✍ Herculine Barbin llamada Alexina B. [1978]

por Teoría de la historia

27284816Este librito contiene dos trabajos muy diferenciados. Por un lado, la historia de Herculine Barbin o “Alexina B.”, la experiencia biográfica de un hermafrodita, contada por él mismo. Por otra parte, una reflexión general sobre el pensamiento de Michel Foucault, realizada por Antonio Serrano, quien ha traducido del francés, junto con Ana Canellas, el texto que os ofrecemos. La historia de Alexina B. es un documento del pasado siglo rescatado del anonimato por Michel Foucault. Se trata de un documento excepcional por su sinceridad, sencillez y frescura, y por poner de relieve el drama personal y social de quien lo escribe: un hermafrodita que sufre en su cuerpo y mente todas las estrecheces y crueldades de una sociedad represiva, de una moral católica rígida, y de una pretendida “ciencia” desabrida que ignora las inquietudes simplemente humanas de las personas. A Alexina le impulsan al suicidio. Le suicidan. Su escrito es conmovedor. Su estilo, en el que se advierte el trato de años y años con las monjas, puede parecer algo emperifollado y cursi, si se quiere. Pero es el estilo que Alexina domina y, por ello, nos resulta más cercana, más sincera, y su experiencia mucho más trágica. Es lo menos parecido a una protesta política o a un panfleto de agitación, pero, y quizá por ello, es un alegato contra la moral hipócrita y la instrumentalización del sexo por parte de esta sociedad y decimos esta sociedad, porque, como tendréis ocasión de comprobar, no pocos fenómenos e instituciones permanecen casi idénticos. Fue un gran mérito del pensador francés Michel Foucault sacar a la luz este testimonio. Con ello quiso descorrer el velo del olvido que pesa siempre sobre los marginados. Primero publicó el caso de Pierre Rivière, el parricida de ojos rojizos, autor de un crimen espeluznante e increíble, cometido por un chico de pueblo, algo misógino y retraído, que se puso el traje de los domingos para empuñar el arma homicida. Rivière dejó su experiencia escrita. Experiencia y declaraciones que, en su día desconcertaron a unos jueces y psiquiatras encastillados en sus dogmas habituales, que no acertaron a encajar en sus edificios mentales, en su verdad, el caso que contemplaban; el de un muchacho introvertido, sencillo, inocente… y con problemas. Por esta razón, porque Pierre era un auténtico transgresor de las leyes y verdades de la sociedad burguesa, por poner patas arriba todas las normas y formas de los mecanismos habituales del poder, su original escrito fue dado a conocer por Foucault. En la vida real, Rivière se suicidó. Como la protagonista de la historia que hoy os presentamos, Herculine Barbin o Alexina B., que supo oponer, en sus recuerdos, su propia versión de los hechos, contraria a la que le atribuyeron unos médicos y unos curas que tenían que conjurar el peligro de una naturaleza “anormal” y el escándalo de unas relaciones homosexuales. Al margen de lo pomposo de su escrito, éste es, sobre todo, un patético ejemplo de cómo funciona uno de los dispositivos de poder más generalizados y propios de la moral judeo-cristiana: la confesión. En ese ejercicio terrible de la confidencia que Herculine realiza ante los curas, el obispo y el médico, en ese despojarse de sí misma y de sus deseos, de sus sueños, de sus miserias, para que otros, los otros, le reconstruyan a su antojo, se aprecia, en toda su rotundidad, una técnica de coerción que Occidente ha desarrollado para sujetar a hombres y mujeres, mientras que quienes mandaban y mandan se dedican a la vieja tarea de la acumulación de capital. Desde la tortura, última y definitiva palabra en este tipo de coacciones, hasta las relaciones personales y familiares, “todos y cada uno —escribe Foucault— tienen que averiguar quiénes son, qué ocurre dentro de sí mismos, qué faltas pueden haber cometido, a qué tentaciones están expuestos. Y aún más, cada uno está obligado a contar estas cosas a los otros, y por ello a ser testigo contra sí mismo”. Esta pequeña y gran historia de Herculine atestigua, como pocas veces, la monstruosidad de la confesión y su lugar capital en la moral judeo-cristiana. A esta Editorial, y más teniendo en cuenta lo poco conocido entre el público de habla castellana, del relato que os ofrecemos, nos pareció de sumo interés su publicación. El segundo trabajo que adjuntamos, Una historia política de la verdad, de Antonio Serrano González, es una panorámica global del pensamiento de Michel Foucault, recientemente fallecido. No ocultamos su complejidad y el carácter un tanto especializado y casi para especialistas, de este escrito. Pero es una buena síntesis y de alto tono intelectual, realizada por un buen conocedor y trabajador de la obra del filósofo francés. Puede ser de suma utilidad para quienes quieran poseer una visión de conjunto de la producción foucaultiana, y para quienes sintonicen con esta línea intelectual para interpretar nuestro mundo. El trabajo de Antonio Serrano está hecho desde la proximidad al modo foucaultiano de analizar los fenómenos. Por eso queríamos dejar constancia de que ese punto de vista tiene perfecta cabida en esta Editorial, aunque no sea el único criterio ideológico o metodológico de nuestras publicaciones, cosa que es obvia, ni tampoco es, para nosotros, un criterio preferente. Por ello hemos hablado de “nuestras proximidades y lejanías” con Michel Foucault. Comencemos, brevemente, por ciertas lejanías. Pensamos que, entre otros defectos, y como señala —aunque no como defecto— el propio Antonio Serrano, sus análisis “le obligaron a proveerse de una cierta retórica”. Creemos que, efectivamente, su lenguaje, su poesía lingüística , resulta en ocasiones excesiva y excesivamente intrincada. Y en francés es un mal menor, pero en castellano puede convertirse en algo inescrutable y poco ordenado. En “retórica”, en el sentido común que se da a esta expresión… Esa es una de nuestras, por supuesto discutible, opiniones. Tampoco quisiéramos dejar en el tintero, sin que éste sea un balance detallado del pensador francés, cosa que no pretendemosalexina B en absoluto, otro aspecto con el que discrepamos. Algo de método, que es la arbitrariedad que se trasluce en algunas de sus afirmaciones históricas. Una falta de rigor, claramente perceptible en algunos pasajes de sus obras. Y a veces la informalidad puede ser positiva, pero otras puede ser nefasta. Es más, algunos intelectuales —no hay más que mirar a nuestro derredor— se han quedado sólo con esa arbitrariedad y ese lenguaje, asimilando todo ello, y a Foucault mismo, a toda esa discusión sobre la “posmodernidad”, ideario que es a la historia actual del pensamiento lo que el bricolage como método de explicación de la crisis económica mundial. No es el lugar, ciertamente, para polemizar, pero quien quiera conocer un contrapunto interesante al pensamiento de Foucault, puede leer la crítica de Pierre Vilar a aquél, en el artículo “En los orígenes del pensamiento económico: las palabras y las cosas”. Parece más realista, más materialista en un sentido clásico, una línea de pensamiento que, como dice Vilar, “subordine las cosas a las palabras”, que no la que procede a la inversa, como, en ocasiones, hace Foucault. Sólo que habría que añadir algo de tolerancia y flexibilidad a las afirmaciones de Vilar y reconocer que, por ejemplo, el libro foucaultiano “Vigilar y castigar” es un modelo de examen preciso de las cosas y sus fenómenos, en este caso las instituciones represivas y sus mecanismos, la cárcel y el castigo, y un diagnóstico preciso de esta sociedad a lo Kafka, como “un expediente siempre abierto”, como una sociedad no sólo de castigo sino de vigilancia. Hasta aquí, algunas posibles “lejanías” con Michel Foucault. Hay más, pero no es lo importante. Porque lo que prima en nuestra actitud es la proximidad y, también, la simpatía. Proximidad por su gusto por su subversivo y heterodoxo, por su colocarse al lado del débil, por su enfrentamiento con el sistema establecido. Y simpatía por su compromiso práctico con los marginados, contra el fascismo y contra el estalinismo. Todo lo contrario a “nuestros” intelectuales oficiales, que parecen no saber comprometerse más que con el poder, Foucault potenció el G.I.P. (Grupo de Información de Prisiones), destapando la cámara de los horrores que son las cárceles francesas mediante testimonios y pruebas directas; supo empuñar —al lado de Sartre— un megáfono en una manifestación contra el racismo francés y por la muerte de un obrero argelino. Siendo ya un autor mundialmente conocido, tuvo que aguantar, debido a su actividad contra las cárceles, unas cuantas bofetadas en una comisaría francesa, y la reacción de aquel policía francés —al fin y al cabo policía— que le espetó su célebre insulto al filósofo: “maricón”. Ni que decir tiene que Foucault es también una de las personas que fue expulsada del Estado español por venir a protestar contra los fusilamientos ordenados por Franco en 1975. Por eso, aunque se ha dicho hasta la saciedad que Foucault odiaba los homenajes, los balances serios y los aniversarios, permítasenos, sin embargo, dejarnos llevar por esa nuestra indicada manía de subordinar las cosas y los acontecimientos reales a las palabras, y, constatando el hecho de su cercana muerte, déjesenos presentar este pequeño libro como nuestra contribución al recordatorio de este inquieto pensador francés y, por si fuera poco, en el terreno que le era más caro: en el de la vida y muerte de los marginados.

[José I. LACASTA ZABALZA. "Aproximaciones y lejanías con el pensamiento de Michel Foucault", in Michel FOUCAULT (presentación). Herculine Barbin llamada Alexina B. Selección de Antonio Serrano. Madrid: Talasa Ediciones, 1985, pp. 5-10]

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