Teoría de la historia

Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias. Área de Historia. Director del área de investigación "Poéticas de la historiografía". BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

◼ La idea de mundialización, según el historiador Jacques Le Goff [2001]

Conocer las formas anteriores de la mundialización es necesario para comprender las que vivimos y para adoptar las posiciones que conviene tomar frente a este fenómeno. Dos obras escritas en los años setenta atañen a una noción que creo que es capital para el problema de la mundialización, y en particular de la actual: la de la economía-mundo. Estos dos libros son el del sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein The Modern World System (1974) y el del historiador francés Fernand Braudel en el tercer volumen de Le Temps du monde de su Civilisation matérielle. Économie et capitalisme, Xème-XVIIIème siècle (1979). […] El fenómeno que se produce hoy día es que en el fenómeno de la mundialización hay una primacía de lo económico. Es una primacía relativamente reciente que surge en Occidente con el capitalismo de los siglos XVI y XVII, y que Sismondi definió muy bien a principios del siglo XIX en sus Nouveaux principes d’économie politique (1819): “El género humano, o toda esta parte del género humano que comercia junta y que de alguna forma no constituye más que un solo mercado”. Como la principal señal de la mundialización son los precios, conviene reflexionar sobre el hecho de que el dinero (y los precios) es un fenómeno esencial en el corazón de la mundialización. Pero Fernand Braudel insiste con fuerza en el hecho de que pensar sólo en la economía sería no sólo un error, sino un peligro. “La historia económica del mundo”, escribe, “es la historia entera del mundo, pero vista desde un solo observatorio: el observatorio económico. Elegir este observatorio es privilegiar de antemano una forma de explicación unilateral y peligrosa”. Este autor subraya que en toda mundialización hay cuatro aspectos esenciales, que, según él, constituyen también órdenes: un aspecto económico, un aspecto social, un aspecto cultural y un aspecto político. Insiste también en el hecho de que estos órdenes, aunque son útiles para analizar el fenómeno, no funcionan y no deben considerarse por separado, sino que forman en cierto sentido un sistema y no se puede aislar la economía de los otros aspectos (es muy importante hoy día y las lecciones del pasado deben iluminarnos). […] Las mundializaciones históricas señaladas por Braudel son: la antigua Fenicia, Cartago, Roma, la Europa cristiana, el Islam, Moscovia, China e India. Estas mundializaciones, que también adquieren forma de imperios -y esto plantea un problema si se quieren analizar históricamente-, se han presentado primero como construcciones esencialmente políticas: es el caso de Roma, de China y de la guirnalda de países dependientes de que se ha rodeado, de India. El caso de Roma me parece especialmente interesante, porque los romanos tenían la impresión de que extendían su dominación sobre el conjunto del mundo habitado y proyectaban hacerlo. Por lo tanto, ahí había una verdadera intención mundializadora. Habían retomado el término griego para designar ese mundo habitado -la ecúmene- y el Imperio Romano se presentaba como el gobierno de la ecúmene. Por otra parte, se podrían encontrar mundializaciones parciales; por ejemplo, la Hansa, que reagrupaba en la Edad Media a toda una serie de ciudades y corporaciones en Europa del norte. Aquí aparece otra noción importante cuando se habla de la mundialización: la noción de red. El fenómeno de la mundialización tiende a constituir redes y a apoyarse sobre estas redes. […] La mundialización implica que hay un desarrollo. Es un término que significa una evolución, y la mundialización es un fenómeno que conquista espacios y sociedades. Hay una respiración de la historia entre los periodos de globalización / mundialización (hay que distinguir periodos de expansión de los imperios a pesar de los lazos entre los dos movimientos) y periodos de fragmentación. Pero hay un hilo conductor, más o menos continuo, de perseverancia de la mundialización como futuro de la historia. Esta tendencia está estimulada por los avances de la técnica y de los instrumentos de comunicación. […] Fernand Braudel subrayaba que la mundialización capitalista moldeaba el espacio político-geográfico. Alrededor de un centro, de una ciudad, sede de un organismo de impulso, la Bolsa, funcionaban “brillantes segundos” más o menos alejados, y la relación centro-periferia dominaba este sistema jerarquizado espacialmente. Fueron, sucesivamente, Amberes, Amsterdam, Londres, Nueva York. Yo creo más en la importancia de ciertos espacios y Estados económico-políticos. En la Antigüedad fue la Roma mediterránea; de la Edad Media al siglo XV, Europa; hoy día, Estados Unidos. El dominio de la mundialización exige una resistencia razonable y razonada a estas hegemonías. […] En el fenómeno de la mundialización hay una idea de éxito, de conseguir algo; pero si hay progreso, al mismo tiempo, correlativamente, están las desgracias ligadas a las mundializaciones históricas y que ponen de relieve los peligros de la mundialización actual. ¿Qué aportó Roma a esta ecúmene que ella dominó durante siglos? Le aportó la paz; la pax romana es un elemento ligado a la mundialización. Por consiguiente, el espacio de la mundialización puede y debe considerarse un espacio pacífico. Evidentemente, hay que saber lo que significa esta pacificación, cómo se ha obtenido -desgraciadamente, a menudo se ha conseguido con la guerra- y qué representa la dominación, aunque sea pacífica, que ha aportado. La mundialización romana aportó a los habitantes, o en todo caso a la capa superior de los habitantes de este espacio mundial, la sensación de una ciudadanía universal: ciudadanos del mundo. El ejemplo más conocido es Pablo de Tarso, San Pablo, ese judío que devino cristiano, que afirmaba con fuerza: “Cives romanus sum” (“Soy ciudadano romano”). Por otra parte, la mundialización romana llevó a la formación de un espacio jurídico; por lo tanto, hay nociones y prácticas de derecho ligadas a esta pacificación y que deben acompañarla. Por último (¿accesoriamente?), hay un problema que dura hasta hoy: el de la lengua, la unificación lingüística. ¿Qué hay que poner en la cuenta de esta mundialización? Al final de un periodo muy largo -varios siglos-, la mundialización romana se mostró incapaz de integrar o asimilar a los nuevos ciudadanos, a los que había llamado “bárbaros”, y que, al no poder integrarse en el espacio y el sistema romanos, se sublevaron contra él. En general, la mundialización llama, a largo o corto plazo, a la revuelta de aquellos para los que no supone un beneficio, sino una explotación e incluso una expulsión. La colonización ligada a la expansión de Europa, y que acabó bajo las formas del capitalismo, comenzó en los siglos XV y XVI, y afectó sobre todo a África y América. Entre lo que se puede llamar progreso hay que decir que puso fin -me choca que se hable tan poco de ello- a la crueldad de las dominaciones y de las culturas precolombinas en América. Los Estados aztecas, incas e incluso mayas eran Estados de una gran crueldad interna, cuyo caso más llamativo eran los sacrificios humanos. Un problema muy importante en lo que respecta a la mundialización es lo que ocurre desde el punto de vista de la salud, del estado biológico de las poblaciones. Ahí, el balance también es desigual. En América, el resultado fue un resultado globalmente catastrófico. Los colonizadores aportaron involuntariamente, excepto quizá indirectamente por la difusión del alcohol, sus enfermedades, sus microbios, sus bacilos, y perturbaron profundamente, o destruyeron, el equilibrio biológico de los pueblos mundializados. Pero también hay que ver cómo esta colonización aportó los avances de la higiene y de la medicina (más recientemente, esto es especialmente cierto en África). Además, no creo ceder al mito de los colonizadores franceses, en particular del siglo XIX y la III República, si digo que la mundialización debe aportar, y aporta a menudo, la difusión de la escuela, del saber, del uso de la escritura y de la lectura. Desde luego, en el otro platillo de la balanza, me aparecen dos grandes desgracias: lo que llamaría violación de las culturas anteriores de los pueblos con una auténtica destrucción de esas culturas. Aquí tiene que entrar en juego un componente importante de la mundialización: la religión. […] Me gustaría hablar […] de lo que podríamos llamar, aun a riesgo de resultar chocante, los peligros del monoteísmo. La mundialización ha adquirido un carácter universal con las religiones -dejando aparte el judaísmo, que sólo se dirige a una sociedad particular-, y el cristianismo o el islam, con el monoteísmo, han aportado una idea que se desliza fácilmente -la historia lo ha demostrado- hacia la intolerancia e incluso la persecución. Por otra parte, […] nos damos cuenta de que, sobre todo desde que el aspecto económico se ha vuelto primordial, la mundialización desarrolla, crea o en todo caso exacerba la oposición entre pobres y ricos o dominantes. El empobrecimiento es un mal hasta ahora casi inevitable de las mundializaciones. […] Las mundializaciones no sólo han violado las culturas, sino también la historia. “Pueblos sin historia”: esta expresión, inventada a menudo por los colonizadores, ha herido a poblaciones que de hecho tenían una historia, a menudo oral, una historia particular, y que fueron realmente destruidas. La destrucción de la memoria, de la historia del pasado, es algo terrible para una sociedad.

[Jacques LE GOFF. “Suerte y desgracia de las mundializaciones”, in El País, 24 de noviembre de 2001. Este texto recoge amplios fragmentos de la intervención de Le Goff en el Foro de la Academia Universal de las Culturas cebrado el 13 y 14 de noviembre de 2001 en París]

␥ Witold Kula [1916-1988]

Las obras de Witold Kula se han publicado en diversos países de la Europa Occidental y sus teorías han sido ampliamente discutidas por los historiadores occidentales. El presente texto por ello no pretende más que ser un resumen de tales teorías. Witold Kula nació en 1916 en Varsovia y murió en el mes de abril de 1988. A partir de 1950 desempeñó el cargo de catedrático de la Universidad de Varsovia. Sus intereses intelectuales le condujeron desde unos primeros estudios sobre los talleres del siglo XVIII en Polonia, esto es, los orígenes del capitalismo en este país, hasta la formulación de una teoría económica del sistema feudal realizada en los años sesenta. La realidad es que Kula centró su investigación en torno a los orígenes de la industria polaca durante la crisis capitalista de los años 30, y este hecho tuvo notables repercusiones en el futuro de sus intereses científicos. La búsqueda e investigación en archivos le ocupó unos veinte años, convirtiéndose en la base de su vasto conocimiento y erudición histórica acerca de los fenómenos y mecanismos que caracterizan la coexistencia de diferentes formas de organización socioeconómica. Los dos volúmenes que componen sus “Ensayos en torno a los talleres polacos del siglo XVIII” fueron publicados en el año 1956 como resultado de sus amplias investigaciones. En ellos se analiza el latifundio como medio de producción en un país económicamente subdesarrollado. Durante muchos años Witold Kula centró su investigación en los problemas del campo y del campesinado, en el marco de la ampliamente estudiada formación agraria. En 1962 publicó una síntesis parcial de los resultados a los que había llegado en “Teoria ekonomiczna ustroju feudalnego. Próba modelu” (“Una teoría económica del sistema feudal. Hacia un modelo de la economía de Polonia entre 1500 y 1800”). Una versión ampliada de este libro ha sido publicada en italiano, francés, inglés, español y portugués, y diversas reseñas han aparecido en dichos idiomas. Durante los años 1960, Kula centró sus investigaciones en torno al desarrollo del capitalismo en Polonia. En el contexto de la Europa del este, Kula llegó a considerar este fenómeno como un ejemplo significativo del problema más amplio del crecimiento económico en los países subdesarrollados. En esa época Witold Kula pertenecía de una forma activa a un grupo de investigación que se ocupaba de los problemas que afectaban al tercer mundo, grupo integrado por Oskar Lange, Mieczyslaw Kalecki y Czeslaw Bobrowski. Por otro lado, en el mismo período de tiempo, Kula comparaba los resultados de sus estudios sobre la historia económica de Polonia con las tesis de Gerschenkroii acerca del proceso de industrialización de los países subdesarrollados. En el contexto de Polonia, la originalidad de los logros científicos alcanzados por Kula reside en el uso de un análisis a corto y a largo plazo en la creación de un modelo económico del feudalismo. Toda su obra recibió la importante y marcada influencia de las ideas de Keynes y Chayanov: del primero tomó el empleo de la teoría macroeconómica, y del segundo la utilización del análisis microeconómico. El análisis microeconómico le sirvió a la hora de recomponer la correlación entre los ingresos, consumo, ahorro y las inversiones de los campesinos. Además Kula intentó hallar métodos de análisis de las empresas que funcionan de una forma independiente del mercado. Reconstruyó dos elementos fundamentales del sistema que estaba investigando: el feudo basado en el trabajo de los siervos, y la hacienda particular del pequeño propietario de tierra. El consideraba el feudo como una empresa con vocación exterior, es decir, con un objetivo consistente en la exportación de su producción de trigo. También conviene prestar atención a las influencias que guiaron a Kula en su reconstrucción del funcionamiento del sistema económico feudal. Se dan en este caso una serie de conexiones relevantes con la escuela francesa de historiadores: Annales. Una obra preparada de forma conjunta por Kula y sus discípulos del Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de Polonia, llevada a cabo a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, vino a constituir una contribución importante a las investigaciones acerca de la transición al capitalismo en el marco de la historia social. La sociedad del reino de Polonia durante el siglo XIX es el tema central de la obra. Kula había escogido esta sociedad como ejemplo tipificador de un período de grandes cambios durante el cual se produjo un enfrentamiento entre los diversos modelos de estratificación social. Al iniciar su estudio sobre el problema de la antinomia inherente al desarrollo, el autor partió de la concepción de que el auge y la consolidación de los privilegios sociales y políticos de ciertas clases (o en el caso del capitalismo el subdesarrollo de algunos países), fueron el precio a pagar por el progreso económico. La obra científica de Kula evolucionó desde unos primeros estudios en torno a la industrialización, hasta investigaciones sobre la teoría económica del feudalismo. Intentó asimismo dar respuesta a preguntas relacionadas con la génesis del capitalismo y la transición del feudalismo al capitalismo. En su opinión la génesis del capitalismo constituía la cuestión más problemática de la historia económica, y se preguntaba si era posible desde el punto de vista teórico deducir el capitalismo del feudalismo. No obstante, los análisis que llevó a cabo en torno a la estructura feudal no apuntaron a ningún factor perteneciente a la sociedad feudal que pudiera servir de punto de arranque para dar inicio a la transición hacia el capitalismo. El proceso de cambio de una sociedad feudal a otra capitalista puede producirse de dos maneras: bien como resultado de una intervención desde el exterior, es decir por el capitalismo originado con anterioridad en otro lugar, bien como resultado de la actuación de factores internos del propio sistema feudal. El auge de las relaciones capitalistas en Polonia fue debido a una serie de factores, tanto de naturaleza interna como externa. Dentro de los factores de naturaleza externa Kula estableció una clara distinción entre los procesos económicos, sociales y culturales, relacionados con la formación del capitalismo en la Europa occidental, tales como: el acceso a ciertos bienes de lujo, el progreso tecnológico, la urbanización y la temprana industrialización, la cual motivó la búsqueda de los mercados más baratos para la obtención de las materias primas, y finalmente, el progreso de las comunicaciones. Los factores internos son fenómenos permanentes y reiterativos, cuya interacción acumulativa nos lleva a las transformaciones estructurales del sistema feudal. En el caso concreto de Polonia, Witold Kula se dedicó a especificar cada una de las fuentes internas de la desintegración del sistema feudal y de su transición y posterior conversión en otro sistema diferente: la tendencia predominante entre los campesinos de obtener excedentes de sus productos, costara lo que costara, y de establecer contacto con el mercado; y la tendencia hacia la concentración y el aislamiento económico de las grandes haciendas rústicas. Las condiciones del intercambio comercial entre los nobles y los campesinos eran asimismo favorables para Polonia. Kula negaba, sin embargo, que existieran las pruebas necesarias para afirmar que si este modelo continuase funcionando durante suficiente tiempo, conduciría automáticamente al surgimiento del capitalismo y a la revolución industrial. Kula rechazaba cualquier determinismo o inevitabilidad de la sucesión de los sistemas socioeconómicos en la evolución de la sociedad humana. Su afirmación de que no se puede prever el curso de la historia está, al mismo tiempo, basada en la idea de que el desarrollo de las sociedades es multilinear. Esto se relaciona con el papel de la libertad de acción, y la actividad de los seres humanos a la hora de determinar su propio destino. Según la opinión de Kula, no existe una regla general en cuanto a que una acumulación primaria debiera necesariamente preceder a la carrera hacia la industrialización. Tales fenómenos se produjeron de forma simultánea, y no correlativa. El capitalismo no nació de la economía feudal estándar como consecuencia de graduales transformaciones internas, sino más bien se agregó a ella, en cierta manera, como un sistema cuasi autónomo. Kula también avanzó una clasificación de los procesos de industrialización que se produjeron con éxito en determinados países capitalistas. Según Kula fue una característica de Inglaterra el que la acumulación primaria, que duró tres siglos, estuviera acompañada desde muy pronto por la acumulación capitalista, a la vez que el comercio con el exterior tuvo una importancia considerable. En Alemania y Japón la instituciones feudales fueron eliminadas por orden de la autoridad superior, y un sector de los señores feudales se convirtieron en grandes industriales. En ambos países la política proteccionista del estado tuvo una importancia capital. El rasgo característico de los Estados Unidos, por el contrario, fue la ausencia de un sistema feudal y un proceso de industrialización fomentada en gran medida por las necesidades de la expansión de la agricultura y el rápido crecimiento de la población. Witold Kula construyó su modelo bajo el supuesto de que los distintos fenómenos económicos repercuten de forma diversa en el feudalismo y en el capitalismo. En su “Teoria ekonomiczna ustroju feudalnego” (“Una teoría económica del sistema feudal”) trató de describir los mecanismos que determinan el funcionamiento del sistema feudal. Para ello aprovechó los descubrimientos de las ciencias sociales, en particular la Economía y la Sociología. La influencia de las teorías marxistas sobre las tesis de Kula fue notable. Con todo, Witold Kula centró su análisis en torno a las relaciones de división, y no en las de producción como sucede en los escritos de Marx. Al intentar llegar a lo que puede ser el conocimiento más amplio de los problemas de la transición al capitalismo, Kula examinó dicho proceso desde todas sus facetas, preocupándose por la economía, la sociedad y las vidas de los individuos, pero sin descuidar el aspecto intelectual y la visión mundial.

[Marek CHAMOT. “Witold Kula. Su teoría del feudalismo como punto de partida para la investigación sobre los orígenes del capitalismo”, in Areas. Revista de Ciencias Sociales, nº 11, 1989, pp. 57-59. Traducción de Monika Pawlowska]

✍ El contenido de la forma. Narrativa, discurso y representación histórica [1987]

Desde mediados de siglo, tanto la filosofía neopositivista como la escuela francesa de los Annales volvieron a plantear el viejo debate sobre el estatuto epistemológico de la historiografía, tratando de superar la dicotomía historicista entre “ciencias del espíritu” y “ciencias de la naturaleza”. A pesar de sus enormes diferencias, los filósofos anglo-americanos y los historiadores franceses coincidían en su pretensión de dotar a la historiografía de un estatuto científico. Unos y otros pensaban que la historia científica debía acabar con las dos grandes variantes de la historia narrativa: la crónica novelada del pasado y la especulación profética acerca del futuro. Sin embargo, a partir de los años sesenta, se inicia un movimiento de reafirmación del carácter narrativo de la historia. En el mundo anglo-americano, destacan los nombres de Arthur C. Danto, W. B. Gallie. Louis O. Mink y Hayden White. En Francia, Roland Barthes, Paul Veyne y Paul Ricoeur. El relato histórico revela su secreto parentesco con el relato de ficción: ambos son, a fin de cuentas, dos formas de escritura que recurren a análogos procedimientos retóricos. Por tanto, la historiografía no es absolutamente separable de la creación literaria, pero tampoco es absolutamente separable de la filosofía de la historia, esto es, de las presuposiciones ideológicas del historiador. Éstas son, precisamente, las tesis “metahistóricas” que Hayden White ha venido defendiendo desde hace veinte años, en obras tan notables como Metahistory. The historical Imagination in XIXth Century (1973) y Tropics of Discourse (1978). La primera traducción española de los trabajos de Hayden White no corresponde, sin embargo, a ninguna de estas dos obras, sino a una recopilación de ocho artículos que el propio autor reunió y editó en 1987. Todos ellos habían sido publicados entre 1980 y 1982, sea en obras colectivas o en revistas especializadas41RkOPRVCPL como Critical Inquiry, History & Theory y Diacritics. Como puede observarse, Hayden White no sólo publica sus textos en revistas dedicadas a la teoría de la historia, sino también en revistas dedicadas a la crítica literaria. Esto es ya indicativo del carácter fronterizo de su pensamiento. Hayden White atraviesa sin dificultad las fronteras entre las diversas disciplinas, pero también entre las diversas tradiciones filosóficas (sobre todo, entre la tradición anglo-americana y la «continental»), y en ello reside una gran parte del valor de sus escritos. Cuatro de los artículos giran en tomo al pensamiento historiográfico de otros tantos autores (Droysen, Foucault, Jameson y Ricoeur), y los demás artículos se ocupan de problemas tan relevantes como la responsabilidad ético-política del historiador, la relación entre texto y contexto, el papel de la narración en la representación de la realidad y el estatuto narrativo de la historiografía. En realidad, este último tema es el hilo conductor de todos los trabajos. Como el propio autor afirma en el Prefacio, se trata de averiguar hasta qué punto la “forma” narrativa determina el “contenido” del discurso historiográfico.

[Antonio CAMPILLO. “El contenido de la forma. Narrativa, discurso y representación histórica”, in Δαíμων. Revista internacional de Filosofía, nº 5, 1992. p. 224]

✍ Historia económica de América Latina [1979]

Sin duda alguna, la publicación de una obra sobre la historia económica de América Latina concita las expectativas de los especialistas y de un amplio espectro de lectores interesados en el tema. Los autores del trabajo que comentamos reúnen a la cualidad de haber logrado la consideración de los estudiosos en asunto tan controvertido, la aceptación que indiscutiblemente han merecido sus numerosos libros y artículos sobre problemas metodológicos en el ámbito latinoamericano. Dividida en dos volúmenes que contienen algo más de doscientas páginas cada uno, esta producción de Ciro F. S. Cardoso y Héctor Pérez Brignoli ensaya ofrecernos una visión original del proceso histórico de Latinoamérica desde el terreno, todavía sin desbrozar en grandes áreas, de la historia económica. Ciertamente, los autores indican en el prólogo que: «El texto que se ofrece al lector constituye, ante todo, un esfuerzo de síntesis y un ensayo de interpretación» … «La única ambición de este libro es la de ser un instrumento de ayuda en la construcción de hipótesis, en la definición de problemas y prioridades de invesligación». Se advierte, asimismo, que los problemas de la historia agraria constituyen, en definitiva, el eje en la reconstrucción histórica que se ensaya. Se entiende, por otra parte, que sólo partiendo de esa perspectiva se pueden sortear escollos como el que significa asimilar: «la historia latinoamericana a variantes, sin mayor interés, de las etapas o procesos ya dados en la historia europea» y aquel otro que acentúa las relaciones de dependencia y “caracterizan la dinámica del cambio social y económico en Latinoamérica como un mero reflejo de la de los países más avanzados”. Los propósitos han sido claramente enunciados, las metas definidas. El primer volumen de esta historia trata de los «Sistemas agrarios e historia colonial», y el segundo de «Economía de exportación y desarrollo capitalista» Ahora bien, una vez culminada la obra, entra ésta en la región polémica de las interpretaciones de la realidad económica y social de América Latina. Es un peligro que todo intelectual decidido a proponer sus puntos de vista a partir de los datos que maneja en su especialización, debe aceptar, y los autores de estos dos volúmenes poseen plena consciencia de este riesgo, y de algunos más. Por ejemplo, el que encierra conformar una visión científicamente válida de algunos problemas. Así, han decidido que: «La elaboración de tipologías de la estructura social y económica vinculada explícitamente a los procesos de transición estudiados en el capitulo cuarto queda, necesariamente, para un futuro trabajo». La actitud proviene, queremos pensarlo así, de una apreciación objetiva de la realidad. No siempre los ensayos encuadrados en los límites señalados antes alcanzan plenamente sus propósitos; en principio, porque el terreno sobre el que debe trabajar el historiador de América Latina carece aún de fundamentos suficientemente sólidos. La producción histórica adolece, en la mayoría de los países, de un excesivo peso historiográfico hacia el pasado colonial y las guerras por la emancipación. El periodo independiente, en cambio, si bien puede exhibir un caudal de obras considerable, no siempre están ellas caracterizadas por el rigor científico; por otra parte, algunos temas obligan al investigador a trabajar en la mayor soledad intelectual. Escasas, aunque valiosas, han sido las aportaciones en historia económica, precisamente el terreno escogido por los autores del libro que reseñamos hoy. La historiografía muestra, en esta disciplina, lagunas muy sensibles; ello se debe, ante todo, a la relativa juventud de los estudios en historia económica por parte de los investigadores latinoamericanos. Igual extremo puede afirmarse del conocimiento sobre composición, comportamiento e incidencia de los diversos grupos sociales en la conformación de las estructuras regionales. El primer capítulo de esta Historia económica de América Latina ofrece al lector un extenso análisis de los obstáculos que presenta la investigación para el periodo pre-estadístico; de las perspectivas metodológicas y, claro está, de las lineas privilegiadas actualmente por la historiografía. Los autores no han pretendido, ciertamente, plantearse una historia económica de América Latina en el sentido más tradicional; se trata, más bien, de presentar un cuadro bien meditado de los problemas que la investigación presenta; de los obstáculos a salvar; de los horizontes viables, así como una serie de reflexiones metodológicas. Es de señalar que aproximadamente la cuarta parte de la obra está destinada a una exposición que, aunque en cierta forma nos ofrece muestras de metodología aplicada a problemas concretos, puede también ser ubicada como una prolongación de los estudios que los autores han presentado ya en su libro Los métodos de la Historia. Intento que, en definitiva, merece aprobación puesto que se desarrolla en un terreno tan carente de ellos como es la historia latinoamericana. El segundo volumen contiene un extenso estudio acerca de «la transición al capitalismo periférico», vale decir, el tránsito desde el periodo colonial al capitalismo. Encuentran, en casi todos los países, procesos básicos similares. «Estas transformaciones se efectuaron a través de tres procesos básicos la abolición de la esclavitud, la reforma liberal y la colonización de áreas vacías». Cada uno de estos aspectos ha sido estudiado siguiendo un ordenamiento que, por fuerza, se resuelve de manera descriptiva: tal es, por ejemplo, el caso del apartado que lleva por título: «Colonización de áreas vacías». El conjunto nos provee, sin embargo, de los elementos suficientes para plantear una interrogante centrada en la existencia o insuficiencia de una acumulación primitiva de capital sobre la base de los elementos señalados más arriba. Entramos así en una de las instancias medulares de la obra, de acuerdo a su ordenamiento temático: las economías de exportación, cuyo estudio inician los autores a partir de un límite cronológico situado en el año 1870, cuando se consideran suficientemente permeables las estructuras de América Latina a los incentivos de tipo capitatista, y prolongan hasta 1970. Inútil seria ensayar una reseña de todos los temas abordados en el libro sobre tan complejo y conflictivo período, inserto en la historia de larga duración. Anotaremos, sin embargo, que el capitulo examina, sin de¡ar de lado el planteamiento de sus temas concurrentes, la experiencia latinoamericana en su vinculación con el mercado mundial; nos ofrece una descripción estructural del desarrollo, y culmina indagando la naturaleza del crecimiento económico del continente. El material cuantitativo ha sido integrado en numerosos cuadros y gráficas que cumplen la tarea de hacer más comprensibles algunos sectores abordados por la exposición general. Debemos señalar, finalmente, que una obra que ha sido escrita con los presupuestos arriba mencionados resulta siempre, aun teniendo presentes las limitaciones historiográficas analizadas, un aporte importante, llamada a ocupar un sitial destacado en la bibliografia especializada.

[Nelson MARTÍNEZ DÍAZ. “América Latina: nuevos enfoques”, in Tiempo de historia (Salamanca), Año VI, nº 66, 1980, pp. 125-126]

␥ Jenofonte [401 a.C.-354 a.C.]

Las fuentes de que disponemos para datar la vida de Jenofonte nos vienen dadas por su propia obra, particularmente la Anábasis, y por las anécdotas que nos cuenta Diógenes Laercio en sus Vidas. Nace en Atenas en la primera mitad del s. IV a. C, en el seno de una familia acomodada. Su infancia y juventud transcurrieron en el ambiente incierto y turbulento de las Guerras del Peloponeso (431-404) en las que participó formando parte de las fuerzas ecuestres, como le correspondía al ser miembro de la clase de los caballeros. Estamos ante la crisis del modelo de estado democrático de Pericles y la decadencia de los valores morales y filosóficos en los que, hasta entonces, se había fundamentado la sociedad ateniense. Durante el gobierno de los Treinta, Jenofonte partió en una expedición mercenaria a Persia conocida como “los Diez Mil” en apoyo del príncipe persa Ciro, que se enfrentaba con su hermano Artajerjes. El futuro historiador llegaría a hacerse amigo y admirador de Ciro, y a la muerte de éste, la expedición que mandaba Jenofonte quedó abandonada a su suerte, por lo tuvieron que abrirse paso a través de 1.500 km. de territorio hostil hasta conseguir volver a su patria. Este es el argumento de la Anábasis. De regreso a Grecia conoce a Sócrates, haciéndose discípulo suyo, y tras un breve período al servicio de un príncipe tracio, Jenofonte encontró un nuevo líder en el rey espartano Agesilao, que comandaba las fuerzas griegas contra los persas. En el 394 a. C. tuvo lugar la batalla de Corona, en la que se enfrentaron contra una coalición de la que formaba parte Atenas. La vinculación de Jenofonte primero al ejército persa y luego al espartano, enemigos ancestrales del estado ateniense, provocaron que fuera desterrado de su patria, aunque se desconoce la fecha exacta en la que sucedió esto. En todo caso, la protección de Agesilao le proporcionó un lugar de retiro en territorio eleo, una propiedad rural cerca de Olimpia, en la que pudo dedicarse a la vida contemplativa y comenzó a escribir parte de su prolífica obra. En el 371 tuvo lugar la batalla de Leuctra, tras la cual los eolios recuperaron los territorios que les habían sido arrebatados por Esparta y Jenofonte tuvo que trasladarse a Corinto, donde residió hasta que le fue conmutada la sentencia de destierro, gracias a una nueva alianza espartano-ateniense contra Tebas. De vuelta a su ciudad natal, completaría el resto de sus escritos. Como hemos podido comprobar, este autor estuvo treinta años fuera de su patria en diversas campañas militares, lo que le permitió adquirir una gran experiencia en el campo militar, convirtiéndose en un hombre de mundo. La obra de Jenofonte es muy amplia tanto en sentido cuantitativo como en cuanto a la multiplicidad de temas que trata. Se ocupa fundamentalmente de la historia, pero también de la filosofía, la política, la economía e incluso escribió tratados sobre la práctica de la hípica y la caza. Su contacto con Sócrates, coincidiendo con la época en que éste fue juzgado, nos permite acceder a una visión del filósofo distinta de la que nos ofrece Platón, claramente desfigurado por intereses ajenos a la historiografía. Platón se sirve de la figura de Sócrates para apuntalar su propia filosofía, mientras que Jenofonte nos plantea un punto de vista relativamente más sincero. También éste estuvo junto al famoso filósofo en el momento de su muerte, y fruto de aquella relación son varias de sus obras: la Defensa de Sócrates, los Recuerdos de Sócrates y el Banquete, obra homónima a la de Platón y que trata el mismo episodio, la cena en la que Sócrates, rodeado de su círculo de allegados, discute sobre la naturaleza del amor. La obra de Jenofonte tiene dos grandes virtudes: nos proporciona una amplia cantidad de información sobre aspectos variados de la vida de sus contemporáneos y constituye un excelente conjunto de textos para quien se introduce por primera vez en el estudio de la lengua griega, debido a su sencillez. Como contrapunto, la crítica moderna ha mostrado de manera casi unánime un cierto desprecio hacia el valor histórico y literario de sus escritos. Se le acusa de parcialidad, de omitir numerosos datos importantes y falta de un espíritu realmente científico y riguroso. Ciertamente, aunque no podemos asegurar que llegase a falsear los hechos que relata, es evidente que en su relato de las guerras hay huecos, digresiones y saltos en el tiempo, además de no realizar un auténtico análisis sobre las causas de los acontecimientos, limitándose a describirlos. Su intención era continuar la línea de Tucídides; de hecho la Anábasis pretende ser la continuación de la Historia de la Guerra del Peloponeso. También se han resaltado los conocimientos precisos que tenía Jenofonte sobre estrategia militar, que afectarían positivamente a la descripción de batallas, sin olvidar cierta habilidad para crear un ambiente dramático y la profundización psicológica que lleva a cabo en algunos de los personajes más cercanos a él, como Ciro o Agesilao.

[Fuente: Akademos. Grupo de Filología clásica de la Universidad Carlos III]

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