✍ Furores campesinos. Los campesinos en las revueltas del siglo XVII (Francia, Rusia, China) [1967]

por Teoría de la historia

Unknown 2Se me ha solicitado que trate el tema del papel de los campesinos en algunas rebeliones del siglo XVII. Fue ésta una época de grandes revueltas y revoluciones, en las que intervinieron todos los grupos sociales. Primero en Europa, donde el apogeo de esas crisis se ubica entre 1640 y 1660; la revolución de Inglaterra, cuyo punto culminante se sitúa entre 1648 y 1653 y que es, posiblemente, la primera gran revolución burguesa de los tiempos modernos; ese intento de reacción contra las novedades monárquicas que fue la Fronda, en Francia, desde 1648 a 1652; la revuelta de Cataluña contra España (1640-1652), la de Portugal (1640-1668); en 1647, la revuelta napolitana de Masaniello, muerto el 16 de julio, pero cuyos partidarios lucharon hasta febrero de 1648 contra las tropas españolas del virrey Arcos y la flota de Don Juan de Austria; la tentativa de golpe de estado de Guillermo II de Holanda, en 1650, la insurrección de Ucrania, de 1648 a 1654. Estos son los episodios más salientes, pero en toda Europa hubo disturbios en las ciudades y en los campos; en 1641, en Irlanda, en Suiza, en Alemania, en Rusia: motines populares, en 1648, en Moscú, Ustuga, Koslov, Solvitchegodsk, Tomsk y otras ciudades; en 1649, levantamiento de deudores en Moscú; en 1650, motines en Pskov y Novgorodla Grande; en 1653, guerra campesina en Suiza; en 1662, revuelta en Moscú a causa de la amonedación del cobre. Por lo demás, el período de 1640-1660 no tiene el monopolio de los disturbios. Fue precedido y seguido por largos períodos de motines y sublevaciones. En Francia, las sublevaciones urbanas y rurales son muy numerosas a partir de los “años 30” de ese siglo: sublevación de Dijon, de Aix-en-Provence en 1631, de Bordeaux en 1635. Levantamiento de los croquants [mendigos, villanos, campesinos] en 1636, de los Nu-Pieds [descalzos] en 1639, de Rouergue en 1643, de Montpellier en 1645. Son sólo algunos ejemplos. Y bajo el gobierno personal de Luis XIV: revueltas del Boulonnais, en 1661; rebelión de Audijos, en Chalosse, que se prolonga desde 1664 hasta 1671; revuelta del Bas-Vivarais en 1670, revuelta del papel sellado en Bordeaux y Bretaña durante el año 1675 y, por último, la revuelta religiosa de los camisardos [nombre dado a los calvinistas de Cevennes]. En Rusia tenemos las insurrecciones de la “Época de los disturbios”, desde 1601 basta 1613, la gran sublevación del cosaco Stenka Razin, en 1670 y 1671, la rebelión del monasterio Solovetski, de 1668 a 1676, contra las versiones revisadas de los libros litúrgicos. En Irlanda, la revuelta de 1679. En Bohemia, el levantamiento campesino de 1670. Pero no sólo Europa está en el tapete. En China, desde 1620, las rebeliones se extienden y crecen basta la caída de la Dinastía Ming, en 1644. Se reinician en gran escala con la gran sublevación del general Wu San-Kuei, comenzada en 1673 y que se prolongará después de su muerte, hasta 1681. Los levantamientos chinos son casi contemporáneos de los grandes movimientos europeos. En Japón los cristianos se levantan contra los Shoguns, Tokugawa, confucianos, sintoístas e intolerantes. Pero aunque son ante todo religiosas, las sediciones existen y la principal es la de Amakusa, en 1637; los cristianos japoneses se levantan al mismo tiempo que los croquants del Périgord. En la India, el levantamiento nacional hinduista contra los conquistadores mongoles comienza con los maharattas, en 1648. La rebelión de los sikhs contra los perseguidores mongoles musulmanes comenzó antes, ya en la época del gran mongol Jahangir (1605-1627). Esos dos movimientos continuarán ampliándose y agravándose, particularmente después de 1675, año de la sedición de Bretaña y de Bordeaux. El profesor Charles Gibson, autor de ese gran libro “Los aztecas bajo el dominio español (1519-1810)”, me decía el año pasado, en Iowa, que el siglo XVII en México fue también una época de disturbios sociales y de sediciones. Los contemporáneos tuvieron conciencia de que vivían en tiempos particularmente duros. Robert Mentet de Salmonet, en el prefacio de su “Histoire des troubles de la Grande-Bretagne”, publicado en París en 1649, expresa muy bien ese sentimiento: “No quiero manifestar nada sobre las costumbres del siglo en que estamos. Sólo puedo asegurar que no es de los mejores, siendo un siglo de hierro, un mal reformador de la vida de los hombres, ya que la guerra trae habitualmente un desborde de vicios junto con la desolación de las provincias. Tousiours es famoso por las grandes y extrañas revoluciones que ocurrieron allí. Se ha visto a personas subir a tronos que poseían grandes y poderosos reyes sin dar un mandoble y tomar posesión de ellos con tanta facilidad como si hubiera sido una pequeña heredad. Se ha visto a príncipes humillarse y a algunos en la mayor de las mortificaciones, que la Santa Escritura llama la rotura del cinto de los reyes. Y se ha visto en otros lugares a súbditos que no osaban mirar a su soberano a la cara, haber tenido la audacia de citarlo ante un tribunal, cuando antes no hablaban en su presencia sino temblando […] Las revueltas han sido frecuentes tanto en Oriente como en Occidente […]”. Las revueltas se encienden por toda la tierra y debería ser una empresa colectiva de historiadores de todos los países investigar las características de dichos movimientos, según los diferentes tipos de estructuras sociales, y las causas de tal coyuntura. Un solo hombre no puede emprender tamaña tarea. Un solo libro no bastaría para ello. Nuestro objetivo será mucho más modesto. Concentraremos nuestra atención en los campesinos, como por otra parte nos lo han pedido, sin olvidar que en Europa occidental las revueltas campesinas no se producen aisladamente y no51097896VcL pueden comprenderse sin la acción de las ciudades y sin la colaboración de otros grupos sociales. Las analizaremos en tres países, elegidos porque sus estructuras sociales son muy diferentes. Dejando de lado a Inglaterra, cuya revolución será estudiada en otro volumen de esta colección*, nos circunscribiremos a Francia, Rusia y China. Por supuesto que no estudiaremos todas las sediciones de campesinos en cada uno de esos países. Las dimensiones del libro y la preocupación por no fatigar al lector nos lo impiden. Además, tenemos la intención de consagrar un libro especial, fuera de esta colección, al conjunto de los levantamientos populares franceses, cuyas características son tema de controversia entre los historiadores. Para Francia, entonces, nos circunscribiremos a tres sediciones, la de los croquants, la de los Nu-Pieds y la de Baja Bretaña. Para Rusia, a los levantamientos de los campesinos en la época de los disturbios del primer Dimitri y de Bolotnikov, y en la segunda mitad del siglo, con Stenka Razin. Para China, a las rebeliones de Chang-Hsie’n-Chung y de Li-Tzu-Cheng contra los Ming. Compararemos luego esos casos entre sí y trataremos de discernir si presentan diferencias explicables por divergencias de estructuras sociales y semejanzas que podrían provenir de coyunturas parecidas. Evidentemente, no se trata de hallar soluciones definitivas o de elaborar una teoría de esas rebeliones, sino de precisar, en lo posible, algunas hipótesis de investigación.

(*) El autor se refiere a la colección “Les grandes vagues revolutionnaires” [Las grandes oleadas revolucionarias] en la que está incluido el original francés de esta obra [N. del T.].

[Roland MOUSNIER. Furores campesinos. Los campesinos en las revueltas del siglo XVII (Francia, Rusia, China). Traducción de Fina Warschaver. Madrid: Siglo XXI, 1989, Introducción, pp. 7-10]

Anuncios