● Acerca de nuestro sitio

por Teoría de la historia

Dentro del marco curricular del Profesorado en Historia, este sitio intenta ofrecer una suerte de primer umbral epistemológico. Así pues, si, por un lado, nuestras cátedras funcionan como el primer encuadre que recibe el estudiante sobre el oficio de historiador y sus prácticas metodológicas, por otro lado también permite mostrar de qué modo es posible reunir un contenido para su transmisión en el aula cuando de un plan introductorio se trata. Es por ello que, como todo objeto inaugural, nuestras cátedras funcionan como entrada y contextualización para un primer acercamiento a las múltiples maneras de construir el conocimiento histórico, a sus principales herramientas, a sus métodos, al relevamiento de las fuentes y a la extracción de un objeto del pasado para reintroducirlo en ese mismo pasado a través de una operación científica particular. Primer momento de relación y situación de una disciplina que se aprende para ser enseñada e investigada, este sitio pretende brindarle al estudiante la posibilidad de discutir categorías que le permitan luego ponerlas en funcionamiento en otras asignaturas y, más tarde, con sus futuros alumnos. Es decir, entendemos que los objetivos de una materia no pueden quedar sólo reducidos a una mera transmisión de contenidos, sino que también deben proponer, simultáneamente, una serie de recursos que faciliten su instrumentación y articulación. Asimismo, el propósito de este sitio también busca que el estudiante advierta dos elementos esenciales que, a nuestro juicio, definen hoy la práctica social de la historia: la multiplicidad y variabilidad de los posibles objetos de investigación y la necesidad de conocer, resguardar y enriquecer la especificidad del lenguaje que utiliza el historiador. Si el conocimiento es un proceso dialéctico que permite percibir y transformar la realidad –tal es nuestra posición al respecto–, diremos que las formas de su acopio no podrán perdurar en una instancia meramente acumulativa ni permanecer como un saber absoluto, dado o predeterminado. Por el contrario, entendemos que para la construcción de ideas es necesario que el estudiante –tras conocer las principales líneas del pensamiento histórico– se apropie de esos saberes y luego haga uso de ellos. Para llevar a cabo esta tarea, es fundamental avivar el análisis crítico de los textos, fomentar la discusión de las diferentes posiciones teóricas, recuperar las tensiones internas de esas propuestas y construir a partir del error, evitando de tal modo cualquier sacralización de figuras intelectuales y obras canónicas, aunque sin dejar de reconocer por ello su valor para el desarrollo de la disciplina. Cabe señalar, finalmente, que nuestro sitio descansa en un eje vertebrador que apunta a construir y fortalecer la figura del docente-historiador. Vale decir con ello que, como señala Antoine Prost, situada en el tiempo y en el espacio, la realidad histórica jamás podría ser considerada una inmutable sub specie æternitatis: antes de ser una disciplina científica, la historia es una práctica y como tal exige del docente-historiador una responsabilidad que lo involucra como uno de los principales transmisores de la memoria histórica de la sociedad. Precisamente, es por esa razón que el docente también debe ser un investigador de la historia que actualice y explore su profesión regularmente, optimizándola con la incorporación de nuevos textos, métodos y corrientes de pensamiento. Esta necesidad de actualización –que, por cierto, puede hacerse extensiva a cualquier tipo de actividad– se revela particularmente ineludible: no sólo será portavoz de una disciplina que se define a partir del cambio, sino que, a lo largo de su carrera profesional, pasarán por sus aulas sucesivas generaciones de estudiantes cuyas preguntas se irán trasfigurando progresivamente. Es por ello que aquí hemos privilegiado reseñas de las obras de aquellos historiadores, pensadores e intelectuales cuyas contribuciones han marcado, a nuestro juicio, un jalón importante en la disciplina histórica y son, a su vez, representativas de una corriente más amplia de pensamiento. El principal objetivo consiste que el estudiante adquiera un conocimiento teórico y metodológico del background que subyace tras algunas de las grandes obras de la historiografía, de manera que, cuando vuelva a frecuentarlas en las asignaturas específicas, este primer marco le permita acceder a un nuevo nivel de lectura, más profundo y ceñido a la lógica del momento histórico que interrogue. Si bien es necesario que el estudiante continúe interrogando los grandes clásicos del pensamiento histórico —en su mayor parte occidentales—, los procesos de globalización, la extensión creciente de las comunicaciones y el progreso de los estudios culturales, favorecen y exigen un horizonte nuevo de indagación que no se circunscriba únicamente a los habituales referentes canónicos. Trascender esos límites implica no sólo explorar otras geografías donde la historia ha adquirido nuevos grados de profesionalización y gravitación sobre la realidad política, sino también recuperar la producción de aquellos historiadores e intelectuales de nuestra región que han hecho de la reflexión historiográfica su objeto de investigación. Del mismo modo, hemos privilegiado, junto a esas figuras clásicas de la historiografía, la producción histórica más reciente y cuyo estado del arte permitirá conocer las últimas perspectivas de la investigación histórica.

Andrés G. Freijomil

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