✍ Bandidos [1969]

por Teoría de la historia

El historiador inglés Eric J. Hobsbawm, autor de una vasta obra dedicada a explicar la formación del mundo contemporáneo, escribió en 1959 un texto fascinante sobre el bandolero social, ampliado luego en su ensayo Bandits (1969). Fundó así una nueva rama de estudios que desató fuertes controversias. La última edición revisada del libro “Bandidos”, que ya circula en la traducción española (a través de la editorial Crítica), es singularmente interesante porque se hace cargo de varias críticas y actualiza sus ideas, ampliando incluso sus referencias históricas a la Argentina. El hallazgo precursor de Hobsbawm fue mostrar la universalidad del mito de Robin Hood: el salteador rural empujado fuera de la ley por la injusticia y erigido en héroe de los pobres, se reproducía con asombrosa uniformidad en las culturas campesinas de cualquier época y latitud. Partiendo de la saga de los “buenos bandidos” del Mediterráneo, Hobsbawm registra personajes similares en toda Europa, China, África y, por supuesto, las dos Américas. Su teoría distingue como subtipo al “vengador”, cuyo rasgo más saliente no es tanto ayudar a los campesinos sino golpear a sus opresores, lo cual brinda a los oprimidos una gratificación psicológica; caracteriza bandas de jinetes como los haiduks húngaros, que formaron rudimentarias guerrillas de liberación nacional (un equivalente podrían ser nuestras montoneras); y trata como una derivación el “cuasi-bandidismo” ideologizado de los anarquistas expropiadores. Para Hobsbawm, tales figuras expresan una forma primitiva o prepolítica de protesta, propia de comunidades agrarias arcaicas, cuyo equilibrio se rompe por la penetración del capitalismo; y los bandoleros estarían condenados a extinguirse en la medida en que se afirma el Estado y surgen los sindicatos y partidos modernos. Anton Blok, historiador de la mafia siciliana, cuestionando las fuentes en que abrevaba Hobsbawm, enfatizó que algunos bandoleros “heroicos” terminaron actuando al servicio de los poderosos. Aunque Hobsbawm había descripto la complejidad del juego de intereses en que se insertaba el bandido, llevándolo a veces a pactar con los dueños del poder, hoy admite parcialmente la crítica de Blok y reconoce que su trabajo inicial se apoyó en fuentes folklóricas o literarias sin confrontarlas con investigación documental de cada caso. No obstante, gran parte de esa tarea la han cumplido los historiadores que se guiaron por su teoría. Hobsbawm acepta también las críticas que señalaron que el bandolero social aparece en áreas rurales más modernas, en contextos capitalistas donde no hay un campesinado tradicional (como lo muestran, en la Argentina del siglo XX, las andanzas de Vairoleto o Mate Cosido), si bien ello se da cuando existe una memoria colectiva de simpatía por los bandidos populares (algo que, en el caso argentino, provendría del pasado gauchesco). En cuanto a ciertos grupos neo-revolucionarios juveniles de las décadas de 1960 y 1970, entre los cuales cita a los Tupamaros uruguayos, Hobsbawm encuentra puntos de contacto con los bandidos legendarios. Recordemos que en 1968, un libro del desaparecido sociólogo argentino Roberto Carri, polemizando a su modo con Hobsbawm, veía en las aventuras del “vengador” Isidro Velázquez en el Chaco una “forma pre-revolucionaria de la violencia”. Según el maestro inglés, las acciones armadas de pequeños grupos ilegales contra los “enemigos del pueblo” tienen parentesco con los rebeldes primitivos, no así las organizaciones de guerrilla urbana o rural con una clara ideología y estrategia revolucionarias. ¿Se ha extinguido el bandolerismo social? En varios sentidos, afirma Hobsbawm, aún está vivo. Sobre todo, en el imaginario popular. Pero advierte, además, que, al inicio del tercer milenio, la desintegración del poder y la administración estatal en algunas zonas del mundo, así como la declinación de la capacidad de control que desarrollaron los estados en los siglos XIX y XX, parecen recrear las condiciones históricas en que proliferaron estos fenómenos.

[Hugo CHUMBITA. “Tras los rastros del bandolero social”, in Clarín, 17 de febrero de 2002]

Anuncios