✍ Libros, lecturas y lectores en la Edad Moderna [1993]

por Teoría de la historia

9788420627557Desde los años 1960 se ha producido una revalorización de la historia por parte de las distintas disciplinas críticas que han ido, poco a poco, variando sus presupuestos epistemológicos y sus métodos de trabajo, de tal forma que los procesos de recepción y la pragmática han pasado a ser la piedra angular de todos ellos. Inscrito en esta nueva forma de enfocar los problemas históricos, este libro de Roger Chartier viene a proponer una visión nueva y enriquecedora sobre los mecanismos de la comunicación literaria y social, que tiene en cuenta no sólo la producción y reproducción de los materiales escritos, sino su recepción. Chartier es continuador de la nueva historiografía francesa que a partir de los años 1950 -con autores como Lucien Febvre, François Furet y Henri-Jean Martin-, había tomado como objeto de estudio el libro en sus múltiples formas de desarrollo y circulación social, pero sin limitarse ahora a realizar una mera traslación de datos estadísticos, sino interpretando la historia del libro como «movimiento de cambio que desacraliza, de forma tardía pero radical, la producción impresa, dominada por el libro religioso en el momento de la crecida de la reforma católica, y que paulatinamente va dando mayor espacio a todos los libros en que se inventan relaciones nuevas entre el hombre, la naturaleza y el mundo social». Los libros no son tratados como meros soportes de los enunciados, sino que quedan inscritos y estudiados en la forma misma en que se dan a leer. La lectura no es una abstracción, es un proceso, un cambio continuo de perspectivas sometidas a variaciones históricas. Su estudio está estructurado en tres partes. En la primera se dedica a analizar los elementos básicos de la comunicación literaria: el libro, los autores, los editores y los lectores, pero sin limitarse a ofrecer una serie de datos, ya que parte de la idea de que la forma constriñe al significado; le interesa saber ante todo cómo la circulación de textos impresos modificó pensamientos y sensibilidades. La historia del libro es la historia de la edición, pero también la historia de la lectura. De su estudio podemos aprender mucho sobre la forma en que se transformaron el poder, los grupos y las clases sociales. Para ello, intenta destruir un principio que se ha dado por supuesto: «que la imprenta revolucionó las relaciones del hombre con lo escrito», cuando lo verdaderamente revolucionario fue el proceso de la «lectura silenciosa» que desde el siglo VII venía gestándose en el ámbito religioso, hasta consolidarse en los siglos XIV y XV en el medio aristocrático. La lectura silenciosa instaura un nuevo comercio con lo escrito que favorece la libertad interior, precediendo esta revolución a la del libro. La historia de la edición no está estudiada como una forma en sí misma, sino relacionada con la historia de la lectura, que «se ha esforzado en restituir las formas contrastadas con que lectores diferentes aprehendían, manejaban y se apropiaban de los textos puestos en libro». En el segundo bloque, se centra en el estudio sobre las modalidades de lectura: culta-popular, pública-privada; los contenidos de las representaciones; las formas: carteles, canards; y los espacios: el campo, la ciudad, el origen de las bibliotecas, el intercambio, etc., realizando así un profundo trabajo sobre las prácticas de lectura y de cómo han ido evolucionando a lo largo de la Edad Moderna. En el tercer apartado realiza un análisis de los géneros textuales y editoriales y su impacto en la producción del sentido social, su contribución a la formación de la imagen del mundo que los hombres fueron fijándose a lo largo de la Edad Moderna. Resulta muy interesante el análisis que Chartier realiza sobre el concepto de «civilidad»: la importancia de los libros en la evolución de una idea que a lo largo de tres siglos tuvo por objeto «someter la espontaneidad y los desórdenes, asegurar una traducción adecuada y legible de la jerarquía de los estados, desarraigar las violencias que desgarraban el espacio social». El libro posee además algunos trabajos sobre temas concretos, con valor en sí mismos. Por ejemplo, lleva a cabo una brillante exposición acerca del sugestivo prólogo de La Celestina (1514) de Fernando de Rojas, que nos muestra la pluralidad de competencias, de expectativas y las disposiciones de los lectores. Por otra parte, cuestiona algunos tópicos que han circulado en la historia de la literatura, volviendo a replantarse las relaciones entre oralidad y textualidad en la época, así como la forzada división entre «popular» y «culto» que no ha hecho más que confundir a la crítica especializada. Enriquecedor es también el trabajo acerca de la creación y desarrollo del concepto de la «función autor» que «se halla en adelante en el centro de todas las preguntas que relacionan el estudio de la producción de los textos con la de sus formas y la de su lectura»; o el análisis de la tarea de los secretarios en la Edad Moderna, que en realidad no hicieron sino reproducir y mantener una cierta ideología, contribuyendo a difundir las reglas de juego social. En definitiva, la brillantez de Roger Chartier estriba en haber realizado un estudio sobre el libro, sobre la circulación de lo impreso como fenómeno que afectó a toda la sociedad, contribuyendo de una manera concreta a darle cohesión, y a la construcción de una imagen de mundo en la que participaban tanto las minorías lectoras como las mayorías iletradas. Esta obra es tan densa de datos, tan rica en perspectivas, que hace que echemos de menos un trabajo similar sobre la circulación de lo impreso en España.

[Asunción BERNÁRDEZ RODAL. “Chartier, Roger Libros, lecturas y lectores en la Edad Moderna Madrid, Alianza, 1993, 316 pp.” (reseña bibliográfica), in Revista Anthropos, nº 158-159, 1994, pp. 142-143]