✍ Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo [1983]

por Teoría de la historia

comunidades-imaginariasEl ensayo de Benedict Anderson sobre el surgir del nacionalismo, Comunidades Imaginadas, evidencia los distintos factores que, según la posición geográfica, tuvieron influencia en su desarrollo. En Europa la conciencia de la pertenencia a una misma comunidad se debió principalmente a la difusión de la imprenta, que contribuyó a crear una comunidad de lectores que se entendían utilizando las lenguas vernáculas, y a reevaluar aquellas masas populares que las hablaban. En América, el nacionalismo tuvo una matriz distinta. En el Sur, las nuevas repúblicas surgieron en correspondencia de las unidades administrativas creadas por la metrópoli, en las cuales las propias consuetudes burocráticas habían originado una red de experiencias comunes entre los criollos. En Estados Unidos la difusión del periódico, que fomentaba la impresión de compartir en un tiempo casi simultáneo los mismos acontecimientos, reforzó los lazos geográficos y comerciales existentes. Si para Anderson la fecha de la Declaración de Independencia demuestra que el nacionalismo americano fue anterior al de Europa, el surgir de movimientos de liberación nacional en Asia y África posteriores a la Segunda Guerra Mundial es la prueba evidente de que éstos fueron una herencia de la cultura occidental. Sin pretenderlo fueron las mismas políticas coloniales las que fomentaron el surgir de una conciencia nacional en las Colonias. Por un lado favorecieron a través de la creación de un aparato burocrático el crecimiento de una red de experiencias comunes: por el otro, sobre todo con la difusión de mapas y museos, hicieron penetrar en la imaginación popular la idea de la existencia históricamente probada de «unidades territoriales específicas». Una de las preocupaciones que indujeron al autor a escribir el libro fue la de investigar las relaciones entre revolución y nacionalismo que se evidenciaron en los conflictos del Sudeste asiático de hace dos décadas. Aunque Anderson no se preocupe de tratar el tema de manera sistemática, es posible deducir del texto cómo resuelve esta correlación. Antes que nada nos ayuda recordar que la revolución y el nacionalismo son por él definidas como «invenciones disponibles para la piratería». Es decir, estas dos categorías políticas han sido interpretadas y utilizadas a lo largo de la historia en la manera que resultaba más conveniente. Sin duda las revoluciones que llegaron al poder no quisieron privarse de un instrumento de dominio que40081226142155(0) les aseguraba una devoción ciega por parte de quienes eran llamados a formar parte de la comunidad nacional. Los líderes revolucionarios, a menudo formados en escuelas de tradición europea, y por lo tanto conscientes de que el amor patrio había inducido a miles de hombres al sacrificio voluntario de sus propias vidas, intuyeron que el nacionalismo constituía el mejor medio conocido por la historia, aparte la religión, para conseguir una obediencia incondicional. La manipulación de las categorías políticas del nacionalismo y de la revolución se hace posible además por unas características que las transforman en categorías ambiguas. No sólo el mismo Marx dejó abierta la posibilidad para una revolución nacionalista afirmando que «el proletariado de cada país debe, por supuesto, arreglar cuentas ante todo con su propia burguesía», sino que Anderson evidencia varias veces la «fatalidad» del surgir del nacionalismo, que nos lleva a pensar que su paternidad puede ser fácilmente reclamada por quien sea, no estando nada clara. El carácter casual del nacionalismo, que se debe al encuentro fortuito del capitalismo, tecnología y lenguas vernáculas, favorece la manipulación de estos factores actuada por cualquier ideología que se oriente a las masas. Siendo éstos relacionados con la existencia de una multitud, ésta puede ser fácilmente interpretada como pueblo; es decir, la ideología aleja al nacionalismo de la muchedumbre genérica para dirigirlo hacia aquella particular tumblr_m7khzgAZyG1r1keb3o1_400constituida por el pueblo. Conservando el carácter plural del nacionalismo, en el sentido que éste sigue dirigiéndose a una multitud esta vez específica, la ideología le acerca a la revolución, que es el medio por el cual el pueblo entra en la Historia, para reforzarla y proveería de las fuerzas que le faltan para llegar a la victoria. El nacionalismo se convierte entonces en la energía que mantiene la unidad del pueblo, unidad necesaria para realizar la revolución, confirmada no sólo por la convergencia de los fines, sino también por la común historia pasada. Merece la pena hacer una breve alusión al segundo objetivo que se propuso Anderson al escribir este ensayo: la demostración del origen no europeo del nacionalismo. Atribuyendo una buena dosis de miopía a los estudiosos del Viejo Mundo, les acusa de tener una provinciana actitud eurocéntrica en lo que concierne al surgir de la conciencia nacional. Principalmente opone a esta posición el hecho incontrovertible de la fecha de la Declaración de Independencia, que precede en un decenio a la Revolución francesa, frecuentemente identificada por la historiografía como el primer brote de nacionalismo. No creo que tenga mucho sentido determinar quién cruzó la raya primero (¡al fin y al cabo sólo se trata de trece años!), sino que es más interesante considerar ambos acontecimientos como señales de que en la Historia estaba en curso un cambio que marcaría profundamente los dos siglos que siguieron.

[María Cristina PASCERINI. “Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, por Benedict Anderson” (reseña), in Revista de Antropología social (Madrid), vol. VI, 1997, pp. 246-248]

Anuncios