✍ El momento Guizot. El liberalismo doctrinario entre la Restauración y la Revolución de 1848 [1985]

por Teoría de la historia

9789876913577.jpgPara algunos lectores avisados, esta reseña parecerá más una confidencia. La relativa ignorancia sobre este autor francés la explica el desmesurado interés nuestro por el estudio de tiempos más recientes relacionados con los episodios de nuestra sempiterna violencia. Pierre Rosanvallon ha sido por muchos años el director de l’École des hautes études en sciences sociales: por tanto, es colega de nuestro muy conocido profesor Daniel Pécaut. El hecho de que conozcamos más a éste y menos a aquel explica mucho de lo que hemos sido como comunidad científica: el encanto sociológico por explicar las estructuras del orden político colombiano durante el siglo XX nos ha sustraído de la necesidad de entender los procesos quizás más silenciosos de formación de la nación, el Estado y las élites político-administrativas durante el siglo XIX. “Le moment Guizot” es, precisamente, un sugestivo estudio de historia intelectual de Francia con base en la vida y la obra de una de las figuras políticas más atractivas de la primera mitad del siglo XIX en ese país. Cuando Rosanvallon se inclinó por tal personaje, partió de constatar que el periodo de 1814 a 1848 había sido poco inquietante para los historiadores y terminó por demostrar que en esos años se definió la personalidad de lo que iba a ser el liberalismo francés en contraste con las demás tendencias liberales que se instauraron en Europa. Queda claro en este apasionante libro que el liberalismo francés, bajo la égida de Guizot, se definió como una ideología aristocrática que revaluó profundamente el legado igualitario de Rousseau y que prefirió hacer un examen de las consecuencias democratizantes de la Revolución Francesa. La generación político-intelectual de Guizot se dedicó a depurar en su beneficio el legado revolucionario; fue la generación que se autoconfirió la “tarea inmensa… de construir la nueva Francia después de la vieja Francia que fue destruida por los predecesores de 1789”. A diferencia de los Ilustrados del siglo XVIII, la tarea ya no consistía en criticar y destruir un orden antiguo, sino, en palabras del propio Guizot, la de fundar un orden nuevo. Un libro como éste -eso hace parte de la confidencia- no debe leerse con el exclusivo propósito de entender el proceso de organización de la vida político-intelectual en Francia después de la Revolución. Su lectura tiene la provocadora alternativa metodológica de servirnos de modelo para comprender el papel homólogo que desempeñaron los literatos-políticos latinoamericanos después de la separación del dominio hispánico. De hecho, Guizot, Cousin, Barante y Royer-Collard, entre otros, fueron autores de gran preferencia en el variado auditorio de los criollos letrados que iban a asumir, semejante a sus maestros franceses, tareas pioneras en las imberbes repúblicas de Hispanoamérica. Gracias a Guizot, hombres como Andrés Bello en Chile, José Antonio Saco en Cuba, Fermín Toro en Venezuela y muchos políticos cuasi profesionales más, entendieron que era apremiante erradicar la idea igualitaria de la soberanía popular y reducirla a la muy cómoda y excluyente “soberanía de la razón”, lo que implicó reducir la comunidad política a aquellos individuos que pertenecían a las minoritarias sociedades escriturarias bien definidas por Ángel Rama. Pierre Rosanvallon le concedió a Guizot la relativa capacidad de condensar en su personalidad muchos de los dilemas de su generación de políticos que, a la vez, fueron historiadores, filósofos y literatos. Alrededor de ese destino individual, el sociólogo francés reconstruye la cultura política de la primera mitad del siglo XIX, nos permite entender las influencias ideológicas, la literatura en boga, los propósitos fundamentales que orientaron a su generación en la vida pública. Época de moderación política y liberalismo conservador es lo que queda preciso en el balance de la obra. Queda claro que la ecuación política que auparon estos ideólogos de la Restauración se redujo a la sumatoria de riqueza más los privilegios de la razón. El ejercicio activo de la política debía reducirse, de ese modo, a quienes detentaban rentas y poseían títulos universitarios o ejercían profesiones liberales. Para las modestas41b7vp3k1jl-_sy300_1 formaciones republicanas de América latina, el modelo de regulación política francés inspiró constituciones políticas y legislaciones que le conferían un papel tutor a aquellos individuos que reunían los méritos acumulados mediante su exclusiva formación universitaria. En Guizot, interpretaron sus lectores del otro lado del Atlántico, que se encontraba, tanto en su obra práctica como teórica, un arte de gobierno adecuado a una sociedad moderna en la que había que controlar las masas -“la peur du nombre”- y conquistar mercados electorales. Leer ahora este libro tan menospreciado sería una buena señal en la renovación de los estudios históricos del siglo XIX en Hispanoamérica, en la comprensión de procesos que tienen mayor profundidad y que hacen parte de los factores causales de los conflictos y traumas posteriores de estas sociedades que en la agonía del siglo XX no lograron descifrar la idea de nación ni construir Estados que garantizaran mínimos niveles de convivencia.

[Gilberto LOAIZA CANO. “Pierre Rosanvallon. Le moment Guizot, Éditions Gallimard, Paris, 1985” (reseña), in Historia y Espacio (Cali), nº 16, 2000, pp. 136-138]

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