➻ Vere Gordon Childe [1892-1957]

por Teoría de la historia

206341El arqueólogo australiano, pero residente en el Reino Unido una gran parte de su vida, Vere Gordon Childe es, posiblemente, el más influyente y de más peso teórico de cuantos han trabajado en el campo de la arqueología durante el siglo XX y, pese al tiempo transcurrido desde su muerte, se le siguen haciendo biografías y coloquios. Tan extraordinaria figura tuvo momentos diferentes en su biografía intelectual y muchas facetas en su personalidad. En estas páginas sólo nos ocuparemos de Childe como evolucionista y especialmente de su conexión con el marxismo y el socialismo, en general, y en su proyección política. Las razones por las que Vere Gordon Childe militó siempre en el campo de la izquierda se remontan a su infancia y juventud. Había nacido en North Sydney (Australia) en el seno de una familia anglicana, hijo de un ministro muy conservador de esa iglesia y con un espíritu sumamente rebelde que vería como una liberación su traslado, por razones de estudio, a Inglaterra. Uno de sus más íntimos amigos en sus años de Oxford (1914-1916) fue Raji Palme Dutt, que más tarde sería un periodista y destacado político, que durante mucho tiempo llegaría a ser miembro del Comité Ejecutivo del Partido Comunista inglés y con el que discutía hasta altas horas de la noche acerca de la filosofía de Hegel y Marx y, desde luego, de política. Por aquellos años, la II Internacional tenía un enorme peso y había recomendado a sus miembros que aprovechasen la guerra para «luchar en pro de la revolución socialista». Como es bien sabido, nada de eso se hizo y la guerra misma sirvió para que se separasen y distanciasen los socialdemócratas moderados y los comunistas revolucionarios. Indudablemente Childe «consolida su ideología marxista y se orienta en política hacia el ala revolucionaria del socialismo». Regresa a Australia en 1916 e inmediatamente «se ve involucrado en las actividades del Partido Laboralista, siendo secretario privado de John Storey, premier de Nueva Gales del Sur». Esa seña, seguramente, su primera desilusión en política. Fue entonces cuando se inclina decididamente por la arqueología e inicia una primera etapa de su carrera intelectual, que Trigger califica de «histórico- cultural» y en cuyo detalle no vamos a entrar. La mayor parte de los especialistas consideran que el cambio más radical e importante en la historia intelectual se produjo en la segunda mitad de los años treinta y ese cambio lo expresó en cuatro libros fundamentales: Man makes himself (1954 [1936]); What happened in History (1950 [1942]); Progress and Archaeology (1960 [1944]) y Scotland befare the scots (1946). ¿Cómo se produjo ese cambio y por qué? Habría que decir, en primer lugar, que su ideología y su obra científica no están separados, no se pueden entender disociados. Ser socialista no es un accidente: Childe es socialista hasta en las reflexiones que le llevarán al suicidio. También entonces: los acontecimientos que están convulsionando a Europa y al mundo también afectan a su obra, o su obra responde a esas convulsiones. En 1933, pocos meses después de que Adolf Hitler haya asumido el cargo de Canciller del III Reich, Childe pronunciará la conferencia inaugural de su curso de Arqueología Prehistórica en la Universidad de Edimburgo, el que después llevaría el titulo de «ls Prehistory practical?», que viene a ser un alegato contra el racismo que en el fondo significaban las tesis de Gustaf Kossina y que vendrían a constituir parte del cuerpo doctrinal del nazismo. «Para Childe, la prehistoria demuestra que lo que se llama civilización es producto de la tradición colectiva […] a la cual contribuyen todos los pueblos». No es raro que al año siguiente visitase por primera vez la Unión Soviética, lleno de una gran curiosidad por observar de cerca el fenómeno del nacimiento de un nuevo país socialista y por comprender mejor los avances de la arqueología en la URSS. A su regreso, adopta decididamente el esquema evolucionista del marxismo, con la terminología que, como sabemos, era original de Morgan y la adapta a las etapas prehistóricas tradicionales a las que incorpora sus dos momentos de transición como «revoluciones». Aunque los aspectos económicos de la vida social han estado en muchas de sus obras anteriores, en “Los orígenes de la civilización” las referencias son constantes y se hacen explícitas las citas de Marx, como, por ejemplo, cuando dice que «…Marx insistió en la importancia primaria que tienen las condiciones económicas, las fuerzas sociales de producción y las aplicaciones de la ciencia, como factores de cambio social». De acuerdo con ese interés específico por los temas económicos y tecnológicos, subtemas tales como: obtención, conservación y producción de alimentos o materias primas, es una constante a lo largo de la obra. Son más interesantes las deducciones que elabora aun dentro de un plano muy teórico acerca de un conocimiento científico o pre-científico de la naturaleza, en función de los datos de carácter material proporcionados por el registro arqueológico como son los requeridos para la localización de canteras o yacimientos para determinadas rocas de uso para la elaboración de instrumentos o de plantas y animales con fines industriales o artesanales. Igualmente interesantes son las inferencias que elabora acerca de la estructura social, el tamaño de la población, o las creencias entre los pueblos prehistóricos, aunque lógicamente es en este terreno en el que sus afirmaciones pueden ser hoy más discutibles. En cualquier caso, el enfoque ecológico, hoy tan en boga, es constante también. La influencia del clima, de la topografía, del sistema hidrográfico natural, en la determinación de una cultura, es revisado una y otra vez; la explicación concatenada de fenómenos naturales y culturales en, por ejemplo, el nacimiento de domesticación de plantas y animales, podrá discutirse en el detalle, pero no en la argumentación y en el lineamiento general de su razonamiento. Ideas incluso que desarrollarán posteriormente otros autores, como la de la utilización de la energía a través de una determinada tecnología, se hallan implícitas en el razonamiento de ese libro magistral que es «El hombre se hizo a sí mismo» (1954) o en el que le sigue, «Qué sucedió en la historia» (1950). Pese al tiempo transcurrido, la acumulación de nuevos descubrimientos de gran importancia en el área a la que se refiere principalmente -el Oriente Próximo-, a los refinamientos metodológicos y de técnicas nuevas incorporadas a la investigación arqueológica, el esquema resumido más arriba sigue siendo válido en gran medida. Y lo es fundamentalmente por el enfoque general, por el sistema deductivo que utiliza el autor para la presentación de los datos y por el tratamiento enteramente funcional de los mismos, con vistas a dar una imagen muy auténtica de la humanidad. Los términos de revolución neolítica y revolución urbana, muy discutidos por algunos, logran romper, siquiera sea de manera parcial, el esquema historicista predominante hasta ese momento y orientar la arqueología prehistórica sobre unas bases metodológica y teóricamente más fecundas y positivas. Al final del libro, «El hombre se hace a sí mismo», vuelve de nuevo al tema del racismo, con ocasión de que en septiembre de 1935 se hubiesen aprobado las leyes raciales de Nüremberg, al decir: «Ya hemos visto que esta conducta realmente no es innata. Tampoco es fijada, de modo inmutable, por el medio ambiente. Está condicionada por la tradición social. Y, justamente porque la tradición es creada por sociedades de hombres y transmitida por medios peculiarmente humanos y racionales, es por lo que no es fija ni inmutable: está cambiando constantemente a medida que la sociedad se enfrenta a circunstancias siempre nuevas. La tradición hace al hombre, circunscribiendo su conducta dentro de ciertos límites; pero es igualmente cierto que el hombre hace las tradiciones. Y, por lo tanto, podemos repetir con una comprensión más profunda: “El hombre se hace a sí mismo”». 

Sin título

El uso de una terminología típica de Morgan y del planteamiento del marxismo, que deriva del Manifiesto comunista en libros que aunque dirigidos a todos los públicos ofrecían un lenguaje aparentemente sencillo y de lo que podríamos llamar «divulgación», puede hacer pensar que Childe defendía un evolucionismo claramente unilineal. Sin embargo eso no es así. «Childe no se adhirió al evolucionismo unilineal más en estos trabajos de lo que lo hizo en cualquier otro momento», o como dice Randall H. McGuire, «en otras obras -se refiere a los libros publicados entre 1936 y 1946- introdujo una noción de evolución multilineal en la que los cambios en conocimiento técnico afectaban a los cambios sociales, políticos y económicos». Según Trigger, «La postura de Childe proporciona igualmente una respuesta definitiva a aquellos marxistas que, como George Thompson, lo acusaban de ignorar el conflicto de clases en las antiguas civilizaciones, precisamente porque las luchas se veían bloqueadas por técnicas religiosas y políticas de control social altamente efectivas. Él no ignoraba el concepto de lucha de clases en las civilizaciones tempranas ni lo rechazaba, ya que lo consideraba inaplicable en estudios en los que se utilizaran datos arqueológicos; por el contrario, no lo consideraba adecuado para explicar las sociedades orientales, las cuales creía que habían permanecido estáticas por largos períodos». Una constante en su pensamiento fue la de que la arqueología es historia, idea que heredada por sus discípulos y especialmente utilizada por los arqueólogos sociales latinoamericanos, queda resumida en palabras de José Luis Lorenzo al decir, «…pensamos que la arqueología es una ciencia social, pero que las Ciencias Sociales o están presididas por la Historia o no tienen existencia propia […] y en nuestro caso está, además, el compromiso histórico y social […] El hombre no puede ser sin raíz, sin pasado», lo que, en mi opinión, podría explicarse por el tradicional concepto estrecho de la Antropología -y en ocasiones su confusión con la Sociología- de parte de los arqueólogos y antropólogos británicos. De hecho, muchas de las afirmaciones y propuestas más novedosas de Childe en relación con la interpretación de los hechos arqueológicos coincide con los contenidos de la antropología en sentido amplio: lo económico y lo sociológico e incluso lo histórico. De otra parte, parece que «no era un relativista cultural» (Trigger), lo que está muy de acuerdo con alguna de las características más notables, más negativas y también más criticadas desde una perspectiva moderna, del Evolucionismo clásico, ya que es, obviamente, el argumento principal utilizado por los sistemas coloniales cuya máxima expansión se produce en el siglo XIX, utilizando esa argumentación como una base «científica» que justificaría la expansión colonial de las grandes potencias europeas. En 1936 y 1939, Childe visita las universidades de Harvard y Pennsylvania, donde es nombrado Doctor Honoris Causa de las mismas; sin embargo, por lo que parece, «la presencia de Childe no tuvo gran repercusión en los medios arqueológicos académicos de Estados Unidos. Puede deberse, quizás, a que en ese momento la juventud norteamericana progresista, marxista o no, estaba intelectualmente más comprometida con la guerra civil española que con cualquier disciplina académica». Al término de la Segunda Guerra Mundial (junio de 1945) visita nuevamente la Unión Soviética con ocasión del 220 aniversario de la Academia de Ciencias de la URSS, en Leningrado y Moscú. Esa visita y sus simpatías ideológicas y políticas por el marxismo es lo que seguramente justifica una tan temprana calificación como persona no grata para el Departamento de Estado de los Estados Unidos, tal como lo recuerda Irving Rouse en la necrología de Childe. La última etapa intelectual de Gordon Childe (1945-1957), la más desconocida según Trigger incluso para sus seguidores, es aquella que desarrolla en Londres como director del Instituto de Arqueología y como regente de la cátedra de Arqueología Prehistórica Europea. En esa etapa se dedica a profundizar en los aspectos teóricos más oscuros y complejos del marxismo, de manera que puede decirse que su compromiso ideológico e intelectual con el marxismo se fue acrecentando conforme pasaba el tiempo. Durante esos años publica un libro y siete artículos dedicados a tratar el tema crucial de la evolución social: el libro Social Evolution ha sido varias veces traducido al español, estando los artículos recogidos en una antología de José Antonio Pérez (1981). La decisión de Childe de suicidarse poco después de haber cumplido la edad de su jubilación, pese a las dudas que se han ofrecido en varias ocasiones, parece actualmente cierta y justificada desde varias perspectivas que el propio Childe declaró poco antes de morir y entre las cuales su modo de entender el socialismo fue una de las más importantes y no, precisamente, las posibles desilusiones que la práctica del socialismo soviético hubiesen provocado en él.

[José ALCINA FRANCH. Evolución social. Madrid: Akal, 1999, pp. 77-83]

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