➻ Julio Valdeón Baruque [1936-2009]

por Teoría de la historia

elkar01El 21 de junio del 2009 falleció Julio Valdeón Baruque, figura clave en la renovación experimentada por el medievalismo hispano en la segunda mitad del siglo XX. La mayor parte de su vida académica estuvo vinculada a la Universidad de Valladolid. Allí se inició en la investigación y la docencia, en la órbita de don Luis Suárez Fernández: entre 1958 y 1961 fue profesor ayudante de Historia Medieval, y comenzó la preparación de su tesis doctoral, que compaginó, a partir de 1961, con la Cátedra de Instituto de Geografía e Historia. En 1964 regresó a las aulas universitarias, leyó su tesis en 1965, y desempeñó sus primeras actividades docentes, primero como profesor encargado de curso y, en 1967, como profesor adjunto. En este último año obtuvo una plaza de profesor agregado en la Universidad Complutense de Madrid y en 1971 la Cátedra de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla. En 1973 se trasladó a la Universidad de Valladolid, que habría de ser su destino definitivo hasta su jubilación, en el 2006. La obra del profesor Valdeón y el impacto que causó su magisterio en sus discípulos y en las generaciones inmediatas de medievalistas hispanos no puede ser entendida en sus justos términos si no se pone en relación con el ambiente intelectual y universitario del final del franquismo, la transición y los últimos años de la democracia. Frente a la relación distante entre profesor y alumno que imperaba en los años 60 y comienzos de los 70, estableció un trato muy cercano que sorprendía y, a la vez, encantaba a cuantos, como yo, acudimos a solicitarle la dirección de una memoria de licenciatura y, más tarde, de una tesis. Cuando empezábamos a leer libros de historiadores que habían tenido que exiliarse o a descubrir planteamientos diferentes a aquella historia “événementielle”, convertida en una mera sucesión de fechas, nombres y acontecimientos políticos, Julio Valdeón nos dio la oportunidad de conocer directamente estas propuestas y de debatir con sus autores, aprovechando la asignatura de Teoría de la historia, creada por Luis Suárez. José Ángel García de Cortázar, Claudio Sánchez Albornoz, Reyna Pastor, Manuel Tuñón de Lara, David Ruiz, Gustavo Bueno se encuentran entre los conferenciantes que escuchamos en Valladolid a poco de llegar nuestro hoy difunto profesor. Faire de l’histoire: I Nouveaux problèmes, II Nouveaux aproches, III Nouveaux objets. El título de este libro en tres volúmenes, coordinado por J. Le Goff y P. Nora (París, Gallimard, 1974), que constituyó un punto de referencia para todos nosotros, define, mejor que ninguna otra expresión, los objetivos que presidieron su investigación durante las décadas de 1960 y 1070, y que nos inculcó a sus discípulos. Ante todo, hay que resaltar los nuevos temas, aunque también prestó atención a la unión de las fuentes cronísticas con las literarias y a los testimonios arqueológicos. Su tesis doctoral —Enrique II de Castilla y la consolidación del régimen (1369-1371), Universidad de Valladolid, 1966— había sido concebida por Luis Suárez como una monografía de los comienzos del reinado de uno de los monarcas de la dinastía Trastámara, pero el puso de relieve la crisis social y económica de mediados del siglo XIV en la corona de Castilla, la utilización de argumentos ideológicos por el pretendiente don Enrique de Trastámara para justificar su rebelión contra el legítimo soberano, y, dentro de ellos, el incremento deliberado de la hostilidad anti-judía. Dos decenios después, la relación entre propaganda y poder se convirtió en un tema obligado en los estudios sobre la monarquía bajomedieval y renacentistas, pero entonces eran una novedad. Todas estas cuestiones fueron abordadas específicamente por él en los años siguientes. Señaló los puntos básicos de la crisis en «Aspectos de la crisis castellana en la primera mitad del siglo XIV» (Hispania, 111 [1969], págs. 5-24) y «La crisis castellana del siglo XIV en Castilla. Revisión del problema» (Revista de la Universidad de Murcia, 79 [1972], págs. 79-84), profundizó en el discurso del mal gobierno que elabora el primer Trastámara contra el monarca legítimo en «La propaganda ideológica, arma de combate de Enrique II» (Historia, Instituciones, Documentos, 19 [1992], págs. 459-467), y realizó varios trabajos sobre la hostilidad contra la minoría hebraica en esta dinastía que, en el 2000, pasarían a integrar la primera parte de un libro recopilatorio, con el significativo título de El chivo expiatorio. Los conflictos sociales fueron otro de sus temas favoritos, siguiendo la estela de Ongles bleus, Jacques et Ciompi, de Michel Mollat y Philippe Wolf, y de Bond men made free, de Rodney Hilton. En este sentido, su obra más famosa y, quizás, con la que más se identifica a este historiador es Los conflictos sociales en el Reino de Castilla en los siglos XIV y XV (Madrid, Siglo XXI, 1975), en donde sacaba a la luz, fundamentalmente, pasajes de las crónicas poco conocidos, para mostrar la oposición de los núcleos de realengo a caer en la órbita señorial. Pero son destacables dos trabajos elaborados muy poco antes, «Tensiones sociales en los siglos XIV y XV» (en: I Jornadas de Metodología Aplicada de las Ciencias Históricas. Tomo II, Santiago de Compostela, 1975, págs. 257-279) y «Movimientos señoriales en Castilla durante los siglos XIV y XV» (Cuadernos de Historia. Anexos de la revista Hispania, 6, [1975], págs. 357-390), por la gran cantidad de interrogantes y problemas que suscitan Aquí quiero reconocer mi deuda con Julio Valdeón. Sus escritos, conferencias y seminarios me enseñaron a reflexionar sobre los textos, a plantearme cuestiones en mis propios trabajos. No se agotan con éstos sus intereses historiográficos. Es más, lo que caracteriza a la obra de este investigador es la gran diversidad temática, dentro de una línea común: la sociedad de la Corona de Castilla durante la Baja Edad Media, la dialéctica entre los grupos que ejercen el poder y los más desfavorecidos y las tensiones inherentes a esa polaridad, exacerbada por las coyunturas críticas. En consecuencia, aparte de los ámbitos de análisis ya mencionados, se ocupó de la relación entre señores y campesinos e impulsó la realización de memorias de licenciatura y tesis doctorales sobre los señoríos laicos, que se inician con el trabajo de Emilio Cabrera sobre el condado de Belalcázar. Dedicó varias publicaciones a los organismos de gobierno y a las formas de representación de la colectividad, en dos vertientes primordiales, los núcleos urbanos y las cortes, como muestran sus estudios pioneros sobre la ciudad de Murcia en la segunda mitad del siglo XIV y las cortes castellanas en esa misma centuria (1969 y 1972, respectivamente). Prestó atención a los marginados, tanto por motivos religiosos como económicos, y hay que recordar, en este sentido la ponencia denominada «Problemática para un estudio de los pobres y la pobreza en Castilla a fines de la Edad Media», presentada en el congreso de Lisboa de 1973. A partir de la década de 1980, alternó la actividad docente e investigadora con la dirección de Ámbito. El fue uno de los socios fundadores de esta editorial, con el objetivo declarado de ofrecer una plataforma para el conocimiento de las raíces del territorio castellano-leonés, oscurecidas y, a menudo confundidas, con las del conjunto del antiguo reino de Castilla. En el terreno histórico, el fruto más importante de esta iniciativa fue la Historia de Castilla y León, en la que se encargó del tomo V, titulado Crisis y recuperación (siglos XIV y XV), publicado en 1985. El impulso y planificación de esta obra y su colaboración se conecta, además, con otro de los afanes fundamentales del profesor Valdeón: la importancia de transmitir el conocimiento histórico a los no especialistas, de forma clara e inteligible. La estructuración cuidada, el lenguaje asequible, la incorporación de un material gráfico presidido por un sentido didáctico quedan de manifiesto en todas sus obras, tanto en las dirigidas a los alumnos, dentro de un género calificado coloquialmente como «manuales de enseñanza universitaria», como en las concebidas para un público más amplio. Estas síntesis fueron una constante en toda su carrera universitaria y docente, ya que tuvieron su inicio en sendas publicaciones de 1968 y 1970, pero se incrementan en esta segunda etapa, en la que su labor como profesor se extiende decididamente fuera de las aulas. A mediados del decenio siguiente, este afán docente se traduce en honda preocupación por la pérdida del papel de la historia en las enseñanzas primaria y secundaria y por su conversión en un conocimiento del medio, en correspondencia con el entorno cercano y las actuales autonomías. Es entonces, y más en concreto, entre 1996 y 1997, cuando acepta formar parte de la comisión de expertos convocada por Esperanza Aguirre, a la sazón, ministra de Educación del gobierno del Partido Popular, para elaborar un dictamen previo al Plan de Mejora de las Humanidades. Aún cuando este plan no salió adelante, el hecho de intervenir en esta comisión acarreó a Julio Valdeón acerbas críticas, que le causaron una profunda amargura. Muchos no supieron entender que para él la necesidad de elevar los contenidos mínimos de la Historia para todo el país era tan perentoria y apremiante que se situaba por encima de las opciones políticas de sus promotores. Definió su postura ante este problema en el libro En defensa de la historia (Valladolid, Ámbito, 1988), recopilación de varios artículos anteriores en donde propugnaba la necesidad de que, para una adecuada comprensión de nuestro pasado, se estableciera una articulación armónica entre los diferentes niveles territoriales, yendo de lo regional a lo nacional y a lo europeo y a lo universal. Y, frente al descrédito actual de la historia en amplios sectores, hacía suya la conocida frase de Joseph Fontana para reivindicar su utilidad como arma para los combates de hoy y herramienta para la construcción del futuro. En el 2001 fue nombrado académico de la Real Academia de la Historia. Su discurso de ingreso, del 10 de junio del año siguiente, versaba sobre el sentimiento de unidad entre los pueblos hispánicos en la Edad Media, mostrando el predominio de la idea de España, a pesar de la fragmentación política. En sus últimos años, antes de jubilarse, desplegó una gran actividad, centrada en la elaboración de monografías de alta divulgación. Por Alfonso X. La forja de la España moderna recibió en el 2004 el Premio Nacional de Historia que suponía un reconocimiento a toda su trayectoria. El conjunto de estas obras editadas entre 2001 y 2006 reúne varias constantes en su historiografía: la coexistencia entre las tres religiones monoteístas; las peculiaridades de nuestro medievo como zona de contacto entre la cristiandad y el islam; la formación del concepto de España en la Edad Media, como el resultado de la interacción entre factores de unidad y diversidad; el enfrentamiento entre Pedro I y el pretendiente don Enrique y los siglos XIV y XV, caracterizados, en la esfera política, por el gobierno de la dinastía Trastámara. Más allá de los temas concretos hay que convenir en que este autor supo comprender que existe un público no especializado en busca de obras con las que comprender el pasado y que el historiador debe atender a esa demanda con su voz propia, independiente de la del narrador de ficción, que proporciona una visión diferente de los acontecimientos. En definitiva, Julio Valdeón Baruque permanecerá en nuestra memoria, ante todo, por su impulso a las nuevas formas de analizar la época medieval, pero también debe ser recordado como un buen comunicador que transmitió con pasión sus conocimientos a alumnos, oyentes de sus conferencias, y lectores. Todos estos aspectos, el investigador, el docente y el divulgador, formaban parte de sus «combates por la historia», como decía Lucien Febvre, y, al mismo tiempo, de su compromiso con la sociedad.

[Isabel BECEIRO PITA. “Julio Valdeón Baruque (1936-2009)”, in Hispania, vol. LXX, nº 234, enero-abril de 2010, pp. 11-14]