➻ Gilberto Freyre [1900-1987]

por Teoría de la historia

gilbertofreyreexclusivabr1El dieciocho de julio de 1987 murió en Recife, Brasil, el sociólogo Gilberto Freyre, a los 87 años de edad. Reconocido internacionalmente como uno de los intelectuales más destacados que Brasil ha dado en este siglo, la obra del escritor de Casa Grande y Senzala es indiscutiblemente un clásico de las ciencias sociales contemporáneas. Gilberto Freyre estudió en las Universidades de Baylor y de Columbia en los Estados Unidos. En esta última fue discípulo de Franz Boas, quien lo iniciaría en el debate -entonces en auge- de la problemática de la determinación étnico-racial como condicionante del desarrollo económico y social. La experiencia norteamericana fue fundamental en la vida intelectual de Freyre. Por un lado, es la vivencia de las asperezas de la estamentación racial que resultó de la colonización inglesa, en contraposición con las condiciones históricamente imperantes en el Brasil, lo que abre sus ojos a la necesidad de reforzar el estudio de nuestra formación étnica e histórica, comprendiendo en ésta un tópico entonces arriesgado (al menos en el ámbito de los estudios académicos): la constante referencia a lo que en estos tiempos pos-Foucault llamamos de “historia de la sexualidad”, considerada ésta como el verdadero motor de la integración racial (y social). También en los Estados Unidos Freyre toma conciencia de la dramática crisis de los valores tradicionales (costumbres, culinaria, arquitectura) amenazados por la desaparición dado el rápido proceso de transformación industrial, y de los riesgos que la nueva sociedad, uniformizante y competitiva, presentaba para la armonía de la convivencia humana y para el equilibrio del medio ambiente. Como consecuencia del primer punto arriba mencionado, a partir de su regreso a Brasil en 1924, Freyre concebirá Casa Grande y Senzala, obra que no será publicada sino hasta 1933 con el subtítulo de “Introducción a la historia de la sociedad patriarcal en el Brasil”. Este libro desde que apareció tuvo un éxito rotundo y fue considerado tan importante como Los Sertones de Euclides da Cunha. Casa Grande liquidó toda una serie de tabúes atrincherados en la sociología brasileña de la época, todavía cargada de nociones decimonónicas, ya sea por los contenidos que manipulaba, o por la forma literaria en la cual el libro asumía el discurso académico. De hecho, el libro de Freyre puede ser leído hasta el día de hoy como un ensayo innovador en su estilo: una mezcla feliz entre un estudio metódicamente programado y desarrollado, y un relato preñado por la pulsación de la novela. Esta característica sin duda tiene paralelos con la concepción del tiempo bergsoniano y con la técnica narrativa de Proust. Casa Grande y Senzalo se abre continuamente a evocaciones consistentes y vivaces sobre un pasado entonces no concluido del todo, exponiendo una dinámica que comparte en mucho la visión del mundo del novelista francés, inclusive por aquella raíz sentimental y nostálgica que se somete al control analítico de la razón. Junto con Retrato do Brasil, de Paulo Prado (1926) y de Raíus do Brasil, de Sérgio Buarque de Holanda (1936), Casa Grande constituye el libro fundacional del pensamiento social brasileño en este siglo. A su regreso a Brasil, Freyre decide mantener su residencia en Recife, la metrópoli regional nordestina, en donde se dedica a desarrollar una verdadera predicación en defensa de los valores tradicionales. Esta actividad influyó en la formación de un grupo de intelectuales “regionalistas”, en cuya periferia circularon nombres de primer orden de la novela y de la poesía brasileña, como los de José Lins do Rego y Jorge de Lima. El “Congreso Regionalista” de 1926, del cual Freyre fue uno de los organizadores, se propuso como programa la sistemática resistencia al triunfante modernismo sureño (cuyos planteamientos se irradiaron a todo Brasil a partir de la “Semana de Arte Moderno”, acaecida en Sáo Paulo en 1922), cosmopolita y estéticamente revolucionario, anticipando así en gran parte muchos de los desequilibrios y polarizaciones de la sociedad contemporánea brasileña. Como se puede ver, la “cruzada” regionalista emprendida por Freyre en el espacio brasileño corresponde a la de los sureños norteamericanos -con quienes Freyre nunca perdió el contacto, manteniendo siempre una distancia crítica en relación con sus postulados-, conocido como el “Grupo de Charlottesville”, que en 1930 reunió en I’ll Take My Stand su declaración de divergencia en relación con el proyecto norteamericano, y que congregó nombres como Roben Penn Warren y Allen Tate. La personalidad y la “verdadera” coloración ideológica de Gilberto Freyre siempre han dado motivo a infinitas discusiones por parte de las sucesivas generaciones brasileñas que, queriéndolo o no, han sido indeleblemente marcadas por el poder de su obra. Hombre incansablemente vanidoso (como él mismo lo admitía), buscó y encontró una recepción internacional prácticamente unánime al alcance de su obra, siendo uno de los pocos brasileños en ostentar el titulo de Caballero del Imperio Británico, además de los innumerables honoris-causa que acumuló. Si bien muchas de las ideas que forjó hoy se encuentran perfectamente fosilizadas (como la bizarra noción de “lusotropicología” que defendió, partiendo de la hipótesis de una mayor ductilidad del elemento colonizador portugués en relación con el medio-ambiente tropical y su supuesta capacidad inequívoca para en él fundar sociedades histórica, racial y espiritualmente nuevas), la fuerza, la frescura y la magnitud del cambio que implicó su mensaje original perduran. Escritor de un gran número de libros que se refieren umbilicalmente a una problemática central -la de la historia del hombre en Brasil- su obra se puede leer, como muchas obras del autor, como un solo libro recurrente: Casa Grande continuó en Sobrados y mocambos o en Región y tradición, o aún en O brasileiro entre outros hispanos. No por casualidad Roland Barthes señaló el “sentido obsesional de la sustancia, de la materia palpable, del objeto vivo” que habría posibilitado a Freyre realizar “la cuadratura del círculo de los historiadores”. Georges Gurvitch, en la misma línea, clasificó su sociología como aquella “que enfrenta los fenómenos sociales totales”. A pesar de todas las críticas que pueda haber merecido o que su obra pudiera suscitar, la complejidad de la aproximación al sujeto tratado, la densidad y la calidad narrativa y de datos presentados y la profundidad intelectual propuesta como instancia mínima en la investigación constituyen sin duda el legado de Gilberto Freyre a la cultura brasileña contemporánea.

[Horácio COSTA. Mar abierto. Ensayos sobre literatura brasileña, portuguesa e hispanoamericana. México: Fondo de Cultura Económica, 2000, pp. 203-205]

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