➻ Marshall Berman [1940]

por Teoría de la historia

Unknown-2Marshall Berman nació en el Bronx, uno de los cinco condados de la ciudad de Nueva York. Sus estudios profesionales tuvieron tres escenarios: la Universidad de Columbia, la de Oxford, en Inglaterra, y la Universidad de Harvard. Ha sido profesor en diversas instituciones. Por citar algunas: Stanford, Nuevo México, Harvard y la New School. Como conferencista ha recorrido buena parte de su país y del mundo. Desde 1967 es profesor de tiempo completo en la división de ciencia política de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. En el City College y el Centro de Estudios para Graduados de dicha institución se ha convertido en maestro. Como ensayista cree que los libros nacen de un impulso vital. Sus publicaciones son pocas y sin embargo, su influencia alcanza a estudiosos de diversas disciplinas. Sus lectores van de la arquitectura a la filosofía, de la música a la sociología. En orden de aparición se deben citar sus libros: Politics of authenticity (1970), All that is solid melts into air (1982) (la traducción al castellano Todo lo sólido se desvanece en el aire circula desde 1988 bajo el sello de Siglo XXI) y Adventures in Marxism (1999). Sus lectores esperan con cierta ansia el que debe ser su próximo libro, One hundred years of spectacle: a cultural history of Times Square. El título habla por sí mismo, el homenaje a García Márquez: Los cien años de espectáculo, delata la preocupación literaria, artística del autor. El complemento: una historia cultural de Times Square, invita a una cierta solemnidad académica. Deja ver su preocupación por un sustancial andamiaje teórico. Sin quererlo, Marshall Berman se metió en los laberintos en que se encerró Walter Benjamin al tratar de escribir un ensayo definitivo sobre la cultura moderna usando los primeros centros comerciales de París como pretexto. Berman, a diferencia de Benjamin, no tiene lugar para el Apocalipsis, no cree gran cosa en la desesperación. Quizá su confianza en el trabajo de los hombres le ayude a no dejar inconclusa, como Benjamin, su obra. Berman nunca ha renegado de sus maestros. Su formación es liberal. Sus argumentos van armados con la claridad de Isaiah Berlin. A veces sus escritos responden a las preocupaciones de otro de sus mentores, Daniel Bell. Le demuestra cómo, por ejemplo, para hablar sobre cultura no es necesario refugiarse en una defensa simplona y represiva de los valores de la tradición. Más aún, cómo para defender las conquistas de una sociedad abierta no es necesario recular hacia un liberalismo descafeinado en política y tremendamente agresivo en las cuestiones de la economía. Así, es posible leer Todo lo sólido se desvanece en el aire como una contestación cariñosa al libro de Bell Las contradicciones culturales del capitalismo. Berman le recordó, también, que entre liberales se vale disentir. Su ojo certero para la buena literatura le viene de Iris Murdoch e Irving Howe. En los últimos años ha crecido su ya de por sí marcada predilección por las artes visuales. Marshall Berman presenta un caso anómalo en el mundo de la academia. Supo romper con pleno desenfado la rígida división que separa las aulas y pasillos universitarios de las avenidas y las aglomeraciones de la ciudad. Lo mismo toma el pulso de la ciudad en las discusiones, en las charlas universitarias, que completa el conocimiento erudito escuchando con atención los murmullos que animan las calles, los parques, el Metro de Nueva York. Las preferencias intelectuales de Marshall se reducen tan sólo a unos cuantos nombres: Platón, Aristóteles, San Agustín, Maquiavelo, Rousseau, Goethe, Dostoievski y muy pocos más. Weber y Freud son los últimos clásicos que acepta en su Panteón Personal. Carlos Marx es un caso aparte. Descubrió por casualidad Los manuscritos económico filosóficos de 1844 del joven Marx en una edición barata que la Editorial Progreso de Moscú vendía en el mero corazón del imperio. Marshall leyó el libro de pie, en la librería. Gastó sus ahorros al comprar todos los ejemplares que quedaban. Pensó que el amor recién adquirido valía la pena compartirlo con sus seres queridos y repartió ejemplares por el Bronx. Desde entonces se dedica a que los clásicos lleguen a las calles. Todo lo sólido se desvanece en el aire vio luz en distintas lenguas: español, portugués, sueco, francés y turco. Durante años, gusta recordar Marshall, una edición clandestina circuló tanto en China como en Hong Kong. Los censores de izquierda y derecha unieron esfuerzos para evitar a toda costa que el virus de la disidencia entrara en sus jóvenes gracias a las páginas del profesor Berman. Fue en el año 2000 que se publicó la primera edición “legal” de Todo lo sólido en Pekín. Berman pertenece al consejo de redacción de la revista Dissent, donde colabora con cierta regularidad. Es columnista frecuente de los prestigiosos semanarios The Nation y The Village Voice. Sus trabajos académicos han aparecido en un sinnúmero de revistas especializadas como The New Left Review, Art in America, Harvard Design Review y Lingua Franca. Entre sus trabajos en los medios audiovisuales destaca su participación como guionista y entrevistado en la maratónica producción dirigida por Ric Burns y que lleva como titulo History of New York. Sus palabras se transmitieron, también, en la historia de Times Square que preparó Henry Shipper para el History Channel.

[Francisco CARBALLO. “Marshall Berman (1940), una pequeña semblanza”, in La Jornada (México), 28 de julio de 2002]

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