Teoría de la historia

Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias. Área de Historia. Director del área de investigación "Poéticas de la historiografía". BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

␥ Alberto J. Pla [1926-2008]

El 10 de agosto de 2008 falleció en la ciudad de Rosario, donde había nacido en enero de 1926, el historiador marxista Alberto J. Pla, especialista en el estudio del movimiento obrero y de la realidad latinoamericana durante el siglo xx. Por su preocupación en el desarrollo de una historiografía de izquierda comprometida con la lucha política y social emancipatoria, por su honestidad y consecuencia en el mantenimiento de los principios socialistas y por su empeño en divulgar, ampliar y renovar la cultura marxista, la vida y la obra de Pla merecen un análisis y un homenaje. En la existencia de Pla se confundieron de manera creativa y fértil, una y otra vez, la dimensión del militante con la del intelectual universitario, de ninguna de las cuales quiso abdicar, sino, precisamente, potenciar en su mutua interrelación. Su interés por la política se inició de manera precoz en la ciudad de La Plata, adonde se había traslado a estudiar hacia mediados de los años cuarenta. Tras un fugaz paso por la juventud del Partido Socialista, en 1946 Pla ingresó al pequeño Grupo Obrero Marxista (GOM), liderado por Nahuel Moreno, uno de los dos grupos más importantes del movimiento trotskista argentino de aquella época. El otro era el Grupo Cuarta Internacional (GCI), orientado por J. Posadas, luego oficializada como sección argentina de aquella organización mundial. Pla abandonó las filas del GOM y, hacia fines de los años cuarenta, se incorporó al CGI, luego transformado en Partido Obrero Revolucionario. Su participación activa en la tendencia de Posadas se mantuvo durante más de una década y media. Alejado de una inserción orgánica en dicha corriente, desde mediados de los años sesenta, se mantuvo durante cierto tiempo próximo a algunas de sus posiciones teóricas y políticas. Con el transcurso de los años, Pla definió una adscripción más global al pensamiento y las posturas inspiradas en la tradición de León Trotsky, apostando a una reivindicación y reinvención de un marxismo clásico y al mismo tiempo abierto, no dogmático e inconformista. Desde esa ubicación, nunca abandonó su compromiso con la lucha de los trabajadores, de los explotados y de los oprimidos por el capitalismo, el imperialismo, las dictaduras y los regímenes burocráticos falsamente denominados socialistas. Sin renunciar a sus compromisos militantes y en forma paralela a ellos, Pla supo desplegar una relevante trayectoria como intelectual académico. Egresado de la carrera de Historia, hacia mediados de los años cincuenta, combinó, durante el medio siglo siguiente, una dedicación apasionada por la docencia, la investigación y la escritura. En su intento por entrelazar el marxismo con los aportes de la historia social, en especial con la influenciada por la escuela francesa de los Annales, Pla encontró en José Luis Romero y Sergio Bagú a algunos de sus primeros puntos de referencias en su disciplina. En su primera etapa, su actividad docente se desarrolló en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Luego, sus clases y sus estudios se extendieron por las universidades de Buenos Aires, Bahía Blanca y Salta. Por mantener sus ideas fue varias veces afectada su inserción en los claustros; primero, con la imposición de la dictadura de Onganía y su política de intervención a las universidades, luego, con el accionar de la ultraderecha bajo el gobierno de Isabel Perón y, finalmente, con la llegada del feroz régimen del Proceso. En su obligado exilio en la ciudad de Caracas, Pla enseñó en la Universidad Central de Venezuela, al mismo tiempo que fundó un Centro de Estudios del Movimiento Obrero. Por esos años, elaboró y defendió su tesis doctoral en la Universidad de Paris VIII, sobre la historia sindical venezolana durante la primera mitad del siglo XX. En 1982-1984, vivió en México, como académico en la Universidad Autónoma de Puebla. Tras su regreso al país, en 1985, fue profesor regular de las cátedras de historia de América Latina Contemporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y, la mayor parte del tiempo, en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Unos años después, fue nombrado Investigador Principal del Conicet. En 2005, la entrega del doctorado Honoris Causa de la UNR confirmó el lugar de Pla como uno de los más importantes representantes de las ciencias sociales del país en las últimas décadas. La obra escrita dejada por Pla es vasta y diversa. Además, trascendió el ámbito local, pues buena parte de ella se editó, circuló y se hizo conocida en varios países latinoamericanos (México, Venezuela, Perú) y España. Uno de sus asuntos más abordados fue el de la historia económica, social y política de nuestro continente desde visiones globales y de larga duración. Representativas, en este sentido, fueron sus obras América Latina siglo xx: economía, sociedad, revolución (1969) y La burguesía nacional en América Latina (1971), en donde trazó un retrato de la clase dominante de la región a partir de la sociedad colonial, proponiendo un análisis teórico que se centraba en los conceptos de modo de producción y de formaciones económico-sociales; allí también indagó en el frustrado desarrollo independiente de la burguesía continental durante el siglo xix, y el margen de autonomía que aquella podía exhibir frente al imperialismo en el siglo xx. En el marco de la discusión sobre la teoría de la dependencia, polemizó con Andre Gunder Frank y Theotonio dos Santos, y rescató un concepto de raigambre “posadista”, el de “Estado revolucionario”, para proponer una respuesta a la alternativa planteada por él como inevitable en aquellos convulsionados años setenta: imperialismo o socialismo. Auscultó de manera meticulosa y apasionada los procesos revolucionarios latinoamericanos: México (1911), Bolivia (1952), Cuba (1959), Nicaragua (1979), rechazando las concepciones etapistas e intentando restituir el carácter vivo, dinámico y permanentista de los mismos. En Modo de producción asiático y las formaciones económico-sociales inca y azteca (1979), continuó su examen al período precolombino. La otra temática a la que Pla dedicó atención fue la historia del movimiento obrero y de la izquierda en América Latina, sobre la cual aportó muchos artículos, folletos y libros, como su compilación Clase obrera, partidos y sindicatos en Venezuela, 1936-1950 (1982) y La Internacional Comunista y América Latina (1996). Asimismo, hay que mencionar los proyectos que encaró en el mítico Centro Editor de América Latina, como director de dos colecciones de textos, escritos por diversos académicos militantes: Historia de América en el siglo xx (1971-1972) e Historia del Movimiento Obrero (1972-1974). Los materiales se publicaron y vendieron masivamente, en entregas por fascículos, y luego fueron compiladas en varios tomos. En aquella década, miles de militantes y estudiantes comenzaron su formación en estos temas a partir de estas obras. Varios de los que nos iniciamos en la vida política e intelectual desde principios de los años ochenta, repetimos ese mismo ejercicio, casi como un ritual inevitable. Por otra parte, Pla incursionó en los problemas teóricos, metodológicos y epistemológicos, tanto del marxismo como de la historiografía y las ciencias sociales en general, ámbitos que siempre pensó de manera entrelazada. En este sentido, pueden señalarse Ideología y método en la historiografía argentina (1972), La Historia y su método (1980), Historia y socialismo (1988) y el más reciente América Latina: mundialización y crisis (2001). En ellos, el autor realizó una disección de las diversas concepciones y corrientes historiográficas, nacionales e internacionales. En las obras más antiguas, impugnó la historiografía tradicional local (tanto la liberal como la revisionista) y señaló los límites de la nueva historiografía económica y social emergente desde los años cincuenta-sesenta, al mismo tiempo que afirmó (a partir de una crítica de la obra de Rodolfo Puiggrós y Jorge Abelardo Ramos) la inexistencia de una genuina corriente historiográfica marxista en la Argentina. También arremetió contra el estructuralismo, especialmente en su versión althusseriana, por entender que incomprendía el carácter contradictorio de la realidad y liquidaba el devenir y la historicidad, en función de modelos estáticos, proponiendo recolocar a la lucha de clases en el lugar central de análisis. Si bien pueden discutirse varios de los argumentos de Pla, es rescatable el motivo central que los animó: la intención de reestablecer y valorizar el pensamiento y el proyecto científico-político de Marx (de cuya tradición poseía un conocimiento erudito), en contra de los reduccionismos, los determinismos y las manipulaciones. Pla también tuvo importancia en la formación de nuevas generaciones de historiadores, que realizó desde una perspectiva académica y militante, con sencillez y lejos de la pedantería. En las últimas dos décadas, parte de sus investigaciones se realizaron en un espacio colectivo por él impulsado, el Centro de Estudios de Historia Obrera (CEHO) de la UNR. También merece destacarse su experiencia como uno de los fundadores y principales animadores, a partir de 1984, de la revista socialista de teoría, sociedad y política Cuadernos del Sur, que representó una bocanada de aire fresco en el campo intelectual y político de la izquierda argentina. Fue un crítico implacable del orden existente y de la dominación burguesa. Hasta sus últimas reflexiones, siempre entendió que la crisis del capitalismo mundial transnacionalizado no era otra cosa que una “crisis de civilización”, sólo superable con la construcción consciente y libre de una sociedad socialista por parte de las masas autoemancipadas. Ese fue uno de sus grandes legados, de vigencia inquebrantable.

[Hernán CAMARERO. “Alberto J. Pla y su compromiso militante por una historiografía socialista”, in Herramientas. Debate y crítica marxista, Año XII, nº 39, octubre de 2008]

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✍ El orden conservador. La política argentina entre 1880 y 1916 [1977]

El Orden Conservador. La política argentina entre 1880- 1916, apareció publicado por primera vez, en 1977 por la editorial Sudamericana. Hoy, 31 años después, este libro es aún una referencia ineludible para pensar tanto el período del 80 al Centenario como la dinámica política argentina moderna. En El orden conservador, Natalio Botana propuso un tema de debate medular: las posibilidades de consolidar las instituciones republicanas en la Argentina. Esta inquietud atraviesa el trabajo de Botana como historiador, cientista político, periodista y ciudadano. Evaluados en conjunto, sus distintos libros proponen un examen de las posibilidades de existencia de la república, entendida como un régimen jurídico institucional sostenido por un conjunto de valores, en convivencia con la democracia. Mientras que en El Orden Conservador estudia los mecanismos institucionales que permitieron a los actores construir y conservar el poder político, en La Tradición Republicana propone una biografía intelectual de Alberdi y Sarmiento para descubrir el itinerario de las ideas republicanas en un país en escorzo. Este recorrido, así entendido, es el de las posibilidades de realización del proyecto de libertad política, el de la república democrática, propuesto en la Constitución Nacional. Sin embargo, la producción en conjunto ha tenido un impacto historiográfico desigual. La caracterización institucional de El orden conservador constituye el marco de referencia obligado para la comprensión política del período. En este libro, Botana explora los mecanismos institucionales que permitieron a los actores implantar un principio de legitimidad, poner en marcha un sistema de dominación, conservarlo, defenderlo y reformarlo. A través de un análisis mixto, entre teoría política e historia, en este libro construye la dinámica política finisecular; un modelo de interpretación sólido que cubre un arco temporal entre la federalización de la ciudad de Buenos Aires y el acceso de Roca a la presidencia hasta la sanción de una nueva legislación electoral, la ley Sáenz Peña que implicó la pérdida del poder político del PAN. En cambio su análisis de los valores que dieron lugar a su formación -desarrollado en profundidad en La tradición republicana- de los distintos discursos que entrelazan la virtud, el poder del Estado, la riqueza y la historia, quedó más rezagado en el debate historiográfico. La tradición historiográfica recogió la propuesta de El orden conservador y formuló a partir de éste una versión, hoy comúnmente aceptada, para entender la dinámica política. La fórmula alberdiana se convirtió en la llave para entender la política. Según esta versión simplificada del modelo de análisis de Botana, se habría establecido una combinación entre una receta operativa, que ofrecía los mecanismos para controlar el poder evitando las luchas de la elite, a través de la restricción de los derechos políticos, y una prescriptiva que se establecería plenamente una vez transformadas las costumbres. De este modo, el régimen conservador quedó asociado a la idea de una república falsa en contraposición con una experiencia que sería verdadera una vez que se llevase a la práctica la instauración plena de los derechos políticos. A partir de esta perspectiva, el debate historiográfico quedó centrado en torno a las posibilidades del régimen político y se superpuso de este modo con la visión que propone el momento del fin de siglo como origen mítico de la democracia republicana. Uno de los campos de discusión quedó, así, articulado por la pregunta sobre la posibilidad de la conformación de un sistema electoral democrático. Los partidos, el voto y el debate sobre el deber ser de la participación política organizaron ese campo. La articulación entre república y democracia forma parte, hoy en día, del debate político que enfrenta a dos formas de comprensión de la política, la republicana y la liberal […].

[Ana Leonor ROMERO. “A treinta años de El orden conservador. Un Dossier sobre un clásico de la historia política” (fragmento), in Boletín Bibliográfico Electrónico del Programa Buenos Aires de Historia Política, Año I, nº 2, 2008]

␥ François Bédarida [1926-2001]

El historiador francés François Bédarida nació en marzo de 1926 en Lyon y era hijo de un conocido profesor de la Sorbona. Estudió en l’Ecole normale supérieure, donde tuvo como maestro a René Rémond. Fue además un miembro comprometido de la resistencia, integrado dentro del denominado círculo de Témoignage chrétien. Terminada la guerra, conseguiría en 1949 la agregación en historia y, tras un breve paso por Marsella, ejercería su actividad en el instituto francés del Reino Unido (1950-1956), país en el que pasaría largas temporadas: entre 1956 y 1959 como adjunto de investigación del CNRS y entre 1966 y 1970 como director de la Maison française d’Oxford. Estos períodos marcarían toda su trayectoria, pues Bédarida se convertiría en un reputado especialista en la historia social británica. Sin embargo, entre nosotros su faceta más conocida es quizá la que desarrollaría en los años posteriores. En efecto, vuelve a París en 1971, tras una etapa como Visiting fellow en Oxford, y es nombrado Maître de conférences en el Institut d’études politiques de dicha ciudad, donde desarrollaría su actividad hasta 1978, una actividad en la que destacaría su tarea como fundador del afamado Institut d’histoire du temps présent (IHTP), el cual dirigiría desde 1978 hasta 1990 Como es conocido, este centro heredaba inicialmente la labor del Comité d’histoire de la Deuxième Guerre mondiale que había sido creado en 1951 con el objeto de servir de memoria viva de todo lo acontecido en la segunda guerra mundial, tanto de la ocupación como de la liberación, para lo cual uno de sus objetivos fundamentales era precisamente el de reunir todos aquellos fondos documentales que pudieran ayudar en tal propósito. Pero el IHTP no ha sido sólo el núcleo de la historiografía francesa sobre esa contienda, sino que se ha convertido en lo que los franceses llaman el “polo” de esa historia del tiempo presente, sin olvidar sus reflexiones generales sobre el oficio y la disciplina, todo lo cual conforma lo que ellos denominan “la epistemología de la historia del tiempo presente”. Así pues, sus primeras obras se centraron en los estudios sobre la sociedad inglesa, con volúmenes como Syndicats et patrons en Grande-Bretagne (Editions Ouvrières ,1980), Will Thorne (Fayard, 1987), La Société anglaise du milieu du XIXe siècle à nos jours (Seuil, 1990) o su celebrada biografía de Churchill (Fayard, 1999). A esa preocupación pertenece, pues, el único de sus libros vertidos al castellano (La era victoriana, Barcelona, Oikos-Tau, 1988). Sin embargo, como hemos apuntado, es su dedicación al tiempo presente la que le ha proporcionado mayor predicamento, una dedicación en la que siempre ha preferido el trabajo colectivo. Así, buena parte de sus investigaciones han sido realizadas junto a Jean-Pierre Azéma. Ambos historiadores han elaborado, por ejemplo, La France des années noires (Seuil, 1993) o 1938-1948. Les années de tourmente, de Munich à Prague. Dictionnaire critique (Flammarion, 1995). Tampoco ha faltado su aportación a la reflexión historiográfica (l’Histoire et le métier d’historien en France, Editions de la Maison des sciences de l’homme, 1995) ni su labor institucional dentro del colectivo, pues fue secretario del Comité Internacional de Ciencias Históricas durante diez años, entre 1990 y 2000. Finalmente, cabe destacar el homenaje que sus pares le rindieron en un volumen titulado Ecrire l’histoire du temps présent (CNRS éditions, 1995). En cualquier caso, su ultima obra fue una especie de vuelta a los orígenes, a sus tiempos de la resistencia. La Résistance spirituelle, 1941-1944, les Cahiers clandestins du Témoignage chrétien (Albin Michel, 2001) es un texto elaborado junto a sus esposa, quien ya había publicado con anterioridad una obra dedicada al líder de aquel grupo (Pierre Chaillet, Fayard, 1988), que recoge una antología de textos clandestinos de esa suerte de resistencia espiritual.

[Anaclet PONS. “François Bédarida. In memoriam”, in Ojos de Papel, 1 de diciembre de 2001]

✍ León el Africano. Un viajero entre dos mundos [2006]

Este libro de Natalie Zemon Davis es una biografía del hombre que conocemos como León Africano, autor de una famosa descripción de África, nacido en Granada poco antes de la conquista cristiana de la ciudad con el nombre de al-asan al-Wazzn. Cuando era joven, al-Wazzn estuvo a las órdenes del sultán wattasí de Fez implicado en diversas tareas diplomáticas y viajó por muy variados países antes de ser capturado en 1518 por piratas cristianos. Fue entregado al papa León X como esclavo y el papa lo liberó tras convertirle al catolicismo y bautizarle él en persona. Durante la década siguiente, vivió en Italia con el nombre de Giovanni Leone, y allí escribió su famosa Descripción de África, una obra importante sobre todo en Europa, donde fue editada, traducida y leída de forma extraordinaria. Su pista se pierde tras el saco de Roma de 1527, pero se supone que regresó al Magreb y, por lo tanto, al Islam. Pero no lo sabemos con certidumbre. Éstos son, poco más o menos, los datos que tenemos de su vida que no es una vida en absoluto excepcional para la época. Muy poco material para escribir una biografía: la que es objeto de esta reseña aporta pocos documentos nuevos que no sean de la propia obra de León; sus manuscritos, traducciones, glosas en manuscritos copiados y trabajos varios. Surge el estudio, en gran parte, de la fascinación por alguien que tuvo que vivir en dos mundos culturalmente muy diferentes, adoptando papeles y personajes que son más bien máscaras, tras las cuales nos es difícil percibir a la persona de verdad. Si su vida no es, en mi opinión, excepcional, sí lo es desde luego, su obra y su actividad intelectual en general. Se trata principalmente, esta biografía, de una cuidadosa relectura de la Descripción por un lado, y de un estudio del medio, de los medios en que vivió al-Wazzn para intentar hacer un retrato en hueco. Comienza con las personas, lugares (Granada, Fez, Roma, Túnez) y textos que es posible probar que visitó y conoció y a partir de fuentes adicionales sobre estos lugares, personas y textos, intenta reconstruir qué es lo que pudo haber visto, hecho u oido al-Wazzn en ellos. El ejercicio es interesantísimo y está ejecutado de una forma brillante. Davis presenta a al-Wazzn como un hombre con visión doble, perteneciente o al menos habitante de dos mundos culturales diferentes, escribiendo quizá para dos audiencias distintas, usando técnicas y conocimientos pertenecientes al repertorio árabo-islámico y colocándolos en estructuras narrativas europeas. Davis quiere sobre todo usar los silencios y las contradicciones de al-Wazzn como claves para comprender su posición al tiempo en que se complace en ilustrar el flujo de información, objetos y personas de un lado a otro del Mediterráneo. Es un libro guiado por la búsqueda de los puntos de conexión con el «Otro» y por la propuesta de que las fronteras entre diferentes comunidades y modos de pensar están, o deben estar, abiertas. Que la curiosidad, el contacto, el aprendizaje, son siempre posibles. Hay que comenzar por decir que el libro está magnificamente escrito: magistralmente estructurado y narrado, se lee sin esfuerzo, de un tirón, como si de una obra literaria se tratase. Su voluntad de llegar a un público amplio es muy manifiesta y eso puede conferirle, a los ojos de lectores especializados, una falsa impresión de ligereza. Es de esas biografías que más bien podrían encuadrarse en el género literario de ficción, pero en este caso sus notas y referencias son completísimas, de una erudición pasmosa, impecables tanto en fuentes primarias como en bibliografía. Metodológicamente es sumamente innovador. Semejante maestría es propia de Natalie Davis, una muy distinguida historiadora de la Europa alto-moderna y por tanto va a tener, está teniendo ya, una amplia difusión. Nunca antes se había asomado la autora al mundo islámico, ni a sus sociedades ni a sus individuos y hay que quitarse el sombrero tanto por el valor que supone intentarlo, como por el resultado conseguido. En ese sentido se ha debido sentir identificada con el propio León, moviéndose en dos ámbitos académicos bien distintos, con sus tradiciones y sus referencias, ambos celosos de sus territorios y desconfiados de los intrusos. Y la curiosidad que atribuye a León es, desde luego, también la suya. Por otra parte Davis sí había manifestado ampliamente un interés en la biografía y en la autobiografía, en las vidas marginales, en los contactos entre diversos grupos religiosos, en el estado de violencia entre ellos. Su obra más famosa, porque fue llevada al cine (con Gérard Depardieu de protagonista), es The Return of Martin Guerre, donde ya había mostrado su brillantez e imaginación en plantearle preguntas a las fuentes primarias, pero las mismas cualidades se pueden apreciar en Women on the Margins: three Seventeenth Century Lives, o en Society and Culture in Early Modern France (1975) en el que se incluye un trabajo, pionero y admirable, sobre la violencia entre grupos religiosos («The rites of violence») o el magnífico estudio introductorio a The Autobiography of a Seventeenth-century Venetian rabbi, Leon Modena’s Life of Judah (1988) titulado «Fame and Secrecy: Leon Modena’s Life as an Early Modern Autobiography ». Muchos de los temas que la preocuparon entonces sobrenadan la obra aquí reseñada, cuyo protagonista tiene en común con Martin Guerre el ser un «impersonator» (¿o no?) o con León Módena, el moverse entre la fama y el secreto, o el ser él mismo alguien que vive en un medio de violencia religiosa siendo a la vez prueba de la posibilidad de comunicación, de sentir curiosidad por el lado ajeno. El libro está estructurado en torno a los mundos diferentes en los que vivió el protagonista partiendo, claro, de las tierras islámicas. Su vida de hombre joven como musulmán, su entrenamiento intelectual en las madrasas de Fez, sus viajes por regiones islámicas orientales y africanas, su experiencia en cuestiones importantes para un magrebí contemporáneo tales como el sistema de transmisión del saber y el papel de esta transmisión y sus referencias en la constitución de las élites religiosas e intelectuales, la creciente presencia del culto a los santos, la influencia de los movimientos escatológicos. Muestra de paso cómo muchas de estas cuestiones quedaron luego incorporadas a una obra que había de ser fundamental para la cultura europea contemporánea. Pero sin duda la parte mejor del libro está constituida por la etapa italiana de León Africano. En Roma trabajó en el círculo del cardenal Egidio de Viterbo, su padrino de bautismo y sobre todo, en el círculo creado por el príncipe Alberto Pío, un humanista aristotélico que tenía en su entorno a judíos, a maronitas… León copió para él manuscritos árabes de la biblioteca vaticana, revisó una traducción latina (la de Joannes Gabriel) del Corán, trabajó con Jacob ben Samuel y Jacob Mantino en la compilación de un diccionario latino-hebreo-árabe. Constituyen éstas las páginas más interesantes del libro, enriquecidas por el estudio de las personas con las que estuvo en contacto, y con sus respectivas obras. León trabajaba en la casa de Alberto Pío en Campo Marzio, donde vivía y trabajaba también para el príncipe Elia Levita, un cabalista judío, con su mujer y sus hijos. Davis se plantea múltiples preguntas acerca de cuestiones tales como qué pensaría León de la imprenta, del trabajo y convivencia estrecha con personas de otras religiones (incluso de otro cristianismo, además araboparlante), de una estructura familiar y de un papel femenino como el que vería, por ejemplo, a través de Levita y los suyos. Cuál sería su vida personal en la Roma de la época, donde tan abundante era la prostitución. Muchas de esas preguntas son, claro incontestables, y dejan al libro en un tono a menudo especulativo, pero son sumamente interesantes. Así considerado, Léon nos sitúa en la encrucijada de las cuestiones más importantes de su época, tales como la expansión imperial europea y su aprehensión del nuevo mundo, la transformación sustancial en la hermenéutica de los textos sagrados unida a una apertura erudita hacia otras lenguas, como el hebreo y el árabe. Más decepcionante es la última parte de su vida, ya en el lado inverso, de la que sabemos tan poco y para la cual contamos con tan insuficientes fuentes contemporáneas. Llave de la historia construida por Davis es un cuentecillo que el propio León incluye en su texto: existió una vez un pájaro que podía vivir en el aire y en el agua. Cuando estaba en el aire, y el rey de los pájaros venía a reclamarle tributo, huía al mar, y les decía a los peces que era uno de ellos. Así, estaba una temporada tranquilo en el mar, hasta que venía el rey de los peces a reclamarle tributo, y entonces huía al aire. De esta manera podía vivir entre dos mundos sin pagar tributo en ninguno de ellos. El propio León Africano se aplica a sí mismo la alegoría del pájaro y Davis la adopta como un motivo que le permite reconstruir las estrategias de León Africano, musulmán y cristiano, nadando entre dos aguas, obligado a disfrazarse, a utilizar tradiciones culturales diversas, traducirlas y reinventar su sentido. Un trickster, es decir, alguien que hace trucos, malabarismos, trampas, alguien con capacidad de burla y de invención. Una palabra muy difícil de traducir, que ha sido eliminada del título de las traducciones francesa, italiana y española. Pero es evidente, a través de la lectura del libro, que el trickster queda a su vez burlado: no se puede habitar la frontera entre dos mundos, transformar la apariencia exterior y el comportamiento, practicar el fingimiento sin quedar, a su vez, sustancialmente alterado. El contacto de Léon Africano con la religión y con la sociedad cristiana, su trabajo constante de traductor de textos y de escritor en una lengua que no era la suya, es decir, de traductor entre distintos sistemas culturales y religiosos, debió alterar su propia identidad religiosa, de manera que el hombre que volvió al Norte de África era distinto del que fue cautivado, como se nos dice en el libro. Davis indica que debió alterar también su visión del Islam y de la sociedad de la que procedía y alega diversos pasajes en el texto de León en que éste manifiesta repugnancia o rechazo por algunas de sus prácticas, ¿mero disimulo para congraciarse con la audiencia cristiana? Parece algo más: Davis insiste convincentemente en lo inevitable de la visión alterada por las nuevas experiencias, saberes y perspectivas que a León le aportan sus casi diez años de vida romana. Lo que realmente le interesa a la autora, creo, y lo que realmente queda sin contestar, es cómo vería el propio León su propia identidad cultural y religiosa, a dónde y hasta qué punto se sentiría pertenecer, él, que había realizado sus diversos cambios de orilla del Mediterráneo de forma obligada. Es la cuestión que se nos escapa siempre, que también nosotros intentamos responder en vano en nuestro estudio sobre Samuel Pallache (M. García-Arenal y G. Wiegers, Un hombre en tres mundos: Samuel Pallache, judío marroquí entre la Europa protestante y la católica, Madrid, 2006) y que se plantea en el caso de tantos moriscos, de tantos judeoconversos. Se produce, en realidad, en este siglo y en el siguiente, una difuminación de las definiciones identitarias al tiempo que un ensanchamiento del territorio que llamamos frontera. Nos obliga, por tanto, a redefinir esa frontera territorial y, al tiempo, a redefinir el propio concepto. Otros libros recientes están colaborando a ello y no puedo por menos que traer a colación el de Giovanni Ricci (Ossessione turca. In una retrovia cristiana dell’Europa Moderna, Bolonia, Il Mulino, 2002): se trata de un libro sobre la presencia del islam y los contactos con los musulmanes a través del estudio microhistórico de una sola ciudad, Ferrara, bien alejada de la «frontera», donde el número de pájaros anfibios con sus fascinantes vidas individuales es tan elevado y variado y la visión que proporcionan sobre las relaciones y el paso entre culturas tan sorprendente, que obligará a revisar no pocas definiciones hasta ahora bien asentadas. Si una frontera es algo que separa lo que está «dentro» de lo que está «fuera», entonces es un término que no sirve para entender el Mediterráneo o Europa en los siglos alto-modernos.

[Mercedes GARCÍA-ARENAL. “Reseña”, in Al-Qanara, vol. XXIX, nº 2, julio-diciembre de 2008, pp. 516-520]

✍ Prólogos, introducciones generales, reseñas bibliográficas y comentarios editoriales de las obras de Tulio Halperin Donghi [1951-2014]

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