✍ Ese noble sueño. La objetividad y la historia profesional norteamericana [1988]

por Teoría de la historia

Dice Peter Novick que la idea y el ideal de objetividad fue la roca sobre la que se constituyó la profesión histórica, su razón de ser. Ha sido la verdad que la profesión ha premiado y alabado sobre todas las demás —tanto en los historiadores como en sus trabajos. Es el término sagrado por excelencia, como la salud para los médicos o el valor para los militares. Cualquiera que se interese por lo que incumbe a los historiadores —lo que hacen, lo que piensan o lo que deberían estar haciendo cuando escriben historia—, debería comenzar por interesarse en la cuestión de la objetividad (1). “La suposición sobre la que descansa incluye un compromiso con la realidad del pasado y con la verdad como correspondencia a esa realidad; una aguda separación entre conocedor y conocido, entre hechos y percepciones y, sobre todo, entre historia y ficción. Los hechos históricos son vistos como previos a, e independientes de, la interpretación: el valor de una interpretación se juzga por cómo explica los hechos; si los hechos la contradicen, debe ser abandonada. La verdad es una, no dependiente de la perspectiva. Cualquier modelo que existe en la historia se ‘encuentra’, no ‘se hace’. Aunque generaciones sucesivas de historiadores puedan, con el cambio de sus perspectivas, atribuir diferentes significados a los acontecimientos del pasado, el significado de esos acontecimientos no cambia” (2). El papel del historiador objetivo, por lo tanto, añade Novick, es el de un juez neutral y nunca debe degenerar en el de abogado o, peor aún, en el de propagandista. Del historiador se espera equidad y juicio justo y, al igual que ocurre con los jueces, esas virtudes se conservan a través del aislamiento de la profesión histórica de las presiones sociales de las influencias políticas.ese-noble-sueno-la-objetividad-y-la-historia-profesional-norteam-ericana-tomo-ii-9686914676 Alejados del partidismo y la parcialidad, la principal y primera lealtad del historiador es con la verdad histórica objetiva y con los otros colegas que comparten un compromiso de avanzar hacia esa meta. Algunos de los ingredientes de esa idea de la objetividad fueron reelaborados y reinterpretados durante el siglo XX. Hoy, tras los debates de los últimos años de ese siglo, hay menos confianza en que el historiador pueda librarse de percepciones y contaminaciones externas y, en consecuencia, una tendencia a basar la objetividad más en mecanismos sociales de crítica y menos en las virtudes de los individuos. Tras el ascenso de la historia social frente al historicismo y la historia política tradicional, hay menos convicción, aunque todavía queda mucha, de acercarse al pasado sin preconcepciones, dejando a los hechos hablar por sí mismos; se toleran más las hipótesis y se pone más énfasis en que las interpretaciones puedan ser verificadas por los hechos, en vez de derivarse de ellos. Pese a estas modificaciones, sin embargo, los usos oficiales del concepto de objetividad permanecen todavía poderosos y quizá incluso dominantes. Peter Novick distingue varias fases en la evolución de la conexión entre la cuestión de la objetividad y la profesión histórica norteamericana, que, con matices, pude aplicarse 9780511816345ia Inglaterra y al continente europeo. En la primera, desde la fundación de la profesión histórica en los años ochenta del siglo XIX hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, la objetividad se estableció como la norma central en la profesión. En el periodo de entreguerras, cambios en la sociedad, la cultura y la política produjeron cierto relativismo histórico, que, aunque nunca llegó a ser dominante, puso a los creyentes en la objetividad a la defensiva. Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, especialmente los de la Guerra Fría, presenciaron el intento por parte de la profesión histórica de establecer una nueva síntesis objetivista, convirtiendo en trivial la crítica relativista. Desde finales de los años sesenta, aunque en Europa quizá una década más tarde, se asiste al colapso de esa síntesis posbélica, adentrándose la profesión en el período actual de confusión, polarización e incertidumbre, en el que la idea de la objetividad histórica has sido más problemática que nunca (3).

NOTAS. (1) Peter Novick: That Noble Dream. The «Objectivity Question» and the American Historical Profesion, Cambridge, Cambridge University Press, 1988, pp. 1 y 6. Imaginativo y provocador, no conozco otro libro que explique mejor la elaboración, los cambios y la defensa de un ideal del que casi todos los historiadores hablan y sobre el que casi nadie sabe nada. (2) Ibídem, p. 2. (3) Ibídem, p. 16. Sigo aquí a Novick consciente de que en Europa hay buenos y quizá mejores ejemplos del rechazo a la objetividad y a la realidad, en favor de la representación, ya desde el último tercio del siglo XIX, como muestra la obra de Johann Gustav Droysen (1838-1908), para quien la interpretación ya precedía al estudio de los hechos. Hay pistas sugerentes para todo ese debate, que es también el debate sobre las múltiples formas de abordar la historia, en Raphael Samuel: History Workshop, 32 (1991) (versión castellana en Historia Contemporánea, 7 [1991]).

[Julián CASANOVA. “Los límites de la objetividad y el desafío posmodernista” (fragmento), in Carlos FORCADELL ÁLVAREZ (editor). Razones de historiador. Magisterio y presencia de Juan José Carreras. Zaragoza: Institución «Fernando el Católico», 2009, pp. 323-324]

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