✍ Mujeres de los márgenes. Tres vidas del siglo XVII [1995]

por Teoría de la historia

Cuando vi el libro de Natalie Zemon Davis bajo el título genérico de Mujeres de los márgenes, inmediatamente pensé que la prestigiosa historiadora norteamericana nos ofrecía esta vez un ensayo sobre la marginación de las mujeres en el Antiguo Régimen, que había elegido a personas del sexo femenino que sufrían algún tipo de marginación, ya fuera por motivos religiosos, étnicos, por el ejercicio de determinadas profesiones que podríamos calificar de heterodoxas —donde cabría desde laprostitución a la hechicería o la magia pasando por las curanderas, sanadoras, ensalmadoras y un largo etcétera— o que había escogido unos casos concretos por el hecho de su marginación legal reconocida por los diferentes ordenamientos de la época a partir del ejemplo y la casuística de determinadas personas. Sin embargo, mi primera apreciación del titulo resultó ser falsa y conforme avanzaba en la lectura del libro, pude comprobar que las tres protagonistas, cada unade ellas perteneciente a una distinta comunidad religiosa —una judía, una protestante y una católica, monja para más señas— no se trataban en absoluto de personas marginadas sino de mujeres que desempeñaron un importante papel en la comunidad a la que pertenecían, obteniendo por ello el reconocimiento de las demás mujeres y de los hombres que convivieron a su alrededor. En cualquier caso, la propia autora me sacó de dudas al dar su propia explicación: eran mujeres de los márgenes porque quedaban fuera de los centros de poder político, real, civil y senatorial, y cada una a su modo, estas mujeres apreciaron o adoptaron un lugar marginal y lo reconstituyeron como centro definido localmente. En cada caso, la persona se liberó algo de las limitaciones de las jerarquías europeas esquivándolas. Las tres pertenecían a un entorno urbano, miembros de familias dedicadas a la manufactura o al comercio; todas tenían una notable cultura, sabían leer y escribir, y a menudo conocían una segunda lengua; las tres viudas, pero dotadas de una gran fortaleza, se embarcaronen aventuras más propias de hombres que de mujeres, y sin embargo ello no fue un obstáculo para su éxito, y dejaron escritos sus pensamientos y reflexiones o sus vivencias, en un intento de confiar a la pluma sus experiencias antes de que les traicionara el olvido; una escnbiendo sus memorias para que sus hijos y los hijos de sus hijos pudieran conocer cómo había sido su vida; otra describiendo los avatares y mostrando los obstáculos a que tuvo que hacer frente para salir adelante al frente de una comunidad de ursulinas, que hacía las veces de misión católica en Quebec, un lugar inhóspito y habitadopor salvajes como toda la Nueva Francia en el norte de América, y la otra, una naturalista, que quiso confiar a la pluma sus descubrimientos sobre las mariposas y otros insectos, y sobre determinadas plantas para contribuir al desarrollo de la ciencia. La primera, Glikl Bas Judah Leib, hija de un próspero comerciante judío, miembro destacado de su comunidad, nace en Hamburgo en 1646 ó 1647, justo el año en que el Senado de la ciudad, presionado por la población, ordena cerrar la Sinagoga, iniciando una época de intolerancia que se salda con importantes emigraciones de judíos hacia Amsterdam, y que inevitablemente marca su infancia; a los doce años se concierta su matrimonio con el hijo de otro comerciante, que será realizado dos años después y del que tendrá catorce hijos, de los cuales solo morirían dos. En esta etapa aparece volcada en la familia y en las tareas domésticas, hasta que en 1689, tras la muerte de su marido, queda viuda cuando todavía tenía a su lado ocho hijos a los que sacar adelante, es decir, casar y dotar. En este contexto, medio arruinada por las deudas de su marido, decide tomar las riendas del negocio y se pone a trabajar sin ningún tipo de intermediario ni agente, llevando a cabo todas las operaciones personalmente, revelándose como una inteligente y despierta mujer de negocios que llegó a ganar mucho dinero. Andando el tiempo se volvería a casar, teniendo un matrimonio no muy afortunado del que volvería a enviudar. La muerte de su marido le trastocó la vida, sumiéndola en un estado de reflexión y autoconciencia que le determinó a escribir su autobiografía en yídish. En ella, describe los acontecimientos más importantes de su vida personal con los que suceden en el mundo y en su comunidad, así como en otras comunidades de Alemania —judías y no judías— con las que ella se relaciona; en esos relatos de su vida intercala narraciones y cuentos con moraleja, es decir, con un marcado tono moralizante en las que sus descendientes pudieran mirar y extraer conclusiones acerca de la conducta a adoptar. En sus páginas va dejando al descubierto una sólida fe a través de sus pensamientos más íntimos en materia religiosa, donde hace hincapié en su absoluta confianza en Dios, a pesar de las desgracias, o donde presenta sus ideas más utópicas como la de trasladarse a Palestina. Muestra unanotable cultura, típica en una mujer que de pequeña había asistido a la escuela primaria, donde había aprendido a leer y escribir; se revela como una gran lectora de tratados morales y religiosos, que leía el hebreo y el alemán además del yidish. Su autobiografía está estmcturada en siete libros, escritos a lo largo de unos treinta años, apareciendo la primera edición de su obra en 1896, mucho después de su muerte. La segunda, Marie Guyart, que adopta el nombre de Marie de l’Incarnation al ingresar en religión, había nacido en 1599 en la ciudad francesa de Tours, poco después de la firma del Edicto de Nantes, cuando aún se estaban viviendo las consecuencias de las guerras de religión y los desórdenes iconoclastas que saquearon las iglesias de la ciudad y la convirtieron, primero, en la sede de la Liga Católica y, después, del Parlamento de Francia. Perteneciente a una familia modesta, su padre concierta su boda a los diecisiete años con el propietario de una sedería, decisión que acepta sin discusión a pesar de sus inclinaciones religiosas y de que aella, personalmente, le hubiera gustado más ingresar en un convento. Sin embargo, este matrimonio duraría solo dos años, a causa de laprematura muerte de su marido, dejándola en la ruina y con un niño. En esta situación de desamparo vuelve a la casa de su padre y después se traslada con su hijo a la casa de su hermana donde desempeñaría trabajos domésticos llevando una vida recogida y al margen del mundo, volcada en su propia vida interior y en sus preocupaciones religiosas; durante diez años abundó en su religiosidad, cercana al misticismo, hasta que con treinta años decide ingresar en la orden de las ursulinas abandonando al mundo y a su hijo (por lo que sería duramente criticada) donde pudo desarrollar una vocación docente. Pronto el convento de Tours se le quedaría pequeño, y muy influenciada por su director espiritual, jesuita, decide asumir la aventura de embarcarse rumbo a Canadá para dedicarse a la actividad evangelizadora en una misión que se iba a crear en Québec, a donde llega en 1639, y donde pasaría el resto de su vida. Como superiora de la misión su labor estaba orientada al adoctrinamiento de las mujeres de las comunidades amerindias establecidas alrededor del río San Lorenzo —algonquinas, montaignais, hurones, iroqueses, oneidas— a las que no solo instruía en los principios de la religión católica sino también en el conocimiento del francés, lectura y escritura, bordado, técnicas artísticas etc. A instancias del hijo, Claude Martin, que a estas alturas y siguiendo sus pasos, era un fraile benedictino, tomó la pluma para escribir su autobiografía, en forma de diálogos, teniéndola redactada en 1654, y enviándosela al hijo para que conociera todos los asuntos más íntimos de su vida, incluidas sus experiencias religiosas; además de los detalles personales hace numerosas referencias a las duras condiciones de vida en un espacio tan diferente a Francia, donde las condiciones climáticas, los distintos medios de transporte y la barrera del idioma hacia difícil la supervivencia diaria, así como las costumbres de los amerindios, a los que adoctrina y con los que9780674955219-lgconvive, personas a las que llega a querer y comprender profundamente. El hijo, tras haber examinado detenidamente los escritos maternos para eliminar cualquier resquicio de heterodoxia, y tras haber adaptado el lenguaje al francés culto, prepara una cuidadosa edición que verá la luz en 1677, cinco años después de la muerte de su madre en Quebec, con el título de La vie de la venerable Mère Marie de l’Incarnation. La tercera, Maria Sibylla Majan es una mujer holandesa bien distinta a las anteriores, que destaca como pintora, naturalista, editora, grabadora y marchante de arte, aunque en su caso también la experiencia religiosa, su conversión desde el luteranismo a una comunidad evangélica radical como la labadista, fuera determinante en su vida y trayectoria vital. María Sibylla era una naturalista, una entomóloga, y una pintora cuya vida transcurre entre 1647- 1717; perteneciente a una familia de artistas, grabadores y pintores, su padre, editor y grabador, había estado casado en primeras nupcias con una hija de Theodore de Bry, cuya obra ilustrada había tenido una gran repercusión en los ambientes cultos de Europa, pudo aprender libremente el dominio de estas técnicas en el taller paternojunto a sus hermanos. Casada a los dieciocho años con un grabador daba clases de pintura y mantenía su curiosidad sobre los insectos, en lo que había sido unatemprana vocación que se había iniciado cuando tenía trece años observando mariposas. Las malas relaciones con el marido y su matrimonio desgraciado le lleva a separarse de él cuando tenía treinta y nueve años y dos hijas, con las que compartirá todos sus conocimientos y dedicación, al tiempo que ingresa en una comunidad pietista donde se aceptaba a todo el mundo independientemente de la lengua y del estamento social, donde se practicaba una forma de vivir la religión con austeridad, mortificación y espiritualidad, en la que parece recobrar su equilibrio interno, pero a la que abandonaría cinco años más tarde por la imposibilidad de dedicarse a su verdadera pasión, el estudio de los insectos. De vuelta a Amsterdam, se gana la vida dando clases de pintura, siendo bien recibida en los círculos de naturalistas y coleccionistas, actuando como si fuera viuda, sin serlo, para conseguir un aura de respetabilidad que no hubiera tenido siendo una mujer casada pero sola y sin marido; entonces publica dos volúmenes de su Maravillosa transformación y las plantas con que se alimentan las orugas, que seríadestacada en los círculos científicos más prestigiosos. En 1699, con más de cincuenta años, decide vender todas sus propiedades, incluidas su extensa colección de pinturas y especímenes para poder costearse un viaje a Surinam con su hija para proseguir allí sus investigaciones sobre insectos y plantas, en una aventura insólita para una mujer sola y de su edad, permaneciendo en la colonia holandesa durante dos años. Cuatro años después ya podía publicar su obra, que aparece editada bajo el titulo de Metamorfosis de los insectos de Surinam, escrita en holandés y latín, con más de sesenta grabados, en la que además de realizar un trabajo rigurosamente científico introduce sus observaciones sobre los amerindios y africanos, sus costumbres y creencias, y que le otorgó un gran prestigio intelectual y el reconocimiento público de los hombres de ciencia, botánicos, coleccionistas, naturalistas que la aceptan en su ambiente como uno más, hasta su muerte. Su (atípica según el modelo femenino reinante) vida, apesar de lo inusual, serviría de ejemplo y modelo para sus hijas, quienes también se convertirían en naturalistas famosas, una en Surinam y la otra en San Petersburgo.

[Gloria FRANCO RUBIO. “Reseña”, in Cuadernos de Historia Moderna, nº 24, 2000, pp. 260-264]