✍ El mundo de Odiseo [1954]

por Teoría de la historia

La obra de M. L Finley es un intento de reconstrucción histórica de la sociedad homérica, a través del análisis de los poemas. De esta suerte, el autor se refiere a la organización política y al sistema familiar, buscando en las formas de solidaridad que unen a la familia primitiva los fundamentos de aquélla. Habla del derecho penal, que en esta época se expresa mediante la justicia privada, de las formas de trabajo, de la riqueza y de la propiedad considerada como símbolo de prestigio, que contribuye a fijar la posición del hombre dentro del grupo. A diferencia de otros autores, que conciben el parentesco como el más fuerte principio de organización, él estima el hogar y la casa solariega como el vínculo más poderoso en que reposa el funcionamiento de la sociedad homérica. Así, afirma, que “la preeminencia yacía en el oikos, la gran casa solariega noble con su cuerpo de esclavos y plebeyos, sus dependientes aristocráticos, y sus parientes y amigos-huéspedes aliados” (p. 117). Analiza también la idea de la divinidad, y el papel que juegan los dioses en la vida del hombre; las relaciones internacionales, las cuales se realizan en forma individual, mediante el sistema de intercambio de regalos; las formas de trueque, donde las cabezas de ganado operan como común medida de valores: “Laertes compró a Euriclea por el precio de veinte bueyes” (Odisea, I, 40-1); las clases sociales, la esclavitud, etc. Finalmente, concluye con un capítulo sobre la ética y los valores en el mundo homérico. Por cierto, que antes de iniciar su estudio de la sociedad griega primitiva, el amor se enfrenta con el delicado problema de “la cuestión homérica”. En efecto, el cuadro uniforme que traza de lo que él denomina “El Mundo de Odiseo”, sólo se justifica desde la aceptación de los poemas como representantes de una misma tradición histórica. Al respecto Finley sostiene que es posible considerar la existencia de dos Homeros separados por un centenar de años. Uno, autor de la Ilíada (mediados del siglo VIII a. C.) y otro, autor de la Odisea, compuesta una o dos generaciones después de Hesíodo. El primer poema refleja las tradiciones que los griegos recogieron en su contacto con el Este; el segundo, es decir, la Odisea, se orienta hacia Occidente. Sin embargo, el historiador inglés, que al igual que los autores griegos parte de la absoluta historicidad de los poemas, desestima estas divergencias cronológicas, para ofrecernos un cuadro unívoco del mundo homérico, pues, como él afirma “un historiador debe tomarse cierta libertad. Y esta libertad debe extenderse aún más. Hay secciones en los poemas, tales como la narración del adulterio de Ares y Afrodita, o la escena en el Hades en el último libro de la Odisea, que parecen tener un origen más moderno que otras secciones. Por libertad también, nosotros desconocemos aquí la distinción en la mayor parte, tal como hablamos algunas veces de un solo Homero, como si la Ilíada y la Odisea, fueran obras contemporáneas, productos de la creación de un solo individuo. Resulta alguna distorsión de ello, pero el margen de error puede mantenerse en un mínimo bastante aceptable, porque los modelos que estudiamos se apoyan en un análisis general de los poemas, no en algún simple verso, segmento o incidente narrativo; porque todas las partes antiguas o tardías, fueron construidas en buena parte con viejas fórmulas; y porque la historia posterior de los griegos y el estudio de otras sociedades ofrecen en su conjunto una gran posibilidad de comprobación” (p. 54). El libro tiene el mérito innegable de suministrarnos en forma sucinta una visión bastante completa de la sociedad homérica. No obstante, el autor incurre a menudo en errores y contradicciones que conviene5733243510_854ff609ea señalar. Dice, por ejemplo, que Homero y la Arqueología difieren, pues en la civilización micénica se sepultaba a los jefes mientras el poeta los incinera (p. 49). Esto es un error, toda vez que el procedimiento micénico de inhumación se recuerda en más de un lugar de la Ilíada, como en el reto de Héctor. ¿Cómo explicar, por otra parte, la constante preferencia por el gobierno real que registra Homero, si éste, como afirma Finley, era originario de Quíos, donde hacía tiempo que la polis se había convertido en democracia? Su misma idea de que la Odisea debe considerarse como un poema posterior, se contradice con las alusiones que hace sobre la elevada posición de la mujer en Itaca y en Esquería, y con su afirmación de que es interesante ver cómo en la Odisea “reviven de manera considerable muchos elementos de creencias más antiguas, que habían sido excluidos rigurosamente de la Ilíada” (p. 157). Por último, nos parece absurdo, no considerar la diversidad histórica que encubren los poemas, y empobrecer la realidad dando una visión unitaria del mundo homérico.

[M. A. ROJAS MIX. “Nota bibliográfica”, in Anuario de la Universidad de Chile, enero-marzo de 1964, pp. 238-240]