␥ Barthold Georg Niebuhr [1776-1831]

por Teoría de la historia

En los primeros años del siglo XIX, Alemania fue escenario del surgimiento de la moderna ciencia de la Historia sobre la base del maridaje de la tradición históricoliteraria y la erudición documental, al abrigo de una concepción del fluir temporal humano y social como proceso causal inmanente, irreversible y racional y ya no sólo como mera sucesión cronológica de acontecimientos. Es en este sentido en el que puede afirmarse que la Historia razonada y documentada comenzó a suplantar a la mera crónica de mayor o menor complejidad compositiva, narrativa o erudita […]. El historiador pionero en esa mutación fue Barthold Georg Niebuhr (1776-1831), nombrado en 1810 funcionario-profesor de Historia en la nueva Universidad de Berlín, ella misma un producto del movimiento de reforma prusiano. Formado originariamente como filólogo (llegó a dominar veinte lenguas a sus treinta años), Niebuhr inauguró el uso del «método histórico crítico» en sus trabajos: el examen y análisis crítico, filológico y documental, de las fuentes históricas materiales y su posterior utilización sistemática como base de una narración que «debe revelar, como mínimo con alguna probabilidad, las conexiones generales entre los acontecimientos». Su Historia Romana (dos volúmenes, 1811-1812) por primera vez dejaba de reproducir el relato de Tito Livio y los clásicos sobre el origen del Estado romano, en favor de los descubrimientos de la crítica filológica y documental sobre fuentes literarias y epigráficas latinas, relatados en un estilo sobrio, exhaustivo, arduo y ajeno a toda concesión retórica. Y en este sentido se ha dicho con propiedad que su obra significó la transición de la erudición a la ciencia histórica, dado que: “[…] va más allá del interés erudito por detalles notables del pasado en favor de una más amplia reconstrucción de aspectos de la realidad pretérita sobre la base de pruebas convincentes […] (a fin de) establecer conexiones significativas entre acontecimientos y estructuras”. El propio Niebuhr, en el prólogo a la segunda edición de su magna obra (1827), dejó constancia del profundo impacto que las transformaciones revolucionarias y el ímpetu nacionalista habían tenido en su labor historiográfica: “Era una época en la que estábamos contemplando los acontecimientos más increíbles y excepcionales, cuando nos percatábamos de muchas instituciones olvidadas y decadentes por el estruendo de su desplome. Y nuestros corazones se engrandecían frente al peligro excepcional a medida que nos ligábamos apasionadamente a nuestros príncipes y a nuestro país”.

[Enrique MORADIELLOS. Las caras de Clío. Una introducción a la historia. Madrid: Siglo XXI, 2001, p. 151 y pp. 153-154]