✍ Hispanoamérica después de la independencia. Consecuencias sociales y económicas de la emancipación [1972]

por Teoría de la historia

En los años de su madurez, Sarmiento gustaba de evocar mediante una metáfora bíblica la desconcertante trayectoria seguida por la América española desde su revolución de independencia hasta mediados del siglo XIX; también para ella como para Israel esos cuarenta años que habían seguido al fin de la servidumbre de Egipto habían sido de peregrinación en el desierto. Pero si la herencia bíblica pesaba en Sarmiento acaso más de lo que él mismo advertía, de ella sin duda no aceptaba la justificación de la adversidad histórica por su supuesta función penitencial y purificadora: al decir que esos cuarenta años habían trascurrido en el desierto, Sarmiento sólo quería probablemente decir de modo más solemne que habían sido años perdidos. Con diagnóstico amargo hubieran coincidido acaso muchos de los protagonistas de esa etapa hispanoamericana, y todavía más los que tenían que sufrir sus brutales alternativas sin aspirar siquiera a influir en el curso de las cosas. Desde que, en plena guerra de la independencia, los acorralados gobiernos revolucionarios comenzaron a utilizar como argumento por excelencia, para solicitar la adhesión activa de sus gobernados, las implacables represalias que a todos esperaban en caso de derrota, comenzó a hacerse evidente que el optimismo algo ciego de 1810 se había desvanecido del todo; que el temor antes que la esperanza dominaba el temple con que los hispanoamericanos contemplaban el futuro que la revolución y la guerra estaban preparando. Pero aun para esos espectadores de antemano desilusionados, la postguerra trajo nuevas ocasiones de desazón. ¿Justificadas? Plantearse la pregunta es peligroso; demasiado a menudo invita a una respuesta que pretende enseñar póstumamente a quienes han vivido determinada experiencia cuál hubiera debido ser su actitud frente a ella (como si esa actitud no fuera ella misma un aspecto de esa experiencia). Pero, si no se va a discutir el valor testimonial de los diagnósticos que esa difícil postguerra suscitó entre quienes la vivieron, no podría ignorarse que esos diagnósticos se prolongaban casi siempre en pronósticos muy poco certeros. Era la perpetua inestabilidad no sólo política la que impresionaba a quienes vivieron esa época atormentada; era el temor de que esa inestabilidad desembocara en una disolución de los elementos cohesivos que habían logrado sobrevivir a la tormenta revolucionaria lo que dominaba esa amedrentada imagen del futuro. Es, por el contrario, la desesperante estabilidad de los datos fundamentales de la realidad hispanoamericana la que impresiona en primer término a quien examina retrospectivamente esa dura iniciación en la vida independiente: antes que inventariar las causas de esa mítica nueva crisis sociopolítica incomparablemente más vasta que la de la independencia, que nunca ha de llegar, ese observador preferirá buscar las razones no sólo hispanoamericanas que retardaron por casi medio siglo los cambios que, a los ojos de sus promotores, habían de ser la consecuencia inmediata de la revolución. Mientras esos cambios llegaban, era preciso dotar de coherencia y estabilidad al orden que emergía luego de la tormenta revolucionaria, distinto a la vez del colonial y del proyectado en 1810; a ese fin se orientan los esfuerzos políticos más originales de la etapa postrevolucionaria. A examinar los rasgos de esa desconcertante realidad y los esfuerzos por domeñarla -respetando y utilizando los rasgos de un orden que se dibujaba ya secretamente bajo las apariencias del desorden- está consagrado este breve libro.

[Tulio HALPERIN DONGHI. Hispanoamérica después de la independencia. Consecuencias sociales y económicas de la emancipación. Buenos Aires: Paidós, 1972, Prólogo, pp. 11-13]

antoguo-cabildo-de-buenos-airesEsta nueva obra de un consagrado estudioso de la realidad hispanoamericana consigue plasmar, casi de modo impresionista, la desconcertante realidad de la etapa posrevolucionaria. El acopio generoso que hace de hechos, confesiones de sus intérpretes y viajeros, incluso, el ritmo un tanto desordenado, de la aparición de sus localizaciones geográficas, logra hacer vivir con sentimiento de desazón la magnitud del desconcierto que abruma a la América posrevolucionaria. A causa de este desarrollo fiel a la intrincada y contradictoria sociedad que estudia, la búsqueda de los rasgos claros y definidos se hace costosa y relativa, pero no por ello infructuosa, pues pide del lector un trabajo y una contestación que, a la larga, favorece esta descripción crítica de la sociedad. No hay, pues, teorización conclusa, sino análisis generador de posteriores análisis, de aquella realidad que, por compleja, no se deja encasillar fácilmente. El aspecto sociopolítico queda plasmado en su primer capítulo: «El legado de la guerra». Esta forma un todo complejo y, si es verdad, que apunta a rasgos que podían aclarar la descripción: militarismo, Iglesia, oligarquía, herencia metropolitana…, estos se entrelazan febrilmente y testimonian así el cambalache de una sociedad que ha conquistado unas estructuras, pero que no se encuentra con capacidad de darles vida. En «El nuevo orden comercial», la sinceridad sigue siendo norma: admite los logros prerrevolucionarios y su peculiaridad más o menos criticable y la descapitalización posterior, causa de mil servidumbres sociales y políticas. Es en el «Impacto del mundo externo en la vida hispanoamericana», donde vuelve a ser mordaz con la superficialidad que anima a aquellos hombres y su contradicción fundamental: ideas defendidas y modos de vivir y sus consecuentes coletillas: libertad-opresión, democracia-castas, fidelidad religiosa-liberalismo y persecución. Contradicciones hondas que expresan ese desasosiego fundamental de toda la vida hispanoamericana. En la última parte apunta a las soluciones adoptadas en la Hispanoamérica posrevolucionaria. Y la paradoja prosigue con el mismo impresionismo que al principio. Gracias a él, se da cuenta el lector de las razones que motivaron un conservadurismo acentuado, que guarda celoso y sin escrúpulos toda la carga revolucionaria e ideológica, a la que no ha renunciado, siendo ésta el germen de un nuevo orden social alejado del conservadurismo que le dio cobijo. En suma, una obra que se atiene con fidelidad a los hechos, que analiza los mismos, pero que, en ningún momento, pretende la simplista gesta de ceñir la complejidad de unas realidades históricas a un esquema más o menos curioso y ordenado. No pretende ni siquiera describir en toda su complejidad los hechos, sin miedo ni reparo, deja unos interrogantes claros, suficientes para promover un estudio de la idiosincrasia más íntima de esas gentes apartadas de las «élites» y del manejo político: esa «blandura criolla», «la alianza permanente con la anarquía y la discordia», la «pasividad en la vida democrática», la «ignorancia triunfal de las contradicciones»… en fin, mil aspectos que pueden estudiarse y de los que se puede desprender una comprensión del futuro discurrir de este mundo hispanoamericano. Consciente de esta labor a la que provoca el presente estudio, el autor facilita una bibliografía interesante, que permite aproximarse a aquellos momentos históricos y aprehender con mayor integridad toda la compleja y angustiosa realidad de la Hispanoamérica posrevolucionaria.

[J. ABASOLO. “Tulio Halperin Donghi, Hispanoamérica después de la Independencia. Consecuencias de la emancipación, Paidós, Buenos Aires, Argentina, 1972, 231 págs.” (reseña), in Revista española de la opinión pública (Madrid), nº 31, enero-marzo de 1973, pp. 528-529]

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