␥ Eugenio Garin [1909-2004]

por Teoría de la historia

Con la desaparición de Eugenio Garin se va uno de los principales intelectuales italianos del siglo XX, un historiador que puso de relieve la importancia del humanismo y del Renacimiento, un pensador singular y comprometido en ofrecer un testimonio ético y antifascista. Murió el 29 de diciembre de 2004, a los 95 años, en Florencia, ciudad en la que había vivido cuando era un joven estudiante, y se licenció en Filosofía en el año 1929. A partir de 1931, Garin emprendió la carrera docente como profesor de Historia de la Filosofía en diferentes institutos, primero en la región de Toscana y después en Palermo, Sicilia. En 1937, publicó su primer ensayo, dedicado a la figura de Pico della Mirandola, en el que ya aparece su interés por la cultura del Renacimiento. En 1949 se incorporó a la Universidad de Florencia como catedrático de Historia de la Filosofía Medieval. Allí inició una prolífica trayectoria de investigación centrada en la cultura filosófica del medievo y del Renacimiento y en los problemas culturales tras la unificación de Italia, cuestiones sobre las que publicó numerosos ensayos. Obras como L’Umanesimo italiano (El Humanismo italiano) (1947), Medioevo e Rinascimento (Edad Media y Renacimiento) (1954), Studi sul platonismo medievale (Estudios sobre el platonismo medieval) (1958), L’educazione in Europa, 1400-1600 (La educación en Europa, 1400-1600) (1957) y Scienza e vita civile nel Rinascimento italiano (Ciencia y vida civil en el Renacimiento italiano) (1965) se convirtieron en obras de referencia indiscutible a escala mundial. Las editoriales Taurus, Crítica, Espasa y Ariel han publicado en España varios libros suyos. Garin se oponía con claridad a las tesis continuistas y subrayaba la vigorosa ruptura producida en el tránsito de la Edad Media a la modernidad. Reconocía Garin al rigor del averroísmo el mérito de haber precipitado el colapso de aquella férrea jerarquía, al haberla llevado hasta sus últimas consecuencias, al sondear exhaustivamente todas y cada una de sus posibilidades. Y, aunque reconocía la novedad de la literatura moral y civil del humanismo, rechazaba las tesis del siglo XVIII que veían en la modernidad laica del Renacimiento una negación de los valores religiosos medievales. El ideal humano preconizado por esta nueva actitud mental quedaba plasmado en la figura del mago, que, para Garin, encarna, mejor que ningún otro, el prototipo del hombre volcado sobre la acción y el dominio de la naturaleza, del hombre que no se resigna a estar sometido al destino, que aspira a ser, él mismo, creador. La importancia que Garin concedió a la magia renacentista responde no sólo al hecho de reflejar fielmente el espíritu de toda una época, sino también a su estrecho parentesco con la ciencia, que habría de experimentar poco después su gran revolución. Así, puso de relieve el papel que disciplinas como la magia o la astrología jugaron en la constitución de la ciencia moderna. Teorías que le valieron severas críticas por asimilar a la ciencia componentes de carácter místico e irracional. Pero Garin se empeñó en realzar el “lado nocturno” del mundo renacentista, que, según señalaba en La cultura del Renacimiento, es “con más frecuencia trágico que feliz, con más frecuencia duro y cruel que pacífico, con más frecuencia enigmático e inquieto que limpio y armonioso”. Experto en Gentile, Crozze y Gramsci, su admiración por el primero no le privó de manifestarse claramente antifascista. Vivía su actividad cultural como una forma de compromiso civil. Así, su último libro, Intervista con l’intellettuale, a cargo de Mario Ajello (1997), es una defensa de los valores humanistas y del patrimonio antifascista. Abandonó la docencia a los 75 años, pero siguió participando activamente de la vida intelectual y académica hasta el final. Fue director de la revista Rinascimento y, hasta su muerte, también de Il Giornale Critico della Filosofia Italiana (El Periódico Crítico de la Filosofía Italiana).

[EL PAÍS. “Eugenio Garin, filósofo italiano experto en el renacimiento”, in El País (Madrid), 31 de diciembre de 2004]