✍ Cardenio entre Cervantes y Shakespeare. Historia de una obra perdida [2011]

por Teoría de la historia

cardenio-chartierA la pregunta “¿qué es un clásico?” se le ha dado, desde el Parnaso, un sinnúmero de respuestas de seductora profundidad. Yo tiendo a proponer un par a ras de tierra. Un clásico es una obra que sigue estando en las buenas librerías setenta años después, cuando menos, de la muerte del autor. Es, también, una obra que se conoce sin necesidad de haberla leído, porque pervive principalmente en versiones derivadas de la original: traducciones, recreaciones, presencias en otros textos, pinturas, óperas, adaptaciones al cine, al cómic… Nada podría ilustrarlo mejor que el último libro de Roger Chartier, Cardenio entre Cervantès et Shakespeare. Histoire d’une pièce perdue (Gallimard; trad. esp., Gedisa, en prensa). El núcleo de la magna pesquisa de Chartier es un texto que hoy no existe: una tragicomedia, Cardenno (o tal vez Cardenna, o acaso The History of Cardenio), representada en 1613 e inspirada en unos capítulos del Quijote, que al mediar el siglo se decía compuesta “by M Fletcher & Shakespeare”. Ni existe hoy, digo, ni en rigor podría existir el texto de Cardenno. Una obra de teatro de la época isabelina (o del Siglo de Oro) con frecuencia nacía de una azarosa colaboración entre varios ingenios, que daban por descontado que sufriría las revisiones de la censura, sería retocada por el director de la compañía, ajustada al público de cada representación, a las idoneidades de cada actor…, para acabar siendo de todos y de ninguno. En vano nos ilusionamos pensando en un único texto: comenzando por el título, una pieza dramática de entonces es una multitud de textos; y cuando se publica, en especial si lo hace el autor, quizá esté ya dejando de ser dramática.Las historias de Cardenio y Luscinda, de Dorotea y Fernando, se cuentan en el Quijote (I, 24-36) entrelazadas con las aventuras del protagonista en Sierra Morena. No sorprende que atrajeran a Shakespeare y Flechter (o a quienes les encargaran la tarea), porque tienen todos los ingredientes que ambos se sabían de carrerilla: pasiones sublimes, seducciones, bodas impuestas, encuentros y desencuentros, y al final el triunfo del amor y la nobleza, con matrimonios por partida doble. Era un modelo impecable para una romantic comedy, una obra de género. El género no se cuenta entre los preferidos en nuestros días, pero los lectores de otro tiempo admiraban el arte de Cervantes para introducir perspectivas y matices singulares en los esquemas convencionales, y en el Quijote buscaban las narraciones y novelle intercaladas con tanto o mayor gusto que los lances del caballero y el escudero. Donde ahora nos atraen más los hilos que enlazan el conjunto como tal, ellos tendían a ver un repertorio de ficciones variadas. Entendemos que los dos primeros elementos del Quijote en subir a las tablas fueran esos relatos un tanto ajenos a la acción principal: el del “curioso impertinente” gracias a Thomas Middleton, y el de Cardenio y compañía de la mano de Guillén de Castro, Flechter & Shakespeare y “Sieur Pichou”. La atención de Chartier se centra en el Cardenno inglés, cuyos avatares estudia del 20 de mayo de 1613 al 6 de octubre del 2011 (sí) y hasta un futuro festival de Almagro. En una indagación magistral, escrita con la inmensa erudición, la limpidez de estilo y el talento para la síntesis que bien se conocen en España, el autor sigue el rastrolibro-de-chartier de la “pieza perdida” desde el estreno en Londres por los King’s Men. El recorrido tiene etapas y estampas de tanto interés como los dramas compuestos al alimón por Flechter & Shakespeare o las razones de que Cardenno no llegara a la imprenta. Es ante el capítulo sobre Lewis Theobald, que en 1728 publicó la que afirmaba ser la versión original de la obra, restaurada por él mismo, y sobre su fortuna posterior, hasta el estupendo esfuerzo de Gary Taylor por reconstruir y a la vez crear sobre esa base el texto primitivo. Pero no lo son menos las noticias sobre el presunto hallazgo del manuscrito Shakesperiano en la realidad, en la novela y en la escena. Esas y muchas otras páginas, con todo, no se limitan escuetamente a los temas en consideración, antes bien se amplían sistemáticamente en círculos concéntricos o se ahondan en calas de detalle para mostrar las circunstancias y peculiaridades de cada caso y ofrecer, en suma, una admirable imagen de los caminos del Quijote: el único libro europeo que ha sido un best seller sostenido a lo largo de cuatrocientos años. A tantas cosas como se deben a Roger Chartier, hemos de añadir ahora esta espléndida demostración de que un clásico no es la obra inmutable que a menudo se imagina, sino más bien, al contrario, un texto plástico, proteico, que vive “en variantes” (para decirlo con Menéndez Pidal) o, si se quiere, que tiene más vidas que un gato.

[Francisco RICO. “Cardenio, o las siete vidas del clásico”, in El País, 17 de diciembre de 2011]