➻ Abbé Henri Breuil [1877-1961]

por Teoría de la historia

kessel-dmitri-leading-authority-on-paleolithic-art-abbe-henri-breuilEl Abate Henri Breuil (1877-1961) fue el “Padre de la Prehistoria” durante toda la primera mitad del siglo XX. La calificación debe entenderse en el sentido más lato de la expresión […]. Él fue uno de los muchos operarios, acaso el más grande, que en un siglo y medio levantaron el edificio de una ciencia que ha dado unas nuevas perspectivas a la Humanidad en sus dimensiones temporal y cultural. En poco más de ciento cincuenta años, unas pocas decenas de hombres beneméritos cumplieron la hazaña de llevar muy atrás el tiempo de la Historia. Entre los que, significativamente, se llamaron “prehistoriadores”, destaca la figura del Abate Breuil […]. La vida de Henri Breuil estuvo marcada por dos sangrientos episodios que cambiaron la faz del mundo: las guerras mundiales de 1914-1918 y 1939-1945. La primera la pasó en España y la segunda en el África meridional. Ambas geografías y su pasado prehistórico, su propia longevidad y el vivir al día los nuevos y continuos descubrimientos, son factores que influyeron mucho en su camino vital como hombre de ciencia. Aunque llegó a ser canónigo de las sedes episcopales de Soissons y Beauvais, tal titulación fue ad honorem, pues Breuil nunca estuvo vinculado a funciones parroquiales u otras relacionadas con su estado sacerdotal. Para que pudiera dedicarse por entero al estudio de los orígenes de la Humanidad, sus superiores tuvieron el acierto de liberarle de aquellas obligaciones. En ocasiones, esta condición clerical de Breuil hizo que se le considerara una rara avis en el estudio de la Prehistoria en el que tanto abundaron agnósticos y librepensadores. Pero esto no es así: muchos otros clérigos contribuyeron a los avances de la nueva ciencia. Entre los de su condición que le estuvieron muy unidos y que también destacaron como prehistoriadores, citaremos a sus amigos y condiscípulos los hermanos Amedée y Jean Bouyssonie (1877-1965), Hugo Obermaier (1877-1946), el jesuita Teilhard de Chardin (1881-1955), el Abate A. Lemozi (1882-1970) y un discípulo, el Abate André Glory (1906-1966) […]. Breuil fue protagonista o vivió de cerca los grandes avances de la Prehistoria. En sus años iniciales de investigador, a finales del siglo XIX, todavía se hablaba de los eolitos y del hombre del período Terciario, pero, al mismo tiempo, se descubría el Pitecantropo de Java, el primero de los homínidos conocidosAltamira_Bison (1891). Luego, en los años centrales del siglo XX, alcanzó a vivir la capital revolución que significó la datación radiocarbónica. Entre aquellos hitos extremos estuvo relacionado con hechos científicos trascendentales: la reivindicación del arte rupestre paleolítico con Les Combarelles, Font-de-Gaume y Altamira; el análisis y definición de las industrias paleolíticas; los nuevos neandertalenses; el arte post-paleolítico de la Península Ibérica; el Sinantropo de Pekín; Lascaux, la segunda Altamira; las grandes pinacotecas al aire libre del África meridional y del Sahara; los australopitecos; etc. Todo ello en una larga odisea en la que descubrió nuevos territorios o revisitó e interpretó otros ya conocidos. Llegó un momento en que, en el pequeño apartamento parisino de la rue de Lamotte-Picquet, residía modestamente el cerebro coordinador de la Prehistoria de la Piedra en todo el Viejo Mundo. Aceptada unánimemente su situación de preeminencia durante la primera mitad del siglo XX, está aún por hacer un estudio sobre la posición del Abate Breuil dentro de las corrientes científicas generales de su tiempo. Por su vocación y preparación primera, era un naturalista; por su ulterior tarea en la investigación de las civilizaciones del hombre primigenio, fue un historiador. Primer titular de la cátedra de Prehistoria del Collège de France (1929), al aspirar a ser académico se encontró ante el dilema de poder optar entre la Académie des Sciences y la Académie des Inscriptions et Belles Lettres. Se decidió por esta última, siendo elegido en 1938. Esta corporación le elevó poco después al Institut de France (1939). Él mismo lo repetía con frecuencia: “estamos haciendo Historia con los métodos de las Ciencias Naturales”. Hay que añadir que toda su vida cultivó aquella primera vocación de naturalista. Valga un ejemplo: durante todo el primer cuarto de siglo exploró, con mayor o menor éxito, centenares de cuevas en Francia y España. Buscaba en ellas el arte rupestre o el yacimiento arqueológico, pero no descuidaba la sistemática recolección de insectos cavernícolas, cuyas listas o ejemplares entregaba a sus amigos R. Jeannel y E. G. Racovitza para los repertorios de su serie “Biospeleológica”. Pero, además, el naturalista Breuil está siempre presente en la determinación geológica y en la identificación y descripción de los animales representados en el arte prehistórico. Súmese a todo ello su gran habilidad artística. Breuil se formó en ciencia dentro del muy extendido y difuso positivismo finisecular, que tenía poco que ver con la doctrina filosófica del mismo nombre elaborada por Auguste Comte (1779-1857), el fundador de la sociología. En los años de la segunda mitad dcl siglo XIX se hablaba de continuo de los documentos positivos, considerando como tales las “evidencias” y los “datos”. Se aceptaba sólo el “método experimental” que, para los prehistoriadores, era la excavación al poner de manifiesto la estratigrafía. El adjetivo “positivo” ya figuraba en la cabecera de la primera revista dedicada a la nueva ciencia de la Prehistoria: Matériaux pour l’histoire positive et philosophique de l’Homme, fundada en 1865 por Gabriel trois-freres-detailde Mortillet (1821-1896). Dicho calificativo no se mantuvo cuando, cuatro años más tarde, la publicación periódica pasó a manos de Emile Cartailhac (1845-1921) que le dio el título Matériaux pour l’histoire primitive et naturelle de l’Homme, durante algún tiempo con el subtítulo et de l’étude du sol, de la faune et de la flore qui s’y rattachent, abandonado en 1873. Se observará que en ambas etapas se mantiene la palabra histoire. La revista pervivió hasta 1888, año en que se fundió en L’Anthropologie, que ahora prosigue su vida más que centenaria. En aquella época, la mayoría de los investigadores franceses exponían sus descubrimientos y sus ideas en las páginas de los Matériaux, moviéndose aún en las últimas formas del evolucionismo lamarckiano, del Caballero de Lamarck (1744-1829), expuesto en su obra Philosophie zoologique (1809). El positivisino mencionado y este evolucionismo poco definido, no impedían que el ambiente científico fuera muy dinámico. Los cambios en la terminología utilizada reflejan las inquietudes y los titubeos, doctrinales y metodológicos de aquellas primeras generaciones de prehistoriadores y son importantes para la historia de las mentalidades. También era el tiempo en que casi todos los prehistoriadores trabajaban solos, sin sospechar que llegaría la hora en que cualquier investigación tiene un carácter interdisciplinar. El joven Breuil conoce desde sus comienzos los nuevos avances a los que pronto contribuirá con su propio esfuerzo. Entre sus lecturas juveniles de Prehistoria ocupaban un lugar preferente los volúmenes de la colección de los Matériaux. Estos, así como diversos libros, se los regaló el Abate Jean Guibert, su profesor en el Seminario y en el Institut Catholique […]. Entre prehistoriadores e historiadores existía ya entonces un foso que ha persistido en el tiempo. Como queda sucintamente explicado, en aquellos años de sus orígenes y primera estabilidad, la Prehistoria marcaba sus diferencias con la Historia propiamente dicha al encontrarse, por sus métodos, muy próxima a las Ciencias Naturales y muy lejos de los archivos documentales y las vetustas bibliotecas. Aparte de la relación personal con unos pocos colegas de las altas instituciones a que pertenecía y con algún miembro de las sociedades savantes regionales, H. Breuil tuvo escasa relación con los historiadores como tales. Como excepción debe señalarse la Escuela de Síntesis de Henri Berr, fundador en 1900 de la Revue de Synthèse y en 1920 de la colección “L’Évolution de l’Humanité” con un centenar de volúmenes destinados a tener una gran difusión. Berr y Breuil eran amigos y la Prehistoria siempre fue tenida en cuenta en las publicaciones y reuniones patrocinadas por el primero. En sus comienzos, los creadores de la posterior escuela de los Annales (1929) -Lucien Febvre y Marc Bloch- pertenecían a este grupo. Las corrientes historiográficas surgidas en el tercio inicial del siglo XX, valoraban los hechos económicos, las condiciones geográficas, los ritmos de evolución cultural, las técnicas artesanales, etc. Todo ello estaba en relación, asimismo, con la Sociología de Emile Durkheim (1858-1917) que dio una nueva dimensión a la Etnografía y la Etnología (llamadas luego Antropología cultural). Una nueva metodología dio otras perspectivas a las notables aportaciones de viajeros, misioneros, agentes coloniales, etc., por lo común franceses e ingleses. Aquellos eruditos habían aportado, y lo siguieron haciendo, una masa de información, de valor desigual, al conocimiento de los denominados “pueblos exóticos”. La Prehistoria aprovechó -y a veces abusó- de estos conocimientos en los llamados “paralelos etnográficos”. También cabe decir algo del Abate Breuil en acción. De todas sus actividades, confesaba era el “trabajo de campo” el que más le agradaba, tanto en las oscuras cavernas como en los grandes espacios abiertos de las serranías españolas o de los semidesiertos sudafricanos. Contemplaba y admiraba los paisajes pero no podía entretenerse mucho en su examen pues siempre le acuciaban las noticias de nuevos descubrimientos. Sin ninguna duda el lugar donde Breuil pasó más horas de largo y paciente estudio y de laboriosa copia de sus intrincados grabados fue la pirenaica caverna de Trois-Frères: más de doce meses en total, repartidos en estancias más o menos largas desde 1912 y en particular entre los años 1930 y 1938. Al aparecer, en 1952, el gran libro Quatre cents siècles d’art pariétal, una recensión de la obra debida a su amigo el Conde Bégouen la encomia diciendo: “un admirable monumento de erudición, de sentido crítico y artístico, que él es el más calificado para escribir, puesto que, en cierta manera, es la personificación de este arte”. Recuerda a continuación la gran tarea llevada a cabo en Trois-Frères: “las largas horas de colaboración pasadas juntos en la cueva, donde le ayudaba en las delicadas y difíciles 250px-Abbé_Breuil_3operaciones de calco de los grabados de los muros. A veces era necesario hacer milagros de equilibrio en algunos lugares, o de contorsión en los corredores estrechos, bajos y tortuosos, en los que hay que arrastrarse por el barro, en ocasiones de espaldas o de lado, siempre buscando la luz que, según llegue de la derecha o de la izquierda, hace destacar una determinada silueta de animal hasta el momento insospechada. Durante la operación de calcar el sorcier (brujo), apuntalado en una estrecha falla de la roca, yo le sostenía el pie derecho”. La minuciosidad de los calcos del Abate Breuil en lugares como Altamira, Trois-Frères, Les Combarelles y tantos otros, los convierte en verdaderas obras de arte. Pero, por contraste, en alguna ocasión hacía sólo una mera interpretación de ciertas figuras a las que daba poca imporancia, limitándose a trazar un croquis a mano alzada o simplemente las dejaba de lado. Lo hemos comprobado, por ejemplo, en la cueva del Castillo (Puente Viesgo), lo primero en la figura de un brujo-bisonte de la sala nº 2; y lo segundo en el gribouillis, o conjunto garabateado, de la parte izquierda de la sala primera […]. Conviene añadir un apunte sobre sus publicaciones. Citaremos en primer lugar las grandes ediciones: en los comienzos de su actividad las bellas monografías patrocinadas por el Príncipe de Mónaco; más tarde las debidas al mecenazgo de la Fondation Singer-Polignac. El resultado primero de sus investigaciones lo dio a conocer en muy diversos lugares y en numerosas revistas científicas. Entre estas últimas predominan los artículos incluidos en las páginas de L’Anthropologie. La fusión de los Matériaux (E. Cartailhac), la Revue Anthropologique (P. Topinard) y la Revue d’Ethnographie (E. T. Hamy), dio lugar a L’Anthropologie en 1889. El primer trabajo de Henri Breuil en la nueva publicación periódica se imprimió en el volumen XI (1900) como inicio de la serie que fue apareciendo en años sucesivos acerca de materiales de la Edad del Bronce en la cuenca del Somme. Un poco más tarde, al ser fundado el Institut de Paléontologie Humaine en 1919, L’Anthropologie se convirtió en el órgano escrito de la fundación del Príncipe de Mónaco que sigue siendo. Esto explica que de las 835 entradas de la bibliografía de H. Breuil, 185 estén contenidas en sus páginas, contabilizando los artículos -sólo o con algún colaborador-, las notas y las recensiones. Otras revistas que contienen buen número de sus escritos son el Bulletin de la Société Préhistorique Française y la Revue Archéologique.

[Eduardo RIPOLL PERELLÓ. “Introducción”, in Abate Henri Breuil, antología de textos. Barcelona: Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona, 2002, pp. 19-27]