➻ Ezequiel Gallo [1934]

por Teoría de la historia

1130334w300En la Argentina no escasean los buenos historiadores, aunque el número se reduce dramáticamente si consideramos cuántos de ellos han tenido discípulos. Menos, muchos menos, han logrado que esos discípulos usen en su trabajo cotidiano las enseñanzas de quien los ha guiado y se han convertido en maestros, como ha sido el caso de Ezequiel Gallo. Los que tuvimos la fortuna de contar con su guía tan rigurosa como desprendida conocimos lo que significa la palabra maestro. Con él aprendimos que la consulta en los archivos era la práctica más sana para salir del diletantismo de hipótesis peligrosamente deductivas. Con él perdimos la ingenuidad de esos hallazgos livianamente originales sobre la historia argentina que el enfoque comparado con el resto del mundo convertía en conductas casi inherentes a la especie humana. Con él aplicamos el implacable cedazo de la lógica argumentativa para conjugar el trabajo empírico con la interpretación. Y con él descubrimos que la pasión por la historia debía reflejarse en un lenguaje cuidado y trabajado, que los lectores encontraran atractivo. La trayectoria de Ezequiel Gallo ha sido vasta tanto desde la cátedra como en la investigación. Después de haber enseñado en las universidades de Columbia, Complutense de Madrid, Essex, Hebrea de Jerusalén, Londres, Melbourne y Oxford, así como en el Instituto Ortega y Gasset, se ha convertido en profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella. En el discurso (o más bien, la clase) que expuso cuando recibió esta distinción, Ezequiel Gallo realizó un recorrido por las distintas estaciones por las que había circulado su investigación, en algunas de las cuales prefirió no descender. El nombre de esa clase revelaba su contenido: “Modas y continuidad en la investigación histórica.” La revista Entrepasados reprodujo ese recorrido cuya lectura resulta inevitable para conocer de primera mano los avatares de una vida dedicada al estudio de la historia, un recorrido que se inicia a principios de la década del sesenta (1). 

La década de 1960: construcción y destrucción de mitos

La primera publicación de Ezequiel Gallo que produjo un fuerte impacto en el mundo de las ciencias sociales data de 1961. Ese año publicó, junto con Oscar Cornblit y Arturo O’Connell, un artículo sobre el grupo que había liderado el momento de mayor crecimiento económico argentino a fines del siglo XIX y principios del XX al que se definía como “la generación del ochenta”. El lugar de publicación fue Desarrollo Económico, una revista que se abría paso en un terreno difícil desde su fundación en 1958. Se presentaba como un lugar de encuentro entre la alta calidad académica, el enfoque multidisciplinario y, a diferencia de las órganos militantes de la época, una pluralidad ideológica que expresamente fomentaba la polémica. Los autores del artículo eran activos simpatizantes de la nueva revista, que expresaban su entusiasmo tanto a través de su producción intelectual como en las visitas, con éxito dispar, a oficinas de empresarios con voluntad de apoyar una aventura editorial cuyas ambiciones intelectuales eran tan grandes como la escasez de medios para financiarla (2). Hasta entonces, la generación del 80 había sido un rótulo aplicado a un momento literario, como lo hizo Jorge Max Rohde en la década de 1920 con Las ideas estéticas en la literatura argentina, que la consideraba equivalente a la generación de Juvenilia, o bien a un deshilachado conjunto de personajes políticos que compartían más la edad y las posiciones gubernamentales que las ideas. Como bien ha señalado Paula Bruno, fue con este artículo que el concepto de generación del 80 cobró forma, junto con el aporte que Thomas McGann brindó en su estudio sobre las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos y que David Viñas y Noé Jitrik realizaron desde el más transitado campo de la crítica literaria con Literatura argentina y realidad política y El 80 y su mundo (3). El artículo de Cornblit, Gallo y O’Connell advertía sobre la dificultad de asignar al grupo que componía la generación del 80 un programa político sin matices, aunque mostraba que su actividad seguía un programa de gobierno para la modernización argentina. Las hipótesis de este artículo fueron resultado de su tiempo. El gobierno de Arturo Frondizi encendía la esperanza de la modernización argentina a través de un publicitado proyecto que tendía al desarrollo del país a la altura de los más adelantados y al fin de la disparidad económico entre las distintas regiones del país. Si la falta de un proyecto era la raíz de un camino tortuoso hacia el desarrollo económico y social, nada resultaba más útil que recordar (y repetir) una experiencia en la que su existencia le había dado a la Argentina momentos de gloria. La popularidad de esta interpretación superó con creces las expectativas de los autores. Desde entonces, la idea de una generación y su programa pasó a ser un lugar tan común que la mayoría olvidó que había sido una creación de historiadores y no un concepto que parecía emanar de los propios Julio A. Roca, Carlos Pellegrini, Miguel Juárez Celman, Joaquín V. González, Miguel Cané y los otros actores de la época. En 1963, la misma revista Desarrollo Económico publicó otro artículo de Ezequiel Gallo, que también iba a tener un fuerte impacto en la historiografía argentina, también imbuido de la teoría de la modernización que pretendía contribuir desde las ciencias sociales al desarrollo del país. Esta vez fue en colaboración con Silvia Sigal y se centró en la Unión Cívica Radical desde su nacimiento hasta su llegada al gobierno en 1916. Para Gallo y Sigal, el radicalismo se presentaba como un caso ejemplar de la formación de un partido político moderno. No era para menos; con el peronismo desterrado de las urnas, un radicalismo que se había dado el lujo de dividirse era la única posibilidad de ocupar ese vacío y hasta quizá enfrentarse en un futuro con algún éxito en elecciones abiertas sin proscripciones. Con esa convicción, el objetivo fue analizar quiénes lo habían votado en sus tiempos primigenios. Como correspondía a la atmósfera académica de los sesenta, los autores aplicaron los métodos cuantitativos con los que las ciencias sociales intentaban alcanzar un mayor rango científico. Como resultado, el artículo se centró en la correlación entre el comportamiento electoral y unos índices de modernidad que combinaban urbanización, alfabetización e inmigración (4). Hasta entonces había primado una idea, casi convertida en verdad de fe, sobre un radicalismo como vía de canalización de una emergente clase media que veía cerrados a cal y canto los caminos de la política transitada por los conservadores. La investigación corroboró hipótesis pero también presentó interrogantes. Si bien la correlación entre modernización y voto radical entre 1912 y 1916 era positiva en el conjunto del país, el análisis detallado de sus provincias, regiones y ciudades dejaba mucha tela para cortar en futuras investigaciones ¿Qué ocurría con las excepciones? ¿Cómo podía explicarse que en un centro urbano como Avellaneda surgiera un caudillo conservador como Alberto Barceló? ¿Habría otros? Más aún, ¿qué ocurriría si se analizaban elecciones previas a 1912 en las que habían participado los radicales? Pero quizá lo que mayor impacto generó en su momento fue el estudio que Gallo y Sigal realizaron del liderazgo histórico radical. Las conclusiones de la investigación cayeron como una bomba sobre el consenso respecto de sus orígenes populares; lejos de lo que se pensaba hasta entonces, los autores mostraban que sus jefes eran más una continuidad de la política tradicional que la ruptura y la irrupción de una nueva dirigencia que la lectura de Gabriel del Mazo había reafirmado en los comités. Una confusión saludable comenzó a deslizarse en los análisis de historia política a partir de entonces, una práctica que por contagio terminó en los orígenes del peronismo. En la década de 1960 el estructuralismo predominaba sin discusión en la historiografía argentina, tanto por la influencia de la vertiente francesa y la escuela de los Annales como en la británica de historiadores marxistas como E. P. Thompson y Eric Hobsbawn. Sea cual fuere su origen, el estructuralismo apuntaba a la historia económica como una fuente explicativa privilegiada y encontraba un aliado en las publicaciones que la CEPAL lanzaba como bolas de fuego para destruir la fortaleza de las estructuras económicas primitivas. Ezequiel Gallo emprendió el camino de la historia económica con Roberto Cortés Conde y el resultado fue La formación de la Argentina Moderna. Un tema ineludible para este libro era cómo desentrañar la decadencia relativa de la economía argentina, que había sido tratada desde dos miradas no necesariamente contradictorias en sus contenidos pero diametralmente opuestas en sus enfoques. Una de ellas era endilgarle al peronismo y a sus malas políticas toda la culpa del desastre y otra era indagar en el momento histórico virtuoso que comenzaba a mediados del siglo XIX y se extendía hasta la Primera Guerra Mundial o la gran depresión de 1930 con el objetivo de buscar los éxitos o fracasos estructurales en el largo plazo. Fue esta última perspectiva la elegida por Cortés Conde y Gallo (5). La historia 3912económica argentina se encontraba fuertemente influenciada por la tesis de W. W. Rostow sobre el “despegue”, un momento mágico en el que una economía pasaba casi milagrosamente a la categoría de moderna. El propio Ezequiel Gallo recuerda la importancia de Rostow: “Es difícil imaginar hoy la repercusión que tuvo este ensayo. Basta recordar que la influyente Asociación Internacional de Historia Económica dedicó un congreso entero para discutir sus conclusiones.” (6). Guido Di Tella lanzó la más influyente adaptación de esa interpretación para analizar la decadencia argentina, cargando las tintas sobre la retardada modernización económica ocurrida en la década de 1930 cuando en realidad podría haberse realizado a partir de la Primera Guerra Mundial. Guido Di Tella llamó al lapso que mediaba entre la modernización potencial y la real “la gran demora”, un período en el cual la Argentina había terminado la ocupación extensiva de la tierra cultivable sin haber logrado cambios favorables en la productividad (7). Junto con Rostow comenzaron a colarse los postulados de la New Economic History que produjeron una verdadera revolución historiográfica en los Estados Unidos. La llamada cliometría no podía ser más esperanzadora para quienes querían darle a la historia económica un status más cercano al paradigma científico que entonces se buscaba. Con un nuevo enfoque que suponía el uso de la teoría económica (que en realidad era una teoría económica, la neoclásica) y un instrumento de trabajo como la econometría, con sus riadas de impactantes fórmulas, la New Economic History no podía dejar de atraer a quienes pretendían trabajar en la vanguardia del conocimiento. La formación de la Argentina Moderna incorporó y enfrentó a la vez los postulados de Rostow y de la New Economic History. Por un lado, el mentado “despegue” no había sido tan abrupto; ni siquiera podía datarse en los años posteriores a la crisis de 1930. La modernización había existido mucho tiempo antes, tanto que el libro terminaba su análisis antes de la supuesta quiebra rostowiana. Por otro lado, el rigor que la New Economic History ofrecía con la incorporación de la teoría económica al análisis histórico se convirtió en un requisito implacable para cualquier investigación seria. Pero más que seguir una escuela, Cortés Conde y Gallo aplicaron a su estudio el análisis de los tres factores de producción básicos de le economía –tierra, trabajo y capital– para descubrir cómo se habían formado sus respectivos mercados en el momento de la inserción del país en el mercado internacional capitalista. El resultado fue que no se había formado tan mal como sostenían libros tan populares como La economía argentina de Aldo Ferrer, que no se detenía en su camino de reimpresiones y traducciones a partir de su primera publicación en 1963. En los años sesenta Ezequiel Gallo comenzó una larga relación con una provincia argentina a la que dedicaría buena parte de sus investigaciones: Santa Fe. Este interés no era ajeno a las expectativas académicas que ofrecía por entonces la ciudad de Rosario. La sede que tenía la Universidad Nacional del Litoral en esta ciudad pasó a ocupar, entre 1956 y 1966, el lugar que a principios del siglo XX tuvo la Universidad Nacional de la Plata como sitio de vanguardias. Dos historiadores muy ligados a Ezequiel Gallo ocuparon posiciones importantes en Rosario: Nicolás Sánchez Albornoz como profesor y Tulio Halperín Donghi como decano de la Facultad de Humanidades. El primer artículo de Ezequiel Gallo sobre la provincia de Santa Fe fue publicado en el Anuario de la Universidad Nacional del Litoral, Rosario, una revista que reproducía en el ámbito universitario los principios de Desarrollo Económico y donde aparecieron algunas de las más importantes investigaciones de la historiografía argentina de la época. En este trabajo, Gallo estudió el crecimiento económico de la provincia que alcanzó la mayor expansión relativa en el período 1870-1914. Su población pasó de 41.261 habitantes en 1858, entre los que se encontraban 4.304 extranjeros, a 900.000 en 1914, con 316.000 extranjeros. Su superficie cultivada con trigo y maíz pasó, en esos mismos años, de 36.000 y 17.000 a un millón y 1.250.000 de hectáreas. El crecimiento, sin embargo, había sido espacialmente desigual. Fue en la estructura regional de este proceso donde Gallo centró su atención y de dónde saldría su curiosidad histórica posterior ¿Cómo podía explicarse el surgimiento de economías agrarias tan prósperas que llevaban a que ciudades como Rosario y Rafaela crecieran como hongos? Buena parte de la respuesta estaba en quiénes lo lograron, inmigrantes que, sea como colonos o arrendatarios, parecían haber llegado con una capacitación tecnológica universitaria que no correspondía a la escasa instrucción con la que realmente habían llegado a la Argentina. Había aparecido la pregunta, que el propio Gallo iría respondiendo con sus publicaciones (8). No resulta sorprendente que, en otros dos artículos, Ezequiel Gallo estudiara la historia política de Santa Fe y la colonización que motorizó su vigorosa expansión a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La vacilante historia argentina dividió el lugar de publicación de los mismos. El primero, que data de 1965, fue publicado en Santa Fe; el segundo, de 1969, dio a luz en México. Entre esas fechas se produjo el golpe de 1966, con la consiguiente diáspora de académicos (9). Para entonces, Gallo había viajado a Oxford para realizar su doctorado en Modern History, que terminó en Saint Anthony’s College en 1970. En esos cinco años había cambiado buena parte de su enfoque historiográfico.

Nuevos paradigmas: la Staple-Theory y la historia comparada

El mismo año en que completó su doctorado Ezequiel Gallo publicó un trabajo con una nueva perspectiva para analizar la historia económica y social argentina: “Agrarian expansion and industrial development in Argentina (1880-1930)” (10). Su análisis seguía a la Staple-Theory (o teoría del bien primario exportable), una reinterpretación de la obra de H. A. Innis de los 1920’s y 1930’s que había ganado entusiasmo entre los historiadores canadienses a partir de fines de los 1950’s (11). Así como Innis explicaba la formación de la economía canadiense como consecuencia del tipo de bienes que exportaba, como el caso de las pieles, la renovada Staple-Theory avanzaba al sostener que el envidiable crecimiento económico del Canadá se había basado en sus exportaciones y no en la formación de un mercado interno fuerte como proponía el desarrollismo y el crecimiento “hacia adentro” que tanto atraía a la CEPAL. Para la Staple-Theory, las variables claves del desarrollismo –la distribución del ingreso, la inversión y la industrialización– dependían de la naturaleza tecnológica de la producción, sin importar que se exportara o se destinara al mercado interno (12). La publicación de “Agrarian expansion” marcó un hito en la historia económica argentina al sostener que el crecimiento agropecuario e industrial podían darse de manera paralela y complementaria. Hasta entonces se consideraba que la expansión agropecuaria argentina en el período previo a la crisis de 1930 había impedido el desarrollo industrial. Este planteo ofrecía una situación de juego de suma cero en la cual no podía haber crecimiento industrial y agropecuario al mismo tiempo: hasta 1930 el agro había dominado la economía y castigado a la industria, mientras que desde entonces había ocurrido lo contrario. El papel que la Staple-Theory tuvo en Ezequiel Gallo fue el resultado agridulce de la New Economic History, una mezcla de desilusión y de imposibilidad de abandonarla del todo. Los debates en los que se empantanó la cliometría terminaron en discusiones sobre índices y regresiones que aumentaban su sofisticación de la misma manera que olvidaban el poco confiable origen empírico de los datos. Pero quedaba el uso de la teoría económica. Si bien buena parte de la crítica a la Staple-Theory a partir de los ochenta vendrá de la mano de la teoría económica neoclásica, sus divergencias no eran tan fuertes en cuanto a postulados básicos. Aunque hoy parezca absurdo, coincidir en un punto tan obvio como la ley de las ventajas comparativas era por entonces algo destacable (13). El consenso, entonces, se remitió a hacer uso del conocimiento disponible y a apelar al sentido común que escaseaba en los ámbitos académicos y no académicos de la Argentina en la década del setenta (14). Desde la primera publicación de “Agrarian Expansion” y hasta el presente la vieja visión de economía de suma cero ha dejado de prevalecer en los medios académicos; justamente, la importancia de este aporte llevó a su traducción al castellano y publicación en el Anuario del IEHS (Instituto de Estudios Históricos y Sociales) de la Universidad Nacional del Centro en 1998 (15). La Staple Theory ofreció otra excusa para que Ezequiel Gallo ampliara su campo de acción. Como había ocurrido en la Argentina, esta teoría comenzó a ganar adeptos en otros de los “new settlement countries”, como Australia (16). Justamente fue en Australia donde Ezequiel Gallo encontró su mejor caso para aplicar una nueva perspectiva de análisis: el método comparativo. Las razones de la elección de Australia como principal referente en vez de los Estados Unidos o Canadá respondía tanto a datos estructurales similares a la Argentina, como el tamaño de su población y la lejanía de los mercados, como a los que emanaban de la mirada que los propios australianos tenían sobre su historia. Aunque hoy resulte sorprendente por la evolución económica que Australia tuvo en las tres últimas décadas, en los 1960’s y 1970’s cundía un sentimiento de fracaso y retraso semejante al de la Argentina. La comparación entre Argentina y Australia llevó a Ezequiel Gallo a emprender un proyecto con John Fogarty, profesor de la Universidad de Melbourne. El resultado fue un conjunto de conferencias y publicaciones, entre las que se destacó el libro Argentina y Australia, compilado junto con Fogarty y Héctor Dieguez, que salió a la luz en 1979 (17). En la comparación, Ezequiel Gallo aplicó un olfato que le iba a deparar muchas satisfacciones en su vida académica y que se resumía en encontrar en autores poco o mal leídos y en procesos olvidados una fuente de inspiración. Argentina y Australia habían sido comparadas desde hacía mucho tiempo, aunque casi nadie se acordaba de eso en la década de 1970. El reformismo liberal de principios del siglo XX había tomado como un caso de éxito a esa colonia autónoma que, con Nueva Zelandia, le dio su primera victoria al laborismo en el mundo británico y aplicó leyes obreras de vanguardia (18). Su presencia era tal que los industriales no perdían ocasión para desalentar la importación de ese modelo que calificaban como dudoso y extravagante. Y todavía siguió pesando en la década de 1920, cuando Raúl Prebisch visitó Australia y Nueva Zelandia como enviado del ministerio de hacienda argentino. Pero estos recuerdos se habían ido perdiendo junto con el aislamiento elegido por los gobiernos argentinos y la más frecuente aparición de América Latina como área de inserción. Los resultados de las investigaciones comparativas, originadas en una preocupación económica, mostraban cada vez con más fuerza que la senda divergente de la Argentina y Australia se explicaba por razones institucionales. El institucionalismo que pregonaba Douglas North prendió con fuerza en quienes reconocían un mismo origen con la New Economic History. Las instituciones eran el resultado de una sociedad a la cual se estudiaba con avidez en la Argentina de los años sesenta pero sobre cuyos orígenes se conocía bastante poco. Entonces parecía (y todavía parece) sensato pensar que la inmigración masiva había creado una nueva sociedad en la Argentina, como sostenían José Luis Romero y Gino Germani. Pero no se sabía bien cómo es que esa nueva sociedad se había formado. Fue en ese terreno en el que Ezequiel Gallo avanzó con sus investigaciones sobre la provincia de Santa Fe.

Una nueva historia social argentina

Resulta difícil pensar en Ezequiel Gallo sin que venga a la mente La pampa gringa (19). En este libro, publicado por Editorial Sudamericana en 1983 y reimpreso por Edhasa en 2005, Ezequiel Gallo reconstruye de manera brillante la vida social, económica y política de la provincia de Santa Fe en el período del auge exportador. La opinión de Roy Hora, que lo ubicó como una de las tres obras más relevantes de 9789509009158la historia argentina en las últimas décadas junto con El orden conservador de Natalio Botana y La vieja guardia sindical de Juan Carlos Torre, no puede dejar de ser compartida (20). El lugar que ocupó La pampa gringa en la historia social argentina no ha encontrado hasta ahora una publicación equivalente. La pampa gringa nació con la pasión que la provincia de Santa Fe ejerció en Ezequiel Gallo en la década del sesenta, cuyos primeros estudios ya han sido enumerados. Si bien debe haber desilusionado a más de un descendiente de colonos comprobar que, en el caso de Ezequiel, el apellido Gallo no se debía al origen piamontés que la mayoría de quienes lo ostentan remarcan con orgullo sino a antepasados españoles. Pero dudosamente haya sido un elemento de discordia en una relación de cariño mutuo; la tan piamontesa ciudad de Rafaela lo nombró ciudadano ilustre y allí fue donado el archivo personal del investigador. La pasión por Santa Fe siguió un fecundo cauce en el que se destacó la narrativa sobre el conflicto entre el gobierno de la provincia y la sucursal del Banco de Londres y Río de la Plata durante la crisis de 1876 que convirtió en trama detectivesca (21). Pero la perspectiva que le dio a su trabajo más impacto comenzó a cobrar forma en los años setenta, con el estudio que realizó sobre la revuelta de los colonos del centro de la provincia en 1893. En ese año, los colonos de origen extranjero que tenían como centro a la ciudad de Esperanza, con poca participación en la política más allá de la esfera municipal, se lanzaron a una lucha armada y sangrienta bajo la insignia de la naciente Unión Cívica Radical que encontró dos momentos culminantes (uno de éxito y otro de fracaso) en ese año particularmente agitado en la historia argentina. ¿Por qué un colono suizo-alemán se sentía atraído por el partido que Leandro N. Alem proclamaba en defensa de la tradición liberal argentina? ¿Qué lo llevaba a empuñar las armas en un país extraño? ¿Qué era ese radicalismo armado en milicias que ostentaban las banderas de los cantones suizos de origen de los colonos? La respuesta de Ezequiel Gallo se encuentra en “Colonos en armas”, 9789876290111publicado como Farmers in Revolt en 1976 (22). “Colonos en armas” ofreció una perspectiva para analizar la acción colectiva que encontraba racionalidad en comportamientos que parecían ser, en principio, absurdos. El libro fue, como en otros casos, el resultado de un clima intelectual que había centrado sus desvelos en la relación entre individuos y grupos. En 1957 y 1965 se publicaron dos obras que serían fundamentales para estudiar esta relación: An Economic Theory of Democracy de Anthony Downs y The Logic of Collective Action de Mancur Olson. La obra de Olson, particularmente importante en el análisis político de su tiempo, analizaba la contradicción existente entre objetivos individuales y grupales porque la racionalidad individual no era suficiente para generar la racionalidad colectiva (23). “Colonos en armas” reveló dos cuestiones claves para la historiografía argentina que podían engarzar con las preocupaciones académicas de la época. La primera era que no resultaba evidente que los individuos asociados a partir de un interés común llegaran al comportamiento óptimo. La segunda fue que el poder y la libertad eran dos categorías complementarias para explicar el comportamiento político. La pampa gringa terminó de coronar el esfuerzo por escribir una historia social de Santa Fe que fácilmente podía servir de base para el resto del país. El libro está poblado de seres humanos que se agrupan, reagrupan, desagrupan o deciden no agruparse. Estos individuos descubrieron que, contra las investigaciones que había popularizado Germán Burmeister, las mejores tierras para la agricultura estaban en el sur templado y no en el norte subtropical de la provincia. El éxito de la colonización y la transformación de un espacio poco poblado en la primera región productora y exportadora de granos de la Argentina se relacionaba con un marco institucional que apoyó la llegada de inmigrantes y la formación de colonias. Este tipo de colonización produjo una experiencia inédita en torno a los gobiernos comunales, cuya independencia amenazada motivó justamente la rebelión de 1893, y en la formación de centros de conocimiento sobre el manejo agrícola que se iba acumulando y diseminando. Los inmigrantes, por su lado, aumentaban a medida que se conocían las buenas noticias sobre los que ya se habían instalado. La respuesta a la pregunta sobre el éxito del crecimiento económico y la estructura regional de Santa Fe surgida en los años sesenta ya tenía una respuesta (24). La nueva historia social que fundó Ezequiel Gallo encontró seguidores que se adentraban en nuevos territorios pero con un enfoque compartido: el de la búsqueda de comportamientos tan complejos como la propia vida humana ¿Había sido la visión de La pampa gringa demasiado optimista para describir la historia social santafesina? Más que la respuesta, aquí importaba la pregunta; una investigación histórica no era buena por cerrar interrogantes sino por abrirlos. Es así que los artículos de Carina Frid de Silberstein en Estudios Migratorios Latinoamericanos, una revista que intentaba mostrar que el pluralismo cultural había imperado sobre el crisol de razas tan defendido por Gino Germani, José Luis Romero…y Ezequiel Gallo, reconocían un legado de enfoques y no de verdades de fe (25). El juego de personajes, grupos e instituciones que operan en La pampa gringa no puede separarse de la simpatía que Ezequiel Gallo desarrolló contra el determinismo histórico. En una línea de investigación influida por Francis Korn, que incluyó el artículo “Otras palabras” en su compilación sobre el conocimiento en las ciencias sociales, Ezequiel Gallo había decidido tomar por las astas a las cuestiones epistemológicas de la historia y las ciencias sociales (26). El conjunto de publicaciones que realizó sobre este tema se inició con un clásico, el iluminista escocés Adam Ferguson, cuyo estudio explicaba el surgimiento de las ciencias sociales. Frente a los dos tipos de fenómenos con que se había encontrado la ciencia hasta la aparición de los clásicos— los lentos que producía la naturaleza y los rápidos que generaba la mano del legislador—había surgido un tercer campo, que era el de los fenómenos sociales, resultado de la acción humana no inmediata sino acumulada (27). En este campo de estudios en los que los hombres no actuaban desde cero, era útil retomar la idea de conocimiento “imperfecto” de Ferguson. Esta imperfección estaba lejos de impedir alcanzarlo, pero la forma más adecuada que encontró Ezequiel Gallo para las ciencias sociales fue la del “individualismo metodológico”, que partía de la consideración de los actores personales que se agrupaban, en una segunda etapa, a partir de sus propias experiencias (28). La importancia de Ferguson como pionero en el análisis del conocimiento en las ciencias sociales era resaltada por los escritos que Friedrich Hayek realizara sobre el tema. Hayek, junto con Robin Collingwood y Karl Popper, serán una referencia constante en el análisis de Ezequiel Gallo. En “Lo inevitable y lo accidental en la historia”, entró y salió del debate entre los “monistas”, que proponían el mismo método para las ciencias sociales y las naturales, y los “dualistas”, que sostenían la existencia de métodos radicalmente diferentes para ambas. Como el propio Gallo señalara más tarde, la lectura de la Autobiografía de Collingwood y de “Clouds and clocks” de Popper le permitieron penetrar con algo de luz a ese mundo de tinieblas que parecía ser el conocimiento histórico. De la mano de Hayek propuso hablar de “operación” en vez de método, para comprender y entender una historia que era, en buena medida, el resultado del contexto en el que los historiadores investigaban. Ezequiel Gallo aplicó el análisis teórico al trabajo empírico; una muestra de la importancia del conocimiento no científico para la comprensión de la vida humana estaba en los colonos de Santa Fe que descubrieron en el terreno las falacias de Burmeister sobre la ubicación de las mejores tierras de cultivo. La aplicación de los conceptos teóricos a las evidencias empíricas encontró, para Ezequiel Gallo, un contrajemplo en la tesis del historiador norteamericano Frederik Turner, autor del influyente libro El papel de la frontera en Estados Unidos. La tesis de Turner ponía al factor geográfico como determinante del desarrollo socio-económico y había agregado valor a la idea de la “gran demora” de Guido Di Tella, producida justamente en lo que pareció la ocupación de la frontera agropecuaria más rica en la década de 1920. Ezequiel Gallo rechazaba de plano la interpretación de Turner, una posición que se mantuvo en el tiempo y que lo llevó a incorporar un capítulo sobre la misma en la reedición de La pampa gringa. En una entrevista realizada por el diario La Capital justificaba la inclusión de este apéndice pues “yo discuto la validez de esa teoría porque entiendo que el factor humano es importante. Y el caso de la colonización en Santa Fe es bien ilustrativo, toda vez que las ideas que había sobre lo que era el campo santafesino resultaron equivocadas.” (29). Lo llamativo es la vigencia que el texto central todavía conserva. Aunque resulte pomposo hablar de trabajo definitivo, no sería lejano a la verdad otorgarle a La pampa gringa ese título. La curiosidad de Ezequiel Gallo se dirigía, ya unos años antes de la publicación de este libro, hacia la arena de una renovada historia política que irrumpía en la Argentina en la década del ochenta.

La historia política

En 1980, Ezequiel Gallo y Gustavo Ferrari publicaron La Argentina del Ochenta al Centenario, una voluminosa compilación sobre los treinta años de historia que se abrían con el triunfo del estado central en 1880 y se cerraban con los festejos de la revolución de mayo (30). La organización temática del libro revelaba una posiciónla-argentina-del-ochenta-al-centenario historiográfica; en vez de comenzar con la economía, lo hacía con la política. La comparación respecto de dos obras de similar envergadura, como las de Torcuato Di Tella con Gino Germani y Jorge Graciarena Argentina, sociedad de masas y con Tulio Halperín Donghi Los fragmentos del poder es reveladora. Publicadas en 1965 y 1969 respectivamente, ambos libros le daban a la economía y la sociedad el privilegio de preceder a los fenómenos políticos e institucionales que el estructuralismo les había concedido. Dos capítulos políticos parecían colarse en la primera parte de Argentina, sociedad de masas; eran justamente los que Ezequiel Gallo escribiera con Cornblit y O’Connell sobre la generación del ochenta y con Silvia Sigal sobre los orígenes del radicalismo. En 1980 el propio Gallo encontraba poco convincentes varias de las hipótesis de entonces. La posta de la historia del radicalismo fue tomada por una de sus discípulas, Paula Alonso (31). Pero la idea de la generación del 80 lo siguió de manera más personal, casi como un fantasma. Ezequiel Gallo no perdió oportunidad para intentar desarmar el mito que había ayudado a construir y que se había escapado de la mano de los autores del artículo. Primero señaló los abusos con que se había usado la idea, siguió insistiendo con la necesidad de matizarla y terminó por descartarla como interpretación (32). El avance producido en el conocimiento de la historia política argentina que se produjo en los 1980’s ya no dejaba lugar para otra respuesta. La importante cantidad de investigaciones sobre historia política argentina en la década de 1980 reflejaba cambios en la historiografía mundial y en la propia interpretación del pasado del país. El mundo de la historia emprendía desde la década del setenta el camino de la “vuelta de la historia política.” Denostada por los Annales en la versión de los eventos que tan bien manejaba Charles Seignobos y por los marxistas ingleses que rechazaban la interpretación Whig, volvía con una nueva forma. La publicación del libro de Pocock The Machiavellian Moment: Florentine Political Thought and the Atlantic Republican Tradition tuvo en 1975, como señaló el mismo Ezequiel Gallo, un efecto sólo comparable con La Méditerranée et le Monde Méditerranéen a l’époque de Philippe II de Ferdinand Braudel en 1949. En The Machiavellian Moment la política florentina se explicaba más por las discusiones en el Palazzo Vecchio que por la estructura manufacturera y comercial a la que tanto se había apelado. La historia no estaba sola en este viraje. La ciencia política había escapado del economicismo estructuralista a través de la llamada “autonomía relativa del estado”, que comenzó tímidamente con la incorporación de pensadores marxistas heterodoxos como Antonio Gramsci y Nikos Poulantzas y siguió con quienes desembozadamente afirmaban la existencia de un mundo político con comportamiento propio, como ocurrió con Bringing the State Back in, editado por Peter Evans, Dietrich Rueschemeyer y Theda Skocpol en 1985. Pero no todas las nuevas tendencias de la academia internacional prendieron con la misma fuerza en la Argentina. La razón es que ya había quedado en claro que el retorno a la democracia en 1983 no era el resultado de procesos económicos sino de un movimiento político que clamaba por libertad e instituciones y encontró un buen aliado en la desastrosa guerra de las Malvinas emprendida por la dictadura militar. La historia política, como resultado, valía la pena ser estudiada. La historia de las ideas políticas volvió a ocupar un sitio expectable en la Argentina. Ezequiel Gallo indagó en la historia del pensamiento político argentino y latinoamericano a través de la influencia del liberalismo (33). En esta línea de investigación, encontró un compañero de ruta en Natalio Botana, que había abierto lanzas con la publicación de El orden conservador en 1977 y había realizado un magistral análisis de las ideas políticas en La tradición republicana (34). Gallo y Botana publicaron en 1997 De la República Posible a la República Verdadera (1880-1910), en la colección de Pensamiento Argentino dirigida por Tulio Halperín Donghi. Un cuidado estudio preliminar que precedía una selección de textos revelaba un complejo entramado de ideas que lo convertían en una fuente de interrogantes que investigaciones realizadas y muchas más por realizarse de-la-republica-posible-a-la-republica-verdadera-botana_MLA-O-3410076169_112012intentan e intentarán responder (35). El impacto de este libro en la historiografía argentina ha sido decisivo para plantear nuevas líneas de investigación. Una de las claves para explicar tan auspiciosa recepción reside en el trabajo de engarce que realizan los autores entre los pensadores políticos internacionales y su recepción local. Una obra de este calibre supone un conocimiento profundo de esos pensadores que obliga a reconsiderar aportes pretendidamente originales en la historia de las ideas políticas argentina. Pero otra de las claves reside en develar la trama de la aplicación de ese pensamiento internacional, con sus adaptaciones, modificaciones, segundas lecturas e interpretaciones de transición. El resultado muestra que un trabajo histórico serio sobre las ideas políticas implica muchas más lecturas que las obras completas de un pensador local y mucha más perspicacia en la intricada madeja que se desliza entre el pensamiento y la práctica política. Además, Ezequiel Gallo compartía con Botana el interés por la contemporánea política argentina. Como resultado de ese interés, Gallo publicó varios análisis que iban desde la influencia del legado histórico en los problemas argentinos actuales, como el federalismo y el centralismo, hasta el comportamiento electoral a partir de la vuelta a la democracia en 1983 y la relación entre liberalismo y peronismo (36).

De biografías

Si no habláramos de Ezequiel Gallo, probablemente nos tentaríamos en pensar que quien ha dedicado tanto esfuerzo a remarcar la importancia de los individuos en lalos-nombres-del-poder-pellegrini-ezequiel-gallo_MLA-O-38923889_7235 historia deba embarcarse inevitablemente en el género de la biografía. En 1997 publicó su Carlos Pellegrini, Orden y Reforma, libro en el que maneja con agudeza la vida privada y pública del personaje, así como sus matices. Hasta la aparición de este libro, la figura de Pellegrini aparecía como acartonada y, en el mejor de los casos, dogmática. Ezequiel Gallo muestra cómo el pragmatismo invade al personaje, especialmente al estar en contacto con el poder y tener que tomar decisiones (37). Actualmente se encuentra escribiendo una biografía de Leandro N. Alem, figura enfrentada a la de Pellegrini en demasiados aspectos como para ser enumerados. En este tipo de obras que suelen ser, como las poesías, sublimes o espantosas, Ezequiel Gallo ha producido una verdadera obra maestra con su Pellegrini. Una de sus mayores virtudes es haber superado la frase que tanto le gusta de Samuel Johnson -que Francis Korn siempre le recuerda sobre la historia “The narrative of events done with dignity”. La historia que escribe Ezequiel Gallo alcanza una gracia que nos hace esforzarnos para alcanzar un resultado parecido en nuestros propios trabajos. De esta manera, ha roto con la mala tradición de historias aburridas y pesadas a las que alude Catherine en la escena maravillosa sobre el valor de los libros que Jane Austen relata en el capítulo 14 de Northangern Abbey. Catherine confiesa frente a Henry y Miss Tilney que: “I can read poetry and plays, and things of that sort, and do not dislike travels. But history, real solemn history, I cannot be interested in. Can you?” Miss Tilney le contesta que sí, que le encanta la historia. Pero Catherine insiste: “I wish I were too. I read it a little as a duty, but it tells me nothing that does not either vex or weary me. The quarrels of popes and kings, with wars or pestilences, in every page; the men all so good for nothing, and hardly any women at all–it is very tiresome: and yet I often think it odd that it should be so dull, for a great deal of it must be invention.”. No llegué a este texto y a este pasaje por casualidad. Alguien me recomendó leerlo. Fue Ezequiel Gallo.

NOTAS. 1 Gallo, Ezequiel (2006): “Modas y continuidades en la investigación histórica”. En Entrepasados, 29 (Comienzos) pp 127-135. 2 Cornblit, Oscar; Gallo, Ezequiel; O’Connell, Arturo (1961): “La generación del 80 y su proyecto, antecedentes y consecuencias”. En Desarrollo Económico, I: 4 (Enero-Marzo), pp. 5-46. 3 Bruno, Paula (2004): “Un balance sobre los usos de la expresión generación del 80”, Universidad de San Andrés. 4 Gallo, Ezequiel; Sigal, Silvia (1963): “La formación de los partidos políticos contemporáneos: La U.C.R. (1890-1916)”. En Desarrollo Económico, III: 1-2 (Abril-Septiembre), pp 173-230. 5 Cortés Conde, Roberto; Gallo, Ezequiel: (1968) La formación de la Argentina moderna. Buenos Aires: Paidós. 6 Gallo, Ezequiel (2006): “Modas y continuidades en la investigación histórica”. En Entrepasados, 29 (Comienzos) p. 130. 7 Di Tella, Guido; Zymelman, Manuel (1967): Las etapas del desarrollo económico argentino. Buenos Aires: EUDEBA. 8 Gallo, Ezequiel (1965): “Santa Fe en la segunda mitad del siglo XIX. Transformaciones en su estructura regional”. En Anuario de la Universidad Nacional del Litoral, Rosario, 7. 9 Gallo, Ezequiel (1965): “Notas para una historia política de Santa Fe. La elección de 1912”. En Cuadernos del Instituto del Profesorado Básico, Santa Fe y Gallo, Ezequiel: “Ocupación de tierras y colonización agrícola en Santa Fe, 1870-1895” (1969), en Jara, Alvaro (ed.), Tierras nuevas. México: El Colegio de México. 10 Gallo, Ezequiel (1970): “Agrarian expansion and industrial development in Argentina (1880-1930)”. Oxford: Oxford University Press, St. Antony’s Papers, 22. 11 Innis, H. A. (1933): Problems of Staple Production in Canada. Toronto: Ryerson Press; Innis, H. A. (1930): The Fur Trade in Canada: An Introduction to Canadian Economic History. New Haven: Yale University Press. 12 Buckley, Kenneth (1958): “The Role of Staple Exports in Canadian Economic Development”. En Journal of Economic History, 18: 4 (December), pp 439-450; Easterbrook, W.T. (1959): “Recent Contributions to Economic History: Canada”. En Journal of Economic History, 19: (March) pp 76-102; Dales, John H.; McManus, John C.; Watkins, Melville H. (1967): “Primary Products and Economic Growth: a Comment”. En Journal of Political Economy, 75: 6 (December) pp 876-880. 13 Neill, Robin (1972): A New Theory of Value: the Canadian Economics of H.A. Innis. Toronto: University of Toronto Press; Richards, J. `The Staple Debates’ (1985), en Cameron D. (ed.): Explorations in Canadian Economic History: Essays in Honour of Irene M. Spry. Ottawa, University of Ottawa Press. 14 Cortés Conde, Roberto (1989): “Historia económica: nuevos enfoques”. En Libertas, 10 (Mayo). 15 Para una reafirmación de la Staple Theory ver Gallo, Ezequiel: “The Cereal Boom and Change in the Social and Political Structure of Santa Fe, Argentina, 1870-95” (1976), en Duncan, K; Rouledge. I. (ed.): Land and Labour in Latin America. Cambridge: Cambridge University Press; Ferns, H. S.; Gallo, Ezequiel; Watkins, Melville (1993): “The Prairies and the Pampas”. En Business History Review, 67: 2 (Summer) pp. 279-299. 16 Altman, Morris (2003): “Staple theory and export-led growth: constructing differential growth”. En Australian Economic History Review, 43: 3 (November) pp. 230-255. 17 Gallo, Ezequiel: “El método comparativo en Historia: Argentina y Australia (1850-1930)” (1979), en Gallo, Ezequiel; Fogarty, John; Dieguez, Héctor (ed.): Argentina y Australia. Buenos Aires: Editorial del Instituto Torcuato Di Tella. 18 Zimmermann, Eduardo (1995): Los liberales reformistas. Buenos Aires: Sudamericana. 19 Gallo, Ezequiel (1983): La pampa gringa. La colonización agrícola en Santa Fe (1870- 1895). Buenos Aires: Sudamericana. 20 Hora, Roy (2001): “Dos décadas de historiografía”. En Punto de Vista, 69 (Abril) pp. 42-48. 21 Gallo, Ezequiel (1971): “El gobierno de Santa Fe vs. el Banco de Londres y Río de la Plata, 1876”. En Revista Latinoamericana de Sociología, 7: 2/3, pp. 147-174. 22 Gallo, Ezequiel (1976): Farmers in Revolt. The Revolutions in 1983 in the Province of Santa Fe, Argentine. London, The Atholone Press of the University of London. Hay versión española: Gallo, Ezequiel (1976): Colonos en Armas. Las revoluciones Radicales en la provincia de Santa Fe. Buenos Aires: Editorial del instituto Torcuato Di Tella. 23 Ver Guissarri, Adrián (2004): “Mancur Olson (1932-1998) Sus principales contribuciones”. Buenos Aires: Universidad del CEMA, Working Paper nº 266. 24 Ver también Gallo, Ezequiel (1974): “Conflitti socio-politici nelle colonie agricole di Santa Fe, 1870-1880”. En Quaderni Storici, 25: 1, pp. 160-192; Gallo, Ezequiel: “Notas sobre el surgimiento de villas y centros urbanos en la campaña de Santa Fe (Argentina 1870-1895)” (1983), en De historia a historiadores. Homenaje a José Luis Romero, México; Gallo, Ezequiel: “Los italianos en los orígenes de la agricultura argentina: Santa Fe (1870-1895)” (1983), en Francis Korn (ed.): Los italianos en la Argentina. Buenos Aires; Gallo, Ezequiel (1991): “Frontiera, stato e immigranti in Argentina (1855-1910)”, Turín, Altreitalie, III: 6 (Novembre) pp 13-23. Las investigaciones sobre historia política y de las ideas le valieron a Ezequiel Gallo ser invitado por la tradicional y prestigiosa colección de The Cambridge History of Latin America de Cambridge University Press para el artículo sobre la Argentina entre 1870 y 1914, publicado en 1993. Este artículo “Society and Politics, 1870-1914”. Un trabajo sobre el mismo tema fue publicado posteriormente en la colección de Historia Argentina de la Academia Nacional de la Historia. 25 Frid de Silberstein, Carina (1996), “Migración y profesiones: una lectura del movimiento inmigratorio italiano a la Argentina desde las fuentes nominativas”. En Estudios Migratorios Latinoamericanos, 11: 34, pp. 507-540; Frid de Silberstein, Carina (1998), “Surcos tempranos, pioneros tardíos: agricultores italianos y producción cerealera en el sur de la Provincia de Santa Fé (1900-1930)”. En Estudios Migratorios Latinoamericanos, 13: 38, pp. 109-136. 26 Gallo, Ezequiel (1977), “Otras palabras” en Francis Korn (ed.), Ciencias Sociales: Palabras y conjeturas. Buenos Aires: Sudamericana. 27 Gallo, Ezequiel (1979), “Adam Ferguson, un precursor de las Ciencias Sociales”, Universidad Católica Argentina. Facultad de Ciencias Sociales y Económicas Cuadernos de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de Buenos Aires, 5, pp 57-72; Gallo, Ezequiel (1982) “Adam Ferguson: Ciencia, Virtud y Sociedad” en La Economía como disciplina científica. Ensayos en honor del Dr. Francisco Valsecchi. Buenos Aires: Macchi. 28 Gallo, Ezequiel (1986), “La división del conocimiento en la sociedad”, Revista de Occidente, 58, pp. 81-90; Gallo, Ezequiel (1987), “La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith”, Libertas, 6 (Mayo); Gallo, Ezequiel (1993), “Hayek y la investigación histórica, algunas reflexiones”, Estudios Públicos, 50 (Otoño) pp 89-107. Ver también Ravier, Adrián Osvaldo (2006): “El proceso de globalización bajo una perspectiva hayekiana”, Libertas, 45. 29 Ezequiel Gallo: “Las colonias fueron escuelas de agricultura”, La Capital, 18 septiembre 2004. 30 Gallo, Ezequiel; Ferrari, Gustavo (ed.) (1980): La Argentina del Ochenta al Centenario. Buenos Aires: Sudamericana. En el libro Ezequiel Gallo escribió “Un quinquenio difícil: Las Presidencias de Carlos Pellegrini y Luis Saenz Peña (1890-1895)”. 31 Alonso, Paula: (2000) Entre la revolución y las urnas. Los orígenes de la Unión Cívica Radical y la política argentina en los años 90. Buenos Aires: Sudamericana. 32 Gallo, Ezequiel (1975): “El roquismo 1880-1916”. En Todo es historia, 100 (Septiembre) pp. 11-30; Gallo, Ezequiel; Botana, Natalio (1980): “El ochenta: lo que queda por hacer”. En Todo es Historia, 163 (Diciembre) p 35; Gallo, Ezequiel (1990): “Historiografía política: 1880-1900” en Comité Internacional de Ciencias Históricas (Comité argentino), Historiografía argentina (1958-1988). Una evaluación crítica de la producción histórica argentina. Buenos Aires: CICH. 33 Gallo, Ezequiel: “Notas sobre el liberalismo clásico” (1984), en Varios autores, Liberalismo y Sociedad, Ensayos en honor del Profesor Dr. Alberto Benegas Lynch, Buenos Aires: Macchi; Gallo, Ezequiel (ed.) (1986) “La tradición liberal argentina”. En Estudios Públicos, Santiago de Chile, número especial. 34 Botana, Natalio (1977): El orden conservador. Buenos Aires: Sudamericana; Botana, Natalio (1984): La tradición republicana. Buenos Aires: Sudamericana. 35 Botana, Natalio; Gallo, Ezequiel (1997): De la República Posible a la República Verdadera (1880-1910). Buenos Aires: Sudamericana. 36 Gallo, Ezequiel (1989 1990): “Liberalismo, centralismo y democracia restringida en la Argentina (1880-1916)”. En Anales de la Universidad de Alicante. Historia contemporánea, 7 pp. 9-24; Gallo, Ezequiel (1992): “El liberalismo y la actual experiencia peronista en Argentina”. En Revista de Occidente, 131 pp. 122-129; Gallo, Ezequiel (2006): “La declinación del federalismo argentino (1850-1930)”. En Circunstancia: revista de ciencias sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, 9 revista electrónica. 37 Gallo, Ezequiel (1997): Carlos Pellegrini, Orden y Reforma. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

[Fernando ROCCHI. “Una pasión inquebrantable por la historia. Ezequiel Gallo y la historiografía argentina”, in Revista de Instituciones, Ideas y Mercados, nº 46, mayo de 2007, pp. 13-33]

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