➻ Agustín Millares Carlo [1893-1980]

por Teoría de la historia

Agustin-Millares-CarloEl siete de febrero de 1980 falleció en Las Palmas de la Gran Canaria, el doctor Agustín Millares Carlo, quien fuera colaborador del Instituto de Investigaciones Históricas y en cuyo marco publicó el Repertorio bibliográfico de los archivos mexicanos y las colecciones diplomáticas fundamentales para la historia de México (1948). Allí presentaba la producción bibliográfica que existía sobre la fuentes documentales mexicanas. También colaboró con Investigaciones bibliográficas iberoamericanas (1950), volumen en que reunió, corregidos y muy aumentados, varios trabajos en que estudiaba y daba a conocer obras y autores de la época colonial americana, aparecidos con anterioridad en la revista Filosofía y Letras. La cultura mexicana y los estudiantes de México deben mucho a don Agustín, cuyos trabajos abrieron nuevas rutas en las investigaciones bibliográficas y en los estudios clásicos. Nació el 10 de agosto de 1893 en Las Palmas, hizo estudios en la Universidad de Madrid donde fue discípulo de don Ramón Menéndez Pidal. Estuvo durante un año en la ciudad de Buenos Aires dirigiendo el Instituto de Filología de la Universidad de La Plata. De regreso en España, fue catedrático de Paleografía y Latín Medieval en la Universidad Matritense, colaborador del Centro de Estudios Históricos e Individuo de la Academia de la Historia. La guerra civil española cambió el rumbo de su vida, como el de tantos otros importantes intelectuales españoles, y tuvo que exiliarse en México. A su llegada impartió cursos de latín y etimologías en las escuelas fundadas por grupos de republicanos para la educación de los niños de la emigración: Academia Hispano-Mexicana e Instituto Luis Vives. Posteriormente fue profesor en El Colegio de México y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1959 dejó México para ir como profesor a la Universidad de Zulia, en Maracaibo, Venezuela. Al final de su vida volvió a sus amadas Canarias, pero nunca cortó sus ligas con México y Venezuela, lugares a los que constantemente viajaba. Su producción bibliográfica es muy grande e importante. De toda ella se pueden destacar su erudito y sabio estudio Introducción a la historia del libro y de las bibliotecas (1971), Don José Mariano Beristáin de Souza (1973), Los archivos municipales de Latinoamérica (1961), Apuntes para un estudio biobibliográfico del humanista Francisco Cervantes de Salazar (1958), Historia de la literatura latina (1950), y Gramática elemental de la lengua latina (1944). Muchos investigadores recibieron los beneficios de sus trabajos en colaboración con don José Ignacio Mantecón, otro sabio exiliado. A ellos se deben el valiosísimo Album de Paleografía Hispanoamericana de los siglos XVI y XVII (1955), Repertorio bibliográfico de los archivos mexicanos y de las colecciones diplomáticas fundamentales para la historia de México (1948), Ensayo de una bibliografía de bibliografías mexicanas (1943) e índices y extractos de los protocolos del Archivo de Notarías de México (1945-46). Su gran conocimiento del latín, unido a su sabiduría de bibliógrafo e historiador le permitieron hacer impecables versiones de la Vida de los ilustres capitanes de Comelio Nepote (1946), Prólogos a la Biblioteca Mexicana de Juan José de Eguiara y Eguren (1944), Del único modo de atraer a los pueblos a la verdadera religión de Bartolomé de las Casas (1942), Décadas del Nuevo Mundo de Pedro Mártir de Anglería (1964), De las islas del Mar Océano de Juan López de Palacios Rubios y Del dominio de los reyes de España sobre los indios de Matías de Paz (1954). La pasión por los libros y el cuidadoso interés que una edición correcta le merecía se tradujeron en las ediciones de Bibliografía mexicana del siglo XVI de Joaquín García Icazbalceta (1954), Historia de las Indias de Bartolomé de las Casas (en colaboración con Lewis Hanke), Historia de la fundación y discurso de la provincia de Santiago de México de la Orden de Predicadores de Agustín de Dávila Padilla (1955), y Crónica de la Nueva España de Francisco Cervantes de Salazar (1971). La obra de Millares Carlo es el mayor monumento a la memoria de un hombre que supo dar a su vocación por la cultura, toda la entrega que ésta le pedía.

[R. C. “Agustín Millares Carlo (1893-1980)”, in Estudios de Historia Novohispana, vol. VII, nº 7, 1981, pp. 11-13]

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