➻ Antonio Gramsci [1891-1937]

por Teoría de la historia

Antonio Gramsci por David LevineAntonio Gramsci nació en Ales el 23 de enero de 1891. Su infancia fue dura, pero no desgraciada. Su familia era bastante pobre; el padre, Francisco, con sus modestos ingresos de empleado del Registro tenía que mantener a la mujer y a siete hijos. Todos buscaban, por consiguiente, aportar alguna ayuda: la madre, cosiendo y realizando otros trabajos; los hijos buscando, desde muchachos, ganar algo. “Yo comencé a trabajar cuando tenía once años -confiesa Antonio en una de sus cartas- ganando mis nueve liras al mes (lo que representaba un kilogramo de pan diario) por diez horas de trabajo en la jornada, incluida la mañana del domingo, moviendo libros de registro que pesaban más que yo; muchas noches, ocultándome de todos, lloraba porque me dolía todo el cuerpo. Ni siquiera mi madre conoce toda mi vida y las adversidades que pasé”. A las fatigas de la miseria se unían para el pequeño Antonio los sufrimientos de la enfermedad; ya desde chico era frágil y delicado de salud y padecía una deformación física. Sin embargo, era de naturaleza cordial; jugaba de buen grado con los demás muchachos y se extasiaba con sueños de viajes llenos de aventuras; en sus cartas recuerda siempre con nostalgia y ternura los años de la infancia. Bien pronto reveló singular disposición para los estudios; frecuentó con éxito la escuela pública Santu Lussurgio, donde una aldeana lo tenía a pensión por cinco liras al mes, y, después, el liceo Carla Dettori, en Cagliari. El 30 de septiembre de 1911 obtuvo el título de bachiller y marchó a Turín, para ingresar en la Facultad de Letras de su Universidad. Así termina el período de la formación juvenil de Gramsci, cuyo factor más importante es, sin duda, la experiencia directa de su isla, Cerdeña, y la problemática que tal realidad le suscitaba. ¿Por qué Cerdeña era pobre y atrasada y, en cambio, otras regiones de Italia estaban en desarrollo y progresaban? “Imaginemos la Cerdeña -decía a menudo el joven Gramsci a sus amigos como un campo fértil y ubérrimo, alimentada su fertilidad por un venero de agua subterránea que viene de un lejano monte. De repente veis que la fertilidad desaparece y donde había hermosas mieses solamente brota la hierba del suelo. Indagáis la causa de esta desgracia, pero no la encontraréis si os limitáis a buscar en vuestras parcelas, si no orientáis vuestra búsqueda hacia el monte de donde llegaba, el agua y descubrís entonces que, algunos kilómetros más lejos, un malvado o un egoísta cortó el agua que alimentaba la riqueza de vuestro campo”. Este es ya el elemento primordial del problema que se afrontará y resolverá con su nuevo planteamiento de la cuestión meridional. Gramsci vive en Turín miserablemente con una beca y trabaja para completar sus ingresos. “He vivido durante un par de años -escribe a su hermana- fuera del mundo, coma en sueños. Viví cerebralmente, no con el corazón. Pero he trabajado, he trabajado para vivir, cuando para vivir debería haber descansado, haberme divertido. Dos años en que no reí nunca, pero tampoco lloré jamás”. Llega a ser uno de los alumnos predilectos del profesor Bartoli y positiva promesa para la ciencia de la lingüística. “Una de los mayores «remordimientos» de mi vida intelectual -escribió más tarde- es el profundo dolor que proporcioné a mi buen profesor Bartoli de la Universidad de Turín, quien estaba persuadido que yo era el arcángel destinado a «desterrar» definitivamente a los neogramáticos”. Paralelamente a los estudios, en aquellos años se acercó al movimiento obrero turinés. Después de pocos meses de estancia en Turín se afilió a la agrupación socialista local y es encargado de organizar una sociedad obrera de socorros mutuos. Colabora en el periódico socialista de la agrupación y, poco a poco, comienza a encontrar alguna respuesta a los problentas que su experiencia sarda le había planteado y que le surgen de nuevo. Es él quien en 1914 propone a los socialistas turineses postular como candidato a Gaetano Salvemini, el más destacado representante del movimiento meriodionalista. Ya en aquellos años comienza a entrever que la única solución a las contradiciones de la sociedad italiana es la revolución proletaria. “A menudo jóvenes estudiantes y obreros salíamos en grupo de las reuniones del Partido -nos cuenta Gramsci- atravesamlo las calles de la ciudad, silenciosas a aquellas horas, mientras los últimos noctámbulos se detenían a mirarnos de soslayo porque, olvidados de nosotros mismos, con los ánimos aún encendidos de pasión, continuábamos nuestras discusiones entremezcladas de terribles propósitos y sonoras carcajadas, galopando por el reino de la quimera y de los sueños”. El 11 de noviembre de 1914 hace su último examen universitario. Es el momento en que definitivamente resuelve su elección entre la carrera científica y la actualidad revolucionaria. Así culmina el segundo período de la vida de Gramsci: la etapa de su formación cultural. Durante la guerra, la actividad política de Gramsci aumenta en intensidad. En la práctica ya es un “revolucionario profesional”. Es redactor del “Grido del popolo”, semanario socialista de Turín; muy activo en la agrupación, multiplica sus contactos con los obreros de las fábricas. Al desfondarse, con la guerra, la II Internacional, busca conocer, a través de publicaciones ilegales en todos los idiomas, las posiciones de Lenin y los bolcheviques. Alcanza, así, a captar la importancia de las conferencias de Zimmerwald y de Kienthal, donde precisamente lanzó Lenin la consigna de la transformación de la guerra imperialista en guerra civil. Educa a los cuadros obreros turineses en la polémica contra el reformismo y rápidamente se convierte en el más querido de los dirigentes socialistas de Turín. “Le rodean los jóvenes y se le acercan los obreros más inteligentes y activos, y no sólo socialistas, sino anarquistas y católicos. Su lugar de trabajo en la organización obrera citadina y la bohardilla donde habita, comienzan a convertirse en la Meca de un peregrinaje ininterrumpido. De tal forma que, cuando en julio de 1917 se personan en Turín dos representantes del Gobierno de Kerenski, las mencheviques Goldenberg y Smirnov, fueron recibidos por una grandiosa manifestación, de apoyo a Lenin. Y en agosto del mismo año, luego de la fallida insurrección de los obreros turineses, donde en cinco días de lucha armada cayeron quinientos trabajadores, Gramsci es elegido secretario de la agrupación de Turín. Así completa su experiencia práctica de revolucionario y organizador, que une a la madura formulación del análisis de la sociedad italiana y de la línea de lucha y que acentúa cada vez más su polémica de enfrentamiento con la dirección del Partido Socialista. Es decir, llega a “L’Ordine nuovo”. Con la publicación de “L’Ordine nuovo”  -que se inició el 1º de mayo de 1919- se cierra el período de la formación de Gramsci y se abre el de su plena madurez. “Cuando en el mes de abril de 1919 decidimos entre tres o cuatro, o cinco (nuestras discusiones y deliberaciones deben existir aún, porque fueron recopiladas y transcritas en magníficas copias, particularmente las orales; ¡sí, señores!, las orales… ¡para la historia!), iniciar la publicación de la revista “L’Ordine nuovo”, ninguno de nosotros -o quizás ninguno- pensaba en cambiar la faz del mundo, ni en transformar el cerebro ni el corazón de la humanidad, ni en abrir un nuevo ciclo en la historia. Nadie de nosotros -quizás nadie, aunque alguno fantaseaba sobre seis mil suscriptores en unos cuantos meses- acariciaba ilusiones doradas sobre el buen éxito de la empresa. ¿Quiénes éramos?, ¿qué representábamos? ¿De qué nueva palabra éramos portadores? ¡Ay de mí! El único sentimiento que nos unía en nuestras juntas era el suscitado por la difusa pasión por una vaga cultura proletaria; queríamos hacer; hacer, hacer. Nos sentíamos angustiados por falta de orientación, inmersos en la agitada vida de aquellos días que sucedieron al armisticio, cuando parecía inminente la hecatombe de la sociedad italiana. ¡Ay de mí! La única palabra nueva que se suscitó en las reuniones fue acallada”. La palabra nueva era la de los consejos de fábrica, es decir, la de la búsqueda por descubrir las formas originales, italianas, del poder obrero: la fibra de acero de nuestra revolución. Y había sido sofocada por la presencia de Tasca que, en cambio, concebía una “revista de cultura abstracta, de información abstracta”. De ahí la necesidad de un golpe de Estado a la redacción que debía hacer de “L’Ordine nuovo” el periódico de los consejos de fábrica. “Togliatti y yo urdimos el golpe de Estado a la redacción: el problema de las comisiones internas fue explícitamente planteado en el número siete de la revista; la noche antes de escribir el artículo habíamos explicado al compañera Terracini su contenido y él nos manifestó su plena conformidad en lo teórico y en lo práctico. El artículo, con la conformidad de Terracini y la colaboración de Togliatti, tuvo un éxito imprevisto. Togliatti, Terracini y yo fuimos invitados a celebrar conversaciones en los círculos educacionales, en las asambleas de fábrica; las comisiones internas nos invitaron a discutir en reuniones restringidas sobre créditos y cobranzas. Continuamos. El programa de desarrollo de las comisiones internas llega a ser el problema central, se convierte en la «idea» de “L’Ordine nuovo”; se planteaba como el problema fundamental de la revolución obrera, era el problema de la «libertad» proletaria. “L’Ordine nuovo”, para nosotros y para quienes nos seguían, se convirtió en el «periódico de los consejos de fábrica»: los obreros -y esto podíamos afirmarlo- querían los consejos de fábrica. ¿Y por qué los obreros se apasionaban por “L’Ordine nuovo”? Porque en sus artículos del periódico se encontraban a sí mismos, veían reflejado lo mejor de sí; porque sentían que los artículos del periódico insinuaban su mismo espíritu íntimo de búsqueda. ¿Cómo pudimos llegar a ser independientes? ¿Cómo pudimos alcanzar a ser nosotros mismos? Porque los artículos de “L’Ordine nuovo” no eran fría ornamenta intelectual, sino que surgían de nuestra discusión con los mejores obreros, porque reflejaban los sentimientos, la voluntad, la verdadera pasión de la clase obrera turinesa que habían sido provocados y puestos a prueba por nosotros; porque los escritos de “L’Ordine nuovo” eran casi como «levantar acta» de los acontecimientos reales, vistos como momentos del proceso de íntima independización y expresión de sí por parte de la clase obrera. Por no los obreros querían a L’Ordine nuov0″. De tal modo, “L’Ordine nuovo” se convirtió en el centro del movimiento obrero turinés, su guía y sostén en la gran huelga de abril de 1920, durante la ocupación de las fábricas en septiembre de 1920 y en la fracasada huelga de abril de 1921. En el curso de estos años se acentuaron, cada vez más, sus polémicas con la dirección del Partido Socialista -maximalistas y charlatanes por un lado y reformistas por el otro-, y se elaboró un programa que se situó como base de la renovación del Partido Socialista Italiano. Este es ya un programa comunista y el mismo Lenin lo señalaba como el único que correspondía a los principios de la III Internacional. “En lo que respecta al Partido Socialista Italiano, el II Congreso de la III Internacional considera sustancialmente justa la crítica al Partido y las propuestas prácticas publicadas en la revista “L’Ordine nuovo” del 8 de mayo de 1920 L_Ordine_Nuovo_covercomo propuestas al Consejo nacional del Partido Socialista Italiano en nombre de la sección turinesa de dicho Partido, propuestas que corresponden plenamente a todos los requisitos fundamentales de la III Internacional. El II Congreso de la III Internacional invitó, por consiguiente, al Partido Socialista Italiano, a convocar a un Congreso Extraordinario del Partido para examinar tales propuestas y las decisiones de los dos congresos de la Internacional Comunista, a fin de rectificar la línea del Partido y de depurarle -y, sobre todo, a su grupo parlamentario- de los elementos no comunistas”. La suerte de la crítica gramsciana al Partido Socialista y el fracaso de todas las tentativas por su renovación interna inevitablemente tenían que desembocar en la fundación de un nuevo Partido, leninista y auténticamente revolucionario, el Partida Comunista. Esto sucedió, como es sabido, en Liorna el 21 de enero de 1921. Pero al igual que “L’Ordine nuovo” nació inicialmente sobre la base de un compromiso, que en parte lo paralizó, el nuevo Partido nace unido al ala maximalista de Bordiga que, de momento, no le permite ejercitar plenamente su función. La lucha contra Bardiga y su tendencia concluye solamente en el III Congreso, habido en Lione en enero de 1926. Mientras tanto, el II Congreso del Partido Comunista Italiano, celebrado en marzo de 1922, decide enviar a Gramsci a Moscú en calidad de representante del Partido en la Internacional Comunista. Ahí termina una de las etapas más intensas y creadoras de la actividad de Gramsci: la de los “consejos” y la de la creación del nuevo Partido de la clase obrera, y comienza un periodo, no menos importante, de experiencias internacionales. Gramsci permanece en Moscú hasta la primavera de 1923 y asistió al IV Congreso de la lnternacional, que condenó la tendencia sectaria y dogmática de Bordiga; obtuvo una experiencia profunda del nuevo Estado socialista y del Partido Bolchevique, conoció a la mayoría de los dirigentes de la revolución. En esta época conoce y se casa con Giulia Schucht, con la que tiene dos hijos, Delia y Giuliano. En la primavera de 1923 se traslada a Viena, desde donde seguirá mejor la evolución de la situación italiana. Sugiere el título del nuevo periódico del Partido, “L’Unità”, que inicia su publicación el 12 de febrero de 1924. El título es ya un programa y lo explica en una carta enviada desde Viena: “…La clase obrera, el Partido de la clase obrera, no podrán llevar a cabo su tarea histórica si no ponen por delante, si no tienen el acierto de asestar un golpe mortal al fascismo; no podrán plantearse la edificación de un «orden nuevo», de un Estado obrero, si no sabemos conquistar y conservar como el bien supremo, la unidad. Unidad de la clase obrera en torno al Partido, unidad de los obreros y de los campesinos, unidad del Norte y del Mediodía, unidad de todo el pueblo italiano en la lucha contra el fascismo”. En las elecciones políticas de abril de 1924, Gramsci es elegido diputado. Regresa a Italia y vuelve a su puesto de trabajo y de lucha. Dio el primer golpe al bordiguismo en la conferencia ilegal del Partido celebrada en Como, en mayo del mismo año; gana al Partido para el conocimiento de la naturaleza de clase del fascismo, plantea la política de unidad de todas las fuerzas progresivas contra el fascismo. Participa activamente en las reuniones del Aventino, es decir, del grupo de diputados de diversas corrientes políticas que, después del asesinato de Matteotti, se rehusan volver a la Cámara. Sostiene la necesidad de la huelga general política y de la transformación del Aventino en el único Parlamento legal, en “Anteparlamento”, y se esfuerza por ampliar la base del Partido absorbiendo a los elementos de la fracción internacionalista del Partido Socialista Italiano; toma contacto con otras fuerzas políticas y, entre tanto, prepara al Partido para el paso a la ilegalidad. En realidad, el 3 de enero de 1925 Mussolini anunciará las leyes de excepción. La actividad de Gramsci continúa febrilmente m “L’Unità”, en el Parlamento -donde vuelve a entrar después de las manifestaciones de impotencia del Aventino- y sobre todo en las organizaciones del Partido, en cada fábrica, en cada lugar de trabajo. En ese periodo se prepara el III Congreso del Partido, que se celebra clandestinamente en Lione en enero de 1926. Las tesis elaboradas y aprobadas en este Congreso -las famosas “tesis de Lione”- marcaron la derrota definitiva del bordiguismo y constituyeron la plataforma de la política ulterior del Partido comunista Italiano. La noche del 8 de noviembre de 1926, Gramsci es arrestado por la policía fascista. Concluye así el intenso período de su lucha directa contra el fascismo y por crear un gran frente único antifascista. Comienza, desde ese momento su peregrinaje de cárcel en cárcel, primero en espera del proceso, luego para cumplir la condena. El proceso se inicia el 28 de mayo de 1928 y se cierra el 4 de junio con la condena de Gramsci a 20 años, 4 meses y 5 días de prisión. Es el último periodo de la vida de Gramsci, que concluye con su muerte. Condenado a morir lentamente por las penalidades de la vida carcelaria -él, ya tan débil y minado en lo físico-, apartado de la realidad y de la vida política, disponiendo de pocos libros y revistas, dedica algunos años a la meditación, a la construcción de ese monumento del pensamiento, su obra “Los cuadernos de la cárcel”. Primero estuvo en la cárcel de Turín, luego en Civitavecchia y, por último, cuando estaba moribundo, en una clínica de Formia. Murió el 27 de abril de 1937 en la clínica Quisisana, de Roma, una semana después de que, debido a condonaciones y amnistías, acababa de cumplir la condena.

[Editore riuniti. “La vida de Gramsci”, in Antonio GRAMSCI. La formación de los intelectuales. México: Grijalbo, 1967, pp. 9-17]