✍ Historia de las mujeres en Occidente [1990-1992]

por Teoría de la historia

¿Es posible escribir la historia de las mujeres? La pregunta lanzada al aire por Michelle Perrot, en su libro Une historie des femmes estelle possible? (Rivages, Marsella, 1984), tuvo una pronta respuesta con la aparición, a principios de los años noventa, de La historia de las mujeres en Occidente, obra coordinada por la propia Perrot y el medievalista Georges Duby. Los cinco gruesos volúmenes (Antigüedad, La Edad Media, Del Renacimiento a la Edad Moderna, El siglo XIX y El siglo XX), que ahora circulan en una edición de bolsillo accesible a un público más amplio, muestran no sólo la posibilidad sino la riqueza que encierra una historiografía en la que las mujeres ocupan el centro del relato como protagonistas que influyen y, a la vez, reciben la influencia de su entorno histórico, y no como espectadoras pasivas del teatro del mundo o como una curiosidad o tema accesorio que, si acaso, se trata en el último capítulo de algún libro. Los antecedentes intelectuales de la historia de las mujeres se encuentran tanto en la Escuela de los Anales, que incorporó la vida cotidiana y las mentalidades al campo de interés de la historiografía, como en la historia social marxista, la llamada “historia desde abajo”, que reconoció la importancia del protagonismo de la gente común. Pero el detonante que posibilitó el surgimiento de la historia de las mujeres como un vigoroso proyecto intelectual fue esa “revolución inacabada pero profunda que sacude relaciones entre hombres y mujeres en las sociedades occidentales desde los años setenta”, de la que la obra de Perrot y Duby se reconoce heredera. La revolución feminista no sólo denunció la discriminación política y el trato desigual que las mujeres recibían en la familia y la sociedad, sino que llamó la atención sobre la parcialidad androcéntrica del conocimiento que tomaba al sujeto masculino como el sujeto universal. La exclusión de las mujeres como objeto de estudio de la historia y las ciencias sociales se combatió inicialmente a través de la recopilación de información, hasta entonces ignorada, que dio visibilidad al sexo femenino en los procesos históricos. Al correr del tiempo, las aproximaciones descriptivas fueron cediendo ante el avance de los enfoques centrados en la dinámica social entre hombres y mujeres. La categoría género dio impulso al análisis del complejo entramado cultural —discursos, imágenes, leyes e instituciones— que, atravesado por una tensa relación de poder, moldea las definiciones siempre inestables de lo masculino y lo femenino, y está constantemente influido por las transformaciones del mundo. Al tomar al género como hilo conductor, La historia de las mujeres en Occidente plantea preguntas que son abordadas desde distintos ángulos en los más de cien artículos que componen la obra: “¿Cuál es a lo largo del tiempo la naturaleza de esta relación social entre los sexos? ¿Cómo funciona y evoluciona en todos los niveles de representación de los saberes, de los poderes y de las prácticas cotidianas, en la ciudad, en el trabajo, la familia, lo público y lo privado?” Tal vez sea Natalie Zemon Davis, coordinadora del volumen dedicado a la historia moderna, quien mejor exprese el espíritu de la obra en su conjunto: “No se trata de un relato clásico, ni de un relato cronológico de los acontecimientos, sino que las diferentes miradas dirigidas a la historia de las mujeres echan por tierra el estereotipo habitual, según el cual los hombres habrían sido sus opresores. La realidad es tanto más compleja, que es menester trabajar con más finura: desigualdad, sin duda; pero también un espacio móvil y tenso en el que las mujeres, ni fatalmente víctimas, ni excepcionalmente heroínas, trabajan por mil medios distintos para ser sujetos de la historia”. La obra de Duby y Perrot conjunta trabajos de historiadoras de distintas generaciones —Natalie Zemon Davis, Joan Scott, Genviève Fraisse, Gisela Bock, Luisa Passerini, Judith Walkowitz, entre otras— que a lo largo de las dos últimas décadas perfilaron la historia de las mujeres como un novedoso y propositivo campo del conocimiento y del género como una dimensión de la sociedad cuyo análisis era indispensable al abordar el pasado con una mirada contemporánea. Detrás de los trabajos preparados para la Historia de las mujeres en Occidente hay una vasta acumulación de investigaciones efectuadas en universidades, estadounidenses y europeas principalmente —monografías y estudios de caso, tesis y artículos especializados, así como obras de carácter sintético—, que dan una gran solidez a esta especialidad historio-gráfica. Un elemento esencial para la consolidación de este campo del conocimiento son los archivos y colecciones bibliográficas —como la impresionante Fawcett Library de Londres— que, ante el avasallador androcentrismo del conocimiento histórico, documentan lo que debería ser obvio: que las mujeres son sujetos históricos plenos, capaces de emprender acciones significativas. Por el momento, no existen en América Latina esfuerzos institucionales de esta naturaleza encaminados a la conservación de la memoria de las mujeres. Tal vez el volumen dedicado a El siglo XIX sea el más atractivo de la colección. Frente a la extendida imagen de “un siglo sombrío y triste, austero y restrictivo para las mujeres”, Michelle Perrot y Genviève Fraisse, coordinadoras del tomo, subrayan la complejidad de este largo periodo —que se extiende desde la Revolución Francesa de 1789 hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1915— y que está marcado tanto por el surgimiento del feminismo —”palabra emblemática que designa tantos cambios estructurales importantes (trabajo asalariado, autonomía del individuo civil, derecho a la instrucción)”— como por la aparición colectiva de las mujeres en la escena política. Paradójicamente, el siglo XIX también afirma una rigurosa codificación social a la que están sometidas las vidas de las mujeres y, al mismo tiempo, como consecuencia de la modernidad, ofrece al sexo femenino, por primera vez en la historia, posibilidades de tener actitudes de individuo cabal, de protagonista política y aun de futura ciudadana. Entre los artículos que componen este volumen sobresale la “Historia filosófica de la diferencia de los sexos”, en el que Genviève Fraisse desmenuza el discurso filosófico del siglo XIX sobre las mujeres —de Kant a Freud, pasando por Fichte, Stuart Mill, Darwin y Marx. A su vez, Judith Walkowitz aborda otro ángulo de las relaciones sociales de género al analizar las “Sexualidades peligrosas” —prostitución y homosexualidad— que se manifestaron en los espacios urbanos que crecieron con el avance de la industrialización. Por su parte, Joan Scott hace un análisis del discurso decimonónico sobre la mujer trabajadora, que es un notable ejemplo historiográfico de las posibilidades del género como un instrumento de análisis histórico, perspectiva metodológica que Scott sistematizó hace poco más de una década y que ha tenido una influencia enorme en espacios académicos y políticos de distintos lugares del mundo. Con toda su riqueza, la Historia de las mujeres en Occidente no es —como lo subrayan los propios coordinadores— una historia mundial de las mujeres sino que se restringe a la Europa occidental, más precisamente a la franja geográfica que se extiende entre las costas atlánticas y mediterránea del continente. Aunque Perrot y Duby incluyeron algunos artículos sobre los Estados Unidos y quisieron ir más allá de los marcos nacionales para destacar un fondo europeo común, es innegable que la obra privilegia lo francés, tanto en los temas abordados como en la selección de autores. Cabe subrayar que la obra no tiene la pretensión de ofrecer un panorama enciclopédico de la historia de las mujeres, sino que opta por detenerse y profundizar en momentos históricos significativos, que de ninguna manera pretenden agotar un tema o cubrir un periodo histórico en su totalidad. El eurocentrismo de la obra preparada por Perrot y Duby —inicialmente publicada por la editorial italiana Laterza— se corrige en alguna medida en la edición española de Taurus que incorporó un “suplemento hispanoamericano” que no aparece en la edición original ni en las traducciones inglesa y francesa. Dicho suplemento aborda temas específicos de la Península Ibérica en la Antigüedad y en la Edad Media y, a partir de la época moderna, incluye trabajos sobre la América española y portuguesa. Así, el panorama del siglo XIX se amplía con artículos sobre temas específicos: el mundo del trabajo de las obreras en España, la inmigración femenina a la Argentina y la vida de las esclavas brasileñas; mientras que al volumen del siglo XX se agregan ensayos sobre el trabajo de las mujeres en Brasil, la Revolución Mexicana y el feminismo, y las organizaciones femeninas durante el peronismo en Argentina. En la introducción, Perrot y Duby reconocen los límites eurocéntricos de su recopilación —”soñamos con una historia de las mujeres del mundo oriental y el continente africano”— y hacen un llamado a prolongaciones futuras del proyecto, que puedan subsanar las múltiples ausencias y profundizar en realidades nacionales o regionales específicas. Una primera prolongación latinoamericana, la Historia de las mujeres en la Argentina, preparada por Fernanda Gil Lozano Valeria, Silviana Piti y María Gabriela Ini, apareció recientemente en Buenos Aires, bajo el sello de Taurus. Con un formato tan atractivo y bellamente ilustrado como el de la edición original española de la Historia de las mujeres en Occidente, los dos volúmenes argentinos (Colonia y siglo XIX y Siglo XX) reúnen más de veinte artículos que ofrecen novedosas aportaciones a la historia de la Argentina, aunque carecen de la profundidad de campo que caracteriza a las producciones historiográficas estadounidenses y europeas reunidas por Perrot y Duby. En los próximos años, probablemente veremos circular nuevos libros de Taurus sobre la historia de las mujeres de las distintas realidades nacionales y regionales de América Latina que estimulen una muy deseable “acumulación originaria” de conocimiento que permita apreciar, en toda su complejidad, el desempeño histórico de las mujeres en tanto sujetos y el carácter cultural de los roles sociales de los sexos. Dada la importancia que Perrot y Duby conceden a las imágenes sobre el género es sorprendente que la nueva edición de bolsillo de la obra omita los ricos ensayos iconográficos de la presentación original, que no son simples ilustraciones de los artículos sino manifestaciones del denso y poderoso imaginario masculino sobre las mujeres. Quizá el mayor logro de la obra sea que la Historia de las mujeresno defiende tesis alguna sobre el progreso o el retroceso de la condición femenina en los diversos periodos históricos, sino que opta por ilustrar la diversidad de condiciones sociales, creencias religiosas, tradiciones culturales y trayectorias individuales de las mujeres y mostrar que ni la condición femenina ni la condición masculina tienen una esencia que las defina, sino que son construcciones históricas estrechamente relacionadas entre sí y cuya lógica es posible desentrañar. Queda por hacerse una historia de las formas de la masculinidad, que es el otro componente del género, al que debe verse como una construcción social producto de un entramado cultural y de circunstancias históricas precisas. Así podremos superar la frecuente y nociva confusión que identifica el modo de ser masculino con el sujeto universal.

[Gabriela CANO. “Historia de las mujeres en Occidente de Georges Duby y Michelle Perrot”, Letras Libres (México), abril de 2001]