➻ Earl Jefferson Hamilton [1899-1989]

por Teoría de la historia

31927248_123359983444Earl Jefferson Hamilton murió el 7 de mayo de 1989, diez días antes de su nonagésimo cumpleaños. Hamilton era bien conocido por sus trabajos sobre la historia de los precios y los salarios en España. Su primer libro, el más importante de todos los que escribiera, American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650, fue publicado en 1934 y vuelto a imprimir en numerosas ocasiones (hay traducción española, Ariel). Le siguieron Money, Prices, and Wages in Valencia, Aragón, and Navarre, 1351-1500 (1936) y War and Prices in Spain, 1651-1800 (1947). También publicó numerosos artículos y ensayos, algunos de los cuales fueron recogidos y publicados en español bajo el título de El florecimiento del capitalismo y otros ensayos (1948). Hamilton también investigó a fondo sobre el financiero escocés John Law y la Mississippi Buble (o Burbuja del Mississippi) en Francia, aunque tan sólo publicó unos cuantos artículos sobre el tema antes de su muerte. Entre 1948 y 1954 dirigió el prestigioso Journal of Political Economy y, en distintas ocasiones, estuvo en los consejos editoriales del Journal of Modern History y del Journal of Economic History. Hamilton nació en Houlka, Mississippi, el 17 de mayo de 1899. Se licenció con premio extraordinario en la Universidad estatal de Mississippi en 1920, y trabajó como profesor de enseñanza media y entrenador deportivo durante varios años, mientras preparaba un master en la Universidad de Texas. En 1925 obtuvo la beca Thayer para estudios económicos de la Universidad de Harvard, donde obtuvo un master al año siguiente. En 1926, con una beca de ayuda a la investigación de la Universidad, la Frederick Sheldon Travelling Fellow of Harvard, hizo el primero de sus numerosos viajes a España. Harvard le concedió el Doctorado en 1929. Enseñó en las Universidades de Duke, 1927-44; Northwestern, 1944-47, y Chicago, 1947-67, y tras su jubilación en Chicago pasó a ser Profesor Visitante Distinguido (Emérito) de Historia Económica en la Universidad estatal de Nueva York en Binghampton, hasta 1969. A lo largo de su carrera recibió numerosos honores y premios, incluyendo una beca del Social Science Research Council en 1929-30, una beca Guggenheim en 1937-38 y una beca de la Ford Foundation Faculty en 1956-57. Fue miembro del Comité de Investigación de Historia Económica del Social Science Research Council, entre 1941 y 1954, y del Joint Committee on World Regions del Social Science Research Council, del American Council of Learned Societies y del National Research Council. En 1940-41 fue uno de los fundadores de la Asociación de Historia Económica (Americana), de la que fue presidente de 1950 a 1952. También fue vicepresidente de la American Economic Association, en 1955, y vocal vitalicio de la Royal Economic Society y de la American Academy of Arts and Sciences. Recibió títulos honorarios de las Universidades de París (1952), Duke (1966) y Madrid (1967). Hamilton (junto a la que fue su mujer durante sesenta y cuatro años, Gladys Dallas Hamilton, muerta en 1987) fue un pionero en la utilización de los métodos cuantitativos en la historia económica. Mucho antes de que se iniciara la era de las calculadoras electrónicas y las computadoras, y en un momento en que incluso el marco institucional de la economía española en el período centrado en el Siglo de Oro era poco conocido, los Hamilton transcribieron trabajosamente estadísticas de precios y salarios procedentes de los archivos de monasterios, conventos, hospitales y otras instituciones públicas, y crearon una serie de índices con la ayuda de calculadoras mecánicas. Su esfuerzo contó, en parte, con el apoyo del Comité Internacional sobre la Historia de los Precios, que esperaba proporcionar una base inductiva y empírica sobre la cual basar la elaboración de la política macroeconómica; aunque, de hecho, Hamilton fue el único miembro de ese Comité que cumplió con todos sus compromisos al publicar sus volúmenes sobre España. A Hamilton se le recuerda especialmente por su trabajo sobre la llamada revolución de los precios del siglo XVI. Aunque él no acuñó el término, su libro sobre este tema se convirtió en el punto de partida de todas las discusiones en torno a ello. Aún sigue siéndolo. Hamilton era un convencido teórico cuantitativista mucho antes de que su amigo Milton Friedman y otros miembros de la escuela monetarista cobraran la prominencia que hoy tienen. El atribuyó la inflación del siglo XVI directamente a la importación en España de metales preciosos procedentes de Hispanoamérica, e incluso presentó gráficos mostrando la correspondencia entre las importaciones de metales preciosos y el aumento de los precios. Hamilton también es conocido, además de por su vinculación al tema de la revolución de los precios, por el concepto de la «inflación de beneficios», expresión que, aparentemente, sí acuñó él. En su opinión, el atraso de los salarios y otros costes de producción en relación con los precios dio lugar a beneficios empresariales extraordinarios y facilitó el «ascenso del capitalismo». Esta visión la expuso con gran fuerza en un ensayo temprano, «American Treasure and the Rise of Capitalism» [in Económica, 9, noviembre de 1929]. La tesis de Hamilton sobre la revolución de los precios ha sido criticada desde distintos puntos de vista. Se ha señalado que el aumento en la producción de plata en Europa Central que se inició a comienzos del siglo XV, y las importaciones de oro procedente de África por los portugueses, se sumaron a la cantidad de dinero y contribuyeron al aumento de los precios —lo cual, sin embargo, tiende a confirmar, más que a invalidar, su tesis básica—. Otros han argüido que las depreciaciones monetarias de soberanos sin escrúpulos y faltos de dinero estimularon aumentos de los precios nominales, lo que de ninguna manera niega la influencia de los metales preciosos. Se ha alegado que el aumento de la población fue un factor más importante que los aumentos de la cantidad de metales en la elevación de los precios, argumento que no tiene en cuenta la distinción entre el nivel general (o la media) de precios y los precios relativos. Los datos básicos de Hamilton han sido criticados como escasos y/o no representativos, debilidad que el mismo Hamilton había señalado, pero que era casi imposible evitar dadas las circunstancias bajo las cuales se recogieron. En cualquier caso, ninguno de sus críticos ha logrado recopilar una base de datos mejor que la suya. El paso del tiempo, sin embargo, ha dañado la tesis de Hamilton más que la propia crítica académica. Cuando él escribía, en plena depresión, la deflación era más común que la inflación. Aunque el aumento porcentual de los precios durante el siglo XVI parecía impresionante en esos años, palidece en comparación con los aumentos de precios de la segunda mitad del siglo XX. Las severas fluctuaciones a corto plazo, en dirección tanto ascendente como descendente, han causado probablemente mayores estragos que la misma inflación general a largo plazo. En perspectiva, parece que muchas de las consecuencias atribuidas a la revolución de los precios han sido muy exageradas o equivocadamente atribuidas. Pese a la gran influencia de su obra, Hamilton no intentó fundar una «escuela», ni tan siquiera insistió en que sus estudiantes le emularan en su trabajo sobre la historia de los precios y los salarios. Insistió, sin embargo, en que mantuvieran niveles académicos elevados. Todos nosotros, lectores de la Revista de Historia Económica, somos sus herederos y deudores.

[Rondo CAMERON. “Earl Hamilton: un gran historiador de la economía española”, in Revista de Historia Económica, Año VII, nº 3, otoño de 1989, pp. 551-553. Traducción del inglés por Clara E. Núñez]