Teoría de la historia

Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias. Área de Historia. Director del área de investigación "Poéticas de la historiografía". BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

␥ Pierre Chaunu [1923-2009]

En la noche del 22 al 23 de octubre de 2009, Pierre Chaunu falleció en su domicilio, en Caen, a consecuencia de una caída. Contaba 86 años. Había nacido el 17 de agosto de 1923, en Belleville, muy cerca de donde se dio la batalla de Verdun, hijo de un ferroviario. Reputado historiador e hispanista, uno de los miembros más destacados de la “École des Annales”, es bien conocido también por el gran público por su valiente postura ante los problemas sociales y morales de nuestro tiempo, que expresó de forma vibrante en libros, conferencias, colaboraciones y debates en los medios de comunicación social. Conocí a Chaunu en 1953, en París, en la École Pratique des Hautes Études, donde Fernand Braudel impartía un fecundo seminario a una decena de jóvenes historiadores extranjeros, fascinados por sus brillantes y sugestivas exposiciones sobre una “historia total”, si bien en tono familiar, coloquial. En sus ausencias, Chaunu, encargado de sustituirle, no desmerecía del maestro, particularmente para los interesados en la historia del mundo hispánico, que conocía perfectamente, pues estaba dando los últimos toques a su monumental tesis doctoral sobre Sevilla y el Atlántico, defendida en 1954. Tuvo la amabilidad de invitarme a cenar en su casa, donde conocí a su esposa Huguette, eficaz colaboradora en sus investigaciones. Pierre, fornido, dotado de una inmensa vitalidad, de palabra firme, Huguette, menuda, fina, inteligente y discreta, formaban un matrimonio perfecto. Aunque enfrascado en un trabajo extenuante, en 1972 aceptó la invitación a colaborar en las primeras “Conversaciones Internacionales sobre Historia”, que celebramos en la Universidad de Navarra, y cuando le solicité, en el año 2003, un prólogo para mi libro Felipe II y Francia, no tardó en contestarme afirmativamente, recordando con gran afabilidad tiempos pasados. Discípulo predilecto de Braudel, partícipe de sus innovadoras ideas sobre una “historia total”, económica, social y de las mentalidades, aparecen plasmadas, entre 1955 y 1960, en su monumental Seville et l’Atlantique (1504-1650): 12 volúmenes y cerca de 8.000 páginas, y, en 1960-1966, en los dos volúmenes de Les Philippines el le Pacifique des Ibériques. En estos dos grandiosos libros Chaunu expone una historia planetaria, oceánica, que se despliega del Atlántico al Índico, ritmada, entre otros elementos y circunstancias, por la corriente de metales preciosos que afluyen de uno a otro, consecuencia de los descubrimientos de españoles y portugueses. Pero Chaunu, sin abandonar la “escuela braudeliana”, fue un avanzado, me atrevería a decir un heterodoxo. Su fuerte personalidad le empujaba a ampliar aún más los horizontes de la historia total, a elaborar una historia que él llamaba “sérielle” en la que, privilegiando la larga duración, la cuantificación debía ponerse al servicio de lo cualitativo: “la historia serial de los sistemas de civilización -escribía- debe ser un retorno a lo cualitativo”. Para ello fundó en la Universidad de Caen, en 1966, el primer “Centre de recherches d’histoire quantitative” y se convirtió, sin dejar de ser historiador, en demógrafo. En 1970, sin abandonar su querida Caen, pasó a la Universidad de París IV (Sorbona), donde ha enseñado hasta su jubilación. Como historiador su obra es inmensa, variada y de excepcional calidad. Probablemente sea el historiador más prolífico del siglo XX. Además de libros de análisis y de síntesis, publicó una caudalosa serie de lo que llamamos obra menor (artículos, críticas, debates, etc.) y contó con numerosos discípulos, hoy brillantes profesores. Sin tratar de ser exhaustivos, señalemos algunas de las obras que le han dado merecida fama, como historiador y como demógrafo, también fuera de Francia, y abierto las puertas de instituciones doctas como “L’Académie française de Sciences Morales et Politiques” y “L’Institut”. Además de las anteriormente reseñadas, destacan las dos sólidas síntesis La civilisation de l’Europe classique (París, Arthaud, 1966) y La civilisation de l’Europe des lumières (París, Arthaud, 1971), y, sobre los inventarios “post mortem”, una excelente obra de análisis demográfico La mort à Paris, XVIe-XVIIIe siècles (París, Fayard, 1978). Converso a la Iglesia Reformada de Francia, se interesó también vivamente por la historia religiosa: Église, culture et société: Essais sur Reforme et contre-Réforme, 1517-1620 (1981); La confesión d’Augsbourg et l’Apologie de la confesión d’Ausbourg de Melanchton, 1497-1560 (1989); Les temps des reformes: histoire religieuse et système de civilisation (1994). Gran parte de esta obra ha sido traducida al español; alguna al italiano y al alemán. Conjuntamente con su abundante producción científica, Chaunu, como ferviente cristiano y abierto a los problemas de su tiempo, estaba profundamente preocupado por el futuro de Francia y de Europa. Una Francia que se descristianizaba, que abandonaba las prácticas religiosas, que destruía la familia, que rehusaba la natalidad y aceptaba sin pudor el aborto, que expulsaba la religión de la escuela… Actitudes, que conducían a un “futur sans avenir”, al “suicide de l’Occident”, serían -sobre todo “la peste blanche” moderna, como bautizó al aborto, más catastrófica que la “peste noire” medieval- el objeto de sus incansables y polémicos combates, en sus colaboraciones regulares, desde finales de los años 1980, en Le Figaro, en Radio Courtoisie, en sus predicaciones en el templo protestante de Courseulles-sur-Mer, en Calvados (Bretaña). Descanse en paz el brillante historiador y precursor de la historia cuantitativa, y valiente debelador de la cobardía de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo.

[V. VÁZQUEZ DE PRADA. “Pierre Chaunu. In memoriam”, in Memoria y Civilización, nº 12, 2009, pp. 7-9]

␥ Louis Marin [1931-1992]

El filósofo, historiador, crítico de arte y semiólogo francés Louis Marin ha sido profesor de literatura francesa en grandes universidades norteamericanas como la John Hopkins y Princeton. También ha sido director de estudios en la École des hautes études en sciences sociales a partir de 1978 y director del Centre de recherche sur les arts et le langage EHESS-CNRS a partir de 1987. Ha consagrado la mayor parte de sus investigaciones a la interpretación de los textos y las imágenes del siglo XVII francés y a la noción de representación, desarrollando así una obra singular de gran poder analítico que recurre a numerosos conceptos de la semiótica contemporánea. Sus principales obras han sido La Critique du discours, consagrado a los Pensées de Pascal y la lógica de Port-Royal (1975), Détruire la peinture (1977), Portrait du roi (1981) y Des pouvoirs de l’image, una obra póstuma publicada en 1993, junto con innumerables artículos en revistas científicas sobre arte y estética (de Poussin a Paul Klee). Louis Marin ha sido uno de los filósofos del arte y uno de los teóricos de la semiología de la imagen y el lenguaje más influyentes de su generación. 

[Fuente: Institut Mémoires de l’édition contemporaine. Traducción del francés por Andrés G. Freijomil]

✍ Historia social del fútbol del amateurismo a la profesionalización [2011]

“Gibbon observa que en el libro árabe por excelencia, en el Alcorán, no hay camellos; yo creo que si hubiera alguna duda sobre la autenticidad del Alcorán, bastaría esta ausencia de camellos para probar que es árabe. Fue escrito por Mahoma, y Mahoma, como árabe, no tenía por qué saber que los camellos eran especialmente árabes; eran para él parte de la realidad, no tenía por qué distinguirlos”. En su famoso texto de 1932 El escritor y la tradición Jorge Luis Borges reflexionaba a partir de este ejemplo memorable, sobre las relaciones entre la literatura y la identidad nacional. El hecho de que Borges tomara para oponerse a las demandas estéticas del nacionalismo, un argumento de la Historia de la declinación y caída del Imperio Romano del historiador británico Edward Gibbon puede sonar un tanto paradójico. Para Borges el escritor, lo “propio” era un hecho, algo que estaba desde siempre allí y allí se mantendría; su obra consistía justamente en la capacidad de alejarse, de ir más allá de esa realidad ineludible. En cambio para Gibbon el historiador, la tarea central era la inversa: cuestionar lo natural y demostrar de qué manera aquello que los hombres jamás se cuestionan de sí mismos es lo que mejor los caracteriza como seres históricos. El proyecto de Historia social del fútbol: del amateurismo a la profesionalización de Julio Frydenberg no podría ser, en ese sentido, más apropiado. Porque el fútbol constituye sin duda uno de los fenómenos medulares de la cultura popular argentina del siglo XX, capaz de articular aspectos tan diversos como las identidades y las prácticas sociales, la conformación de una sociedad de masas o la ampliación de la participación política; y sin embargo, o quizás precisamente por ello, ha pasado prácticamente desapercibido en los estudios y análisis de los sectores populares realizados desde la historiografía profesional. Frydenberg parte de esta primera constatación y plantea la necesidad de reconocer y discutir esa presencia -tan “invisible” como los camellos de Mahoma- del fútbol en la historia argentina. El objetivo del libro es revisar el lugar ocupado por la práctica deportiva y el espectáculo del fútbol en la conformación de los hábitos, sentimientos, creencias y valores de los sectores populares de la ciudad de Buenos Aires a lo largo de las primeras tres décadas del siglo XX. Una investigación que sin dudas se inscribe en el contexto más amplio de toda una serie de trabajos sobre la sociedad porteña de aquella época, consagrados a estudiar en sus diversas facetas el surgimiento y desarrollo de una nueva cultura popular. En esta línea, se podría afirmar que el libro trata de enriquecer la mirada de aquel proceso a partir de una perspectiva poco explorada, dando cuenta de las formas en que tanto la práctica del nuevo deporte como el emergente espectáculo futbolístico influyeron sobre la cultura de los sectores populares. El libro está estructurado en dos grandes secciones y un breve epílogo, siguiendo un orden cronológico. La primera sección abarca la primera década y media del siglo XX y analiza los inicios del deporte y los procesos de popularización de su práctica y surgimiento y masificación del espectáculo futbolístico. La segunda sección se ocupa de los cambios ocurridos en los años veinte, haciendo foco en las relaciones entre el fútbol y el rápido desarrollo urbano; estudia también otros aspectos como el papel jugado por los medios de comunicación masivos de la época, la institucionalización del fútbol; se detiene, finalmente, a analizar el estado de las actitudes y creencias de los jugadores y el público hacia fines de la tercera década y comienzos de la cuarta. Por último, el epílogo sirve como espacio de síntesis y reflexión sobre el trabajo y propone algunas posibles líneas de investigación a futuro. El relato comienza a fines del siglo XIX, con la introducción del fútbol -el football- en el país a través las instituciones educacionales de la colectividad inglesa. Frydenberg realiza una rápida revisión de este primer momento, para luego pasar a plantear uno de los interrogantes centrales de la obra: “¿cómo se transformó el fútbol de un evento de poca relevancia en uno tan atractivo?” (p. 40). En otros términos, el autor se pregunta de qué manera una actividad propia, en la década de 1890, de la aristocracia porteña de ascendencia inglesa se convierte en poco más de una década en un fenómeno sociocultural de enorme masividad, que involucra múltiples ámbitos y genera prácticas y valores novedosos. Es entonces cuando aparece en escena el actor principal de Historia social del fútbol: la juventud masculina proveniente de los sectores populares. En efecto, la popularización del fútbol estará fuertemente ligada a la progresiva y veloz apropiación del nuevo deporte por parte de un creciente número de jóvenes varones que habitan en la ciudad. Son ellos los que convierten a la práctica futbolística en uno de los canales privilegiados a través de los cuáles producir nuevas formas de expresión, identificación y distinción. Formas novedosas que, por cierto, se alejan de los tradicionales criterios de clase y de aquellos de origen inmigratorio (y aquí el trabajo de Frydenberg aporta un interesante matiz a la afianzada imagen de una sociedad porteña plagada de sociedades de socorro mutuo y recorrida por fidelidades étnicas). Por supuesto, en ninguna instancia de la obra el autor pierde de vista que “…la popularización de la práctica del fútbol estuvo asociada, fundamentalmente, a los inicios del espectáculo y a la aparición del deporte en los periódicos”; al contrario, la obra destaca fuertemente el papel jugado por el diario La Argentina (entre 1903 y 1908), el diario Crítica y la revista El Gráfico (durante los años 1920s.) como interlocutores directos de los nuevos players, que hicieron de estos medios gráficos un espacio central para hacer oír sus propias voces. No obstante, el foco se mantiene siempre en la propia creatividad y acción de esa juventud que crece y se conforma a la par del fenómeno futbolístico. Es por ella que, en pocos años, el mero entretenimiento se transforma en una actividad que exige un compromiso emocional y físico. El fútbol despierta en estos jóvenes las pasiones propias de una causa política, convierte sus rivales en “enemigos” y los lleva a involucrarse en una verdadera militancia futbolera. Frydenberg analiza puntillosamente este recorrido que condujo a que en cada partido se terminara jugando “…mucho más que el resultado de una competencia deportiva, puesto que el fútbol era un compendio de infinitas series de elecciones morales” (p. 83). Elecciones morales que, bajo la renovada interpretación de los jóvenes actores, dejarían de estar asociadas al originario modelo inglés del fair play y el sport por el sport e involucrarían otros valores -como la guapeza, la virilidad, el coraje y, fundamentalmente, el honor-, dando forma a un estilo cultural generacional. Pero el proceso de popularización del fútbol no sucede en el vacío, sino en un escenario real y concreto que es el de una ciudad en vertiginoso crecimiento. Y es sin lugar a dudas en la presentación y el análisis de esa relación, casi simbiótica, que se establece entre el fenómeno futbolístico y la construcción de nuevos espacios urbanos, que el estudio de Frydenberg alcanza su mejor y más agudo momento. La hipótesis principal, que el autor consigue demostrar sólidamente, es que el nuevo deporte constituyó un elemento insoslayable en el proceso de formación de las identidades barriales. Esto fue así gracias a la gran plasticidad del fútbol, que le permitía articular “…magistralmente el instante y la excepcionalidad del ritual dominguero con la regularidad y la cotidianeidad de la vida diaria” (p. 130). Pero principalmente porque dio lugar a la aparición del hinchismo, ese fenómeno por el cual el público dejó de ser un simple espectador pasivo y comenzó a sentirse un protagonista activo y de alguna manera, el verdadero dueño del espectáculo. De esta forma, el fútbol fue uno de los ámbitos de creación de un orden simbólico asociado a lo barrial, cristalizado en una cierta noción del estilo de juego y el tipo de jugador propiamente argentinos donde lo esencial y común era la experiencia del mundo pequeño, local y urbano del barrio. En conclusión, Frydenberg consigue insertar adecuadamente la historia del fútbol en procesos más amplios que la condicionaron y definieron; el trabajo se destaca además por su gran rigurosidad -ligada a un notable trabajo de archivo- y es consistente en todo momento. Y aunque es de esperar que las nuevas investigaciones aporten críticas y correcciones, nadie dejará de reconocer el valor y la importancia de este primer esfuerzo por abordar la problematicidad específica del fenómeno futbolístico. Historia social del fútbol es un estudio pionero sobre uno de los temas centrales de la cultura argentina del siglo XX.

[Julián DELGADO. “Reseña”, in Prohistoria, vol. XVI, julio-diciembre de 2011]

✍ Historia del esoterismo en Argentina. Prácticas, representaciones y persecuciones de curanderos, espiritistas, astrólogos y otros esoteristas [2010]

El trabajo de Juan Pablo Bubello, se dedica a analizar todas aquellas cuestiones que propiciaron el asentamiento de prácticas esotéricas en nuestro país, desde las puramente tradicionales, herederas de las culturas autóctonas, hasta formas esotéricas traídas a estas tierras por los movimientos inmigratorios. El campo de lo esotérico, siempre fue algo marginal, no muy bien digerido por los sectores en el poder, aunque tuvo mejores momentos que otros. Por su naturaleza, que responde en sus comienzos a sectores analfabetos, o por prácticas que no estaban socialmente muy bien vistas, es muy poco lo que para algunas épocas existe sobre lo esotérico. Es por ello que las fuentes privilegiadas a la hora de encarar un estudio de este tipo, son precisamente aquellas que han querido poner orden en el asunto, aquellas leyes y reglamentos que, en manos de las autoridades, han tratado de controlar la difusión de estas prácticas. Precisamente, muchas de estas fuentes son los expedientes judiciales de los procesos levantados contra quienes se desempeñaban como artífices en este campo, muy cuestionados por las autoridades de turno, los que representan los documentos más importantes a los que hecha mano el investigador. El autor se preocupa en considerar al campo esotérico como heterogéneo, dinámico y de difícil análisis, cuyas características y prácticas van variando en función de los especialistas que lo llevan adelante, como así también de los tiempos que les toca transitar. Así pues existen una gran variedad de especialistas que han tenido mayor o menor incidencia en la sociedad según los lugares y los tiempos, entre los que podemos encontrar a salamanqueros, saludadores, tatadioses, curanderos, manosantas, videntes, tarotistas, adivinos, astrólogos, teósofos, antropósofos, espiritistas, gnósticos y rosacruces. Los actores del campo esotérico, han sido siempre material de difícil tratamiento, pues hay grandes prejuicios hacia ellos, desde las tradicionales disciplinas sociales. El autor piensa que, “abordar a los esoteristas desde la historia cultural permite no solo conocerlos y hacerlos visibles, sino también prevenir generalizaciones arbitrarias, superficiales y estigmatizadoras como las de folcloristas, historiadores de la medicina, de la religión y/o de la ciencia, que los asociaron, una y otra vez a la superstición, la ignorancia popular, la preciencia o la seudoreligión”. Como mencionamos anteriormente, con frecuencia las prácticas esotéricas fueron perseguidas desde los sectores de poder, por no alinearse fácilmente bajo el orden del organismo de dominación que representa el Estado y a su aliada-rival la Iglesia. Es precisamente cuando comienzan a diseñarse los mecanismos del Estado, a mediados del siglo XIX, cuando aparecen las primeras manifestaciones sistemáticas, para desprestigiar, castigar y, consecuentemente, eliminar a las prácticas esotéticas. Esta intención encuentra una vía de desarrollo en la incipiente conformación del campo profesional de la medicina, y su legitimación como monopolio del tratamiento de enfermedades. El discurso que la modernidad llevó adelante, de características hegemónicas, colocó a la razón, a la ciencia y a la secularización por encima de lo religioso, al que fue desplazando, paulatinamente a la esfera de lo privado. En este proceso lo esotérico se ocultó, se estigmatizó y se negó. La conformación del campo profesional de la medicina científica, inició una cruzada antimágica, que tuvo como panegírico, la lucha contra el ejercicio ilegal de la medicina, que sirvió eficientemente para combatir las prácticas esotéricas difundidas en la sociedad. Es por eso que la dinámica propia del campo esotético, fue mutando sus prácticas y discursos, para no caer en tal denominación y evitar la punición correspondiente. Pero lo esotérico tuvo otro delineado perseguidor: la Iglesia. La amenaza se manifestó en la competencia de las prácticas esotéricas en lo referido a la espiritualidad. La invocación a ciertas fuerzas mágicas provocadas por los curanderos frente al dogmatismo detentado por la Iglesia, hacía que muchos fieles prefirieran en ciertos casos, acudir al curandero, quien frecuentemente solucionaba sus problemas espirituales. Frente a los diversos debates en torno al tema, el autor se preocupa por dejar en claro la pertinencia de considerar al campo esotérico como una categoría propia, diferente al campo científico y religioso. Para los discursos estigmatizantes de estos últimos, lo esotérico fue siempre lugar de la ignorancia, el engaño, el fraude y el pecado, pero a la vez rebelde y persistente, lo que hacía muy difícil el combate. Pero no todas fueron negativas para el sector esotérico, sino algunos de sus actores desarrollaron la habilidad de establecer relaciones de poder con los sectores dominantes, que confluyeron en alianzas, que tuvieron notables consecuencias. Sólo basta mencionar el nombre de José Lopez Rega, para dar cuenta de lo que queremos expresar. Hoy en día las polémicas antiesotérica continúan, promovidas desde sectores de la ciencia y la religión. La legislación y la acción represiva del Estado continúan, “El artículo 208 del Código Penal (ejercicio ilegal de la medicina), sancionado en 1921, se mantiene vigente y los funcionarios encargados de aplicar la justicia penal prosiguen condenando a los que ejercen prácticas esotéricas de sanación que estiman contrarias a la salud pública”. El libro de Juan Pablo Bubello, es un apasionante camino, muy bien documentado, por el poco explorado mundo de lo esotérico y por su lucha por ser considerado parte constitutiva del mundo cultural del Río de la Plata.

[Marcelo MÓTTOLA. “Reseña”, in Prohistoria, vol. XV, enero-junio de 2011]

✍ Ebla, una ciudad olvidada. Arqueología e Historia [1986]

Raras son las excavaciones arqueológicas que han proporcionado restos, materiales y documentación escrita de una riqueza comparable a la de Tell Mardikh, la antigua Ebla; probablemente habría que remontarse al descubrimiento de Ugarit en 1929, para encontrar un equivalente. En el caso de Ebla, las excavaciones llevadas a cabo por la misión arqueológica italiana perteneciente a la Universidad La Sapienza de Roma tuvo el mérito de rescatar de la arena a un imperio desconocido y uno de los sistema de escritura, más antiguo del Próximo Oriente. La ciudad de Ebla era conocida a través de las fuentes aportadas por los conquistadores acadios pero sus sucintas menciones no dejaban imaginar las características de la ciudad Siria. A fin de explorar en el modo de excavación y el funcionamiento de la civilización eblaíta, Giovanni Pettinato presenta su tercer trabajo sobre el tema. Sin embargo la aparición en español de un título originalmente en italiano “Ebla. Novi orizzonti della storia” (1986, Rusconi) no es la mera traducción del original, sino el progreso en los estudios en los campos de la epigrafía y la filología eblaíta con su consecuente búsqueda de problemas interpretativos. En la obra se conjuga por un lado la reseña de la experiencia arqueológica del singular descubrimiento que recorre los trabajos iniciados por Sabatino Moscatti en 1964 hasta 1974 cuando se reconocen las estructuras palatinas del III milenio y por el otro la capacidad de Pettinato como filólogo que logra descifrar las tablillas provenientes de sucesivas excavaciones para reconstruir los aspectos tales como la concepción de la realeza, el rol de la mujer en la estructura palatina, las modalidades del comercio y el manejo de las relaciones exteriores. La complejidad documental y particularmente, la complementariedad de los datos arqueológicos y textuales llevan a un reconstrucción global de la cultura material a la ideología. El trabajo constituye un singular aporte para la historia de Cercano Oriente ya que tradicionalmente se solía basar la cultura paleosiria del Bronce Medio en una determinada interpretación de su desarrollo cultural que negaba toda autonomía a los centros de la Alta Siria, no observando en sus manifestaciones culturales más que una sucesión de influencias egipcias y babilónicas. La debilidad de esta reconstrucción histórica era lo suficientemente evidente pero los argumentos para rebatirla eran un tanto débiles. El análisis crítico de algunos aspectos de la cultura paleosiria parecía permitir trastocar los propios términos del problema histórico. El hallazgo de la Biblioteca del Palacio Real, que contenía veinte mil tablillas posibilitó rebatir cuestiones fuertemente enraizadas en la historiografia de Cercano Oriente. De allí que la obra ahonda en uno de los aspectos centrales de las sucesivas misiones: el desciframiento de las tablillas. Pettinato en su condición de epigrafista de la misión fue en principio objeto de críticas por lo revolucionario del hallazgo: una nueva lengua que remitía a un importante archivo administrativo de unas mil piezas que ilustran aspectos económico-administrativos no sólo de la ciudad sino de todo el Levante. En términos del autor, este descubrimiento, un auténtico tesoro epigráfico, estuvo marcado en principio por el escepticismo en el mundo académico para convertirse en los últimos años en un núcleo central en la historia de Cercano Oriente, donde se replantean cuestiones historiográficas tan centrales como las diferencias de la concepción de la estructura estatal respecto a Egipto y Mesopotamia en una región erróneamente considerada como hábitat de nómades sin centros urbanos. Ésta se presenta como un centro que origina una civilización que, por sus características, se encuentra perfilando nuevos horizontes de investigación. Pettinato es un reconocido experto en temas relacionados a la historia mesopotámica, condiciones que le valió en el trabajo de análisis comparativo de los primeros tablillas provenientes de Ebla, que él logra descifrar textos que, en una cuidada selección se ofrece en el anexo documental: tratados internacionales, boletines militares cartas registros del estado, referidos a la política internacional ya la economía palatina; relacionando dos disciplinas la arqueología y la lingüística. La cuestión recae en el trabajo que se realiza con los archivos reales analizando la administración y el complejo mapa del poder que mantenía una concepción de monarquía todavía próxima a sus orígenes tribales, manejando una intrincada red de relaciones internacionales, que muy claramente mantenía la atención las ciudades de Siria del norte y del Eufrates medio; y al mismo tiempo se relacionaba con Mesopotamia, desde lo lingüístico y desde los abultados intercambios comerciales. Uno de los aportes de este libro es poner a disposición de estudiosos e investigadores una cuidada selección documental. La contribución de los descubrimientos de los archivos del palacio real, es fundamental para la historia del Cercano Oriente. Para hacerse una idea del valor revolucionario de los datos proporcionados por las tablillas de Ebla, es importante señalar, que ese notable grupo de textos es la única gran serie de documentos escritos del III milenio que no proviene ni de Mesopotamia ni de Egipto. El conjunto de los descubrimientos epigráficos y arqueológicos de la Ebla protosiria permite conocer una nueva lengua, una nueva cultura. El mérito del libro de Pettinato radica en relatar las campañas arqueológicas, profundizar en los intrincados laberintos del desciframiento, lo que le permite profundizar el complejo mapa del poder eblaíta.

[Silvia CROCHETTI. “Reseña”, in Anuario (Universidad Nacional de La Pampa), nº 3, 2001, pp. 311-313]

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