✍ Pour une Histoire à part entière [1962]

por Teoría de la historia

Aparece ahora, casi podríamos decir, como un homenaje a la memoria del gran historiador francés Lucien Febvre, este libro en el que se recogen una serie de reseñas y de ensayos, publicados entre 1907 y 1953. Ordenados no cronológicamente, sino por las diversas materias sobre las que meditó el fino espíritu de Lucien Febvre, podemos así seguir su pensamiento sobre las relaciones entre la Geografía y la Historia, sobre la Historia de la Econonúa, sobre la Historia social, sobre la Civilización y, finalmente, sobre la que él denominó Historia de los sentimientos. El lector acostumbrado a la pluma de Lucien Febvre volverá a encontrar aquí esa penetración del juicio y esa riqueza de expresiones, puestas al servicio de una interpretación nueva de la Historia. Nada más revelador, a este respecto, que la ligazón entre Lucien Febvre y Fernand Braudel; para el que no la conociera, bastaría con leer el comentario que hizo Febvre a la aparición de la obra magna de Braudel titulada El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Allí cuenta el comentarista cómo un joven profesor de Argel le indicó un día su propósito de presentar su tesis en la Sorbona sobre un tema encajado dentro de las directrices de la historiografía clásica: La política mediterránea de Felipe II. A lo que Lucien Febvre respondió: “Felipe II y el Mediterráneo, he ahí un buen tema. Pero, ¿por qué no El Mediterráneo y Felipe II?”. Formidable consejo que arrancaba al joven historiador en ciernes, de los caminos rutinarios, para encauzarle por la vereda de una nueva concepción de la Historia. Y así comenzó la gran aventura de Fernand Braudel, una aventura de muchos años de pacientes investigaciones, para captar el ritmo profundo del viejo mar en un momento de su Historia. Y de ese modo vemos a Lucien Febvre, en estrecha solidaridad con la obra de las generaciones siguientes, creando escuela, esa gran aspiración de todo profesional. Pues leyendo esta prosa del historiador francés, representativa de la obra de toda su vida, se comprende bien el por qué del florecimiento de la nueva escuela histórica francesa. Bien sea en sus disquisiciones sobre la evolución del capitalismo y en sus entronques con la Reforma, bien en sus sondeos sobre el término civilización, con sus dos acepciones contradictorias, bien sean sus lucubraciones sobre técnica y maquinismo, nos encontramos siempre con el maestro de la mejor Historia, una Historia nueva frecuentemente por el tema, y sorprendente siempre por la forma sencilla, clara y penetrante con que nos es contada. De ese modo, este libro de Lucien Febvre viene a ser como una antología de lecturas históricas, y una antología de tal calidad, que el autor nos prueba bien que la Historia no tiene por qué ser una ciencia árida y seca. Para todos aquellos que creen que sólo hay un modo de escribir la Historia, y es con el escueto lenguaje de los datos, yo les recomendaría que leyesen las páginas que Lucien Febvre dedica a la historia de los sentimientos, o sus reflexiones sobre la interdependencia entre los personajes creadores y el medio ambiente del que han partido. Admitamos la importancia de la atmósfera social que respiran los grandes personajes históricos, nos dice Febvre; pero no les creamos siempre encadenados a las circunstancias de su tiempo. No son los galeotes que no pueden alzar la vista de su remo, sino los pilotos dominadores de las olas, el ojo atento, siempre atisbando nuevas auroras.

[Manuel FERNÁNDEZ ÁLVAREZ. “Reseña”, in Hispania (Madrid), vol. XXII, nº 88, octubre-diciembre de 1962, pp. 628-629]

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