␥ José Sazbón [1936-2008]

por Teoría de la historia

El martes 16 de septiembre falleció en la ciudad de Buenos Aires nuestro querido amigo José Sazbón a la edad de 71 años. Nacido en La Plata en 1937, José se había graduado como Profesor de Filosofía en la Universidad Nacional de esa ciudad en el año 1965. Filósofo con vocación histórica y política, enseñó en la segunda mitad de los años ‘60 en el área de ciencias sociales de la UNLP, estrechando lazos con sus colegas Antonio Castorina, Oscar Colman, Julio Godio y Horacio Pereyra. Entre 1963 y 1965 publicó sus primeras colaboraciones en la Revista de la Liberación que dirigía en La Plata José Speroni y cuyo secretario de redacción era Ricardo Piglia, otro de sus compañeros de estudios y amigo de la estudiantina platense. En aquellos años inició también su labor como editor y traductor, preparando varios volúmenes de autores como Sartre y Marcuse para la editorial marxista independiente Quintaria. Influido desde sus años de estudiante por el marxismo sartreano y lukacsiano al mismotiempo que interesado por la novedad que por entonces representaban las corrientes estructuralistas, compiló y prologó para esta editorial el volumen colectivo Sartre y el estructuralismo. Pero quizás su obra de editor más recordada la constituye la docena de volúmenes que compiló y tradujo en su mayoría para Nueva Visión: se trata de la “Colección El pensamiento estructuralista”, que dio a conocer entre 1969 y 1970 textos claves de Lévi-Strauss, Todorov, Pouillon, Leach, Lyotard, Glucksmanmy Barthes, entre muchos otros. También preparó para esa mismaeditorial traducciones de Antonio Gramsci y Louis Althusser y compiló el volumen Presencia de Max Weber (1971). Un año antes había compilado para Editorial Tiempo Contemporáneo el volumen colectivo Análisis de Michel Foucault (1970). Entre 1972 y 1974 cursó estudios de posgrado en la École Normale Supérieure y en la École Pratique des Hautes Études de París, profundizando en los estudios sobre Marx y el marxismo. De regreso a la Argentina, prosiguió la actividad docente y editorial. En 1975 publicó su primer libro, Mito e historia en la antropología estructural (Buenos Aires, Nueva Visión) y un año después preparó para el Centro Editor de América Latina una edición popular del Curso de Lingüística General que permitió un amplio acceso a la obra de Saussure. Precedida de un estudio preliminar, el volumen se tituló Saussure y los fundamentos de la lingüística (reeditada en 1996 por Nueva Visión). Pero ese mismo año, tras el golpe militar de marzo, debió exiliarse en Maracaibo, Venezuela, con su mujer Berta Stolior, profesora de filosofía, compañera de sus empresas editoriales y traductora de muchas de sus compilaciones, y su pequeño hijo Daniel. Allí enseñó como profesor invitado en la Universidad de Zulia y prosiguió con la elaboración de su tesis En los orígenes del método marxista: modelo puro y formación impura en los análisis históricos de Marx y Engels. Colaboró en la revista de dicha universidad, Cuestiones Políticas, con un avance de su tesis sobre la concepción histórico-materialista en Marx y Engels y un notable estudio sobre “Filosofía y revolución en los escritos de Mariátegui” que había presentado en el Coloquio Internacional Mariátegui de la Universidad de Sinaloa (México, 1980). En Expresamente de Caracas apareció su estudio sobre Ferdinand Lassalle, mientras que la primera versión de sus estudios sobre el Facundo de Sarmiento fue publicada en Investigaciones semióticas de la Universidad de Carabobo. Desde Venezuela enviaba también sus colaboraciones a la recién fundada revista Punto de Vista, al mismo tiempo que publicaba el ensayo “El fantasma, el oro, el topo” en Cuadernos Políticos de México (1981). También en el país del exilio estrechó lazos con el historiador marxista Perry Anderson, con motivo de una visita de éste a Venezuela. En 1981 la Universidad de Zulia publicó su libro Historia y estructura. De retorno en la Argentina en 1987, se instaló con su familia en Buenos Aires. Ingresó entonces como investigador de carrera en el CONICET y desarrolló una amplia actividad docente en la Universidad de Buenos Aires. Dictó materias y seminarios en las carreras de Filosofía, Historia y Sociología de la UBA, La Plata y San Martín, sobre problemas de la filosofía contemporánea, historia de las ideas y de los intelectuales, marxismo historicista y marxismo estructuralista, entre otros muchos temas. Aunque abarcó con notable erudición todo el arco del pensamiento contemporáneo, se detuvo particularmente en ciertas estaciones que fueron sin duda sus preferidas:Marx, Lukács, Simmel, Benjamin,Gramsci y Sartre. Poco amigo de las polémicas, discutió sin embargo en 1983 con Oscar Terán desde las páginas de Punto de Vista para recusar su “invitación al posmarxismo”. En esta misma revista hizo conocer en 1987 su estudio sobre el debate entre E. P. Thompson y Perry Anderson en el seno del marxismo británico; y en 1989, en pleno apogeo mundial de la “crisis del marxismo”, presentó en el XII Congreso Interamericano de Filosofía reunido en Buenos Aires una ponencia en la que discutía el alcance de dicha crisis y rescataba la vigencia de la herencia de Marx. A partir del año 1989 elaboró una serie de estudios sobre laRevolución Francesa, reunidos en un volumen en el año 2005 por EdicionesAlMargen. En 1992 participó en el Coloquio Walter Benjamin con su ponencia “Historia y paradigmas en Marx y Benjamin” que se compiló en el volumen Sobre Walter Benjamin: vanguardias, historia, estética y literatura. Una visión latinoamericana (Buenos Aires, Alianza, 1993). En 1997 compiló el volumen colectivo Presencia de Voltaire (UBA). Fue director de la Carrera de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras y cuando lo sorprendió la muerte coordinaba la Maestría en Historia y Memoria de la Facultad de Humanidades de la UNLP. Además de las revistas mencionadas, perteneció al comité editor y colaboró en revistas como Los libros, Espacios, Cuadernos de Filosofía, El Cielo por Asalto y Sociohistórica. Algunos de sus artículos fueron reunidos en Historia y representación (Buenos Aires, Universidad de Quilmes, 2002). Su estudio “Figuras y aspectos del feminismo ilustrado” sirvió recientemente de estudio preliminar al volumen Cuatro mujeres en la Revolución Francesa (Biblos, 2007). Aunque una finísima ironía campea en sus ensayos históricos y filosóficos, esta se hace aun más aguda en sus ensayos literarios, sobre todo en los consagrados a Piglia y a Borges. Sazbón presentó “Pierre Menard, autor del Quijote” en el Primer Concurso de Cuento Argentino que en 1982 convocó el Círculo de Lectores y en el que el propio Borges formaba parte del jurado. Parodiando a Borges, y acaso parodiando también su propia condición de historiador erudito e indiciario, Sazbón compone allí un Menard izquierdista, lector de los formalistas rusos, de Marx y de Lenin. Creo que no lo traiciono si revelo que su Pierre Menard se contaba entre sus textos predilectos. Podría aplicarse a Sazbón lo que Borges señaló de su propio padre: era tan modesto que hubiera preferido ser invisible. Pero a pesar de su perfil bajo y de su proverbial discreción, José es reconocido como maestro por dos, acaso tres generaciones de historiadores y filósofos argentinos. Incluso un rápido retrato como este, escrito bajo la conmoción que produce la noticia de su fallecimiento y en el que seguramente incurro en considerables olvidos, deja apreciar el vasto espectro y la profundidad de sus contribuciones a la recepción de la semiología tanto como a los estudios sobre marxismo y el estructuralismo; a la filosofía de la historia, como a la historia moderna y contemporánea, o a la historia intelectual y el pensamiento argentino y latinoamericano. José fue un mentor clave para nuestra generación. Desde 1998 acompañó de cerca la experiencia del CeDInCI, participando de nuestras actividades y donando valiosas publicaciones. En mayo de este mismo año, a pesar de su precaria salud, intervino animadamente en nuestro seminario “El problema de la recepción y la historia intelectual”, donde discutimos su texto sobre De Angelis. Dolidos por la pérdida del maestro y del amigo, nos consuela pensar en el precioso legado de sus textos llenos de sabiduría y en las grandes lecciones del profesor de pequeño maletín negro y cigarrillo con boquilla quien, por más empeño que pusiéramos en el estudio exhaustivo de un problema, siempre nos invitaba a leer un libro más.

[Horacio TARCUS. “Falleció uno de nuestros más queridos socios y amigos”, in Utopía y Praxis Latinoamericana (Maracaibo), vol. XIII, nº 43, octubre-diciembre de 2008, pp. 163-164]