alguien lo retomará y concluirá las páginas que dejó Braudel manuscritas. Es curioso, porque ese mismo análisis político-ideológico lo dejó también inacabado Fevbre, el maestro de Braudel en un texto escrito en 1945. El primer volumen de Braudel cubre la interpretación geográfica de Francia a través de la articulación de la compleja variedad de lo local y los elementos de cohesión adscritos fundamentalmente al fenómeno urbano. El segundo, analiza la trayectoria de la población con criterios cíclicos: el ciclo prehistórico, el antiguo y altomedieval -de la Galia independiente a la carolingia- el de la primera Europa -siglos X-XV- y el moderno -1450-1950- con su estela de problemas que sitúa en las cuestiones sanitarias, la restricción de nacimientos y la inmigración extranjera. El tercero, recoge la problemática económica que ha marcado la historia de Francia en dos niveles: infraestructura y superestructura. La pretensión de Braudel es excesiva y el conjunto de la obra -aún obviando su condición de inacabada- se resiente de ella. La erudición del maestro Braudel es abrumadora y su sutilidad para la captación de datos heterogéneros que integró en su análisis es admirable, pero en su discurso se impone la descripción sobre la explicación conUnknown planteamientos demasiado retóricos que oscurecen la pretendida lógica racionalizadora. Pero la crítica que, a mi juicio, suscita esta obra de Braudel radica sobre todo en el incumplimiento de dos de los propósitos que establece con total rotundidad en el prólogo: la necesidad del control del sentimiento nacionalista y la concepción no esencialista de la identidad nacional. La recomendación de que “uno debe purgarse de sus pasiones” el Braudel octogenario que escribe este libro no la respeta. La “fascinación hexagonal” como diría uno de sus críticos está demasiado explícita en su libro a través de no pocas efusiones líricas y hasta épicas. El propio Braudel confiesa (Vol. I, pág. 115): “Yo pienso como hombre del este aferrado al aparato unitario de Francia, consciente de que su libertad depende de esa unidad y de la vigencia que ella implica. No estoy justificando mi posición, sólo indico que ella es el fruto de ciertas experiencias herederas y vividas”. Sus contradicciones son patentes en la delimitación de lo que entiende por identidad francesa. Pese a que dice no creer en una esencia de Francia, son constantes sus evocaciones de “la Francia verdadera”, “la Francia que estaba en reserva”, “la Francia profunda”. Es significativo su rechazo a asumir la configuración histórica de Francia en el siglo XVIII que habían hecho Taine o Tocqueville: “Como si en nuestra sangre, en nuestra vida, la hematología retrospectiva no revelase el rastro mismo de las invasiones bárbaras, como su creencias y lenguas no acudieran hacia nosotros desde los oscuros siglos del más remoto pasado”. Así pues, este libro-testamento inacabado de Braudel, parece reflejar un proceso involutivo de su autor, el gran arquitecto de la estructura de tres niveles del célebre “El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II” (1949) o el diseñador de la “economía mundo” de su “Civilización material, economía y fernand-braudel-la-identidad-de-francia-iii_MLA-F-2930045186_072012capitalismo” (1979) que en sus últimos años se refugia en el ensimismamiento nacional, ante las perplejidades que los primeros ecos de la crisis provocan para dedicarse a robustecer la buena conciencia nacional francesa. Fernand Braudel nació en el año 1902 y falleció en 1985. Director de la revista “Annales” durante unos veinte años y presidente de la VI Sección de la Escuela Práctica de Altos Estudios, ha sido el historiador francés posiblemente de mayor influencia, tanto dentro de su país como en todo el mundo, en la segunda mitad de este siglo. Tras obras trascendentales como “El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II” (1949), “Escritos sobre la historia” (1969), “La dirección de la historia económica y social de Francia” (junto con Labrousse, 1977-1982), “Civilización material, economía y capitalismo” (1978), “La dinámica del capitalismo” (1985), entre otras, publicó postumamente “La identidad de Francia”-, obra que según uno de sus discípulos -Aymard- “debe bastarnos para sorprendernos ante el gran maestro, una nueva y última vez”. Sorprendernos y -añadimos nosotros- al mismo tiempo admirar la capacidad intelectual y el afán omnicomprensivo del gran historiador que fue Fernand Braudel.

[Ricardo GARCÍA CÁRCEL. “La Francia de Braudel”, in La Vanguardia (Barcelona), 21 de mayo de 1993, p. 45]