✍ Erasmo, la Contrarreforma y el espíritu moderno [1957]

por Teoría de la historia

24176Este libro de Lucien Febvre, a excepción de una conferencia inédita, -“Erasmo en su siglo”, pronunciada en 1949 en Río de Janeiro-, es una agrupación de artículos aparecidos en diversas revistas, constituyendo una especie de continuación de Combats pour l’Histoire, publicado en 1953. Aunque las piezas del conjunto habían sido organizadas por Febvre, como se advierte en el prefacio, la muerte le llegó sin que pudiera escribir la introducción con que pensaba encabezarla para relacionarlas con sus obras sobre problemas religiosos del siglo XVI. Los artículos tratan, generalmente, de éstos. Reagrupados en torno a cinco capítulos, se ocupan de los orígenes y desarrollo de la Reforma francesa, de Erasmo y la bibliografía sobre él y de lo que Febvre denomina “proximidades de los tiempos nuevos”, es decir, las cuestiones religiosas del siglo XVII y umbrales del XVIII. De todos ellos, los más originales y profundos son los concernientes al protestantismo francés. A su través intenta esclarecer el problema, ya clásico, del carácter específico, temprano y nacional de la Reforma en este país. Tema que, como él mismo dice, ha sido discutido hasta la saciedad por tres generaciones. Febvre lo resuelve con gran intuición, colocándola dentro del movimiento general religioso del siglo XVI, del cual los reformadores franceses son una manifestación más, surgida en época de mayor o menor primitivismo. Así pues, la cuestión de lo específico, primordial y nacional del protestantismo francés, sólo resulta inteligible cuando se pretende distribuir la Reforma en el cuadro de las naciones. Pero intentar que estos movimientos “no se nutran más que de alimentos fabricados en el propio país por sus patriotas” es absurdo. Concluye diciendo que son problemas sin objeto y cuyas denominaciones deben desaparecer del vocabulario histórico. La parte dedicada a Erasmo es la más superficial. Consiste en una serie de calas en la personalidad del gran humanista y en las versiones clásicas que de ella nos han presentado autores como Renaudet, Huizinga y Bataillon. De ellos, el dedicado a este último es tal vez el mejor. El problema del erasmismo en España es analizado con cuidado y profundidad, reconociendo en un momento dado que “no se puede hacer la Historia religiosa de España como la de Francia o la de los Países Bajos. El simple estudio de la superficie seria vano. Es preciso cortarla en profundidad: así aparece su rica y complicada esencia”. Es de notar cómo Febvre se mueve dentro de las grandes líneas de su pensamiento, esbozado en obras clásicas como el “Rabelais”. También es de notar cómo, dentro de la profundidad y claridad de éste, su expresión puede tacharse en algunos puntos de materialismo e, indudablemente, de excesiva ligereza al tratar puntos de fe muy delicados. Así, lo referente a la necesidad de una Reforma religiosa en el siglo XVI y de una fe “que se adaptara a las nuevas necesidades y a las nuevas condiciones”. Las formas de vida religiosa pueden “ponerse al día”, pero no los principios; han de ser, por el contrario, las “condiciones” y “necesidades” las que se adapten a ellos. Otro tanto cabría decir de sus afirmaciones y comentarios respecto al Abate Loisy, defensor del Modernismo, al que compara con Erasmo. Sus palabras acerca de la vocación sacerdotal nos suenan como escritas por quien la considera como algo tan lejano e incomprensible como las galaxias: “decimos, escribe, que alguien se ha hecho sacerdote, como constataríamos que alguien se ha inscrito en el examen de Bachiller, sin medir el abismo que se produce… Y he aquí al jovenFebvre-Au_Coeur_du_Religieu sacerdote marcado por una impronta que se le dice indeleble; separado de un siglo que él ignora por una multitud de barreras infranqueables”. El uso de algunas de estas expresiones es francamente significativo. Lo mismo cabria decir de lo que opina acerca de “las fórmulas bizantinas y escaramuzas teológicas” de los libros católicos o de la “Roma absolutista y dominadora”. Según él, León X se complació de tachar de hereje a Lutero porque convenía a su política y éste le hizo el juego, sin darse cuenta “de que proveía a la ortodoxia romana del sabor de escándalo y odio que necesitaba, y que un Erasmo se negaba obstinadamente a procurarle, para rechazar ataques tanto más peligrosos cuanto se decían más moderados”. Finalmente, el libro reúne la magia acostumbrada de un estilo impecable, suelto y flexible, con lo profundo de unos conocimientos bien cimentados y elaborados. Naturalmente, donde éstos aparecen con más nitidez es en los temas más conocidos por Febvre: tal es el caso del primer artículo sobre los orígenes de la Reforma francesa, al que acompañan extensos repertorios bibliográficos bien seleccionados. En cambio, los artículos dedicados a Erasmo y “aux approches des temps nouveaux” carecen de este elemento.

[María Teresa PÉREZ PICAZO. “Reseña”, in Hispania (Madrid), vol. XVIII, nº 72, julio-septiembre de 1958, pp. 459-461]