✍ La Argentina aborigen. De los primeros pobladores a 1910 [2008]

por Teoría de la historia

argentina_aborigenNo es común encontrar libros que reflejen tan fielmente en el título el propósito y contenido. Y éste que se reseña, La Argentina aborigen. De los primeros pobladores a 1910 -del historiador Raúl J. Mandrini- es uno de ellos, puesto que justamente se aboca a recuperar la historia de las culturas y los pueblos originarios que, desde hace milenios, habitan en el sur del continente americano y en el territorio de lo que es actualmente la Argentina. Dicha propuesta, enmarcada en el emprendimiento más amplio de la colección Biblioteca Básica de Historia del sello editorial Siglo XXI, se muestra a primera vista atractiva y novedosa. En primer lugar, porque se trata de un libro de historia: un tratamiento de la problemática aborigen específico pero, a la vez, diferente de aquellos análisis que pueden ofrecer los arqueólogos, etnógrafos y antropólogos sociales, quienes por muchos años fueron los que indagaron acerca de estas sociedades dadas las tradiciones disciplinares forjadas al calor de las ideologías decimonónicas. Por el contrario, Mandrini discute los parámetros sobre los cuales se asentó la historiografía argentina del siglo XIX y gran parte del XX, que mostró a estos colectivos sociales como “pueblos sin historia”, de poca antigüedad, homogéneos en términos culturales y raciales, primitivos, estáticos. En concordancia con su propuesta, efectúa un abordaje desde la concepción específica de la historia social que contribuya a confirmar la antigüedad de la presencia de estas comunidades, su gran diversidad y heterogeneidad, la complejidad de sus formas de organización económica, social y cultural, sus elaboradas expresiones artísticas y estéticas, sus destrezas y habilidades para adaptarse a un medio a veces hostil, las profundas transformaciones que experimentaron y, en definitiva, el dinamismo de su vida histórica. En segundo lugar, es una obra de síntesis que trata de delinear una perspectiva general y unitaria del pasado (o los pasados) de esas poblaciones originarias pero que, sin lugar a dudas, está elaborada a partir de las investigaciones que conforman el estado actual de nuestro conocimiento sobre dicha problemática. De ese nutrido corpus de información se ofrece un texto de lectura sencilla y accesible que, sin descartar la seriedad de la producción científica, no se ve obliterado por tecnicismos y las complejidades del lenguaje del aparato erudito. A lo largo del volumen se traza un cuadro de la experiencia sociohistórica, desde los primeros pobladores hasta la anexión al Estado Nacional de los últimos enclaves indígenas independientes en el siglo XX. El punto de partida es el arribo al continente de los iniciales contingentes humanos o, para ser más precisos, el momento en que los primeros indicios arqueológicos permiten aseverar su presencia. La obra concluye en torno al año 1910, hito que encuentra su justificación en una doble premisa: se trata de una coyuntura en la cual la República Argentina festejaba el Centenario de la Revolución de Mayo, a la vez que el Estado central observaba con beneplácito la ocupación militar de las últimas áreas que se hallaban en poder de las comunidades originarias que se mantenían autónomas y consolidaba su presencia en aquellas otras que fueron incorporadas varias décadas atrás. En lo que atañe al marco espacial es necesario remarcar la flexibilidad y pertinencia de su dilucidación, en la medida en que Mandrini sortea los escollos de las propuestas historiográficas nacionalistas que proyectan los límites geopolíticos y las jurisdicciones contemporáneos –nacionales o provinciales– sobre las estrategias y formas de especialidad de los indígenas. Con destreza analítica el autor explicita que las experiencias vividas a lo largo de la historia de estas sociedades evidencian la ocupación de una gran heterogeneidad ecológica, en la cual se ven implicados una pluralidad de climas, suelos, ambientes y recursos, logrando sintetizar tanto los cambios como las continuidades que acaecieron a lo largo de los milenios en este escenario social y material. El cuarto aspecto, y en estrecha vinculación con el anterior, es la organización de los contenidos y del relato que se presenta. El mismo consta de diez capítulos, una introducción, un epílogo y un acápite con bibliografía comentada -en el que el lector puede encontrar textos de referencia susceptibles de ser consultados ante cualquier duda o intento de profundización de una temática particular o un período específico-. No obstante, no se arroga la ciclópea tarea de ensayar una historia total de las poblaciones originarias. Por el contrario, se centra en los grandes procesos sociales atravesados por esas sociedades en el curso del tiempo y en las relaciones entre los disímiles grupos que habitaron en esas regiones y en las vecinas. Seguidamente a los procesos generales del poblamiento del continente, se aborda el carácter de los primeros grupos de cazadores-recolectores que debieron adaptarse a ambientes desiguales y aprender a explotar una variedad de recursos. En esta línea se estudia el afianzamiento de las comunidades cazadoras-recolectoras de las diversas latitudes y de características disímiles. Así, el autor ahonda en las implicancias que tuvo para los grupos del NOA y Cuyo el paso a la vida sedentaria en aldeas, el proceso de domesticación de plantas y animales y la incorporación de la alfarería y la metalurgia, bases para el proceso ulterior de emergencia de desigualdades sociales, la formación de las grandes áreas de interacción e integración regional y, más tarde, de grandes unidades sociopolíticas de tamaños variables. Por su parte, en los espacios de la Sierra Central, la llanura pampeana, la Patagonia y los actuales territorios de Misiones y Corrientes, las realidades distaron de ser homogéneas. No obstante, se evidencia una perdurabilidad mayor del antiguo modo de vida aunque ajustado a una época cincelada por vicisitudes climáticas y ambientales y en la que la intensificación paulatina de los contactos implicó la circulación de ideas, técnicas, prácticas sociales y la configuración de amplias redes de intercambio extrarregionales. Se ensayan los variopintos panoramas que resultaron de la invasión europea iniciada en el siglo XV y las transformaciones de las prácticas sociales, costumbres y creencias ancestrales de los pueblos aborígenes a partir de los procesos de conquista y colonización del Rio de la Plata. A continuación, se discurre un análisis sobre los fenómenos de resistencia y rebelión indígena que emergieron ante las situaciones de explotación; así como también se examinan las profundas transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales operadas en los pueblos que se mantenían independientes del control de las autoridades coloniales, como las “naciones” de la Araucanía, las pampas, la Patagonia y del Chaco. En último lugar se enfoca en las repercusiones que tuvo la revolución de independencia, la edificación del futuro Estado nacional y la consiguiente imposición de políticas inspiradas en el liberalismo por parte de las elites criollas en las relaciones con los pueblos indígenas quienes, a su turno, ensayaron y desplegaron una plétora de políticas y estrategias en aras de defender su autonomía y asegurar su subsistencia, cuyo registro podía involucrar –de acuerdo a la coyuntura– tanto acciones pacíficas (tratados, alianzas) como maniobras bélicas (guerras, ataques, malones). Una especial consideración merece en esta sección el profundo razonamiento explicitado acerca de las características que asumieron las grandes jefaturas que se afirmaron durante estos años de resistencia a la construcción de ese nuevo orden. Otro aspecto que vale ser subrayado es que, frente a las tradicionales periodizaciones, la conquista del desierto (1879) no es el final de esta historia, como se advertía ut supra . A posteriori de mostrar el contexto que condujo a dicho episodio –junto al no menos inflexivo, pero muchas veces poco estudiado, que tiene lugar en Chaco–, se esbozan los dispares destinos de aquellos que sobrevivieron y las dramáticas condiciones que tuvieron que padecer al transformarse en una minoría étnica excluida, discriminada y negada. En síntesis, un libro como éste no sólo se vuelve de lectura sugerente y obligatoria para aquel que desee conocer –a través de un recorrido ágil, una perspectiva original y rigurosa y, sobre todo, una prosa sencilla y directa– el pasado de estas sociedades, sino también para reflexionar sobre la invisibilización de gran parte de la memoria de los argentinos que involucra a los pueblos originarios: tanto aquellos que sufrieron la conquista y la expoliación como a sus actuales descendientes, quienes aún exigen la justa inclusión de sus demandas en la agenda de debate público, el respeto y la reparación histórica de sus derechos. Se torna, entonces, una saludable invitación a repensar nuestro proyecto de Nación de cara al Bicentenario como una historia que está por definirse y que constituye el mayor desafío de todos.

[Horacio Miguel Hernán ZAPATA. “Reseña de Raúl Mandrini. 2008. La Argentina aborigen. De los primeros pobladores a 1910. Colección Biblioteca Básica de Historia. Buenos Aires: Siglo XXI Editores. 288 p.”, in Mundo agrario (La Plata), vol. IX, nº 18, enero-junio de 2009]

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