✍ Órdenes, estamentos y clases. Actas del coloquio de historia social realizado en 1967 en la École normale supérieure de Saint-Cloud [1973]

por Teoría de la historia

La historia social tiene aún mucho que esperar de futuras reflexiones sobre sus áreas de investigación, métodos de análisis y ajustes de vocabulario, que sin duda, han de permitir respuestas más precisas a los problemas planteados por la investigación. Desde la época en que Lucien Febvre dirigiera los debates encaminados a proponer una visión renovadora de la historia, en la década de los cincuenta, la ampliación del campo de traba¡o se ha mostrado particularmente exigente en la consideración de los fenómenos históricos a diferentes niveles de análisis. El estudio de las múltiples relaciones que establecen los individuos y los grupos en la vida social ha sido acometido, entonces, a través de caminos diversos. Ciertamente, si se pretende hacer avanzar el conocimiento histórico, debe recordarse que no existen separaciones tajantes entre la estructura material y las estructuras mentales de una civilización. El Coloquio de Historia social celebrado en Saint-Cioud en 1967 reunió a importantes historiadores y discutió temas como la estructura social, la movilidad social, el vocabulario social de las diferentes épocas, etc. Como ha señalado Ernest Labrousse, quien moderaba los debates, la tendencia actual de la investigación histórica avanza en todas direcciones. “Pero también en todas direcciones encontramos el hecho social asociado, combinado con múltiples elementos cuyo conjunto indivisible forma la Historia”. El desarrollo del temario, aunque se refiere a un reducido grupo de países de Europa Occidental, cala profundamente en el pasado desde la antigüedad hasta el siglo XIX. Así, la participación de Pierre Vidal-Naquet somete a crítica la dasificación de la esclavitud como clase social y recurre para ello a tres caracterizaciones -dos de las cuales provienen del marxismo-, que formulan nociones de nivel, de relaciones de producción y de conciencia. Nociones que determinan la ubicación de un individuo en la escala social. Concluye demostrando que el papel jugado por los esclavos en las luchas sociales del mundo griego revela que reivindican su libertad, pero no se plantean una modificación de la sociedad. Jacques Le Goff presenta una valiosa aportación sobre el vocabulario de las categorías sociales en la época de San Francisco de Asís. “El franciscanismo fue un gran movimiento religioso que, más que las otras órdenes mendicantes, sacudió, marcó e impregnó el conjunto de la sociedad cristiana en el siglo XIII, siglo de su nacimiento. Utilizó métodos nuevos de apostolado. Rompiendo con el aislamiento del monaquismo anterior, lanzó a sus miembros a las carreteras y, sobre todo, a las ciudades, entonces en pleno auge, en medio de la sociedad” El autor utiliza una serie de textos que provienen de la orden o que han sido escritos por personajes contemporáneos y a ella vinculados, que contienen, en conjunto: a) un análisis de la sociedad, b) suficiente homogeneidad, por cuanto giran en torno a San Francisco y sus experiencias, c) ofrecen suficiente diversidad para permitir variantes eventuales. La eficacia de esta fuente reside, precisamente, en que el afán de eficacia del franciscanismo frente a la nueva sociedad le impone un lenguaje, un vocabulario que mantiene una cierta relación con la realidad social, en sus estructuras de grupos… Como San Francisco y sus discípulos pretenden dirigirse al conjunto de la sociedad, sus normas de comunicación, sus propuestas, tienen que estar referidas a todos los estratos sociales que la conforman. Esto convierte a la figura de San Francisco y su actividad en elementos particularmente aptos para analizar las particularidades del vocabulario que hace referencia a esa formación social. Jean Delumeau nos guía a través de la sociedad del Renacimiento, época de esplendor, de desenvolvimiento económico, de florecimiento cultural y asimismo de grandes contrastes entre ricos y pobres. Existen, no obstante, innumerables posibilidades de ascenso social en los niveles que ostenta esta forma de vida predominantemente urbana -por lo menos, en los países estudiados aquí-, y cuya actividad eminentemente económica propicia vías de rápido enriquecimiento. “El esplendor artístico sin precedentes de los siglos XV y XVI, sobre todo en Italia y Flandes.no habría sido posible sin la presencia de estos estratos sociales intermedios que -gracias, sobre todo, a su habilidad manual, pero también a una cierta instrucción y, por consiguiente, a una verdadera cultura-, proporcionaron los artistas y el público capaz de comprender a esos artistas”. El Renacimiento, según la tesis que presenta el autor, lejos de ocasionar la destrucción de estructuras sociales anteriores las reforzó al permitir la entrada en la nobleza de los poseedores de fortuna. Esto introdujo en las capas señoriales valores burgueses, como la predilección por la ciudad y el deseo de instrucción intelectual, pero también los recién llegados se mostraron inclinados a la adopción de valores propios del sector nobiliario, como el deseo de ostentar fortuna, la atracción por los bienes raíces o la mentalidad de rentista. “En todo caso, el hecho de que la nobleza permaneciera abierta en aquella época hizo que el mundo burgués no adquiriera desde el Renacimiento una conciencia de clase”. Las supervivencias feudales en la sociedad rural francesa del siglo XIX han sido analizadas por Albert Soboul. En rigor, estas persistencias fueron producto a la vez de imperfecciones en la legislación revolucionaria, de vacilaciones y de argucias jurídicas desarrolladas por los sectores burgueses de 1789, y de la timidez demostrada en el momento de impulsar las transformaciones agrarias. Ello permitió que algunos derechos feudales permanecieran embozados bajo denominaciones más o menos ambiguas y produjo una tendencia al retorno hacia un anterior estado de cosas durante el clima de reacción social y religiosa que, desde el Consulado, se prolonga hasta la segunda Restauración. Las pretensiones exhibidas por el clero y algunos grupos señoriales para acrecentar sus ingresos económicos apelando a derechos tradicionales sobre las tierras y el traba¡o campesino produjo, como contrapartida, fuertes manifestaciones de inquietud en las masas rurales. Pero mucho más que el hecho mismo de la explotación feudal, lo que pervivió en la conciencia de los campesinos fue su recuerdo, hecho éste anotado inteligentemente por Tocqueville a mediados del siglo XIX. Como señala Soboul: “Los movimientos campesinos de resonancias antifeudales se integran la mayoría de las veces en el siglo XIX, dentro de conjuntos más complejos: el reflejo antifeudal es sólo uno de los componentes. Pero ya se trate de disturbios por la defensa de los derechos de uso de los campos o los bosques, de disturbios causados por el hambre o de disturbios antifiscales, a menudo se añade además los reflejos tradicionales de una profunda motivación social”. El temor al retorno de esa dura realidad social que conoció el mundo rural campesino en el antiguo régimen sólo desapareció cuando se produjeron, casi a comienzos del siglo XX, cambios ya definitivos en la sociedad agraria francesa. Esta reunión de historiadores ha dejado un saldo valioso no sólo por la importancia de sus conclusiones en cuestiones de vocabulario y metodología, sino incluso, por las sugerencias que ha lanzado y la apertura de nuevos problemas que planteó el encuentro. E. Labrousse ha señalado en su intervención final algunas grandes lineas que emergen de los traba¡os514nZT93feL leidos en el coloquio: “El orden, el estamento y la clase no se reconocen por un único criterio, sino por criterios múltiples, más o menos análogos y diversamente combinados. En el curso de estos debates, desde la antigüedad hasta el siglo XIX, he visto cómo aparecían de modo sucesivo y espontáneo, un conjunto de criterios que podemos reducir a tres. Tomemos el ejemplo de las clases dirigentes. Ni el orden ni el estamento ni la clase significan esencialmente riqueza, nacimiento, función, pero el orden, el estamento y la clase significan a la vez, riqueza, familia, función. Y las clases inferiores carecen de riqueza, de ‘familia’, están condenadas a las funciones de ejecución”. Como ha señalado acertadamente el mismo expositor, este esfuerzo de análisis en conjunto y a plazo largo debería ser continuado. Por fortuna para la investigación histórica, han tenido lugar encuentros posteriores que tienden a un mayor ajuste en problemas de terminología y también a solucionar desacuerdos metodológicos. Pero el Coloquio que hemos comentado permanecerá, sin duda, como un modelo en su género.

[Nelson MARTÍNEZ DÍAZ. “El Coloquio de Saint-Cloud y la historia social”, in Tiempo de historia, año V, nº 53, abril de 1979, pp. 111-112]

Aunque los historiadores franceses que participaron en el coloquio de historia social de Saint-Cloud (mayo de 1967) sobre Ordres et classes parten de concepciones historiográficas muchas veces contrapuestas, las comunicaciones recopiladas en este volumen aportan valiosos materiales que incitarán sin duda a profundizar en el tema. Acudieron a las sesiones, junto a medievalistas y especialistas en historia moderna, los investigadores dedicados a la Antigüedad clásica. Citemos, entre éstos, los trabajos de P. Lévêque (sobre las diferencias sociales en la Atenas del siglo V), C. Mossé (cómo se plantea el problema de las clases sociales en la Atenas del siglo IV, tras la guerra del Peloponeso), o P. Vidal-Naquet (¿eran los esclavos una clase?). Las precisiones que formula C. Nicolet sobre el orden ecuestre ayudan a ahondar en el conocimiento de la estructura social de la República romana agonizante. Un grupo de medievalistas (J. Batany, P. Michaud-Quantin, P. Contamine, B. Guenée) pasan revista a los vocabularios sobre las categorías sociales que se encuentran en los canonistas y moralistas de la época. Destaca el trabajo de J. Le Goff sobre el vocabulario social en el franciscanismo primitivo. Entre las comunicaciones que se centran en los siglos XVI-XVIII destacan la que presenta J. Delumeau sobre la movilidad social en el Renacimiento, y la firmada por J. Dupâquier y J. Jacquart (las relaciones sociales en la Francia rural del siglo XVIII). Cierra esta recopilación una ponencia de A. Soboul sobre las supervivencias feudales en la sociedad rural francesa del siglo XIX.

[Fuente: Siglo XXI Editores]

Anuncios