␥ Wolfgang J. Mommsen [1930-2004]

por Teoría de la historia

Cuando llegó la hora de escoger carrera universitaria, no quiso ser historiador. Wolfgang J. Mommsen tenía delante de sí el ejemplo de su padre, Wilhelm, que acababa de perder su cátedra de Historia en la Universidad de Marburgo, en parte por haber mostrado simpatías por el nacionalsocialismo, en parte víctima de las siempre inmisericordes rencillas del mundillo académico. Por lo que su hijo estudió un semestre de física y matemáticas y después trabajó medio año en una fábrica. Nunca supo explicar por qué le espantó tanto la perspectiva de convertirse en ingeniero, pero el hecho es que regresó a la universidad y se adentró en las ciencias sociales. Quizá, sencillamente, no hubo escapatoria de los genes. Wolgang J. Mommsen no sólo era hijo, sino también bisnieto de historiador. Y no de cualquiera, sino del monumental Theodor Mommsen, autor de la Historia de Roma y premio Nobel de Literatura de 1902. Y ahí estaba también Hans, hermano gemelo de Wolfgang, que asimismo primero optó por otra carrera, la germanística, para después acabar en la historia. Nacidos el 5 de noviembre de 1930 en Marburgo, ambos irían a convertirse en referentes intelectuales de la por fin democrática y pacífica Alemania. Se habían repartido el trabajo: Wolfgang se ocupó de la frustrada revolución de 1848, de la creación del Estado nacional, del Imperio guillermino y de la Primera Guerra Mundial (1848-1918), mientras que Hans centró su atención en la República de Weimar y en el Tercer Reich (1918-1945). ¿Ocupación favorita? “Agudas discusiones”. ¿Mayor debilidad? “Pasarme en mis juicios a la hora de tratar a los demás”. ¿Principal característica? “Búsqueda de la ecuanimidad, pese a mi personalidad polémica”. Así se definió él mismo en un cuestionario llenado para el Franfkurter Allgemeine Zeitung. Sin importar de qué tema se tratase -desde el papel desempeñado por los historiadores en el Tercer Reich, pasando por la supuesta continuidad entre nacionalsocialismo y estalinismo, hasta llegar a la reunificación del país y las actuales reformas-, Wolfgang J. Mommsen siempre estaba ahí, al pie del cañón de la retórica académica. También por fuera de Alemania se le reconocía como uno de los mayores expertos en el estudio de la política del siglo XIX. En España, Siglo XXI publicó en su Historia Universal (1995) su “La época del imperialismo. Europa 1885-1918”. Durante casi 30 años fue catedrático de Historia en la Universidad de Düsseldorf, pero también pasó por el Instituto Histórico Alemán en Londres, por el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (EE.UU.), por el St. Antony’s College de Oxford y por la Universidad de Chicago, entre muchas otras instituciones. Más que el recuento y análisis de hechos históricos, el eje pivotal de su obra fue un pensador, Max Weber. El sociólogo alemán (1864-1920) había sido discípulo predilecto de su bisabuelo y también pariente político del clan de historiadores, por su matrimonio con Marianne Schnitger. Desde su tesis de doctorado -Max Weber y la política alemana, presentada en 1959-, Wolfgang J. Mommsen siempre volvería al genio del autor de Economía y Sociedad. A cargo también de la edición de sus obras completas, uno de sus últimos trabajos, de hecho, fue el intento de reconstruir, con base en crípticos apuntes, las conferencias sobre economía nacional dictadas por Weber entre 1894 y 1898. Entre lo que él mismo llamó “empeños menores”, este año también participó profusamente en los debates a propósito del 90 aniversario de la Primera Guerra Mundial. Wolfgang J. Mommsen falleció en agosto de 2004, a los 73 años, fulminado de un infarto mientras nadaba en el Báltico.

[Ciro KRAUTHAUSEN. “Wolfgang J. Mommsen, historiador”, in El País, 21 de agosto de 2004]

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