➻ Franco Cardini [1940]

por Teoría de la historia

franco-cardini-scrittoreEl historiador y ensayista Franco Cardini nació en Florencia en 1940. Es experto en las profundidades de la Edad Media. Investigador contumaz del mundo de las brujas, las magias y las civilizaciones desaparecidas, Cardini, que actualmente es profesor de la Universidad de Bari, sostiene que la historia no es una suma de hechos sino una gran ilusión que los investigadores deben reconstruir mediante una ciencia. Sin embargo, añade que los hechos tienen siempre un núcleo secreto que permanecerá oculto. Hombre de barba bien cortada, y de talante poco académico, tras haber publicado obras como una biografía del emperador Federico Barbarroja, publicada por Península hace un par de años, o una “Fenomenología de la fiesta en la Edad Media”, prepara lo que denomina su “verdadero libro”, un estudio sobre el viaje del mercader y espía florentino Leonardo Frescobaldi. En esta entrevista, realizada con motivo de una de sus recientes visitas a nuestro país, el historiador italiano opina con lucidez sobre el laberinto contemporáneo y sus a menudo alucinantes semejanzas con el medievo.

Actualmente, el medievalista italiano Franco Cardini prepara un libro sobre el mercader y espía Leonardo Frescobaldi, un mercader imbuído por el espiritu caballeresco y con experiencia militar a quien el rey de Nápoles encargó que realizara tareas de espionaje y que escribiera todo aquello que pudiera observar en puertos, fortalezas y costas. El libro, que parte de una investigación sobre las crónicas escritas por este burgués florentino que viajó en 1384 en busca del Santo Sepulcro, es —como sintetiza el propio Cardini— “un caso de espionaje cruzado” que muestra que “en realidad, la verdadera historia de Jerusalén está falseada”.

—¿Cuáles son los principales problemas que se le plantean a la investigación histórica?

—En realidad uno de nuestros mayores problemas viene dado por los documentos perdidos; no sólo papeles, también piedras y otros objetos. En este terreno hay dos grandes categorías, los perdidos por azar y los intencionados. No sabemos aún por qué los documentos que se encontraron en el bunker berlinés de Hitler siguen en manos del Kremlin y el Pentágono. Llegará un momento en que el misterio será revelado, pero ¿cuándo se pondrá en manos de los historiadores? Lo cierto es que la actitud del vencedor es ocultar siempre sus bajezas morales, desde la guerra de Troya.

—Su trabajo sobre Frescobaldi me ha recordado la novela del egipcio Malouf “Leon El Africano”. ¿Cuál es su diagnóstico sobre el auge imparable de la novela histórica o la historia ficción?

—Nuestra cultura europea es histórica; llegar al pasado, buscar la verdad es para nosotros fundamental. Hay una necesidad de escrutar el pasado. Huir de la sensación de angustia moderna. Las angustias atómica y ecológica, por nombrar las principales, del final del siglo XX. Muchos jóvenes piensan que el pasado era mejor, tienen la sensación de que algo hemos perdido para siempre. “Por otro lado y en lo que respecta a la reconstrucción fantástica hay una hermandad indiscutible entre la novela y la historia. Es necesario ser un intuitivo como Sherlock Holmes para investigar con éxito. Como el historiador, el novelista tiene que organizar una situación fantástica pero verosímil.

—Sectores radicales y alternativos llevan tiempo formulando las semejanzas entre nuestro final del milenio y aquella época considerada oscura. ¿Hay semejanzas entre el medievo y la antesala del siglo XXI?

—Sin duda; pero hay semejanzas y equívocos. Es necesario recordar que la Edad Media es la base de nuestra cultura moderna; el Ochocientos, el modernismo, Gaudí, todo eso se apoya en una reconstrucción fantástica de la Edad Media. Hay una honda raíz medieval en nuestra modernidad. Hay semejanzas entre esta época y el medievo, pero, cuidado, no en la verdad sino en lo que imaginamos de ella. Se podría hacer una lista de semejanzas: el ya señalado problema de la angustia, la exploración de otros mundos, se parece a la angustia del medievo amenazado por los bárbaros, no sólo los extranjeros y los infieles, sino los “diferentes”. Hay otra cosa en apariencia contradictoria, el deseo de paz universal. Luego está la tentación de la violencia estética plasmada en los grupos juveniles americanos: Mods, Skins, HelIs Angeis; el auge de la literatura y comic fantásticos: Conan el bárbaro. Hay algo de bárbaro caballeresco en todo esto. La violencia del caballero, como la del pandillero moderno, tenía un fin en sí misma. “Hay otra semejanza que se refiere a la técnica. Creemos que la Edad Media es una edad pobre en tecnología. Todo lo contrario. Es el momento de la gran pasión por las grandes máquinas y un elemento equivalente a la tecnología avanzada: la alquimia. Muchos veían en ella la mano del diablo. Al final del siglo XX tenemos frente a la tecnología la misma actitud que el hombre medieval. “La Edad Media es también una época de grandes bosques, del valor telúrico de los animales. También hubo exploración y explotación de la naturaleza. Cuando en el siglo XIV se empezó a explorar Asia, nadie encontró los monstruos que decían las leyendas de Alejandro Magno. Marco Polo certificó que no existían, aunque habló del Unicornio, que bien pudo confundir con el rinoceronte. Esos monstruos no resultaron interesantes. He aquí otra semejanza, la idea de la creación de monstruos: la ingeniería biológica.

Franco Cardini habla con el estilo de quien no desea ser confundido con un estirado profesor, en un más que correcto castellano con estilo de “yankie” de Berkeley. Su fuerte es la brujería y las pócimas, la magia y las mujeres chamánicas. Su criterio en el hilo invisible que separa la magia y la ciencia es audaz y revelador:

—Al fin y al cabo la magia se apoya sobre la idea de que la naturaleza tiene unas reglas y que es suficiente conocerlas para ser dueños de ella. La magia es entonces la hermana más oscura de la ciencia.

—¿Por qué el escepticismo de los académicos ante la magia y el auge, por contra, que esta tiene en las clases populares?

—Lo que escandaliza en las culturas tanto judeocristiana como musulmana es que ellas sostienen que la naturaleza no puede ser dominada; Dios es el único dueño del universo. La magia es lo contrario. No su voluntad, la de Alá, Cristo, Buda, sino mi voluntad. En el pasado la magia era aceptada, era pública y el mago y el científico estaban unidos. “Actualmente se ha separado ese matrimonio. Nosotros, que somos más científicamente cristianos, hemos transferido la magia a la ciencia

—Profesor Cardini, usted ha escrito sobre las brujas. ¿Qué sabe de ellas?

—Nunca será posible escribir una verdadera historia de las brujas. La razón es muy sencilla, la Inquisición y sus sucesores tienen bajo llave, quizá destruidos, los documentos. Por eso digo que la historia nunca podrá llegar al fondo de los hechos. Pero dejando esto a un lado, es necesario introducir el problema de la mujer en la historia. El secreto, la llave de la vida está en las mujeres. Medea, Circe, han sido explicadas como la presencia del femenino en lo sagrado. Las religiones de la Gran Madre, transferidas al culto cristiano de María. Las mujeres tenían los secretos de la salud. La gran medicina sagrada de los babilónicos que se practicaba en los templos y luego en las universidades de la Edad Media. La medicina de las abuelas, de la naturaleza, la luna, las estrellas,…

—¿Se refiere a mujeres chamánicas?

—Sí. En las culturas chamánicas los hombres devienen mujeres y los homosexuales son considerados chamanes entre los indios americanos. Las brujas de la Edad Media se mueven en un mundo macho. Aun que aparecen Eleonor de Aquitania, Isabel de Castilla y otras; no hay en Occidente caballeros hembras. La bruja quiebra este planteamiento masculino porque ella hace que mueran los hombres. Ella es una doctora popular que tiene comunicación con los muertos. Todas las culturas han buscado ese diálogo, pero después del Cristianismo eso fue imposible. La Celestina de Fernando de Rojas es un retrato perfecto de la bruja medieval. Es vieja, sabe maquillar, es rufiana y maneja hierbas y pócimas. He aquí otra bestia negra de Occidente: las drogas. Todo iba contra los intereses de la Iglesia, la institución familiar, el maquillaje, el viaje al mundo de los muertos. Hasta el siglo XII la Iglesia no reacciona. Crecen las sectas de los Cátaros, del zoroastrismo persa, y las brujas son absueltas sin problemas en los confesionarios. Luego la cosa cambia y viene la carnicería. La Inquisición comprendió que las brujas eran la quinta columna del demonio en la sociedad civil…

[Abelardo MUÑOZ. “Entrevista con Franco Cardini: Las raíces imaginarias de lo contemporáneo”, in La Vanguardia (Barcelona), 10 de octubre de 1989, pp. 2-3]

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