Teoría de la historia

Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias. Área de Historia. Director del área de investigación "Poéticas de la historiografía". BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

Mes: julio, 2012

✍ Marxismo e historia social [1983]

Los textos aquí reunidos, creemos, hablan por sí solos. Nos parece oportuno permitir que el lector dialogue libremente con ellos. Quisiéramos, por nuestra parte, emprender un corto viaje por territorios del autor y sus obras. No siempre habremos de recorrer los caminos principales: a veces preferiremos derivar por los senderos secundarios. Los trabajos de Eric Hobsbawm poseen casi siempre el raro privilegio de trascender los cenáculos especializados para llegar a un amplio sector de lectores interesados, por diversas motivaciones, en los problemas sociopolíticos. ¿Cuáles son las causas de esta “popularidad” del historiador inglés? Podria argumentarse, y a nuestro entender con toda razón, que sus textos muestran una capacidad de comunicación particularmente amplia, que eluden las áridas disertaciones eruditas manteniendo, no obstante, la evidencia del formidable bagaje de conocimientos del autor. Quizás también podría pensarse que la atracción de Hobsbawm radica en la novedad de sus enfoques, en su capacidad para integrar circunstancias aparentemente alejadas en el tiempo y en el espacio; en fin, podríamos señalar la destreza con que articula los análisis de las sincronías con las explicaciones de los movimientos y de las rupturas. Es cierto, ninguna de las virtudes mencionadas le es ajena y seguramente se podrían apuntar muchas otras. No obstante, nos inclinamos a pensar que la fuerza y la importancia de buena parte de la obra de Hobsbawm radica en la calidad de su temática, cuya virtud mayor es la de estar compenetrada, con saludable frecuencia, con los intereses de las clases subalternas. Tarea comprometida la suya, militante, que muestra el “revés de la trama”. Porque, oculta por los esplendores de las hazañas técnicas, mediatizada por el “progreso”, por la abundancia, por la hipocresía, existe otra historia del capitalismo, la de los humillados y ofendidos, la de los hambrientos … la de los rebeldes. Y esa zona de penumbra es la que concita el interés del historiador inglés por bucear en las profundidades del naciente capitalismo moderno, la que despierta su preocupación central por las transformaciones revolucionarias impulsadas por ese joven capitalismo.

[Osvaldo TAMAIN. “Presentación” (fragmento), in Eric HOBSBAWM. Marxismo e historia social. México: Instituto de Ciencias de la Universidad Autónoma de Puebla, 1983, pp. 5-6]

Nota bene. Al igual que ocurre con “En torno a los orígenes de la Revolución industrial”, esta obra tampoco tiene, en su conjunto, equivalente en inglés. Los capítulos que la componen fueron tomados de diversas publicaciones y funcionan como textos autónomos nucleados en torno al tema que anuncia su título. Así pues, “De la historia social a la historia de la sociedad” fue publicado en la revista “Daedalus. Journal of the American Academy of Arts and Science”, vol. XCVII, nº 1, invierno de 1971. Traducción de Diego Sandoval Espinosa. Tomado de “Tendencias actuales de la historia social y demográfica” [México, Sepsetentas, 1976, pp. 61-94]; “Notas para el estudio de las clases subalternas” fue escrito especialmente para la revista marxista italiana “Società” y se publicó en el número 3, mayo-junio de 1960, traducido por Mario Spinella; “La conciencia de clase en historia” fue traducido por Félix Blanco y tomado de “Aspectos de la historia y la conciencia de clase” [México, UNAM, 1973]; “La contribución de Karl Marx a la historiografía” fue tomado de “Ideología y ciencias sociales” [Barcelona, Grijalbo, 1977] a partir de la traducción de Enrique Ruiz Capilla; “La difusión del marxismo (1890-1905)” fue tomado de “Studi Storici”, año XV, 1974, nº 2 y traducido por Alfonso García; “Marxismo, nacionalismo, independentismo” se publicó por primera vez en la New Left Review [nº 105, 1977], pero esta versión procede de la traducción de E. Blanco Medio y J. Díaz Malledo, publicada en “Zona abierta”, nº 19, 1979.

Andrés G. Freijomil

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✍ La alternativa eurocomunista. Una entrevista de Eric Hobsbawm con Giorgio Napolitano sobre el P.C.I. [1976]

[…] In this series of interviews with Professor Eric Hobsbawm, Giorgio Napolitano [1925] never once mentions the armed forces (not really a serious threat to Italian national security), the word ‘Eurocommunism’ had not even been coined then, but Napolitano has little need for such touchtones of moderation, and he takes it as understood that the Italian road to socialism is a democratic one. And he takes a wider view of the development of the democratic road to socialism. He refers […] to the Twentieth Congress of the CPSU and to subsequent events in Hungary and Czechoslovakia, but he places much greater emphasis on the Italian tradition, from Togliatti’s rejection of of the revolutionary hypothesis in 1944, to Gramsci’s letters and prison notebooks (first published in the early fifties) which stressed the importance of national cultural traditions in the development of socialism: and when he turns to other countries for example: it is to Chile that he turns. Carrillo never mentions Chile, but to Napolitano, the events of 1973 are of crucial importance, since it is through the PCI’s analysis of these events that Party secretary Berlinguer arrived at the notion of “compromesso storico”, a proposed alliance of the popular parties of Christian, socialist and communist inspiration […]

[W. BRIERLEY. “Eurocommunism”, in Journal of Area Studies, vol. I, nº 1, 1980, p. 43]

✍ La era del capital, 1848-1875 [1975]

“La era del capital” abarca el período de ascenso del capitalismo de libre competencia. Es la época del predominio de una burguesía que, como clase, forja un mundo a “su imagen y semejanza”. Esta etapa «dorada» de progreso continuo significó una catástrofe para millones de pobres transportados al Nuevo Mundo y para los pueblos de otros continentes, que sufrieron la conquista de Occidente. Hobsbawm interpreta de este modo el mundo de la burguesía triunfante, «la era liberal», que se inicia con una revolución fracasada (1848) y termina en una prolongada depresión (1873-1896). En este volumen, el autor introduce una perspectiva atenta a las nuevas fuerzas sociales surgidas en Europa y, como el reverso de la historia, destaca la visión de los perdedores (como titula a uno de los capítulos): los pueblos que fueron víctimas de la intromisión de las potencias europeas. Adopta la visión de los que luchan, la de los movimientos surgidos para derrocar a la sociedad burguesa. Analiza la aparición de la I Internacional de los trabajadores, a los teóricos críticos del capitalismo (Karl Marx publica en este período su obra más importante, “El Capital”) y propone balance de las revoluciones sociales: los fallidos acontecimientos de 1848 y la Comuna de París. 

[Marisa GALLEGO. Eric Hobsbawm y la historia crítica del siglo XX. Madrid: Campo de ideas, 2005, pp. 57-58]

✍ Revolución industrial y revuelta agraria. El Capitán Swing [1969]

La importancia de la obra de los historiadores marxistas ingleses no para de crecer. Los trabajos de E. P. Thompson, Cristopher Hill, Eric Hobsbawm o George Rudé son referencias inexcusables para tener ejemplos de cómo se pueden mezclar la toma de partido político con el mayor rigor sin que ninguno de los dos términos pierda intensidad. La reedición de uno de los mayores clásicos de esta corriente, públicado originalmente en 1969, es una buena oportunidad para comprobarlo. “Revolución industrial y revuelta agraria. El Capitán Swing” se abre señalando un hecho que a principios del siglo XIX separaba radicalmente a Inglaterra del resto del mundo: no existían campesinos. Tras una intensa oleada de cercamientos de las tierras comunales durante el siglo XVIII, las formas de tenencia de la tierra se habían transformado hasta presentar, por un lado, a un arrendatario encargado de la producción agrícola presencial y, por otro, a una masa de asalariados campesinos sin propiedad alguna. Un fuerte aumento demográfico en el campo unido a la creciente mecanización de las actividades agrícolas y al deterioro de las relaciones laborales tradicionales tuvieron como resultado la aparición de un enorme ejército de reserva laboral y, como suele suceder en estos casos, una precarización generalizada de la relación salarial con formas de contratación altamente inestables. La respuesta del gobierno fueron las leyes de pobres, una figura de la legislación social del Antiguo Régimen destinada al mantenimiento de la paz social por la que los pobres agrarios recibían un salario de subsistencia de la parroquia. El análisis de las leyes de pobres, en concreto de la versión de Speenhamland que hacen Hobsbawm y Rudé, se centra tanto en los efectos de subvención a los bajos salarios como en la dependencia territorial y política que supusieron para el proletariado agrícola. El efecto combinado de ambos procesos fue una fortísima pauperización. En este marco se desarrolla el núcleo de la narración histórica, una serie de revueltas agrícolas a partir de 1830 que presentan características similares: destrucción de trilladoras, elección nada trivial puesto que estas máquinas redujeron en un 20% la necesidad de trabajo, quema de cosechas y graneros, recuperación del diezmo pagado al clero y toma del dinero de los arrendatarios y el envío de cartas amenazantes firmadas por un misterioso lider que, en realidad, era una metáfora de la rebelión colectiva: el Capitán Swing. La narración de los hechos es absolutamente detallada, aldea por aldea, rebelión por rebelión, Hobsbawm y Rudé ponen nombres propios, fecha y características singulares a cada uno de los cientos de levantamientos que pusieron en jaque a las autoridades, los arrendatarios y el clero en la Inglaterra cerealista durante 1830. Mediante metodologías completamente innovadoras en su día, como la revisión de las fichas policiales, de los periódicos locales y de las cartas que enviaban los rebeldes, se da cuenta de una de las principales preocupaciones de la historiografia marxista británica: hacer la historia desde abajo.

[Isidro LÓPEZ. “Reseña”, in Traficantes de sueños (Madrid), s.d.]

This book [“Captain Swing. A social history of the great English agricultural uprising of 1830”] gives a vivid and stimulating account of the great movement of protest and revolt by agricultural workers in 1830, which in a matter of months swept through 23 counties from Kent to Worcestershire, and from Norfolk to Dorset. Marching from village to village, armed with hammers and crowbars, hundreds of workers confronted the farmers with their demand for a minimum of two shillings per day, and proceeded to smash the threshing machines which deprived them of the greater part of their winter employment. At one and the same time, they demanded reductions in rents from the landlords, and reductions in tithes from the clergy, so that the farmers could afford the increase in wages. Whilst ricks burned at night, threatening letters circulated, signed by the mythical leader ‘Captain Swing’. Yet no violence was done to persons, and the worst that happened to an unyielding Poor Law Overseer was a ducking in the village pond. So forceful were the actions of the workers that at first opposition crumbled and their demands were widely accepted, with some farmers even dismantling their own threshing machines. The background to this great outburst was the steadily worsening condition of the farmworker since the Napoleonic wars. He had been robbed of his land and grazing rights by generations of enclosures, and his cottage industries had been undermined by the industrial revolution. The old system of annual hiring, which had given him a measure of security, was being replaced by weekly and even daily contracts, with frequent unemployment. As corn prices fell after the battle of Waterloo, wages were lowered until men and their families were literally starving, whilst the hated Poor Law, which was supposed to provide minimum subsistence out of the rates, encouraged the farmer to lower wages still further. In this desperate situation, which, as the men saw it, ‘was contrary to all natural justice’, the actions of a few bold groups in Kent spread like wildfire from village to village and county to county, rocking the countryside to its foundations. But it was not long before the ruling classes hit back with troops, forces of special constables and widespread arrests. 2,000 workers were brought to trial, of whom 19 were executed, 491 transported and 644 imprisoned. These savage sentences provoked widespread protest but were not finally commuted for 15 or 20 years. For a time the wage increases were retained but the downward pressures soon returned and it was only four years later that the Tolpuddle Martyrs were transported for forming the first Agricultural Workers’ Trade Union. A more lasting effect was that threshing machines were not widely used for another 20-30 years. By their detailed research, Eric Hobsbawm and George Rude have demonstrated the extent and significance of this great movement. They have shown the role of cobblers, blacksmiths and other village craftsmen in the spread of ideas and in providing some of the leaders. They have carefully reconstructed the feelings and aims which inspired the men, and the terrors of revolution which haunted the rich. The maps, charts and tables, and the very valuable appendix, combine to convey an accurate picture of what took place. The book can be strongly recommended to supporters of the labour movement in town and country, and to the farmers and farm workers of today. Right up to the present, the farm worker has remained at the bottom of the wages ladder, and the industry as a whole suffers from the pressure of monopoly combines on the one hand and government policy designed to provide the industrial worker with cheap food on the other. Captain Swing made me feel the power of direct action in the countryside— a power which could be wielded with great effect today. It also brought home to me the inevitable defeat of direct action unless sustained by strong and united forms of organisation.

[Margaret BRAMLEY. “Captain Swing, by E.J. Hobsbawm, George F.E. Rudé”, in The Labour Monthly, mayo de 1969, p. 238b-239b]

✍ Labour’s Turning Point, 1880-1900. Extracts from contemporary sources [1948]

En general, se considera que los años 1946-1956 fueron los más significativos en la formación de la tradición histórica marxista británica ya que fue durante ese período cuando Maurice Dobb, Rodney Hilton, Eric Hobsbawm, y (en menor grado) E. P. Thompson, junto con otros (entre los que destacan Victor Kiernan, George Rudé, A. L. Morton, John Saville y Dorothy Thompson) fueron miembros activos del grupo de historiadores del Partido Comunista. En apoyo de mi tesis de que los historiadores marxistas británicos representan una tradición teórica, citaré, de la introducción que Hobsbawm hace a su artículo sobre este grupo, estas palabras: “por razones que incluso ahora son difíciles de entender, la mayor parte del esfuerzo teórico marxista británico fue orientado hacia el trabajo histórico” [“The Historians’ Group of the Communist Party”, in M. Cornforth (ed.). “Rebels and Their Causes”. Londres: Lawrence and Wishart, 1978, pp. 21-48]. En su artículo, Hobsbawm trata de la formación y organización del grupo, sus empeños por publicar, sus relaciones con el Partido Comunista, la respuesta de sus miembros a la crisis de 1956-1957 y a las aportaciones que el grupo y sus componentes han hecho, desde entonces y hasta ahora, a los estudios históricos. Hobsbawm recuerda que el grupo surgió inmediatamente después de la segunda guerra mundial a partir de unos debates para organizar un seminario sobre la obra “A People’s History of England” de A. L. Morton (El libro había sido publicado originalmente en 1938 con el fin de ofrecer un texto marxista asequible sobre historia inglesa. El seminario debía revisar la obra a la luz de estudios posteriores). Christopher Hill recuerda que, en realidad, la iniciativa para formar el grupo surgió, entre otros, de Hilton, Hobsbawm, Kiernan y él mismo, todos los cuales, junto con John Saville y Max Morris, son considerados por Hobsbawm como los miembros más activos e influyentes del período 1946-1956. Estos historiadores se habían graduado y comenzado sus investigaciones a mitad de la década de los treinta (como Hill y Kiernan) o lo habían hecho inmediatamente antes o inmediatamente después de la guerra (como Hilton y Hobsbawm). Debemos recordar que estos historiadores adquirieron su compromiso intelectual y político durante, y como respuesta a, la depresión y en oposición al fascismo, tanto como marxistas que eran, como influidos por su servicio militar durante la guerra. Además de esta joven generación de historiadores, había un grupo de especialistas más veteranos, en especial Maurice Dobb y Dona Torr […] Además de las publicaciones y estudios individuales de sus miembros, el grupo también trazó e inició algunos proyectos de investigación y publicación. En concreto, en 1948-1949, se comenzó a publicar una serie de volúmenes de documentos históricos (con introducciones y anotaciones) que cubrían distintos períodos de la historia inglesa, con la intención de divulgar los estudios y la perspectiva histórica del grupo. Con la inspiración y la dirección editorial de Dona Torr, la serie se llamó “History in the Making” y fueron publicados cuatro volúmenes: “The Good Old Cause, 1640-1660” (editado por Christopher Hill y Edmund Dell), “From Cobbett to the Chartists (editado por Max Morris), “Labour’s Formative years (editado por J. B. Jeffreys) y, finalmente, el cuarto volumen “Labour’s Turning Point, 1880-1890”, editado por Eric Hobsbawm […] 

[Así pues] Hobsbawm comenzó su carrera académica como historiador de la clase obrera. Su primer trabajo importante, la edición de una colección de documentos de historia obrera titulada Labour’s Turning Point, 1880-1900, apareció en 1948 como uno de los volúmenes de la serie del grupo de historiadores comunistas, “History in the Making”. Muchos de estos escritos han sido importantes bien como contribuciones o como inspiradores de diversos debates e investigaciones […] que han contribuido claramente a la transformación del estudio de la historia de la clase obrera.

[Harvey J. KAYE. Los historiadores marxistas británicos. Un análisis introductorio. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 2009, pp. 11-13 y 127]

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