␥ Ranajit Guha [1922]

por Teoría de la historia

Como lo recuerda una corta biografía redactada en honor del fundador de Subaltern Studies, [Shahid Amin y Gautam Bhadra, “Ranajit Guha. A Biographical Sketch”, en David Arnold y David Hardiman (ed.), Subaltern Studies VIII, Delhi, Oxford University Press, 1994, pp. 222-224], el historiador indio Ranajit Guha nació en 1922 en Bengala (distrito de Bakarganj), en el seno de una familia de terratenientes acomodados y educados. Su padre era abogado, y como toda una generación de indios de las clases pudientes, él mismo recibió una educación sólida que combinaba el conocimiento del sánscrito, el bengalí y el inglés y que lo condujo hasta el prestigioso Presidency College de Kolkata, y después a la universidad de esa misma ciudad. Al igual que un cierto número de hombres de su generación, desde muy joven se afilió al Partido Comunista Indio y se convirtió al marxismo. Su militancia activa lo desvió de los caminos universitarios clásicos (no presentó el examen de doctorado) y terminó por convertirse en su actividad de tiempo completo a partir de 1947. En ese año emigró de la India hacia París, donde se instaló como miembro de la Federación Mundial de la Juventud Democrática (World Federation of Democratic Youth). En 1953, después de recorrer Europa y haber frecuentado los círculos más diversos, Guha regresó a la enseñanza en la Universidad de Kolkata. Después de la invasión a Hungría, en 1956, abandonó el Partido Comunista. En 1959 llegó a Inglaterra, donde durante 21 años impartió clases; primero, en la Universidad de Manchester, después en la School of African and Asian Studies de la Universidad de Sussex. De sus años de militancia hay que recordar tres elementos importantes. Por un lado, su adhesión al marxismo, que sentó las bases del programa “subalterno” lanzado en 1982, aunque se tratara entonces de un marxismo crítico. Por otra parte, su estancia en Francia, que lo familiarizó con una producción histórica, lingüística, antropológica y filosófica que le sirvió, a partir de ese momento, como fuente de inspiración. Finalmente, la publicación de su primera obra, en 1963, bajo el título A Rule of Property for Bengal, libro dedicado a su maestro, el historiador indio Sushobhan Sarkar, que describe con sutileza los fundamentos de la política británica sobre la posesión de la tierra, puesta en marcha en Bengala a partir de 1793 y conocida con el nombre de Permanent Settlement. El envión esencial de esta política consiste en consolidar “permanentemente” los derechos y las obligaciones (particularmente en materia fiscal) de una clase de propietarios indios (los zamindars) en el contexto del orden colonial naciente, no sólo con el objetivo de vincularlos mejor sino de inculcarles nuevas normas y referencias fundadas en el principio de la propiedad privada —base fundamental sobre la que se construye, según los europeos, una “sociedad moderna”. Al insistir en la realización de descripciones de figuras influyentes en los orígenes de aquello que quiere mostrarse como un verdadero “sistema”, Guha revela los lineamientos de una imaginación colonial nutrida por reflexiones filosóficas —en particular las de los fisiócratas que circulaban entonces entre las dos capitales intelectuales de la época, París y Edimburgo—, así como por las primeras visiones orientalistas que se funden con las premisas de la indología. A Rule of Property for Bengal propone un análisis de gran fineza y revela el interés que Guha otorga al universo de la tierra y a las sociedades rurales —que, subsecuentemente, serán prioritarias en los estudios subalternos— el cuidado que tiene el autor al momento de describir el universo cultural e intelectual en el que se sumergen los individuos que observa y, finalmente, su conocimiento de la Europa de la Ilustración. No obstante, esta primera obra todavía presenta una factura clásica —en el sentido en que Europa domina el tema como actor central de la investigación. Bengala aparece como el objeto de proyecciones intelectuales y políticas para los “reformadores” británicos encargados de idear una “nueva sociedad” sometida al devenir imperial. Antes de la aparición del segundo libro de Guha, Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India, transcurrieron 20 años. Publicado en 1983 durante el lanzamiento del primer volumen de Subaltern Studies, los dos textos participaron estrechamente en un mismo proyecto científico. Se requirieron, por lo tanto, 20 años para refinar minuciosamente nuevas perspectivas de investigación y reunir en torno del autor a jóvenes historiadores, indios o británicos, en un contexto intelectual profundamente influido por las grandes figuras de la historia marxista británica, Edward P. Thompson, Christopher Hill y Eric Hobsbawm, pero también por la lectura de Claude Lévi-Strauss, Pierre Bourdieu, Roland Barthes, Jack Goody, Clifford Geertz, Max Gluckman y otros, sin olvidar a los partidarios de la historia social francesa y, más específicamente, a Georges Lefebvre. Todos estos autores están incluidos en la bibliografía de Elementary Aspects. Por el contrario, Michel Foucault nunca es citado directamente en sus trabajos. Es posible ver cómo se dibuja —en la muy abundante lista de autores que Guha reivindica, y que sobrepasa ampliamente las fronteras de la disciplina histórica— el interés inicial que muestra en el estudio del lenguaje y la semiología, así como en la antropología, en especial la estructuralista; filiaciones que los actuales defensores de los estudios subalternos tienden a ocultar. Estos 20 años de gestación están también marcados por el contexto político en el que se inscriben Guha y sus estudiantes: el de una izquierda marxista disidente, agitada por las desilusiones que suscitan los regímenes burocráticos del “socialismo real”, los desvíos tercermundistas y los límites de las teorías marxistas ortodoxas. El marxismo se mantiene como un horizonte intelectual esencial tanto para unos como para otros —aún lo es actualmente, en especial para D. Chakrabarty, el más fiel entre todos, como lo muestra la discusión que entabla con los escritos de Karl Marx en un libro reciente (Provincializing Europe. Postcolonial Thought and Historical Difference, 2000). Es en la obra de Antonio Gramsci donde Guha encuentra el primer armazón teórico de su proyecto. Al buscar la manera de librarse de una red analítica fundada exclusivamente en las relaciones de clase, las estructuras sociales y las referencias a las estrictas lógicas económicas, explora una línea explicativa que otorga un lugar más amplio a la cultura, la conciencia, la autonomía de la acción y la diferencia. Como lo subraya David Ludden, la obra de Gramsci traducida al inglés entre las décadas de 1950 y 1960 no tiene verdadera resonancia sino a partir de 1977, con la publicación del libro de Raymond Williams, Marxism and Literature (Londres, Oxford University Press). El uso que Guha hace de este libro, constituye un medio de intervención —desde un ángulo nuevo— en el debate en curso sobre la history from below, que se desarrolló entre las huellas de los trabajos de E. P. Thompson. Sin embargo, el propio Guha rechaza esta fórmula al considerarla fundada sobre un presupuesto elitista. Los estudios que hablan sobre los grupos sociales ignorados hasta entonces, las “clases y culturas populares” o, incluso, los movimientos sociales, “las revueltas campesinas” y “las insurrecciones obreras” se multiplicaron en los años sesenta y setenta en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, y encontraron su equivalente en las tierras del sur de Asia en el desarrollo de las investigaciones rurales y de las monografías locales, así como en el estudio de las revueltas populares, lo que, en el contexto colonial, está acompañado naturalmente por una reflexión sobre los orígenes del nacionalismo. Al apoyarse sobre el conjunto de dichas experiencias, Guha prepara su segundo libro, Elementary Aspects, del mismo modo que su colega Sumit Sakar —futuro disidente del proyecto subalternista— prepara en ese momento una nueva síntesis de la historia contemporánea india, en cuyo centro coloca los movimientos populares. Las condiciones de emancipación del yugo colonial y del advenimiento de la nación son entonces objeto de un debate extremadamente animado, con la publicación en 1968 del libro de Anil Seal, The Emergence of Indian Nationalism. Competition and Collaboration in the Later Nineteenth Century, producido en el seno de la llamada “Cambridge School of South Asian History”. Esta tesis propone una historia de las instituciones políticas durante el periodo colonial, que se interesa particularmente en la interacción entre las camarillas, las facciones y las ambiciones personales al interior de las instancias representativas indias para la conquista del poder —éstos son los objetivos de todos los ataques, y en particular de los de Guha y del programa de los Subaltern. En su artículo publicado en el volumen I, así como en la introducción de Elementary Aspects, Guha denuncia la historiografía elitista que reduce el nacionalismo a los conflictos de intereses y a la competencia que se desarrolla exclusivamente entre los grupos dominantes, o que solamente conciben al nacionalismo como un “aprendizaje” (learning process) gracias al cual las élites indias se encuentran progresivamente incluidas en la práctica política al negociar su posición en el marco de las instituciones coloniales y al aprender a servirse, poco a poco, de las palancas de poder que construyeron los británicos según las modalidades que exige “la modernidad política”. Para Guha, la “Cambridge School” simboliza los límites de una historiografía enteramente dedicada al análisis de los “grandes del mundo” e ignora al pueblo y a sus acciones. Otros, como el historiador estadounidense Bernard S. Cohn (quien será asociado al programa subalternista), fustigan a la “Cambridge School” por su visión “politicista” de la historia y por la ausencia de interés hacia la cultura, valores, ideas y lazos sociales indios. Es también el momento de la crítica de la visión encantada por el nacionalismo, descrito durante mucho tiempo como una larga aventura idealista conducida por las élites indias ilustradas que extirparon al pueblo de su estado de sujeción y de miseria para conducirlo hacia la libertad. Esta visión encantada, representada en particular por el historiador Bipan Chandra, insiste en el papel de líderes como Jawaharlal Nehru o Mohandas Gandhi —los más conocidos—, o de organizaciones políticas —en primer lugar, el Indian Nation Congress—, y subraya la oposición superada entre las élites indias —completamente consagradas a la emancipación nacional— y los representantes del poder colonial deshonrado. Guha considera que se trata de otra versión de una historia que no concibe la acción política sino a través de las acciones de los líderes y de los partidos, e ignora los movimientos populares y, especialmente, la resistencia campesina, a la que considera “prepolítica” —según el modelo propuesto por E. Hobsbawm. Ahora bien, Guha considera que una noción que califica de formas “primitivas” a las revueltas caracterizadas por la falta de conciencia de clase, de programa o de ideología es inadecuada, ya que, hasta principios del siglo XX, el contexto indio continúa ampliamente dominado por una organización política, económica y social de tipo precapitalista y semifeudal —legitimado por una cultura tradicional aún soberana. Los británicos contribuyeron a consolidar dicha organización al reforzar la estabilidad de un orden sostenido por terratenientes encargados de cobrar las rentas y los impuestos. Las revueltas campesinas no pueden colocarse fuera de la esfera política en la India pretextando su carácter arcaico o “premoderno”, ya que éstas no solamente han tenido una plena participación en la acción política sino que, en la misma medida que otros movimientos, también forman parte de los elementos constitutivos de la “modernidad política” […]

[Isabelle MERLE. “Subaltern Studies. Regreso a los principios fundadores de un proyecto historiográfico de la India colonial” (fragmento), in Estudios de Asia y África, vol. XLIII, nº 1, enero-abril de 2008, pp. 210-217]

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