■ Lenguaje y verdad en historia, según Reinhart Koselleck [2005]

por Teoría de la historia

Reinhart Koselleck ha trabajado con sumo rigor con las palabras para mostrar la importancia que tienen los conceptos que maneja la historia y las categorías que utilizamos para dar sentido al mundo. Discípulo directo de Gadamer, conoce el enorme peso de cada interpretación al volver la vista atrás y, con su noción de “la contemporaneidad de lo no contemporáneo”, alerta sobre la compleja relación entre presente, pasado y futuro. En Madrid ha disertado sobre la historia de los conceptos políticos: “Lo que ocurre antes de la historia es tan importante como la historia misma”. Reinhart Koselleck (Görlitz, 1923) hizo un montón de fotos de las estatuas ecuestres que encontró en Madrid, donde dictó una conferencia sobre la historia de los conceptos políticos. Lo hizo en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y fue presentado por su director, José Álvarez Junco, y por Javier Fernández Sebastián, catedrático de Historia del Pensamiento Político en la Universidad del País Vasco, que lo invitó a España. “Historiador, historiógrafo, historiólogo… todos los ángulos, todas las perspectivas del concepto de historia han sido exploradas a fondo por el profesor Koselleck”, dijo este último, que reconoció la importancia de una obra que ha abierto nuevos caminos y que ha permitido afinar los instrumentos metodológicos (los conceptos, las palabras) que sirven para reconstruir la historia vivida y para enfrentarse a “la historia en tanto que saber con pretensiones de verdad”. “Cuando se habla de la interpretación de las cosas del pasado”, dijo Reinhart Koselleck durante una entrevista que tuvo lugar antes de su conferencia, “hay que tener en cuenta que determinadas palabras significaron en otro tiempo cosas distintas de las que significan ahora. El tiempo va transformando cada concepto. Pero hay casos, y ocurre con muchos términos políticos, que se transforman también porque cambian las condiciones sociales, cambia el mundo, cambian las ideas”. El comunismo, por ejemplo, dijo. “Significó algo determinado y ahora puede significar otra cosa, pero es que a la propia evolución de esa palabra hay que añadirle los cambios de los propios partidos comunistas, que han modificado sus programas, se han abierto a otras corrientes, se han hecho más tolerantes”. El historiador añade, para subrayar que las palabras y las cosas están muchas veces íntimamente imbricadas, que no hay que olvidar “que además de que las propias palabras cambien, ellas mismas producen cambios”. En Heidelberg, donde estudió después de haber pasado por la Universidad de Bochum y antes de vincularse definitivamente a la de Bielefeld (donde está desde 1973), Reinhart Koselleck fue discípulo de Hans-Georg Gadamer, uno de los filósofos más influyentes del siglo XX, y fueron los estudios de hermenéutica de su maestro el caldo de cultivo en el que se alimentó inicialmente su imponente obra. Javier Fernández Sebastián destacó el otro día entre sus libros Crítica y crisis (su tesis de doctorado de 1959 y traducida en España en 1965), Futuro pasado (1979, que Paidós publicó en 1993), y “el monumental Diccionario de conceptos históricos fundamentales en lengua alemana, de casi 7.000 páginas, cuya publicación se extiende a lo largo del último cuarto del siglo XX”. De esta última sólo se ha traducido la entrada Historia (en Trotta, en 2004). Otros títulos que han aparecido en España de Koselleck, que se ha ocupado como historiador sobre todo de Prusia y la Ilustración, son la reunión de piezas suyas con otras de Gadamer (Paidós, 1997), Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia (Paidós, 2001) y Aceleración, prognosis y secularización (Pre-Textos, 2003). “Trabajo en varios frentes”, cuenta Koselleck, que publicará dentro de poco un nuevo título sobre los conceptos que maneja la historia. “Me interesa estudiar qué ocurre con esas palabras que manejan los historiadores, cómo cambian y qué dicen en distintos momentos. He estudiado, por ejemplo, el término de culpa”. Pero Koselleck habla también de otro campo de investigación, que explica su afán por fotografiar tanta estatua. “Me ocupo también de la manera en que se mantiene viva la memoria de la gente de otras épocas, las formas en que se recuerda a los protagonistas que lucharon en tantas batallas. En ese terreno se puede hablar de una ‘democratización de la muerte’. Antes sólo se recordaba a los grandes monarcas, ahora también se rinde tributo a los soldados anónimos. Sigo de cerca y me afano por saberlo todo de las estatuas que se levantan para recordar a los que ya no están. Hay ocasiones en que alguien que había sido olvidado vuelve a rescatarse. Aquí, en España, ocurrió con Carlos III”. Cambian las palabras, cambian las interpretaciones, cambian las mentalidades, cambia el mundo. De todo eso se ocupa Koselleck. Cuanto decían Hitler y los grandes jerarcas nazis, “todas esas grandes palabras hoy sólo producen risa, una distancia irónica, cierta vergüenza ajena”. “Yo no sabía lo que estaba ocurriendo en Auschwitz, aunque eso no sea ninguna disculpa”, dice Koselleck. Las heridas de la historia alemana del siglo XX siguen ahí. Koselleck lo sabe de manera muy cercana. Su padre fue represaliado por el régimen de Hitler, él fue reclutado durante la II Guerra Mundial como soldado y, al terminar, internado en un campo de concentración soviético. “La mayoría de cuantos crecieron después de la época de Hitler están convencidos de la culpa moral del pueblo alemán”, explica. “Casi no hay discusión al respecto: los crímenes nazis fueron tan terribles que todo lo demás pasa necesariamente a un segundo plano, e incluso es tan fuerte la sensación de culpa que es muy difícil para nosotros hablar de otros temas de ese periodo, como del sufrimiento del pueblo alemán durante los bombardeos aliados”. Lo que la historia reconstruye y lo que recuerda la gente. Koselleck ha visitado España poco después de que la retirada de la estatua de Franco de Nuevos Ministerios desencadenara la polémica. “Durante la Guerra Civil española se peleó en muchos frentes, y hay que discutir y analizar y diferenciar lo que ocurrió en cada momento. No sólo puede ser verdadera la versión de uno de los bandos, porque seguramente hubo horrores en los dos, y cada cual cuenta las cosas como las vivió o según las interpreta. No hay que olvidar, además, que no había muchos demócratas entonces y que los republicanos se encontraron peleando contra Franco pero con mucho desorden”.

[José Andrés ROJO. “Koselleck defiende el rigor del lenguaje para contar la verdad de la historia”, in El País (Madrid), 11 de abril de 2005]

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